Parte 5: La Encarnación De La Diosa Volumén 6

Prólogo

"Bueno, por fin terminó la Conferencia de Archiduques. ¿Cómo te encuentras, Florencia?".


"Por ahora estoy bien. Tenemos mucho que discutir, ¿no? Visitaré tus aposentos una vez que me haya cambiado".


La Conferencia de Archiduques de este año deparó un acontecimiento impactante tras otro: un instrumento divino se transformó en el cielo nocturno durante la Ceremonia de Unión de las Estrellas; los nobles de los otros ducados intentaron unirse para conseguir que Rozemyne fuera enviada al templo soberano; Rozemyne descubrió que era candidata a Zent, lo que dió lugar a varias reuniones con la familia real. Después, todo el mundo participó en un segundo Ritual de Dedicación y restauraron las zonas de recolección de sus respectivos ducados. Nunca antes habían ocurrido estas cosas durante una conferencia, así que teníamos mucho que resolver antes de que pudiéramos regresar a casa.


Nunca pensé que el compromiso de Wilfried y Rozemyne se cancelaría así...


Una vez que se difundiera la noticia de que Wilfried ya no iba a casarse con Rozemyne, dejaría de estar seguro en su posición como el próximo Aub Ehrenfest. ¿Se alegraría al oír esto, dados sus propios intentos recientes para poner fin a su compromiso? Y luego estaba Charlotte, que se había visto excluida de la candidatura a archiduquesa como resultado del compromiso. ¿Cómo reaccionaría después de haber derramado tantas lágrimas? ¿Se alegraría de que el camino una vez perdido para ella pudiera forjarse de nuevo ahora? ¿O sollozaría por su hermano de sangre, que ahora tendría que soportar el mismo dolor despiadado? Florencia no lo sabía.


Melchior estaba siendo educado para desempeñar un papel de asistente dentro de la familia archiducal, una medida necesaria, al menos antes de los últimos acontecimientos, para asegurarse de que no se opondría a Wilfried. Era lo bastante joven como para que hubiera sido posible formarlo como el próximo archiduque, pero ya estaba decidido que sería el próximo Sumo Obispo. A Florencia le preocupaba que, al igual que Rozemyne, terminara careciendo de habilidades sociales críticas o de sentido común como noble.


Pero el que más me preocupa es Wilfried.


Ser el hijo mayor de una familia archiducal era una posición peligrosa, y esto era especialmente cierto en el caso de Wilfried. Ya había disfrutado de una larga etapa como próximo archiduque del ducado y había obtenido calificaciones lo suficientemente impresionantes como para que se le reconociera como estudiante de honor en la Academia Real. También era confiado hasta el extremo, lo que facilitaba que otros pudieran influir en él. Le habían llevado por mal camino una vez, y si tal cosa volvía a suceder, existía un riesgo real de que acabara siendo asesinado. Si no era eso, tal vez se uniría a Verónica en la Torre de Marfil, reducido a nada más que una fuente de maná. En el mejor de los casos —y lo más probable de todo—, simplemente sería apartado de la familia archiducal.


Finalmente logramos destituir a Oswald de su posición, y aun así...


El compromiso entre Wilfried y Rozemyne había envalentonado al antiguo jefe de asistentes. Creyendo que su señor tenía ahora garantizado convertirse en el próximo archiduque, utilizó descaradamente los métodos de Verónica para favorecer sus propios intereses. Florencia se opuso a la desagradable conducta de aquel hombre, pero no era ella quien podía tomar la decisión de destituirlo. Correspondía a Wilfried decidir si tomaba medidas, pero por mucho que su madre intentó convencerlo de que cambiara a sus ayudantes, él se negó. En sus palabras, no veía razón alguna para abandonar a quienes se quedaron con él y le apoyaron cuando corría el riesgo de ser desheredado.


Sólo gracias a la purga, la pareja archiducal consiguió por fin una influencia suficiente para obligar a Oswald a abandonar su cargo, pero sus propios séquitos también se habían visto perjudicados. Tan grave era su situación que tenían que repartirse los ayudantes entre ellos, lo que les dejaba sin mano de obra de sobra para su hijo. Florencia había planeado darle uno de sus asistentes después de la Conferencia de Archiduques, cuando esperaban encontrarse en una posición más favorable, pero entonces su compromiso se canceló abruptamente.


Realmente, ¿qué hay que hacer?


Para empeorar las cosas, durante la conferencia, uno de los caballeros guardianes se enteró de que Wilfried seguía en contacto con Oswald de forma secreta. Barthold, uno de sus ayudantes con nombre jurado, les servía de intermediario.


Un problema tras otro... Este momento inoportuno es tan desafortunado que casi podría reprocharles a los dioses.


Como miembro de la familia archiducal, era problemático que Wilfried mantuviera una relación tan estrecha con un antiguo asistente. Sugería que, para empezar, no sabía por qué Oswald fue relevado de su cargo, y era muy probable que su relación continuada derivara en un incidente innecesario.


Tendrá que ser educado sobre cómo tratar a sus ayudantes y mantener una distancia adecuada con ellos. Consultaré a Leberecht.


"¿No debería estar descansando, Lady Florencia?"


"Agradezco tu preocupación, pero debo arreglar varios asuntos con el aub antes de regresar a Ehrenfest. Todos pueden seguir preparándose para nuestra partida".


Tras regresar a su habitación y ponerse un atuendo más holgado, Florencia se dirigió a los aposentos de Sylvester. Se sentaron pacientemente mientras sus asistentes les servían el té; luego, enviaron a esperar detrás de unos biombos y cada uno cogió una herramienta mágica para bloquear el sonido. Mantener en privado los resultados de la Conferencia de Archiduques era de suma importancia.


"Caray. Todavía no me hago a la idea de todo lo que ha pasado...", dijo Sylvester, moviéndose para unirse a su mujer en el sofá. Su rol de archiduque dio paso a sus verdaderas emociones, con ceño fruncido y todo. "¿Quién iba a pensar que Rozemyne era candidata a Zent, y que el rey acabaría adoptándola así?".


El Grutrissheit era de vital importancia para cualquiera que deseara gobernar Yurgenschmidt. Sin ello, no se podían redibujar las fronteras interiores, no se podían reformar los ducados depuestos con nuevas fundaciones y no se podían abrir o cerrar las puertas del país. Por eso el templo soberano se negaba a aceptar a Trauerqual como Zent; los que compartían su opinión agitaban la rebelión y por ello las tensiones no se habían aliviado ni siquiera diez y tantos años después de la guerra civil.


Florencia asintió. "En circunstancias normales, habría sido un honor que la familia real buscara un candidato a archiduque de Ehrenfest, un ducado medio. Aun así, si se requiere nuestra ayuda para encontrar el Grutrissheit, tenemos el deber de proporcionarla".


Ahora que Ehrenfest estaba siendo tratado como vencedor de la guerra civil del país, Florencia se dio cuenta de lo mucho que estaban haciendo los ducados ganadores para mantener a flote Yurgenschmidt. Los territorios depuestos se habían repartido entre los ducados mayores, que tenían que verter maná en bruto en sus tierras, un proceso terriblemente ineficaz que se hizo necesario por la falta del Grutrissheit, que se necesitaba para gestionar la fundación del país. Sería suficiente durante un breve periodo, pero la carga que imponía no haría más que aumentar. Al mismo tiempo, había informes de que la porción de Antiguo Werkestock bajo el control de Ahrensbach estaba tan desprovista de maná que se enfrentaba a enormes dificultades.


Continuó: "Y durante estos tiempos difíciles en los que incluso los ducados más grandes están sintiendo la presión, una de las herramientas mágicas del palacio real se desmoronó hasta convertirse en polvo. Podemos deducir como miembros de una familia archiducal que la herramienta debe haber estado a la par de una fundación, lo que explica por qué la familia real siente tanta presión en este momento".


Los miembros de la realeza lo admitieron confidencialmente durante su discusión sobre la adopción de Rozemyne. Habían asumido que serían capaces de satisfacer las necesidades de maná del país sin el Grutrissheit, pero a medida que pasaban los años, su error de juicio se les echaba en cara. Obtenerlo era crucial; de lo contrario, sólo sería cuestión de tiempo que Yurgenschmidt se enfrentara a una destrucción total y absoluta.


Había transcurrido una década sin que nadie encontrara ni rastro del Grutrissheit. Eso, unido a la premura de tiempo, explicaba por qué la familia real se aferraba tan desesperadamente a esta única oportunidad. Si como dijeron, Rozemyne era realmente la candidata de Zent más próxima a obtener el Grutrissheit, ¿por qué no se apresuraron a adoptarla? Florencia creía que la adopción habría sido inevitable aunque Rozemyne se hubiera convertido en la próxima Aub Ehrenfest.


"Sin embargo, en nuestro estado actual, no podemos alegrarnos", dijo Florencia, "me avergüenza enormemente, como madre adoptiva de Rozemyne y como miembro de la familia archiducal al servicio de la realeza, que no podamos despedirla con una sonrisa y sin necesidad de poner condiciones". Dio un sorbo a su té y luego suspiró; su ducado natal de Frenbeltag también estaba sufriendo enormemente por la falta de un Grutrissheit. La mayoría de los nobles rebeldes procedían de los ducados depuestos, y sólo se atrevían a actuar en primer lugar porque, sin sus aubs, sus medallas no podían utilizarse para distribuir el castigo adecuado.


"En efecto. Si no estuviéramos en nuestra situación actual, ella no habría mostrado tanta resistencia y aplicado tantas condiciones. Sin embargo, no tenía elección..." Florencia soltó una risita, y luego añadió: "El príncipe Sigiswald debió de sorprenderse bastante cuando intentó negociar con ella directamente".


Un candidato a archiduque normal habría comprendido los problemas a los que se enfrentaba Yurgenschmidt y habría determinado que ayudar a la familia real era la mayor prioridad tanto para su casa como para el país en general. Habrían aceptado intuitivamente dejar de lado los problemas de su propio ducado, ya que asegurar el Grutrissheit mejoraría las cosas para todos.


Por supuesto, Rozemyne era cualquier cosa menos una candidata a archiduquesa normal. Había sido criada en Ehrenfest, un ducado medio que evitó en su mayor parte el caos de la guerra civil, y nada menos que en su templo. Su comprensión de la familia real y del sufrimiento de los demás ducados era mínima, daba prioridad a su propio ducado por encima de todos los demás y se mostraba reacia a ayudar libremente, llegando incluso a negociar los términos de su adopción. No se podía culpar a la familia real de su sorpresa.


Sin embargo, al mismo tiempo, los esfuerzos de Rozemyne fueron muy beneficiosos para Ehrenfest. De no ser por sus sugerencias, a Florencia nunca se le habría ocurrido poner condiciones a la adopción.


"Sé que no hay remedio", dijo Sylvester, "pero me duele la cabeza sólo de tratar de imaginar las repercusiones que esto va a tener. Si tan todo este lío hubiera ocurrido el año pasado en su lugar. Ella podría haber negociado para cancelar el compromiso de Ferdinand en lugar de simplemente salvarlo del castigo..."


"En efecto. Y de no ser por ese compromiso, Rozemyne seguramente se habría mostrado más complaciente con la familia real. Todo habría transcurrido con mucha más normalidad si lord Ferdinand se hubiera quedado en Ehrenfest hasta la Conferencia de Archiduques, como era el plan inicial, y no hubiera sido convocado tan pronto a Ahrensbach."


De hecho, si su marcha a Ahrensbach no se hubiera adelantado a finales de otoño, no se habría visto tan implicado en la administración del ducado, ni habría sido un problema retrasar su Unión de las Estrellas. A su vez, su falta de compromiso oficial con Detlinde no habría supuesto amenaza alguna de ser castigado por asociación, lo que habría tranquilizado a Rozemyne. Ehrenfest hubiera tenido un poco más de margen a la hora de afrontar sus traspasos, y los cabos sueltos de la purga se habrían atado con mayor pulcritud.


Por no mencionar que habría retrasado todo este comportamiento problemático de Wilfried.


Nada más llegar la primavera, empezó a considerar abruptamente la preocupación de Rozemyne por Ferdinand como un problema, lo que lo impulsó a protestar y a cometer actos de rebeldía. Esto siempre estuvo destinado a suceder, pero si todo hubiera ido según el calendario original, no estaría sucediendo ahora. Su compromiso con Rozemyne podría haberse cancelado en un momento más pacífico, en lugar de mientras su relación con ella estaba tan fracturada.


"¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?", preguntó Florencia con un suspiro. Pero antes de que pudiera decir nada más, sintió que la mano de Sylvester le acariciaba tiernamente la espalda. Cuando su cuerpo se relajó y la tensión que sentía empezó a disiparse, se volvió hacia su cariñoso marido para acariciarle la cara. Parecía tan agotado. Cada vez era más difícil encontrar tiempo para estos actos de afecto, pero eso sólo los hacía aún más valiosos.


"Ya lo sospechaba, pero los recientes incidentes me han dado la certeza", dijo Florencia. "El enfoque de Rozemyne es realmente demasiado estrecho para que sea la hija adoptiva del rey".


"¿Tú crees?"


"Si la fundación del país se derrumbara, ni Ehrenfest ni lord Ferdinand en Ahrensbach sobrevivirían. Un miembro de la familia archiducal que pronto ocupará una posición de liderazgo debe ser imparcial y trabajar hacia el futuro que produzca menos bajas. Rozemyne es todo lo contrario; toma sus decisiones basándose en emociones y preferencias personales, ¿no es así? Wilfried es muy parecido. En este sentido, ambos son demasiado inmaduros para su edad".


Aunque ambos habían obtenido buenas calificaciones en la Academia Real, su educación fracturada como miembros de la familia archiducal era evidente. Uno fue criado por Verónica, mientras que la otra creció en el templo. Parecía que la educación temprana propia tenía un impacto aún mayor de lo que Florencia había supuesto.


"Es verdad. Pasar todo ese tiempo en el templo y luego esos años en un jureve no ha hecho mucho por el sentido común de Rozemyne", coincidió Sylvester. "Puede guardar las apariencias, pero se nota que es fundamentalmente diferente al resto de nosotros. Me han dicho que prioriza lo que quiere hacer y deja de lado lo que no le interesa".


Siempre se negaba a bordar, a pesar de ser una habilidad esencial para cualquier dama noble decente. Florencia lo sabía por los informes que recibió de sus ayudantes.


"Dicho esto", continuó Sylvester, "no creo que sea de mente cerrada ni nada por el estilo; simplemente tiene tendencia a centrarse en las personas que le importan. Por eso se preocupa más por los plebeyos que conoció desde joven que por el bienestar de cualquier noble. También por eso se preocupa más por su antiguo tutor Ferdinand que por su prometido Wilfried, y por eso se interesa más por los problemas de Ehrenfest que por los de Yurgenschmidt. Hará todo lo que pueda dentro de su esfera de influencia, pero no se involucra en nada más allá de eso".


Florencia sospechaba que tenía razón; Sylvester conocía a Rozemyne mejor que ella, y lo que había dicho parecía cuadrar. A veces, Rozemyne actuaba con suficiente rapidez como para dejar boquiabiertos incluso a los adultos, y aprovechaba al máximo incluso las breves ventanas de oportunidad. Pero en otras ocasiones, su comprensión del mundo era peor que la de un niño pre-bautizado. Su visión de las cosas estaba realmente distorsionada.


Sylvester hizo una pausa pensativa. "Siguiendo la misma lógica... si conseguimos que se implique en la familia real y en la Soberanía después de su adopción, probablemente empezará a preocuparse por Yurgenschmidt por encima de todo. Deberíamos pensar en poner algo que realmente valore en la Soberanía".


"Por muy lindo que suene eso, ¿de verdad crees que desarrollaría tal conexión con la Soberanía? En cierta forma, su falta de sentido común noble ha beneficiado a la familia real hasta ahora..." Ningún otro noble hubiera conseguido unir a Eglantine y Anastasius, ni se le habría ocurrido —y mucho menos sugerido— la idea de reunir maná celebrando un Ritual de Dedicación en la Academia Real. Esas hazañas sólo fueron posibles gracias a la peculiar forma de pensar de Rozemyne. "Pero por otro lado, una vez que se mude, su falta de educación será vista seguramente como una mancha. Llevo mucho tiempo deseando hacer algo al respecto, pero es tan reacia a visitar el castillo que mis opciones son limitadas".


Como madre, Florencia aprovechaba las cenas, las fiestas del té y otras ocasiones similares para comunicarse con sus hijos y educarlos. Sin embargo, Rozemyne rara vez pasaba tiempo en el castillo, por lo que a menudo estaba ausente de tales reuniones. Para empeorar las cosas, apenas socializaba con otros nobles, por lo que lo que normalmente se habría desarrollado de forma natural no se desarrolló en absoluto.


Florencia continuó: "Podría ser tentador suponer que este año nos ofrecerá una oportunidad para mejorar la situación, pero podemos esperar verla en el castillo incluso con menos frecuencia ahora que se está preparando para su traslado y el traspaso."


Florencia mencionó anteriormente que deseaba enseñar a Rozemyne cómo ser una primera esposa, pero la idea fue rápidamente descartada. Su trabajo en el templo era lo primero, le dijeron; ya habría tiempo de centrarse en su educación en el futuro, y había asuntos mucho más urgentes que atender. Pero ahora Florencia estaba igual de ocupada. Una vez que diera a luz, amamantar al bebé sería su máxima prioridad.


"Rozemyne se ha estado reuniendo con Elvira en el templo", reflexionó Florencia, "y no hay nada que le prohíba visitar su casa. Supongo que su madre de sangre la ha estado educando sobre cómo ser una noble, pero me preocupa que sus enseñanzas no sean suficientes; los archinobles y los miembros de la familia archiducal viven en mundos fundamentalmente diferentes."


Sylvester esbozó una media sonrisa e hizo un gesto con la mano, como si desestimara las preocupaciones de su esposa. "Rozemyne se las arreglará sola. Al fin y al cabo, esa fuerza de la naturaleza ha llegado hasta aquí. Está tan decidida a hacer realidad sus deseos que incluso ha negociado con la familia real. Y cada vez que se enfrenta a un problema que parecía imposible, aparece y lo resuelve rápidamente utilizando uno u otro método incomprensible. No estoy tan preocupado".


Florencia se puso una mano en la frente. "Eres tan optimista como siempre... o tan negligente, debería decir".


"No tenemos tiempo para educar a Rozemyne. Incluso si lo hiciéramos, dudo que avanzáramos mucho con ella. Parece bastante obvio que, en su lugar, deberíamos dedicar nuestros recursos a las relaciones interducales y a arreglar los problemas internos de Ehrenfest. Hablo en serio cuando digo que el impacto de esta conferencia va a ser enorme. Rozemyne no es una candidata a archiduque cualquiera; pensar en todo el trabajo de traspaso que tendremos que hacer me provoca dolor de  cabeza."


"El año que viene nos dará tiempo suficiente para ocuparnos de eso. ¿No fue eso lo que concluyó Rozemyne durante su negociación con la familia real?".


Rozemyne también pensaba en cómo su traslado afectaría a Ehrenfest, y probablemente ya tenía un plan para transmitir su trabajo a los demás.


"Melchior está empezando a tomar el relevo en el templo, y Elvira se encargará de la imprenta. Puede que deje los negocios con la ciudad baja a sus ayudantes, con Brunhilde a la cabeza. También aconsejaría delegar trabajo en Wilfried, aunque su actual relación con Rozemyne podría complicar las cosas."


"Eso no sucederá. Si lo involucramos, de ninguna manera las cosas irán bien. Su séquito está en malos términos con el de Rozemyne. Ya puedo ver enemistades surgiendo por todas partes".


Florencia comprendía que las disputas entre ayudantes incomodarían a todos los implicados, pero aun así, por el bien de su futuro, Wilfried necesitaba hacerse cargo de al menos parte del trabajo de Rozemyne.


"Como mínimo", dijo, "¿no podríamos encargarle algo a Charlotte? Se lleva bien con Rozemyne, así que no esperaría que se pelearan". Delegar trabajo en Charlotte facilitaría que Wilfried se involucrara más tarde.


"No. Necesitamos que Charlotte te ayude con tu trabajo durante al menos medio año después de tu parto. Y dado que sólo tenemos un año antes de que Rozemyne se marche, no habrá tiempo suficiente".


"Si al menos pudiéramos pedirle a Brunhilde que me apoyara en su lugar... pero es menor de edad y aún es sólo tu prometida", se lamentó Florencia. Sería inviable pedirle a Brunhilde que ayudara en las labores de una primera esposa cuando aún no se había convertido formalmente en miembro de la familia archiducal. Charlotte, en cambio, podría entrar en los aposentos de Florencia incluso después del parto, lo que significaría que podría hacer preguntas si lo necesitaba.


Pero aun sabiéndolo, Florencia no podía evitar preocuparse por su hijo, que ahora estaba en plena fase rebelde.


"¿Qué crees que debería hacer Wilfried, entonces?", preguntó Florencia. Habían planeado redoblar su educación después de la Conferencia de Archiduques, pero ahora que su compromiso con Rozemyne ya no existía, su futura posición era una preocupación mucho mayor.


"Seguirá apoyándome. Todo este lío va a aumentar mi carga de trabajo, después de todo".


"¿No crees que protestará? La cancelación de su compromiso significa que ya no tiene garantizado convertirse en el próximo aub. Es fácil imaginar que empezará a hacer pucheros o algo así".


No hacía mucho que Bonifatius se dio por vencido con Wilfried, que se negaba a dejar de hacer berrinches, y los últimos informes de Ehrenfest sugerían que su actitud no había mejorado lo más mínimo. De hecho, parecía alegrarse de que se interrumpiera su educación archiducal.


Florencia frunció el ceño y luego lanzó un suspiro incómodo. En respuesta, Sylvester le apretó la frente con un dedo y empezó a masajearla.


"En realidad no le daré trabajo de archiduque", dijo. "Y aunque ya no tiene garantizado convertirse en el próximo aub, eso no borra sus responsabilidades como miembro de la familia archiducal. Por no mencionar que ha pedido que se cancele su compromiso con Rozemyne. No luchará por conseguir lo que quería".


Sylvester intentaba proteger la posición de su hijo haciéndole desempeñar abiertamente sus funciones como miembro de la familia archiducal, pero ¿cómo reaccionarían los nobles del ducado? Ahora que su compromiso fue cancelado, Wilfried tendría que soportar la vergüenza de un archiduque garantizado una vez más denigrado al estatus de un mero candidato a archiduque. Sólo había que considerar la situación que rodeaba a giebe Groschel para ver cómo Ehrenfest trataría a un individuo así.


Esto habría sido mucho más sencillo si el romance hubiera florecido realmente entre Wilfried y Rozemyne...


Si se hubieran enamorado, Rozemyne podría haber negociado para que Wilfried la acompañara a la Soberanía como su prometido, o esperar hasta que encontrara y renunciara al Grutrissheit, momento en el que podría regresar a Ehrenfest y casarse con él. Entonces, Florencia nunca habría tenido que preocuparse por el futuro de su hijo.


En cambio, Wilfried exigía que se cancelara su compromiso, llegando incluso a pelearse a gritos con sus padres, mientras que Rozemyne se desentendía emocionalmente de todo el asunto. Por si fuera poco, la familia real quería mantener a Rozemyne bajo su tutela en un futuro previsible. Ni una sola persona quería que el compromiso continuara.


"¿Crees que él puede seguir siendo miembro de la familia archiducal mientras es menospreciado por la nobleza?", preguntó Florencia.


"Protegerlo es mi deber como padre y como archiduque", dijo Sylvester, luego dejó escapar una breve risita y puso una suave mano sobre el vientre de su esposa. "Ahora mismo, sólo tienes que pensar en tu parto".


A Florencia le reconfortaba la confianza inquebrantable de su marido, pero también le preocupaba enormemente. Conocía su tendencia a poner cara de valiente incluso cuando estaba haciendo un gran sobreesfuerzo.


Sylvester continuó: "Los Leisegang se opondrán al traslado de Rozemyne, pero es un honor ser adoptado por el rey. En cualquier caso, no podrán seguir armando alboroto una vez que ella se haya ido, y mi matrimonio con Brunhilde debería aplacarlos lo suficiente. Puede que nos lleve un tiempo, pero lo tendremos todo bajo control".


La purga había disuelto la antigua facción de Verónica, y ahora que su "estandarte", Wilfried, perdía su puesto debido a la cancelación del compromiso, Sylvester no esperaba que los Leisegang siguieran causando revuelo durante mucho más tiempo. Florencia, sin embargo, era mucho menos optimista. La posición de Sylvester como próximo aub nunca se había tambaleado, mientras que ella, hija de una tercera esposa, podría haber sido fácilmente degradada a archinoble dependiendo del lugar en el que se casara. Sus perspectivas sobre los miembros de la familia archiducal eran totalmente diferentes.


Creo sinceramente que deberíamos frenar el poder de los ancianos de Leisegang antes de que Rozemyne se marche. Hay que hacer algo para que Wilfried pueda permanecer en la familia archiducal incluso después de que se haya cancelado su compromiso.


"No hace falta fruncir el ceño así", dijo Sylvester. "Yo tampoco estoy totalmente convencido de que las cosas vayan a ir bien. Pero si podemos mantener en secreto la marcha de Rozemyne, los Leisegang no se verán incitados a la acción".


Tal como estaban las cosas, los únicos que sabían de la futura adopción de Rozemyne eran la propia Rozemyne, la pareja archiducal de Ehrenfest y los miembros de la familia real que participaron en la discusión. Los ayudantes de Rozemyne y los nobles que asistieron a la conferencia podrían haberse enterado que Ehrenfest recibió varias convocatorias reales, pero desde luego no sabrían por qué.


"Ya veo", respondió Florencia. "En ese caso, sí que nos vendría bien ocultar esta información hasta que Rozemyne deba partir. Ahora mismo, no nos sobran fuerzas para mantener a los nobles bajo control. Pero cuando llegue el momento de que Rozemyne se mude, ya deberíamos haberle dado a nuestro bebé el mínimo de lactancia que necesitará. Entonces podré moverme con más libertad".


"Sí. Nos comprometeremos a un voto de silencio por ahora y diremos a cada asistente lo que está pasando en función de si necesita su ayuda para el traslado".


Los que se hicieran cargo de las tareas se enterarían inevitablemente de la verdad, sobre todo cuando Rozemyne empezara su traslado. Y en ese momento, Florencia se dio cuenta de algo.


"¿Cómo vamos a ayudar a Rozemyne con sus preparativos? Es poco probable que pueda moverme después del parto".


Rozemyne actuó pensando en lo mejor para Ehrenfest, así que Florencia estaba decidida a ayudarle a prepararse, como madre y como primera esposa del archiduque. Pero ese sentido del deber no era suficiente; sabía por experiencia lo inútil que sería después de dar a luz y mientras cuidaba del bebé.


"No se espera que ayudes, ¿verdad?", preguntó Sylvester. "Rozemyne tiene a Elvira, su madre de sangre. Déjale los preparativos a ella. Les proporcionará mayor secretismo que prepararse en el castillo, y estoy seguro de que Rozemyne se sentirá más cómoda. Le hablaré de esto a través de Karstedt".


Elvira ya estaba bastante ocupada con el traspaso de la imprenta, así que ya tenía muy poco tiempo libre. Aun así, su amor por su hija era tremendamente fuerte, Florencia lo sabía. Y Rozemyne seguramente preferiría pasar tiempo con su madre de sangre que con su madre adoptiva.


Florencia asintió: "Por supuesto. Elvira puede ser más adecuada para este trabajo, dada su relación con los asistentes de Rozemyne y la cantidad de tiempo que ha pasado en el templo. Simplemente le haré saber a Rozemyne que estoy dispuesta a proporcionar toda la ayuda que me sea posible". Había mucho en lo que tenía que pensar: preparar la partida de Rozemyne, el impacto del compromiso cancelado, el funeral de Ahrensbach, su propio parto, las renovaciones en Groschel...


"Hagámos lo mejor que podamos juntos", murmuró, acariciando cariñosamente su vientre.  






Capítulo 1: Informe sobre la Conferencia de Archiduques (tercer año)

"Bienvenida a casa, hermana."


"¡Rozemyne! ¡Has vuelto!"


Nada más atravesar el equipo de teletransporte, me recibieron Charlotte, el abuelo y mis ayudantes que se habían quedado en casa. Melchior y Wilfried también estaban presentes; pude verlos en el fondo de la sala. Habíamos regresado a Ehrenfest en orden descendente de estatus, como siempre, así que estaban ocupados hablando con la pareja archiducal.


"Rozemyne, Charlotte, mañana por la tarde tendremos una reunión de la familia archiducal", dijo Sylvester despreocupadamente al percatarse de mi llegada. "Tengan cuidado de no llegar tarde". Su expresión no revelaba ni el más mínimo indicio de que íbamos a hablar de mi adopción por el rey.


Conmovida al verle actuar como un archiduque, le dediqué una sonrisa igualmente despreocupada y respondí: "Entendido".


"Descansa bien hoy para que llegues a tiempo".


Después de ver partir a Sylvester con Florencia hacia la sala de estar del edificio principal, llegó el momento de retirarnos a nuestras habitaciones en el edificio norte. Los nobles que seguían en la Academia Real no podrían teletransportarse de vuelta hasta que nos hubiéramos ido.


"Rozemyne, ¿sería seguro que te escoltara?", preguntó Bonifatius, luego se puso la mano en la cadera y me ofreció su brazo para que lo cogiera.


Leonore intervino rápidamente, con aire preocupado. "Por favor, discúlpeme, lord Bonifatius, pero ¿no debería acompañarla el prometido de lady Rozemyne?".


"Dijo que me permitiría esta rara oportunidad de estrechar lazos con mi querida nieta" Se volvió hacia Wilfried, buscando su confirmación.


"Sí, lo dije. Lord Bonifatius ni siquiera tendría la oportunidad de escoltar a Rozemyne en fiestas y similares, así que ¿por qué no dejarle esto?".


"¿No se da cuenta del peligro en que la pone?", preguntó Cornelius con una mueca, lo que le valió una acalorada respuesta de Bonifatius.


"¡¿Qué estás diciendo, Cornelius?! ¡Ella no tendrá nada que temer mientras mi mano permanezca quieta!"


Los intentos de Bonifatius de mostrarse afectuoso ya me habían puesto en peligro innumerables veces. Tenía sentido que mis caballeros estuvieran tan en guardia, pero él hinchaba el pecho y se negaba a retroceder.


"En ese caso, permíteme confirmar que su mano no se moverá", dijo Cornelius, acercándose a él con Angélica. Llevaban las expresiones más severas mientras tiraban, empujaban e incluso colgaban de su brazo.


¡Están siendo demasiado cautelosos! ¡Y mientras ellos están tan serios, todos los demás están intentando no reírse!


Melchior era una excepción, miraba con envidia, pero Wilfried, Charlotte y los demás apenas lograban serenarse.


"Bien. Se ha demostrado que su mano no cederá lo más mínimo", dijo Cornelius, sonando derrotado tras una investigación realmente exhaustiva. "Si se sujeta aquí" —señaló la muñeca de Bonifatius— "no debería preocuparse de que se le canse el brazo".


Hice lo que se me indicó y nos dirigimos hacia mi habitación. Bonifatius se esforzaba por seguirme el paso, lo que podría haber hecho parecer que me escoltaba si no fuera por mi estatura especialmente baja. Cualquiera que nos viera probablemente pensaría que iba colgada de su brazo en lugar de agarrada a él.


¡Vamos ya, Leidenschaft! ¡Espero el crecimiento que tu divina protección me concederá!


"Hermana, ¿qué tal tu primera Conferencia de Archiduques?", preguntó Charlotte. "Me sorprendió muchísimo cuando lord Bonifatius me informó de que te ibas a quedar no sólo para la Ceremonia de Unión de las Estrellas del primer día, sino también para el Ritual de Dedicación del final".


"La familia real me pidió que tradujera documentos del archivo del sótano".


La realidad era que les obligamos a pedirlo, pero no se lo mencioné a Charlotte. En su lugar, conté algunas historias inocentes sobre lo que ocurrió mientras traducía con Hannelore y la familia real. Charlotte y los demás me contaron a cambio lo que había sucedido en casa.


"Asistimos a lord Bonifatius y realizamos la Reposición de Maná", explicó Charlotte. "Luego, memoricé oraciones con Wilfried y Melchior".


"Sí, Melchior tenía que aprenderse la oración para la ceremonia del bautismo, así que decidimos acompañarlo", añadió Wilfried. "Eso es mucho más eficaz que practicar solo, ¿no?".


Al parecer, los ayudantes de Melchior se pusieron a llorar por la cantidad de trabajo que Hartmut les acumulaba en el templo, así que Wilfried y Charlotte se ofrecieron de voluntarios para echar una mano a su hermano menor con sus oraciones.


"¿Funcionó?", pregunté.


Melchior asintió. "Memoricé la oración de la ceremonia de bautismo. ¡Y ahora puedo realizar la Reposición de Maná sin acabar incapaz de moverme!" Después de ofrecer regularmente su maná en el templo, se había adaptado rápidamente a suministrar también a la fundación.


Mientras seguíamos hablando de nuestros asuntos cotidianos, llegamos finalmente al edificio norte. "Abuelo", le dije, "te agradezco mucho que me hayas escoltado".


Dejó escapar un suspiro de alivio —podía adivinar que se había pasado todo el viaje concentrado en su mano—, giró sobre sus talones y se marchó, pareciendo excepcionalmente satisfecho de sí mismo.


Al regresar a mi habitación, les dije a los ayudantes adultos que me  acompañaron a la conferencia que descansaran para preparar la reunión de mañana. Mis ayudantes menores de edad me atenderían mientras tanto, lo que estaba bien para mis caballeros y eruditos, pero Gretia tendría que servir como mi única asistente.


Mientras pensaba qué hacer, Lieseleta se adelantó. "Lady Rozemyne, yo también me quedaré. Gretia no puede hacer todo sola".


"Pero Lieseleta..."


"Insisto. Ottilie la acompañó al archivo del sótano durante la Conferencia de Archiduques, mientras que yo permanecí inactiva en el dormitorio".


Lieseleta estuvo preparando el té, la comida y demás, así que no había estado tan inactiva. Aun así, no podía rechazar su generosidad y presionar tanto a Gretia; hacer eso me convertiría en una señora terrible para ellos.


"En ese caso, por favor, sigue sirviéndome un poco más. Te concederé dos días de descanso a partir de mañana".


"Entendido."


Mis guardias adultos volvieron a sus casas o a los dormitorios de los caballeros, y mis dos eruditos adultos se fueron con Ottilie. Gretia y Lieseleta empezaron a guardar mi equipaje, mientras Philine y Roderick me daban un informe sobre el estado actual del templo. También pasé algún tiempo leyendo algunas transcripciones.


Supongo que podemos tener una reunión completa después de la reunión de mañana de la familia archiducal... Ah, también tendré que ponerme en contacto con Brunhilde.


Durante la cena, recibí los informes de todos los que se quedaron en Ehrenfest. Hablaríamos de los acontecimientos de la Conferencia de Archiduques más tarde.


Era la tarde de la reunión de la familia archiducal. Nuestros asistentes, la Orden de Caballeros y los eruditos de alto rango se reunirían con nosotros, como de costumbre, pero también iba a asistir una cara nueva: Melchior, aunque aún era demasiado joven para matricularse en la Academia Real.


"No sé por qué me han convocado", dijo.


"Debe de ser un anuncio que todo el mundo necesita oír, sin importar la edad que tenga", aventuró Wilfried. "Rozemyne, tú sabes de qué se trata, ¿verdad?".


Lo sabía, pero seguro que no iba a ser yo quien les dijera que el rey me adoptaba y que a Melchior sólo le quedaba un año para asumir el cargo de Sumo Obispo. Me limité a sonreír y a decir: "Todo se explicará pronto".


Melchior acudió nervioso a la reunión con sus hermanos a ambos lados y luego ocupó el asiento marcado para él. Al igual que en las clases de la Academia, a cada miembro de la familia archiducal sólo se le permitía llevar un ayudante de cada tipo, así que elegí a Ottilie como asistente, a Hartmut como erudito y a Cornelius como caballero guardián. Los asistentes y los eruditos se apresuraban tradicionalmente a preparar la reunión antes de que entrara la pareja archiducal.


"Parece que todo el mundo está aquí", dijo Sylvester. "En ese caso, nuestro informe sobre la Conferencia de Archiduques comenzará ahora. Al igual que el año pasado, este va a ser largo; hubo muchos cambios importantes que tendremos que cubrir. Tengan cuidado de no perderse nada".


Como siempre, la reunión comenzó con el anuncio de la clasificación de los ducados. Sylvester dijo que la petición que habíamos hecho a Anastasius durante el Torneo Interducados fue aprobada; a cambio de que nuestro rango permaneciera igual, empezaríamos a ser tratados como un ducado vencedor.


"Aah ... Bueno ahora ..."


Los silenciosos murmullos de alivio de los adultos demostraban lo mucho que les costaba seguir el ritmo de nuestra nueva posición en el país.


"Sin embargo", continuó Sylvester, "nuestro nuevo tratamiento trae consigo una nueva carga. De los ducados mayores, todos ustedes saben que Klassenberg está administrando el Antiguo Zausengas, mientras que Ahrensbach y Dunkelfelger administran el Antiguo Werkestock, ¿correcto? Drewanchel está demasiado lejos de cualquiera de los ducados perdedores, por lo que en su lugar envió una gran cantidad de archinobles para apoyar a la Soberanía. Esto los ha puesto en una situación única en la que tienen una gran familia archiducal que no puede ser trasladada a la Soberanía, pero no tantos archinobles como de costumbre."


Hauchletzte y Gilessenmeyer habían crecido en poder gracias a sus matrimonios con la familia real y ahora soportaban enormes cargas para devolver el favor. Ahora que Ehrenfest pasaba de ser un ducado neutral a uno ganador, también tendríamos que prestar nuestra ayuda.


"¿Y cuál podría ser esa nueva carga...?", preguntó nervioso uno de los nobles.


Sylvester miró a toda su audiencia. Luego, una vez que sus ojos se posaron en mí, dijo: "Lo anunciaré el año que viene. Pero nosotros también saldremos ganando con este acuerdo. Para aumentar rápidamente nuestra población noble, la familia real ha permitido que, durante los próximos cinco años, cualquiera que se case con un noble de Ehrenfest deberá hacerlo en nuestro ducado. Además de eso, recibiremos cuarenta herramientas mágicas para nuestros recién nacidos. Ésas son las contrapartidas a la nueva carga que debemos soportar".


Aah, así que va a presentar mi adopción como la carga de Ehrenfest.


Los nobles empezaron a inquietarse; ¿cuán grande debía de ser la carga para el ducado por haber recibido tan grandes recompensas? Aun así, Sylvester continuó con sus anuncios. Reveló que la Unión de las Estrellas de Ferdinand se había retrasado, que se realizó un Ritual de Dedicación durante la Conferencia de Archiduques y que ahora los adultos podían repetir el ritual para obtener protecciones divinas; todos ellos acontecimientos relacionados con ceremonias divinas. También mencionó que varios miembros de la familia real realizaron el giro de dedicación y consiguieron activar el mismo círculo mágico que Detlinde, lo que significaba que ya no era la única candidata a Zent conocida.


A partir de ahí, Sylvester repasó los cambios que empezarían a aplicarse durante el próximo curso académico de la Academia Real, como la revisión del momento en que los estudiantes adquirirían sus schtappes, las alteraciones introducidas en los planes de estudio y la decisión de que Ehrenfest y Klassenberg empezaran a celebrar los Rituales de Dedicación anuales como investigación conjunta.


"¿Se volverán a obtener schtappes durante el tercer año?", preguntó un noble. "¿Significa esto que la población noble se ha recuperado lo suficiente como para darnos más margen de maniobra?".


"Resulta que la compresión de maná y las protecciones divinas cambian la calidad del schtappe de cada uno", explicó Sylvester. "Como resultado de nuestra investigación conjunta con Dunkelfelger, cada vez más estudiantes obtendrán múltiples protecciones divinas. Los adultos también lo harán, debido a la realización del Ritual de Dedicación en la Conferencia de Archiduques. Los schtappes sólo se pueden obtener una vez; deberíamos querer que fueran de la mayor calidad posible".


Los nobles expresaron su comprensión.


"En resumen, los cambios en el plan de estudios de la Academia Real entrarán en vigor el año que viene", continuó Sylvester. Luego se volvió hacia mí y me dijo: "¿Habrá que hacer a su vez cambios radicales en la sala de juegos?".


La sala de juegos cubría principalmente las lecciones escritas, así que lo dudaba. "Las lecciones prácticas son mucho más relevantes para los schtappes; por lo tanto, no espero que las lecciones escritas de la Academia Real cambien mucho. Creo que simplemente tendremos que consultar al profesor Moritz sobre cuál era el plan de lecciones cuando se obtenían schtappes durante el tercer año."


"Ya veo", respondió Sylvester, asintiendo.


"¿Y no deberíamos considerar el hecho de que nuestros juguetes educativos y nuestras biblias ilustradas elevarán las notas medias de la mayoría de los ducados dentro de unos años?".


"Buen punto. Anunciamos que empezaríamos a venderlos al mismo tiempo que regalamos algunos a la familia real. Creo que recibieron mucha atención. Dile a la Compañía Plantin que los prepare en grandes cantidades".


"La impresión se suele hacer como trabajo manual de invierno, así que no espero que se hagan muchos más libros de aquí al verano. Tendría más sentido encargar su producción en masa durante el invierno, como preparación para cuando Groschel esté listo y podamos comerciar con más ducados."


Ya había informado a Benno de que nuestras biblias ilustradas se iban a vender en todo el país. En respuesta, mencionó que estaban planeando poner en marcha algún tipo de producción en serie. Aun así, poco podíamos hacer para crear más libros antes del verano, cuando debían llegar los comerciantes.


"Hmm. Les dije a los otros ducados que ofreceríamos más espacios comerciales el año que viene, así que tenemos que cumplirlo".


Pero, ¿hasta qué punto estaba Groschel con sus preparativos? Tendría que preguntarlo cuando informe de los resultados de esta reunión.


"El funeral de Aub Ahrensbach se celebrará a principios de verano", dijo Sylvester, "y dada la situación de Florencia, tendré que ir solo. Prepárense para ello". Había dejado claro que, dejando la obsesión de Georgine con Ehrenfest aparte, estaba políticamente obligado a asistir al funeral de un aub vecino. También tendría que confirmar que Ferdinand había recibido una habitación oculta, como lo prometió la familia real.


Me gustaría poder comprobarlo también, pero...


Iba a estar positivamente inundada de trabajo de entrega y preparación, y dos de mis caballeros no podían estar cerca de Georgine. Además, incluso si esos no hubieran sido problemas, no tenía la resistencia para un viaje tan largo en primer lugar. Definitivamente no recibiría permiso para ir a Ahrensbach.


A continuación, Sylvester hizo algunos anuncios más: el rey se había negado a recibir a la princesa de Lanzenave, los caballeros drogados con trug fueron expulsados de la Orden Soberana, y el interés por las ceremonias religiosas iba en aumento después de que todo el mundo hubiera experimentado una por sí mismo.


"Eso es todo", concluyó finalmente Sylvester. "Ahora, despejen la sala. Sólo los miembros de la familia archiducal pueden escuchar lo que tengo que decir a continuación. Incluso nuestros ayudantes deben marcharse".


Esto no tenía precedentes. Ni una sola vez una discusión posterior a una reunión había exigido que salieran incluso nuestros propios asistentes.


"¡¿Aub Ehrenfest?!"


"¿Qué está pasando...?"


Algunos expresaron su asombro, pero Sylvester se limitó a esperar en silencio a que todos se marcharan.


"Lady Rozemyne..." dijeron mis ayudantes.


"Ya escucharon al aub", respondí. "Hartmut, Cornelius... los dos deben marcharse también".


Ordené a mi séquito que se marchara y solté un largo suspiro. Los altos cargos y los asistentes se marcharon, observándonos todo el tiempo como si trataran de averiguar qué estaba ocurriendo. Una vez que se fueron, una atmósfera pesada se apoderó de la sala. Todo el mundo estaba tenso, excepto la pareja archiducal y yo, por supuesto.  




Capítulo 2: El compromiso cancelado y una elección para el futuro

"Acérquense todos", dijo Sylvester. Luego, una vez que estuvimos todos agrupados, activó a nuestro alrededor una herramienta mágica que bloqueaba el sonido. Sólo con ver la barrera azul, Melchior se echó a temblar; no estaba acostumbrado a una precaución tan extrema.


"Dime qué demonios pasa", exigió Bonifatius. "¿A qué viene tanta precaución?".


Por fin, Sylvester reveló la verdad: "Rozemyne será adoptada por la familia real, y se comprometerá con el príncipe Sigiswald cuando alcance la mayoría de edad".


Los que no asistieron a la Conferencia de Archiduques se quedaron estupefactos. Tenían los ojos como platos y abrían y cerraban la boca. Sylvester se percató de su previsible confusión y prosiguió en voz baja.


"Nos han dado un año para preparar su traslado a la Soberanía. Por razones de seguridad, no anunciaremos la adopción hasta que se produzca realmente; necesitamos que se mantenga el statu quo mientras nos preparamos internamente."


Sylvester no mencionó nada relacionado con el Grutrissheit. Habíamos decidido mantenerlo todo en secreto, ya que no sabíamos si lo obtendría ni cómo podría ser tratada. A todos los implicados en el proceso de entrega sólo se les diría que el rey me adoptaba y que me trasladaría a la Soberanía dentro de un año.


Es probable que Charlotte comprendiera mejor que nadie las consecuencias de mi adopción. Se volvió frenéticamente para mirar a Wilfried, que estaba completamente congelado en su sitio, con los ojos muy abiertos que parecían clavarse en Sylvester.


"¿Qué pasa con el templo...?", murmuró Melchior; pero fue ahogado por un rugido enloquecido y retumbante de Bonifatius.


"¡Qué estás diciendo, Sylvester! ¡¿Rozemyne, adoptada por el rey?! ¡Los candidatos a archiduque no pueden ser trasladados a la Soberanía!"


Sylvester negó lentamente con la cabeza. "Rozemyne es mi hija adoptiva. Si la repudio, volverá a ser archinoble, y no hay ninguna ley que prohíba a los archinobles casarse en la Soberanía".


"¡¿Y aceptaste esa ridícula demanda?!"


"Es un decreto real. Conseguimos negociar algunas condiciones, pero negarse no era una opción".


"¿Condiciones?" Los ojos de Bonifatius recorrieron la habitación por un momento antes de volver a Sylvester, no menos duros que antes.


"Las mencioné hace un momento, ¿no?", preguntó Sylvester, claramente habiendo esperado tal reacción. "Cinco años de nobles casándose en Ehrenfest, y cuarenta y pico herramientas mágicas para los recién nacidos de nuestro ducado".


"¡¿Eso es todo?!", tronó Bonifatius, levantándose de un salto de la silla. "¡¿Vendiste a Rozemyne a la Soberanía por ESO?!".


Sin inmutarse, Sylvester reveló los detalles que había omitido en el anuncio general. "Se ordenará a nuestros nobles soberanos que regresen a casa, la adopción de Rozemyne contará como la totalidad de nuestra carga, y Ferdinand recibirá mejores condiciones de vida y la garantía de que no será castigado por los crímenes de Detlinde. Ésas fueron nuestras condiciones. Diría que hice un trabajo mucho mejor como aub que el año pasado, cuando Ferdinand se reunió con el rey a mis espaldas y accedió a marcharse sin asegurar a Ehrenfest nada de valor".


Los ojos azules de Bonifatius se abrieron de par en par. "¡¿Les pediste que ayudaran a Ferdinand?! ¡¿Qué beneficio hay en eso?! Unas pocas mejoras para alguien que ya ni siquiera pertenece a Ehrenfest no compensa en nada que perdamos a Rozemyne. Se supone que tú eres el aub, ¿no? ¿¡De verdad dejaste que el amor por tu hermano se apoderara de ti!?".


"No fueron mis peticiones", replicó Sylvester con una mueca. Luego me señaló y dijo: "Fueron de ella".


Todos los ojos se posaron en mí.


"¿Rozemyne, te has enamorado de Ferdinand?", me preguntó Bonifatius, con la mandíbula prácticamente en el suelo. "¿Acaso... pasó algo entre ustedes en el templo?".


"Abuelo, por favor, no te dejes llevar. ¿De verdad es tan extraño preocuparse por alguien que es como de la familia para ti?" Una oleada de tristeza me inundó. "Significa eso que cuando me traslade a la Soberanía, ¿te olvidarás de mí al día siguiente? ¿Dejarás de considerarme tu nieta y mantendrás que no tienes nada que ver conmigo?".


"¡Claro que no! ¡Aunque se deshaga tu adopción con Sylvester, siempre seguirás siendo mi nieta!"


"¿Llamarías romántico a tu amor por mí, entonces?"


"¿Qué...?"


Sonreí. "Me preocupo por Ferdinand del mismo modo que tú te preocuparás por mí cuando llegue el momento de mudarme. Mi petición inicial era que él fuera devuelto a Ehrenfest, pero la familia real se negó". Me aseguré de añadir que, si hubiéramos conseguido recuperarlo, se habrían resuelto la mayoría de nuestros problemas, desde la escasez de maná hasta los Leisegang, pasando por el traspaso del trabajo del templo y la imprenta.


Bonifatius bajó los hombros. "Ahora me doy cuenta de que llegué a una conclusión extraña. Pero… ¿no te opones a trasladarte a la Soberanía?".


"Por supuesto que sí. Tendré que abandonar mi querida biblioteca y mi taller de imprenta e irme a un lugar lejos, muy lejos de los libros nuevos. Y peor aún, mi futura familia se resiste a prepararme siquiera una sala de libros en mi propia casa. No estoy más que insatisfecha".


Quería construir un taller de imprenta en la Soberanía lo antes posible y mejorar los círculos de teletransporte entre Ehrenfest y la Soberanía para que me pudieran enviar nuevos libros de inmediato.


"Sin embargo, Ferdinand fue a Ahrensbach sin desafiar el decreto real", continué. "Por lo tanto, yo también debo obedecer. Lo más que pude hacer fue usar mi adopción para apoyar a Ehrenfest, pero creo que fui de alguna utilidad".


Bonifatius iba a decir algo, pero Sylvester habló primero. "Tu nieta se va a casar con un príncipe. ¿No deberías alegrarte? Nunca dejaste de quejarte de que Wilfried no era suficiente para ella, y de que era un desperdicio que estuviera con él".


Esta vez, Bonifatius hizo una mueca. Se volvió para mirar a Wilfried, que le devolvió una sonrisa socarrona y dijo: "No veo por qué le sorprende, lord Bonifatius. Usted mismo lo ha dicho más veces de las que puedo contar: Rozemyne destaca vaya donde vaya. Es más adecuada para ser la próxima aub. Puede hacer cualquier cosa...".


Wilfried se quedó mirando a Sylvester, que estaba luchando contra una tormenta de emociones —tenía los puños apretados y temblorosos encima de la mesa—, pero, a diferencia de Bonifatius, no levantó la voz ni perdió los estribos, sino que prosiguió con calma y sequedad.


"Yo era el único candidato a archiduque que podía unir a Rozemyne con Ehrenfest, ¿no? Cada vez que pedía terminar nuestro compromiso, me decías que era mi deber soportarlo. Y ahora ha sido cancelado".


Parecía que él también había considerado nuestro compromiso como un deber sin amor. Quizá quería cancelarlo desde el principio, pero todos los demás se opusieron.


¿Es esto una bendición para Wilfried, entonces?


Como nuestro compromiso se cancelaba por decreto real, no dañaría su reputación. Suspiré, aliviada. No había razón para darle más vueltas, ¿verdad?


"Entonces, padre... ¿quién será el próximo aub de Ehrenfest?", preguntó Wilfried.


Sylvester se encontró con su mirada y le dijo en voz baja: "Esa es una decisión para más adelante. No tiene sentido que lo discutamos ahora".


La tensión en la habitación era tan densa que se podía cortar con un cuchillo. ¿Cómo de ciega estuve al pensar que Wilfried apreciaría este decreto real? Todavía estaba intentando desesperadamente contener sus emociones, y ver eso me hizo un nudo en el estómago.


Sylvester continuó: "El papel podría ir para Charlotte si toma un novio de otro ducado. O para Melchior. Podría ir para el niño que Florencia está esperando ahora mismo. O, si trabajas lo suficiente, aún podría ir para ti, Wilfried".


"Um, Padre..." Charlotte intervino, sus ojos índigo se abrieron de par en par con incredulidad mientras revoloteaban de él a Wilfried. "¿Eso quiere decir...?"


Florencia sonrió, y finalmente rompió su silencio. "Charlotte, has tenido que soportar lo irrazonable durante tanto tiempo. Para salvar a Wilfried y asegurar la posición de Rozemyne, te fue arrebatado el derecho a aspirar al puesto de aub que por derecho corresponde a todo candidato a archiduque. Sin embargo, nunca hiciste saber tu descontento y trabajaste incansablemente para apoyarlos a ambos. No se puede subestimar la cantidad de esfuerzo que has dedicado a mantener unido Ehrenfest".


A Charlotte se le humedecieron los ojos de lágrimas y se alegró de que por fin se comprendieran y alabaran sus esfuerzos. Mientras tanto, me di cuenta de que no le demostré ni una pizca de la gratitud que se merecía. Siempre fue tan considerada, consolándome y apoyándome cuando lo necesitaba, pero ¿qué había hecho yo por ella? Ni de lejos lo suficiente.


Soy una hermana mayor terrible...


Wilfried era un año mayor que Charlotte, y se daba prioridad a los hombres para el puesto de archiduque. Tal vez por eso, así como por mi propio desinterés en gobernar Ehrenfest, nunca se me ocurrió que ella pudiera querer convertirse en la próxima aub.


Sylvester arregló el compromiso, pero ¿traicioné a Charlotte aceptándolo...?


Si ella había crecido trabajando duro para convertirse en la próxima archiduquesa, entonces yo debí de obstaculizarla e incluso herirla al rescatar a Wilfried mediante nuestro compromiso y asegurarle su lugar como próximo aub.


Examiné detenidamente a mi hermana, que estaba demasiado ocupada mirando a Florencia como para devolverme la mirada.


"Charlotte", dijo Florencia, "como el decreto real ha deshecho el compromiso de Wilfried y Rozemyne, te daré a elegir. Si deseas convertirte en la próxima aub, entonces encuentra lo que te falta durante los próximos cinco años, mientras las restricciones matrimoniales estén en vigor, y cásate con un hombre digno de servir como el primer marido de la próxima Aub Ehrenfest. El traslado de Rozemyne a la Soberanía significa que el ambiente aquí cambiará drásticamente. Mantente atenta a esos cambios y toma las decisiones que te parezcan mejores".


Charlotte tenía tres opciones: podía aspirar a convertirse en la próxima aub, podía casarse con un archinoble y adoptar un papel más de apoyo en Ehrenfest, o podía esperar cinco años y luego casarse en otro ducado. Sonrió y asintió a Florencia, luego se volvió hacia Sylvester y le preguntó: "Padre, ¿cuándo se elegirá al próximo aub?".


Cerró los ojos. "Como he dicho, no de inmediato. Ni siquiera podemos estar seguros de que la adopción actual de Rozemyne se anulará dentro de un año. Es muy probable que suceda, pero aun así, hasta que realmente sea así, vamos a mantener el statu quo. No se lo digas a tus asistentes, y actúa como si todo fuera normal. Ten cuidado de que no se te escape nada".


Charlotte volvió a asentir. Debían de pasarle innumerables pensamientos por la cabeza; aunque miraba a Sylvester, estaba perdida en su pequeño mundo.


"Para ser sincero", dijo Sylvester, "creo que la decisión puede esperar hasta que Bonifatius o yo fallezcamos. Tuvimos que darnos prisa con el compromiso y dejar claro quién iba a ocupar el puesto de archiduque para contener a los Leisegang y adelantarnos a sus intentos de convertir a Rozemyne en la próxima aub, pero esta vez no tendremos que apresurarnos. Bonifatius ha sido educado para ejercer de archiduque interino, así que aunque yo muera primero, la decisión puede esperar".


"Entendido", respondió Charlotte, con los ojos brillantes.


Florencia miró a su hija como quien admira una luz deslumbrante, y luego se volvió hacia su hijo menor: "Lo mismo te digo a ti, Melchior. Si quieres ser el aub en el futuro, tendrás que trabajar duro para ser digno del puesto".


Hizo una pausa pensativo y luego sacudió la cabeza. "Lo... consideraré cuando sea mayor de edad. Ahora mismo, necesito centrarme en ser el Sumo Obispo. Tengo tanto que aprender que nunca dejo de estar ocupado. Y sólo nos queda un año antes de que Rozemyne se marche. No puedo pensar en convertirme en el aub ahora mismo".


Florencia pareció sorprendida y luego sonrió. "Eso es cierto. En adelante, quienes deseen convertirse en aubs tendrán que rezar a menudo y obtener más protecciones divinas. Cumple con tus deberes y pasa el tiempo hasta la mayoría de edad pensando en tu futuro".


"Sí, madre. Y, Rozemyne..." Me miró, rebosante de resolución para convertirse en el próximo Sumo Obispo. "Espero tus enseñanzas durante el próximo año".


Se me dibujó una sonrisa en la cara. ¡Él confiaba en mí!


"Lo harás muy bien", dije. "No puedo traer a todos mis ayudantes a la Soberanía, así que pienso dejar a varios de ellos en el templo. Acudirán en tu ayuda si los necesitas. También puedes contar con la ayuda de los sacerdotes azules que hemos entrenado hasta ahora, como Kampfer y Frietack. Sólo gracias al apoyo de los demás he conseguido desempeñar mis funciones como Suma Obispa".


"Quizá pueda dejarles el papeleo a ellos, pero mi trabajo más duro va a ser aprender a dar bendiciones como tú, Rozemyne" Melchior infló las mejillas. "Sé que es el deber más importante de un Sumo Obispo, pero aun así".


Sylvester sonrió levemente e hizo un gesto despectivo con la mano. "Rozemyne tiene tanto maná que incluso la familia real le pidió que realizara sus ceremonias. Es un buen objetivo para trabajar, pero ten cuidado de no volverte loco: te va a llevar mucho tiempo igualar lo que ella hace. Irás mejorando a medida que aprendas a comprimir tu maná en la Academia Real y empieces a tener más con lo que trabajar. Por ahora, sin embargo, Rozemyne necesita entregar todo lo que ha estado haciendo —desde sus deberes en el templo hasta su trabajo con la imprenta— mientras se prepara para su nueva vida. No será fácil para ella, así que ayúdala todo lo que puedas".


"¡Bien!"


Melchior y Charlotte irradiaban esperanza, pero Wilfried parecía más grave que nunca. Tenía una noble sonrisa dibujada en la cara, pero estaba sentado inmóvil y en completo silencio.


"Charlotte, Melchior, Bonifatius... recuerden no decir ni una palabra sobre la adopción de Rozemyne a nadie", advirtió Sylvester. "Si filtran algo a sus ayudantes, no se sabe lo que podrían hacer los Leisegang. Y si alguno de los otros ducados se entera, la Academia Real se convertirá en un lugar drásticamente más peligroso para Rozemyne".


"Entendido."


"De acuerdo. Pueden irse." Miró a Wilfried. "Hay... más cosas que el resto de nosotros tenemos que discutir."


Los tres miraron a Wilfried, sus expresiones delataban su preocupación, y luego se marcharon en silencio. Sylvester, Florencia, Wilfried y yo éramos los únicos que quedábamos en la sala de reuniones.


"Hiciste bien en mantener tus emociones bajo control, Wilfried", dijo Sylvester.


La frustración que había estado corroyendo a Wilfried por fin salió a la superficie. "Soy el único candidato a archiduque criado por la abuela. También soy un criminal que entró en la Torre de Marfil, y alguien que por derecho debería haber sido castigado junto al resto de la antigua facción de Verónica durante la purga de invierno. Me dijiste que era con diferencia el candidato a archiduque menos adecuado para convertirme en aub; que probablemente no podría seguir siendo candidato a archiduque, y mucho menos ocupar el puesto de archiduque, si se cancelaba mi compromiso con Rozemyne. Y ahora aquí estamos. ¿Qué va a pasar conmigo?".


"Yo... no lo sé. Ya lo dije antes".


"¡Padre!", gritó Wilfried, golpeando la mesa con un puño. Su repentino arrebato me sorprendió tanto que retrocedí de inmediato.


"¿Qué quieres decir con que no sabes qué pasará con Wilfried una vez que se cancele nuestro compromiso?", pregunté. "¿Y a qué conversación se están refiriendo?" Todos estaban de acuerdo menos yo, y eso me hizo sentir como si no perteneciera a este lugar.


"La purga le costó a Wilfried su base de apoyo", explicó Sylvester. "Y si su compromiso fracasa mientras los Leisegang sean el poder dominante de Ehrenfest, no sería extraño que todo el mundo se uniera y presionara para que lo enviaran a la Torre de Marfil, de modo que nunca pueda convertirse en el próximo aub. Todo dependerá de cuánto podamos frenar el poder de los Leisegang durante el próximo año, y tal y como están las cosas, no sabemos cómo va a ser la situación cuando finalmente se anuncie la cancelación."


Al parecer, muchos de los Leisegang estaban firmes en que dejar que el único candidato a archiduque que Veronica había criado —y un criminal que entró en la Torre de Marfil, además— se convirtiera en el próximo aub sería una burla para el liderazgo del ducado. Exigían abierta y persistentemente que fuera destituido de su cargo actual y ejecutado.


"Um, pero eso no tiene ningún sentido", dije. "Ehrenfest ya ha perdido a Ferdinand; una vez que me pierda a mí también, no tendrá suficiente maná para sostenerse a sí mismo. ¿Y aun así piden que se elimine a un candidato a archiduque estudiante de honor...? ¿Cómo de tontos son? Por lo que yo veo, el problema es que los Leisegang se niegan a aceptar la realidad de nuestra situación".


"Es bastante brusco por tu parte, pero... tienes razón", respondió Sylvester con un suspiro.


Wilfried me miró con ojos más agudos que nunca. "¿Por qué actúas como si esto no tuviera nada que ver contigo?", espetó. "Tu trabajo es contener a los Leisegang. Eres su 'princesa', ¿no? En lugar de eso, abandonaste por completo tu deber".


"¿Perdón?", le pregunté, parpadeando.


Sylvester intervino rápidamente. "Basta, Wilfried. Rozemyne se crió en el templo, así que no considera a los Leisegang como su familia. Karstedt, Elvira y Bonifatius son los encargados de controlarlos. Brunhilde acabará asumiendo también esa tarea".


"¡Pero padre!", exclamó Wilfried. "En el transcurso de la Oración de Primavera, los Leisegang me dijeron que yo era tu favorito para convertirme en el próximo aub puramente a causa de mi sexo. Dijeron que Rozemyne gobernaría sin duda Ehrenfest si no fuera por mi injusta ventaja, que el que yo me convirtiera en archiduque era una farsa irrisoria, y sin embargo yo no poseía ni siquiera el sentido común de renunciar. Ella es su líder. ¡Comparte su sangre, así que debía tener algo —cualquier cosa— que pudiera controlarlos!".


Pero los insultos de los Leisegang no terminaron ahí; mencionaron continuamente mis tres años consecutivos de ser la primera de la clase como prueba de que Wilfried era inferior a mí, y afirmaban sin descanso que mi linaje y mi pasado eran intachables en comparación con los suyos.


Continuó: "Padre, ¿por qué me obligaste a convertirme en el próximo aub cuando nadie más lo deseaba? Si todos me odian con fervor, ¿de qué sirvió intentar ganarme su apoyo? ¿Voy a pasar el resto de mi vida siendo objeto de burlas y abusos, y la gente incluso se negará a dirigirme la palabra? ¿Voy a ser siempre comparado con Rozemyne, una prodigio como el mundo nunca ha visto antes, y me dirán que sólo podría llegar a ser el aub por su gracia? ¿Deben ennegrecerse de amargura, vergüenza y arrepentimiento hasta mis más preciados recuerdos de la infancia?".


Veronica hizo muchas cosas horribles a Ferdinand y al ducado en su conjunto, pero para Wilfried, ella siempre fue su cariñosa abuela que lo crió desde pequeño. Incluso ahora que ella estaba en la Torre de Marfil, él sentía nostalgia por el tiempo que habían pasado juntos. Probablemente era similar a cómo seguía preocupándome por Ferdinand incluso ahora que se había mudado a Ahrensbach. No importaba cuánto me dijeran que no me preocupara ni pensara en él, no podía hacerlo.


"Rozemyne, no quiero vivir como tu marido cuando está claro que te importa más el tío y prefieres pasar tu tiempo ayudándolo a él antes que a mí. Prefiero morir a pasarme la vida con todo el mundo comparándome contigo, y tú comparándome con él. Cada vez que me dicen que te haga una piedra fey de compromiso, o que te envíe algún regalo, sólo pienso en cómo compararás lo que te dé con lo que ya tienes del tío. No puedo soportarlo".


Por lo visto, habían herido el orgullo de Wilfried como hombre.


Pero, bueno... son amuletos protectores. No puedo quitármelos así como así.


Wilfried continuó: "Una vez que asumí que no quería casarme con una chica que sólo se preocupaba por otra persona, llegué a la conclusión de que lo mejor era que tú te convirtieras en la aub, puesto que ya contabas con el apoyo de los Leisegang. Así que fui a ver a padre y se lo pedí".


Me volví hacia Sylvester. "Nadie me dijo nada de eso..."


"Por razones obvias", respondió. "Si te hubieras enterado de que Wilfried quería cancelar tu compromiso, habrías intentado cancelarlo también, ¿verdad? Pero no habrías querido convertirte en la próxima aub, lo que habría facilitado que la familia real o un ducado de alto rango te cazara furtivamente. Habría traído el caos a Ehrenfest y absolutamente ningún beneficio, así que ¿por qué te lo habríamos dicho? De hecho, vuestros ayudantes estuvieron haciendo todo lo posible para mantenerlos separados y que no pudieran poner fin a su compromiso".


Todo encajó. En retrospectiva, nuestros ayudantes trabajaron activamente para mantenernos alejados el uno del otro.


Y fue entonces cuando empecé a enviar esos ordonnanzes de preocupación. Wilfried debió de sentirse realmente desgraciado al tener que escuchar esos mensajes forzados día tras día, cuando sólo mantenía el compromiso porque se sentía obligado a ello.


Ahora empezaba a preguntarme por qué Sylvester me había dicho que mostrara más preocupación por Wilfried en primer lugar. Teniendo en cuenta todo lo que pasaba entre bastidores, estaba garantizado que sería contraproducente.


"Lo único que tenía que hacer padre era ordenarte que te convirtieras en la próxima aub", despotricó Wilfried, "pero se negó sin importarle lo que yo le dijera. Se limitó a repetir una y otra vez que no podía permitir que gobernaras Ehrenfest, que yo tenía que ocupar el puesto de archiduque. También dijo que no podía anular nuestro compromiso porque era lo único que te mantenía en Ehrenfest. En sus palabras, era el futuro que yo había elegido, así que tenía que responsabilizarme de él".


Sylvester, Ferdinand y Karstedt no tenían ninguna intención de permitir que yo, una antigua plebeya, me convirtiera en la próxima aub del ducado. Sin embargo, Wilfried no lo sabía y Sylvester no era capaz de decírselo, por lo que la comunicación entre ellos se había roto rápidamente.


Sylvester sacudió la cabeza, parecía agotado. "Wilfried, si te hubieras negado a casarte con Rozemyne cuando te lo propuse por primera vez o me hubieras dicho tus verdaderos sentimientos antes de que Ferdinand tuviera que abandonar Ehrenfest, no habría dudado en cancelar el compromiso. Pero cambiaste de parecer en el peor momento posible".


Si hubiéramos puesto fin a nuestro compromiso cuando Wilfried se quejó a Sylvester, entonces la familia real o un ducado de alto rango me habría reclamado casi con toda seguridad. Y con los Leisegang fortalecidos por la purga, Wilfried corría un gran peligro. Sylvester no tenía ninguna intención de enviar a su propio hijo a la Torre de Marfil, sobre todo cuando ese hijo trabajó tan duro para evitar el desheredamiento e incluso había logrado convertirse en un estudiante de honor en la Academia Real. Yo tampoco quería que Wilfried fuera castigado o tratado tan duramente.


"¡Padre!", gritó Wilfried, su voz delataba una angustia tan profunda que mi corazón empezó a dolerme. "Me dijiste que, como Aub Ehrenfest, eras incapaz de dejar marchar a Rozemyne. Dijiste que era mi deber aceptar el compromiso. Me hiciste tragarme mis verdaderos sentimientos y sufrir las consecuencias, así que ¿por qué de repente Rozemyne va a ser adoptada por el rey? Y ¿por qué tenemos que pasarnos el año que viene fingiendo que nuestro compromiso sigue en pie? No sé cómo se puede esperar de mí que ponga cara de valiente cuando Rozemyne se va a convertir en miembro de la realeza y va a abandonar Ehrenfest, mientras yo estoy destinado a perder la seguridad de mi posición actual y a chocar con los Leisegang".


Se quedó callado un momento, luego apretó los dientes y volvió a golpear la mesa con el puño. "¡No te hagas el tonto conmigo! ¡Si no hubieras accedido, Rozemyne no estaría a un año de entrar en la familia real! Si la hubieras hecho la próxima aub, podrías haberlos rechazado!". Pero con el Grutrissheit en juego, dudaba que hacerme la próxima gobernante de Ehrenfest hubiera cambiado nada. 

Wilfried continuó: "Si ella se hubiera convertido en la próxima aub y nuestro compromiso se hubiera cancelado, yo habría sido libre. A los Leisegang se les habría concedido su deseo, y no les habría importado si yo vivía o moría. Pero si ella se marcha para unirse a la familia real... Ehrenfest se sumirá en el caos. ¡¿Qué se supone que debo hacer?!".


Era aterrador ver cómo se oscurecía todo tu futuro, no saber a qué atenerte ni si sobrevivirías. Yo lo entendía muy bien.


Sylvester miró a su hijo de frente. "Puedes vivir como quieras, Wilfried".


"¿Qué...?"


"Si ya no estás preparado para convertirte en el próximo aub, entonces no será tu trabajo mantener a los Leisegang bajo control. Brunhilde y yo nos encargaremos de ellos en su lugar, al igual que cualquier otro que luche por gobernar Ehrenfest. Mientras no olvides tus deberes como miembro de la familia archiducal, no necesitarás equilibrar nada más. Puedes dejar tus cargas actuales a otros".


Wilfried no dijo nada. Era como un ciervo encandilado.


"Dentro de un año, serás libre", prosiguió Sylvester. "Puedes apoyar a Ehrenfest como candidato a archiduque, como hace Bonifatius, o puedes esperar cinco años y casarte en otro ducado. Puedes convertirte en giebe —nuestro ducado los necesita desesperadamente— o puedes introducir una nueva industria, como hizo Rozemyne. Incluso podrías elegir las clases del curso de caballero y esforzarte por convertirte en el comandante de los caballeros, siguiendo el ejemplo de Karstedt y Bonifatius. Por supuesto, también podrías seguir trabajando para convertirte en el próximo aub, esta vez en una carrera que no te viera constantemente comparado con Rozemyne."


Al igual que Florencia sugirió caminos para Charlotte, Sylvester intentaba dar a Wilfried tantas opciones como se le ocurrieran.


"Wilfried... ¿en qué quieres convertirte?", le pregunté.


"¿Qué... quiero...?"


"El statu quo no cambiará hasta dentro de un año. Quizá podrías dedicar este tiempo a decidir qué tipo de vida quieres llevar. Prepararte para el futuro requerirá cierto trabajo, tomes el camino que tomes; ¿por qué no emplear este tiempo de forma productiva?".


Wilfried me miró escéptico. "Yo ya sé una cosa: no soporto estar comprometido contigo".


"El sentimiento es mutuo. Igual que tú no puedes verme como tu mujer, yo no puedo verte como mi marido. Aún no estoy segura de cómo se supone que uno debe relacionarse con su futura pareja. La gente siempre me decía que lo hiciera mejor, pero para ser sincera, intentar mantener la actuación era doloroso".


No fue agradable saber que todo el mundo esperaba una gran historia de romance de lo que era poco más que un compromiso político, ni tampoco fue agradable que me dijeran constantemente que actuara más como una prometida cuando yo no sabía cómo hacerlo.


"Pero el año que viene —le tendí la mano— creo que podremos volver a comportarnos como hermanos". Puede que no hiciéramos buena pareja, pero nos habíamos llevado bien como hermanos.


Wilfried se quedó mirando mi mano, sumido en sus pensamientos, luego sonrió suavemente y la cogió. "Sí. Estar prometido contigo fue doloroso, pero aún te quiero como a una hermana. Aprovecharé este tiempo para pensar en mi futuro".




Capítulo 3: Las opciones de mis ayudantes

Tras su breve arrebato, durante el cual dijo muchas cosas contra las que yo quería protestar, Wilfried aceptó mantener el statu quo durante el año siguiente. Aquello era un gran alivio, y significaba que ya no tenía nada que ver conmigo. Fuera cual fuera el camino que eligiera en adelante, Sylvester y Florencia sin duda lo protegerían.


"Si me disculpan, debo regresar a mis aposentos", dije. "Mis ayudantes tendrán que considerar sus próximos movimientos".


"Adelante", respondió Sylvester. "Necesitarás el permiso de los padres de los asistentes que no te hayan dado su nombre. En cuanto a los demás, trabaja bajo el supuesto de que no irán contigo, aunque sólo sea para evitar que se filtre información crucial durante el próximo año. Si realmente quieren servirte, pueden entrar en la Soberanía tras alcanzar la mayoría de edad".


Asentí, di un paso hacia la puerta y me detuve; había algo más que debía preguntar.


"Por cierto... ¿Sería aceptable que escribiera a Ferdinand, o sigue vigente esa restricción?" Seguramente estaba bien para reanudar nuestra correspondencia ahora que ya no necesitaba actuar como la prometida perfecta.


Sylvester parecía exasperado; después de todo lo que acababa de pasar, yo seguía pensando en Ferdinand. Pero me dio permiso, con la condición de que primero le enseñara la carta.


"Sí que quieres al tío, ¿eh? Rozemyne", suspiró Wilfried, y me acompañó hasta la puerta.


"Mis sentimientos hacia él son los mismos que los tuyos hacia tu abuela", le dije. "Ella es alguien a quien aprecias y por quien te preocupas, ¿no es así? Mi mentor, un hombre que me cuidó desde antes de mi bautismo, fue enviado por decreto real a un lugar fuera de mi alcance. Para empeorar las cosas, la siguiente vez que lo vi, había consumido más pociones reconstituyentes de las que cualquier hombre debería, un testimonio del agotador entorno en el que se le hace trabajar. ¿Cómo podría no preocuparme por él? Debes recordar el empalagoso olor de las pociones cuando se quedó en el salón de té".


Wilfried empezó a fruncir el ceño. "Él siempre huele a pociones. ¿Cómo puedes saber si es por prepararlas o por usarlas?".


"Que tengas que preguntar dice mucho. ¿No has estado elaborando suficiente? Si ni siquiera puedes distinguir entre esos dos olores, ¿cómo vas a ser capaz de preparar lo que necesitas cuando lo necesites?" Wilfried seguramente estaría en problemas si no podía preparar sus propios encantos o pociones reconstituyentes.


La arruga de su ceño se hizo más profunda. "Lo digo como tu hermano, pero... tu 'sentido común' no tiene sentido. Ningún miembro normal de una familia archiducal elabora cosas por sí mismo".


"¿Estás seguro? Ferdinand siempre preparaba sus propias pociones y amuletos".


"Eso es porque le gusta elaborarlos. Y es igual cuando se trata de investigar. Eso no lo hace menos extraño para el resto de nosotros".


Ya podía sentir que mi comprensión de la sociedad noble comenzaba a desmoronarse una vez más. "Pero me dijeron que al menos tengo que ser capaz de hacer mis propias pociones. ¿No es eso lo normal?".


Ya sabía de dónde venía mi malentendido: antes de su traslado a Ahrensbach, Ferdinand se encerraba a menudo en su taller del templo para preparar una cosa u otra. Para colmo, Justus nunca  entraba con él, ni había llevado nunca consigo un suministro diario de pociones, al menos que yo supiera. ¿Alguien podía culparme por suponer que los nobles debían preparar sus propias pociones de uso regular?


Después de todo, Ferdinand me imponía un estándar extraño...


Mi estancia en la Tierra y en la ciudad baja habían hecho que mi sentido común pareciera inusual a los ojos de los nobles del país. Por eso empecé a fijarme en Ferdinand, ¡pero ahora me decían que él también era inusual!


Para ser sincera, lo sospechaba desde hace mucho tiempo, aunque no estoy segura de que nadie me lo haya dicho nunca abiertamente...


"¿Por qué crees que aceptamos eruditos en nuestro séquito?", preguntó Wilfried.


"Bueno, los míos suelen estar ocupados haciendo labores administrativas en el templo, transcribiendo libros, recopilando historias en la Academia Real y escribiendo historias propias. En cualquier caso, para mí tiene más sentido elaborar mis propios amuletos y pociones; las recetas de Ferdinand deben mantenerse en secreto, y todas requieren mucho maná".


No podía pedir a Philine ni a Roderick que hicieran las pociones reconstituyentes: no tenían ni el maná ni la habilidad necesarios para elaborarlas. Hartmut era una opción más realista, pero quería que se centrara en el trabajo del templo.


"Deberías dar a tus eruditos más trabajo de elaboración de pociones", observó sabiamente Wilfried. "A este paso, seguro la demás gente criticará las notas que acaben sacando en clases prácticas como demasiado bajas para estar al servicio de la familia archiducal".


"Supuse que eso era simplemente inevitable para laynobles y mednobles, pero ahora veo que debería reconsiderarlo".


Nunca dudé en encargar a Philine o Roderick el papeleo -no se podía negar su talento para ello-, pero debido a su maná, nunca se me ocurrió confiarles elaboraciones de mezclas. En cambio, como erudita que soy, había optado por ocuparme de mis propias elaboraciones. Pero tal vez era necesario cambiar de perspectiva.


"Lady Rozemyne", llamó Cornelius. Acababa de llegar corriendo, sin duda preocupado porque me marchaba mucho más tarde que Charlotte y los demás. Ver la preocupación en su rostro me avergonzó un poco, pero esa preocupación se convirtió en cautela en cuanto puso los ojos en Wilfried.


"Debemos regresar a mis aposentos", dije. "¿Podrías convocar a todos mis asistentes? Hay algo importante que debo decirles a todos. Llama también a Brunhilde y a Ottilie".


"Entendido."


En cuanto volví, pude ver que todos mis ayudantes se habían reunido. "Sólo hago este anuncio porque cada uno de ustedes tendrá que plantearse su futuro después", dije. "Es confidencial en alto grado. No deben compartir con nadie lo que voy a decirles".


Respondieron al unísono: "Sí, milady".


Seguí diciéndoles a todos que, durante la Conferencia de Archiduques del año que viene, lo más probable es que se deshiciera mi adopción actual para que el rey me tomara como hija adoptiva en su lugar. "Esto podría cambiar según los caprichos de la familia real", dije, "pero entiendan que es muy probable que me trasladen a la Soberanía".


Como era de esperar, todos me miraron atónitos. Bueno, casi todos; sólo Hartmut permaneció impasible, como si ya hubiera previsto este acontecimiento.


"¿Y lord Wilfried?", preguntó.


"Nuestro compromiso se cancelará al mismo tiempo que la adopción. Hasta entonces, pretendemos mantener el statu quo".


"¿Y accedió a hacerlo...?", murmuró Hartmut. Ahora parecía sorprendido; no debió haber previsto que Wilfried seguiría el juego.


A continuación, me volví hacia Brunhilde. Como ya había elegido convertirse en la segunda esposa del aub, no podría acompañarme bajo ninguna circunstancia. "Brunhilde, lamento que esto ocurriera después de que resolviste casarte con Aub Ehrenfest para apoyarme. Sin embargo, una vez que me haya ido, te pido que protejas a los artesanos de la ciudad baja y todas mis tendencias, al tiempo que introduces las tuyas propias para impulsar el crecimiento de Ehrenfest."


En otro tiempo, Brunhilde creyó que estos asuntos se podían dejar simplemente en manos de los plebeyos, pero desde entonces se había dado cuenta de que no todas las órdenes se podían cumplir. Ahora asistía a las reuniones con los comerciantes plebeyos y hacía todo lo que estaba en su mano para asegurarse de que todas las partes estuvieran de acuerdo. Era tranquilizante saber que pensaba quedarse en Ehrenfest como miembro de la familia archiducal.


"Convertirme en la segunda esposa del aub fue mi decisión, y ni una sola parte de mí lo lamenta", dijo Brunhilde sin rodeos. "Dedicaré todo de mí a Ehrenfest. Pero, si me permite una pregunta... ¿qué significará esto para Bertilde?".


"Pasará el próximo invierno sirviendo formalmente como mi aprendiz de asistente. Hacerlo le permitirá recibir el mismo trato que los otros asistentes que dejo atrás, y también la preparará para servirte la próxima primavera. Por favor, guíala como su hermana mayor. Aunque, si elige no servir como asistente, no podremos compartir esta información con ella. Explicar las circunstancias resultaría... problemático".


"Entendido."


Bertilde iba y venía a menudo para su educación, pero no era formalmente mi asistente. Por eso no había sido convocada junto con los demás, y por eso teníamos que mantenerla al margen. Brunhilde tendría que ocuparse del resto.


"Debido a las circunstancias actuales, no puedo dejar a mis ayudantes menores de edad que me han dado su nombre aquí en Ehrenfest. Ya tengo el permiso de la familia real para llevarlos conmigo a la Soberanía. Mis otros ayudantes menores de edad, por otro lado, necesitarían el permiso de sus padres en todo momento. Por lo tanto, debo pedirles que se queden aquí, al menos hasta que alcancen la mayoría de edad, momento en el que podrán trasladarse a la Soberanía si lo desean."


Continué, mirando a cada uno de mis jurados por turnos: "Roderick, Matthias, Laurenz, Gretia... los cuatro vendrán conmigo a la Soberanía. Muriella es una excepción, ya que desde el principio dejó claro que deseaba dar su nombre a Elvira. Desde el momento en que acepté sus nombres, mi intención fue cuidarlos durante el resto de sus vidas. Se dedicaron a mí, y no los dejaré de lado".


La expresión de Matthias se suavizó. "Es un honor. Le ofrecí mi nombre porque deseaba seguirla el resto de mis días. Me alegro de que no lo haya devuelto sin más".


"Poder escapar de mis padres es suficiente para embarcarme en este traslado a la Soberanía...", dijo Roderick, evidentemente aliviado. Gretia asintió junto a él; ambos tenían relaciones complicadas con sus familias.


Laurenz, sin embargo, frunció el ceño. "No puedo evitar preocuparme por mi hermano pequeño en el orfanato... pero le he dado mi nombre, y obedeceré sus órdenes".


"La Soberanía es mucho más peligrosa que Ehrenfest, así que no podría llevar allí a un niño recién bautizado sin un tutor. No obstante, puedes estar seguro de que Melchior será el Sumo Obispo después de mi partida. Tengo intención de dejar aquí a mis asistentes del templo, para que el trato que recibe tu hermano en el orfanato no empeore de repente".


"Le agradezco su consideración", respondió Laurenz, arrodillándose ante mí con los brazos cruzados.


Roderick levantó una mano, habiendo percibido que la preocupación de su compañero ya estaba resuelta. "¿Cómo afectará el traslado a la Soberanía a nuestras vidas en la Academia Real?" Philine también debía de estar interesada; la vi inclinarse sutilmente más cerca de mí.


"Eres consciente de que los hijos de los nobles Soberanos asisten a la Academia como estudiantes de sus ducados de origen, ¿correcto?", pregunté. "Mis ayudantes menores de edad que me acompañen a la Soberanía se alojarán en el dormitorio de Ehrenfest durante los periodos académicos. Apreciaré sus mejores esfuerzos de reunir información para mí durante ese tiempo".


Roderick y Gretia asintieron. Philine los observaba, con una mano contemplativa apoyada en la mejilla.


De repente, Hartmut se me acercó. "Lady Rozemyne", me dijo, "se lo suplico. Por favor, acepte mi nombre".


"Hartmut, creí que habías prometido no ofrecerme tu nombre a menos que te lo pidiera explícitamente".


"Mi mente y las circunstancias han cambiado. Su traslado a la Soberanía será sin duda un acontecimiento crucial. Si va a llevarse a los que le dieron sus nombres en primer lugar, entonces deseo unirme a ellos".


¿Eso era todo? ¿Me estaba ofreciendo su nombre por el mero hecho de que no estaba en el primer grupo de personas a las que había pedido que vinieran conmigo? "U-um, Hartmut...", dije, desesperada por detenerle. "Sólo les incluí en la primera lista porque ellos no tienen elección en este asunto, mientras que tú sí. No tiene nada que ver con la importancia. Quizá podríamos decir que no vi ninguna razón para incluirte porque ya confío en ti incondicionalmente. O... algo que ver con la fe inquebrantable...".


La verdad es que había supuesto automáticamente que me seguiría, pero me pareció demasiado presuntuoso decirlo en voz alta.


Hartmut esbozó una sonrisa despreocupada. "Que confíe en mí incondicionalmente no significa nada en esta situación. Ehrenfest luchará en su ausencia, y ya ha dejado claro que no desea llevar muchos ayudantes consigo. Puedo suponer que, porque confía en mí, quiere que me quede para proteger su biblioteca, el templo y a los comerciantes".


"No puedo negar que me reconfortaría saber que estabas aquí", musité. "Sin embargo...".


Quería decirle que ni siquiera me lo imaginaba quedándose voluntariamente, pero antes de que pudiera pronunciar las palabras, Hartmut se arrodilló ante mí y me cogió la mano. "Deseo servirla en cualquier momento, bajo cualquier circunstancia, sin que a nadie le parezca raro en lo más mínimo", anunció. "Para ello, le imploro que tome mi nombre. Le juro que se beneficiará".


"¡Hartmut! ¡Tu prometida está aquí mismo!", grité, apartando la mano antes de señalar frenéticamente a la mujer en cuestión. "¡Dile ese tipo de cosas a ella, no a mí!".


Clarissa corrió enseguida hacia allí, pero no para ponerse de mi lado, sino que se dejó caer de rodillas junto a Hartmut, me miró con sus brillantes ojos azules y exclamó: "¡El mío también! Si acepta el nombre de Hartmut, quiero que también acepte el mío, lady Rozemyne".


¡¿A qué viene esa reacción?!


"Clarissa", le dije, "no deberías apresurarte en dar tu nombre. Pronto te vas a casar, ¿no? ¿No deberían Hartmut y tú dedicarse sus nombres como prueba de su amor eterno?".


Estaba claro que no era normal dar tu nombre a otra persona delante de tu futuro cónyuge, pero ni Hartmut ni Clarissa parecían entenderlo. Se miraron, aún de rodillas, y ladeaban la cabeza.


"¿Quiere que le dé mi nombre a Hartmut...?", preguntó Clarissa. "Eso sería impensable".


"Estoy de acuerdo desde el fondo de mi corazón", coincidió Hartmut. "No tendría sentido que yo le diera mi nombre a Clarissa. En mi opinión, podríamos crear un vínculo mucho más fuerte si ambos le dedicamos nuestros nombres".


"¡Vaya, qué idea tan espléndida! ¡Verdaderamente crearía el más fuerte y apasionado de todos los vínculos!".


¡¿Cómo?! ¡¿Y qué tiene de espléndido?! Esto es obvio desde hace tiempo, pero algo va muy mal con estos dos.


Hartmut y Clarissa estaban de acuerdo con tanta vehemencia que empecé a dudar de mí misma.


"Ottilie, um... ¿su argumento parece razonable? Desde una perspectiva noble, quiero decir. ¿Puede alguien formar un vínculo más fuerte con su cónyuge ofreciendo su nombre a otra persona mientras está en su presencia, y luego convenciéndola de que se una a él?" Esperaba desesperadamente que pudiera detener a su hijo y a su prometida.


Me dedicó una breve sonrisa y luego negó con la cabeza. "No tema, lady Rozemyne: su corazonada es correcta. Esto no es normal en lo más mínimo. Sin embargo... parece que Clarissa está experimentando una especie de confusión emocional. Le sirvió durante poco tiempo durante la Conferencia de Archiduques, y ahora teme quedarse atrás. Mis más sinceras disculpas, pero debo pedirle que se lleve a ambos a la Soberanía con usted, tanto si decide aceptar sus nombres como si no".


Ottilie miraba a la entusiasta pareja arrodillada frente a mí como si no tuviera nada que ver con ellos. Ya había supuesto que me seguirían a la Soberanía hiciera lo que hiciera, y verlos ahora me hacía estar segura de que no eran sólo imaginaciones mías.


"No puedo acompañarla a la Soberanía a causa de mi marido", continuó Ottilie, "pero esos dos la seguirían allá donde fuera. Tomar sus nombres podría ser prudente en caso de que se dejaran llevar por su entusiasmo. Intentar controlarlos a ambos sería, de otro modo, una tarea imposible".


¿Era esa realmente la respuesta que darían la mayoría de los nobles? Empezaba a preocuparme seriamente no tener ni una sola persona normal cerca de mí.


"Ottilie, ¿de verdad deberías decir eso como madre de Hartmut?", pregunté. "Darme su nombre también significaría poner su vida en mis manos, ¿no?".


"Estoy completamente segura de que su comportamiento no cambiaría tanto si se lo dan como si no. Por lo tanto, su conveniencia tiene prioridad. Ambos son adultos, así que son más que mayores para afrontar las consecuencias de sus actos. Si necesita que alguien observe sus juramentos de nombres, estoy a su servicio".


Espera, ¡me los está echando encima! ¡¿Se rindió y decidió dejar de pensar en ellos por completo?!


Había supuesto que Ottilie sería capaz de mantener a raya a Hartmut y Clarissa, pero ahora veía que estaba muy equivocada. De mala gana, bajé los ojos y vi a Hartmut mirándome fijamente, con sus ojos anaranjados brillantes de alegría.


Yo... quiero rechazarlo de nuevo, pero eso es muy difícil de hacer cuando me está mirando así.


"Madre ha dado su permiso, así que, por favor, acepte mi nombre", dijo Hartmut. "Ya tengo los materiales necesarios, así que puedo tenerlo todo listo para mañana".


¡Me está metiendo su nombre por la fuerza! ¡¿Rechazarlo ya no es una opción?!


Me volví hacia mis otros asistentes, buscando a alguien que pudiera venir a rescatarme, pero todos y cada uno de ellos apartaban la mirada. Hacían todo lo posible por no mirar tampoco a Hartmut ni a Clarissa.


"Cornelius, Damuel...", les dije, instándoles a que me ayudaran.


Intercambiaron miradas preocupadas, y luego Cornelius suspiró. "Como no está en peligro, no puedo hablar de un asunto privado como es un juramento de nombre. Si no soporta aceptar el nombre de Hartmut, no tiene más que rechazarlo rotundamente. Si no está segura, yo sugeriría aceptarlo. Así se minimizarán los daños colaterales".


En lugar de venir a rescatarme, Damuel también me aconsejó que aceptara el nombre de Hartmut. "Tal como sugiere Cornelius, sería un gran alivio para todos sus ayudantes que lo aceptara".


"¿Han habido daños colaterales en el pasado?", pregunté.


Damuel permaneció en silencio, así que Cornelius respondió en su lugar: "No es nada. Hartmut suele ser duro cuando descarga su envidia contra sus ayudantes con nombre jurado, eso es todo".


¡¿Que hace qué?!


"Cornelius, no hace falta que mancilles los oídos de lady Rozemyne con tales detalles", dijo Hartmut, sonriendo.


Cornelius respondió sonriendo: "Sólo digo la verdad, y harías bien en recordar que estoy animando a lady Rozemyne a que acepte tu nombre". Su vaivén les hacía parecer muy cercanos, y como nadie intentó refutar a Cornelius, debía de estar diciendo la verdad.


"Muy bien, Hartmut. Aceptaré tu nombre", acabé cediendo. "Es suficiente. Eso es lo que quieres, ¿verdad? Dámelo para que esta locura termine".


"Entonces, ¿cuándo lo hacemos?", preguntó Hartmut. "Cuanto antes, mejor, por supuesto".


Como era de esperar, Clarissa tampoco iba a echarse atrás. "¡Lady Rozemyne!", gritó. "¡El mío también, por favor! ¡El mío también!".


"Qué alivio...", suspiró Matthias.


"Ahora debería empezar a calmarse, ¿no?", preguntó Laurenz.


Por alguna razón, Hartmut no fue el único que se alegró cuando cedí; todos los demás también se alegraron.


¿De verdad está bien realizar un juramento de nombre tan a la ligera? No lo creo. Pero no soy yo la que está equivocada aquí... ¿verdad?


Justo cuando empezaba a perder la confianza, Philine se me acercó y me dijo: "Lady Rozemyne, por favor, tome también mi nombre. Juré ofrecerle historias y conseguí recibir la protección divina de Mestionora. Fue entonces cuando decidí servirle a usted y sólo a usted. Además, al quedarme en Ehrenfest sólo conseguiría que me enviaran de vuelta a casa. Si la única forma de acompañarla es dar mi nombre, entonces lo haré sin dudarlo. Por favor, lléveme con usted a la Soberanía".


Los ojos verde hierba de Philine rebosaban determinación. Ya había visto esa expresión varias veces. Sabía que estaba decidida a forjarse su propio camino, pero... no podía aceptar su nombre de inmediato.


"¿Y Konrad...?", pregunté. "Laurenz ya ha dado su nombre, pero aún puedes elegir".


Su expresión se puso rígida, luego frunció los labios y dijo: "Tengo la intención de comprarlo. Todavía tiene que ser bautizado, así que podría vender la reliquia de mi madre y usar el dinero de eso".


"Comprendo tu deseo de no dejarlo atrás, pero ¿qué piensas hacer una vez que se haya mudado a la Soberanía?" A mis asistentes menores de edad se les permitía traer a un aprendiz con ellos, pero Konrad era un niño, no se le permitiría quedarse en la habitación de Philine. También era demasiado joven para trabajar en la Soberanía como sirviente. En el orfanato lo alimentaban y le daban ropa usada, pero ¿qué pasaría después de la mudanza? Philine tendría que cubrir esos gastos ella misma cuando ya estaba luchando para preparar las piedras fey y los materiales de aprendizaje que necesitaba para la Academia Real.


"Yo..." Philine me miró con ojos suplicantes, pero Ferdinand ya me había regañado varias veces por involucrarme demasiado con mis ayudantes. No podía mostrar más favoritismo, ni ofrecerme a cuidar yo misma de su hermano. Pero, por encima de todo, no podía imaginarme que Konrad tuviera mucho futuro viviendo en la Soberanía como huérfano plebeyo.


"No hay necesidad de que te precipites en tu decisión", le dije. "Tienes tiempo para pensarlo y consultar a Konrad. Quizá deberías aprovechar el próximo año para considerar cuidadosamente tu siguiente paso".


"Entendido...", contestó Philine, con los hombros caídos mientras daba un paso atrás.


"Lady Rozemyne, yo también debo pedir algo de tiempo para pensar", intervino Cornelius. "Suponiendo que me una a ustedes, mi situación cambiará drásticamente dependiendo de si voy antes o después de casarme, y hay muchas cosas en las que debo pensar antes de decidir si una boda este verano es lo mejor".


Cornelius ya había recibido la finca de Eckhart y los preparativos para su matrimonio estaban muy avanzados. Leonore sonrió y dijo que estaría de acuerdo con lo que él decidiera; era agradable ver que las llamas de su romance ardían tan intensamente como siempre.


Oh, cierto... Tendré que informar a madre y padre.


Karstedt había estado allí cuando anuncié por primera vez mi candidatura a Zent, y le manteníamos al corriente de la situación a medida que se desarrollaba, ya que su permiso era necesario para cancelar mi adopción. Pero existía la posibilidad de que Elvira aún no lo supiera.


Espero que me dejen explicarle las cosas. Al fin y al cabo, va a hacerse cargo de la industria gráfica.


Tendría que consultar también a Sylvester, pero eso era una idea para más adelante. Dirigí mi atención a Damuel, que en algún momento se alejó de Leonore y Cornelius, y le pregunté: "Y tú, Damuel, ¿qué vas a hacer?".


Damuel ya sabía mucho sobre mis circunstancias, así que realmente quería tenerlo en la Soberanía conmigo, pero los laynobles luchaban incluso en Ehrenfest; no podía obligarlo a venir. Él había cultivado fuertes lazos de confianza con los soldados de la ciudad baja, así que tal vez podría pedirle que se quedara y protegiera la ciudad.


"No es algo que pueda decidir aquí y ahora", respondió. "Pediría algo de tiempo para pensar".


"Muy bien. ¿Judithe?"


Me dedicó una sonrisa algo abatida. "Creo que acabaré quedándome en Ehrenfest. Mi padre me presentó una propuesta de matrimonio la última vez que volví a Kirnberger, y parece poco probable que me permita trasladarme a la Soberanía después de cumplir la mayoría de edad. Además... no tengo valor para dar mi nombre sólo para irme con usted".


Los menores de edad necesitaban el permiso de sus padres para hacer casi cualquier cosa. Incluso sus matrimonios estaban fuera de su control. La situación de Judithe en casa era perfectamente normal; incluso verla relacionarse con Theodore demostraba lo unida que era su familia. No podía abandonarlos de improviso, y sería capaz de seguir adelante sin tener que confiar su nombre a otra persona, a diferencia de Matthias y los demás, que no habían tenido elección.


"Pareces sentirte culpable por no acompañarme", dije, "pero en realidad no hay necesidad. La mayoría de los nobles menores de edad se quedarían atrás en una situación así. Rara vez sus padres les permitirían siquiera moverse. Y tu reticencia a dar tu nombre es completamente normal: ¡Hartmut y Clarissa son los raros, no nosotros!".


Judithe miró a la insólita pareja y asintió con la cabeza.


Continué: "Brunhilde y Ottilie también se quedan. No lo considero una traición en lo más mínimo. De hecho... Judithe, te pediría que permanecieras en Ehrenfest y ofrecieras tu ayuda a Brunhilde".


"¡Sí, milady!", exclamó. Sólo ver su sonrisa radiante me hizo suspirar de alivio.


Lieseleta puso una mano sobre el hombro de Judithe, sus propios labios curvándose hacia arriba. "Que trabajemos duro juntas. Soy la heredera de mi casa y ya estoy comprometida con Lord Thorsten, por lo que no sería una tarea fácil para mí dejar Ehrenfest. Tras la partida de lady Rozemyne, me convertiré en la asistente de Brunhilde y supervisaré el envío de los libros de nuestro ducado a la Soberanía."


Ahora que Lieseleta había dejado claras sus intenciones, sólo faltaba por hablar una de mis ayudantes: Angélica. Los ojos de todos se volvieron naturalmente hacia ella.


"Angélica, ¿qué piensas hacer?", le pregunté.


Ladeó la cabeza hacia mí. "¿Qué cree que debo hacer, lady Rozemyne?".


Er... se supone que debes decidir por ti misma. ¡Esta elección va a decidir todo tu futuro, lo sabes!


Mientras yo agonizaba por la obstinada negativa de Angélica a pensar por sí misma, Lieseleta soltó una risita: "Hermana, creo que deberías ir a la Soberanía con lady Rozemyne. Nuestros padres preferirían eso a que te casaras con lord Bonifatius, y los caballeros de la Soberanía seguro que son mucho más fuertes que los de Ehrenfest".


"Iré —declaró Angélica sin dudarlo un instante más. Me hubiera gustado que se tomara un poco más de tiempo para pensarlo. Karstedt y Elvira consideraron necesario celebrar una conferencia familiar para decidir su pareja y acordaron que se casaría con Traugott o Bonifatius. ¿Cómo iba a afectar esta decisión?


"Pero, Angélica... Tu matrimonio..." dije.


"No me importa si nunca tomo un marido", respondió fríamente. "Y creo que usted es la única a la que sería capaz de servir".


Puede que sea cierto, pero ¿realmente necesitaba poner una expresión tan gallarda? Actúa como si acabara de decir algo realmente genial.


Mientras me debatía sobre si era aceptable tomar al pie de la letra la respuesta de Angélica, Cornelius me echó una mano: "El compromiso de Angélica concierne tanto al abuelo como a nuestros padres, así que sería mejor consultarles antes de tomar cualquier decisión. Tendremos que hablar en casa sobre la anulación de tu adopción, ¿no? También entonces podemos sacar el tema".


"Tienes razón", dije. "Debemos consultar a nuestros padres sobre esto. Cornelius, ¿podrías hablar con padre —o tal vez solicitar una reunión con el aub— para que yo pueda confirmar si se me permite contarle a madre sobre mi adopción?".


Enviar una carta era demasiado arriesgado: siempre existía la posibilidad de que algún erudito acabara leyéndola. Comunicarse a través de Cornelius era una opción mucho mejor, ya que podía entablar conversaciones privadas no sólo con Karstedt, sino también con Sylvester.


"Si obtienes permiso", continué, "entonces arregla un momento para que hablemos con ellos. Pregunta si podemos discutir el traslado de Angélica a la Soberanía durante la misma reunión".


"Déjamelo a mí y descansa un poco. Ahora que cada uno ha dicho lo suyo, podemos volver a nuestras obligaciones cotidianas, ¿no?".


Me limité a parpadear, no me lo esperaba en absoluto.


Cornelius prosiguió: "Tu discusión con la familia archiducal realmente te agotó, ¿verdad? Damuel" —señaló al hombre en cuestión— "se preocupó cuando te vio salir. Dijo que parecías enferma".


"¿Lo hizo...?"


"Descansa", repitió Cornelius, y se despidió.


¿De verdad todos pensaban que estaba enferma? Ninguno de mis acompañantes había dicho nada. No pude evitar sentirme extraña mientras me acercaba a Damuel, que esperaba junto a la puerta, y le preguntaba: "Damuel, ¿de verdad parezco indispuesta...?".


"Fue... más por su comportamiento que por su aspecto". Se tambaleó, claramente luchando por elegir sus siguientes palabras, luego se inclinó hacia delante y susurró: "Se veía tan afectada emocionalmente como cuando iba detrás de lord Ferdinand por primera vez en el templo. Pero si he hablado fuera de lugar, le pido disculpas".


"Yo... no pensé que te darías cuenta..."


Después de ver el amor y la consideración que Sylvester y Florencia demostraban por Wilfried, realmente había anhelado tener a alguien en quien apoyarme, alguien con quien realmente pudiera ser vulnerable. En retrospectiva, probablemente me había sentido tan sola como cuando pasé mi primer invierno en el templo.


"Voy a escribir una carta a Ferdinand en mi habitación oculta", dije.


"Eso puede esperar hasta mañana", insistió Lieseleta. "Realmente no tiene buen aspecto. ¿O prefiere que lord Ferdinand la regañe?".


Cogió el shumil que contenía el mensaje, al que yo había empezado a llamar Sr Sermones, de donde estaba junto a la chimenea y lo activó de inmediato: "Escucha a tus asistentes", me reprendió.


Pregrabado o no, oír a Ferdinand amonestarme alivió parte de la tensión que sentía. Fui a escuchar más, pero Lieseleta me quitó el shumil y dijo: "La prepararemos para dormir, lady Rozemyne. Él puede volver a regañarla después".


Me cambió en un abrir y cerrar de ojos y luego me metió en la cama con el Sr. Sermones. Parecía que realmente cuidaba del shumil, al menos por la  manera con que me lo colocó bajo el brazo. Luego, tras ajustar su posición varias veces, asintió satisfecha y siguió su camino.


Mientras me acurrucaba con Sr Semones, reproduje un mensaje de reprimenda tras otro hasta que por fin el sueño se apoderó de mí. Fue agradable, pero también me hizo desear uno o dos "muy bien" en la sala oculta de mi biblioteca. 




Capítulo 4: Discusión en la finca de Karstedt

Lieseleta tenía el día libre. Tal y como estaban las cosas, Gretia era la única de mis asistentes dispuesta a acompañarme a la Soberanía, así que Ottilie la estaba entrenando como parte del traspaso. Las observé con el rabillo del ojo mientras me dirigía a mi habitación oculta, pero antes de que pudiera llegar...


"Lady Rozemyne. Buenos días. Aquí está mi nombre."


"¿Hartmut? Realmente hiciste los preparativos en una sola noche..."


Hartmut me entregó su piedra con su nombre, con una sonrisa que era a partes iguales desgarradoramente atractiva y escalofriantemente espeluznante. Se suponía que Ottilie supervisaría el ritual del juramento del nombre, pero torció la nariz y se dio la vuelta.


¡Ottilie! ¡No descuides tus deberes! ¡Al menos no es a ti a quien mira!


A pesar de que todos los demás hacían muecas de dolor al pronunciar su nombre, Hartmut jadeaba: "Así que esto es el maná de Lady Rozemyne..." y ponía cara de felicidad absoluta mientras lo ataba poco a poco. Era tan aterrador que prácticamente le arrojé el resto de mi maná, con los ojos llenos de lágrimas mientras intentaba completar el ritual lo más rápido posible.


Ngh... ¡Eso tenía que doler, pero Hartmut lució una sonrisa de ensueño de principio a fin! No estoy segura de que pudiera estar más asustada.


"Clarissa no tiene a mano el material necesario, así que tendrá que realizar la suya más tarde", me informó Hartmut. "No puedo ni empezar a describir el arrepentimiento que vi en sus ojos".


"Ya veo..."


Clarissa podría haberse sentido decepcionada, pero yo lo consideré un golpe de suerte. Realizar esa ceremonia dos veces en un mismo día era tanto como pedir que te postraran en cama por agotamiento.


"Iré a mi habitación oculta a escribir", le dije.


"Entendido", respondió Hartmut. "¿Me da permiso para salir un momento y reunir información?".


"Haz lo que gustes".


Me alejé de Hartmut y de su inquietante sonrisa deleitada a la primera oportunidad y me fui directamente al cuarto oculto, donde utilicé mi tinta invisible para escribir una carta a Ferdinand. Le dije que, como pago por mi duro trabajo de traducción en el archivo del sótano, conseguí asegurarle una habitación oculta e inmunidad frente a los crímenes de Detlinde. Sylvester y la familia real confirmarían si sus condiciones de vida habían mejorado realmente durante el funeral de verano. También detallé nuestros descubrimientos sobre el paño de plata que utilizó el anterior Giebe Gerlach y mencioné que los caballeros de Ehrenfest llevaban ahora armas normales para utilizar junto a sus schtappes. También estaba la frase que Hortensia le había dicho a Detlinde, que yo seguía sin entender.


En general, creo que es una carta bastante informativa. No he escrito nada sobre mi nueva adopción ni sobre ser candidata a Zent, pero he incluido todo lo demás que me parece importante.


De hecho, se ajustaba perfectamente a nuestra norma de no filtrar información a otros ducados. Asentí varias veces con la cabeza, satisfecha. Esto serviría.


Para la parte visible de mi carta, me aseguré de centrarme en cosas que nadie se pensaría dos veces. Ofrecí mis condolencias por el fallecimiento de Aub Ahrensbach, expresé mi habitual preocupación por la salud de Ferdinand, señalé que Sylvester entregaría el equipaje solicitado durante el funeral de verano y dije que incluiría dulces para Letizia, entre otras cosas. Sólo quedaba esperar a que se secara la tinta.


Salí de mi habitación oculta, dejando mi carta a Ferdinand dentro, para encontrarme a Cornelius esperándome fuera. "Lady Rozemyne, vengo con un mensaje de Madre", me dijo. "Desea hablar del traspaso con usted lo antes posible, y le ha propuesto que cene con ella mañana. ¿Le viene bien? También le ha propuesto que se quede esta noche".


Le pedí a Ottilie que preparara todo para la comida y la pijamada; mañana iba a ser mi primer viaje a casa en bastante tiempo. Mientras tanto, escribí un montón de cartas más a un montón de sitios.


Escribí a Brigitte en Illgner, pidiendo a sus talleres que prepararan todo el papel fey que pudieran y lo enviaran al castillo lo antes posible.


Escribí a Lasfam, para informarle de la carta que habíamos recibido de Ferdinand durante la Conferencia de Archiduques. También le expliqué que, en lo sucesivo, tendría que ponerse en contacto con Sylvester sobre cualquier equipaje que se trasladara a Ahrensbach, incluido el que debía transportarse durante el funeral de verano. Naturalmente, también me aseguré de hacer constar mi éxito en la negociación para que Ferdinand recibiera mejores condiciones de vida y la garantía de que no sería castigado por las acciones de Detlinde.


Por último, escribí al templo, notificándoles que volvería antes de las ceremonias de bautismo y que nuestro informe sobre la Conferencia de Archiduques de este año tendría que hacerse por carta, puesto que los comerciantes ya estaban muy ocupados. En cualquier caso, no había mucho que discutir; no ofrecímos más plazas que el año pasado, y la prioridad de todos ahora mismo era preparar la renovación de Groschel.


Pero tendré que decirle al menos a Benno que voy a la Soberanía. Lutz está en Kirnberger ahora mismo, así que...


Se trataba de un asunto de suma importancia, así que invitaría a Benno a los aposentos del director del orfanato en secreto y le explicaría las circunstancias en mi habitación oculta. Con tantos asistentes juramentados entre mi séquito, incluso podría obligarles a guardar el secreto y permitirles unirse.


"Bienvenida a casa, Lady Rozemyne", dijeron los asistentes de la finca Karstedt. Había llegado con Cornelius, Leonore, Lieseleta y Angelica.


Lieseleta aún debía estar de descanso, pero recibió una invitación directa de Elvira. En resumen, mi madre sabía que intentar mantener una conversación franca con Angélica era inútil, y como los detalles más sutiles de nuestra situación seguían siendo confidenciales, consultar a sus padres estaba descartado. Por eso se dirigió a Lieseleta, que era a la vez la sucesora de su casa y una de las pocas personas al corriente de mis circunstancias.


Técnicamente, Angélica sigue invitada, pero estoy segura de que a madre le da igual que esté o no, sólo necesita a Lieseleta.


Bonifatius también estaba en la mesa. Nuestros ayudantes estaban ocupados moviéndose para servirnos, así que nos ceñimos a temas de conversación más mundanos, como la industria gráfica y su futuro.


Después de la comida, nuestros asistentes prepararon vino y té antes de despedirse. Una vez que se fueron, Karstedt activó una herramienta mágica de área amplia y fue directo al grano:


"Le conté todo a Elvira, con el permiso del aub, por supuesto. No habrá necesidad de más explicaciones. Ahora, creo que Angélica es nuestro primer tema de discusión".


"Así es", dije. "Se decidió que se casaría con Traugott o con el abuelo para que su compromiso cancelado con Eckhart no dañara su reputación, ¿correcto?".


En respuesta, Bonifatius murmuró: "Sigo esperando que Traugott madure pronto para poder casarse con ella en mi lugar..." Evidentemente, no le entusiasmaba mucho la idea de casarse con alguien que estaba al servicio y tenía más o menos la misma edad que su nieta.


Si quiere que Traugott lo supere, ¿por qué realizó el ritual para obtener más protecciones divinas?


"Sin embargo", continué, "Angélica desea ahora trasladarse a la Soberanía. Madre, padre, teniendo en cuenta su compromiso acordado, he pensado que lo mejor es que nos preguntemos cómo debemos proceder y si sería aceptable que la mantuviera como mi caballera guardián".


Elvira me elogió por no haber tomado la decisión por mi cuenta y luego miró a Lieseleta: "¿Qué opina tu casa de esto?", preguntó.


"Tanto el compromiso con Lord Eckhart como su compensación por su anulación estaban muy por encima de lo que una casa mednoble merecería jamás. Así pues, mientras se mantenga la buena relación entre nuestras familias, no tenemos deseos particulares en lo que respecta al matrimonio de mi hermana. Ser la asistente de la familia real ya es suficiente honor, y ella ya está deseando entrenar con la Orden Soberana. Si es posible, pediríamos que se concediera su deseo de mudarse".


Lieseleta se volvió entonces hacia Angélica, que se limitó a sonreír y asentir.


Elvira sabía que no debía esperar que Angélica se comportara como una noble normal, así que aprobó la petición sin más. "Si trasladarse a la Soberanía como caballera guardián es lo que Angélica desea hacer, tiene nuestro permiso. La compensación puede discutirse con sus padres más adelante. Ahora, Cornelius... ¿qué piensan hacer Leonore y tú?".


Con un sonoro estruendo, Bonifatius dejó su copa llena de vino sobre la mesa. "¡VAYAN A LA SOBERANÍA!", rugió. "¡PROTEJAN A ROZEMYNE!".


"Um... Madre les preguntó a ellos, no a ti abuelo...", señalé. Era dolorosamente obvio que había bebido demasiado.


Los ojos de Bonifatius se abrieron de par en par. "¡Iría contigo, Rozemyne! ¡Iría! ¡Pero los miembros de la familia archiducal no pueden convertirse en caballeros guardianes ni trasladarse a la Soberanía! ¡¿QUIÉN DIABLOS HIZO ESTAS LEYES?!".


"Sería Zent Gesetzkette, que gobernó el país hace mucho tiempo. Lo tratamos en clase de Derecho".


"¡Maldito seas, Zent Gesetzkette! ¡Lo has arruinado todo!"


Karstedt suspiró. "Nos tranquilizaría a todos saber que tienes a Cornelius en la Soberanía contigo, pero pensar en cómo compensaremos su ausencia de nuestra Orden de Caballeros me da un poco de dolor de cabeza..."


Ahora que Ferdinand y Eckhart se habían ido, Cornelius jugaba un papel clave en la caza del Señor del Invierno. Perderlo también tendría graves consecuencias.


"En ese caso", aventuré, "quizás él y Leonore deberían quedarse. Entonces..."


"No, Rozemyne", interrumpió Bonifatius, sacudiendo la cabeza. "Eso no será un problema. Desde que reviviste ese antiguo ritual Dunkelfelger, hemos estado comenzando nuestras batallas buscando las protecciones divinas de varios dioses a la vez. También nos has dado tu método de compresión, que permite a los caballeros obtener lentamente más maná; demostraste el valor de la oración en la Academia Real; y nos diste una forma de repetir el ritual de protecciones divinas durante la Conferencia del Archiduque. Aquellos que trabajen más duro podrán volverse más fuertes, y los caballeros que alcancen la mayoría de edad en adelante solo seguirán aumentando en calidad. Además, con los ingredientes que obtuvimos en nuestra zona de recolección durante la conferencia, ¡será aún más fácil para nosotros fabricar herramientas mágicas y pociones reconstituyentes! La actual falta de fuerza de Ehrenfest no es motivo para reducir la calidad de tus propios guardias. ¡Si trabajar duro es todo lo que se requiere, entonces eso es lo que haremos!"


"En efecto", dijo Elvira. "Lord Bonifatius tiene toda la razón. También sería lamentable más allá de las palabras que una nueva princesa llegara a la Soberanía sin ningún archinoble entre sus caballeros. Los que están en la Academia Real saben que tu hermano mayor ha estado desempeñando ese papel hasta ahora, así que le pedirías que se quedara a tu lado".


"Pero Elvira...", empezó Karstedt. Como guardia personal del propio archiduque, conocía mejor que nadie a los caballeros del ducado, pero aun así le cerraron el paso sin dudarlo un instante.


"¿Cómo puede Cornelius elegir no acompañar a Rozemyne ahora, cuando ella más lo necesita?", preguntó Elvira. "Eligió servirla, ¿y qué clase de caballero deja de servir a su propia Lady? Mira a nuestro propio Lamprecht, por ejemplo: recibe críticas sin parar de Lord Wilfried por no involucrar a Rozemyne para contener a los Leisegang, pero sigue protegiendo a su señor a pesar de todo. No recuerdo haber criado a alguien que abandonara a su protegida en momentos de necesidad".


Cornelius tensó la expresión y asintió. "Yo también considero que lo mejor para mí es trasladarme a la Soberanía. Ver el estado de la familia real y de la Orden de Caballeros Soberanos durante la Conferencia de Archiduques me convenció de que Rozemyne no debía ir allí sin la mayor protección posible".


"Bastante", convino Leonore. "Los usuarios de trug fueron castigados, al parecer, pero sigue siendo preocupante que no se haya encontrado la fuente. Al menos me consuela saber que Matthias también irá a la Soberanía, dada su sensibilidad al olor".


Así que Cornelius y Leonore estaban decididos a acompañarme. El problema era decidir qué hacer con el momento de su boda. Cornelius también tendría que considerar sus planes para la finca que recibió de Eckhart.


"Leonore tendrá que renunciar a su trabajo al casarse", dijo Elvira, "así que necesitarás dos años de tiempo de preparación, como era el plan original. Después de que te mudes a la Soberanía, encuentra a más caballeras  para Rozemyne dentro de un año. Yo me ocuparé de la finca de Eckhart, para que pueda ser utilizada cuando tú o él regresen".


Cornelius esbozó una pequeña sonrisa y dijo: "Tal vez sería mejor dársela a Siegrecht", refiriéndose, por supuesto, al hijo de Lamprecht y Aurelia.


"Ah, es demasiado pronto para plantearse una opción así. Hace poco que ha empezado a gatear, ¿sabes?".


"Madre -intervine-, aún no he visto a Siegrecht". Esperaba poder verlo al menos ahora que estaba de vuelta en la finca, pero ni Lamprecht ni Aurelia aparecían por ninguna parte, así que, naturalmente, lo mismo ocurría con su bebé.


"Todo el mundo se ha vuelto mucho más cauteloso desde que Bettina de Ahrensbach fue castigada durante la purga", explicó Elvira. "Aurelia se ha vuelto especialmente cautelosa para proteger a su hijo, y tú tienes tantos asistentes a los que no conoce. Por esa razón, es poco probable que se sienta lo suficientemente cómoda como para reunirse contigo, pero puedo asegurarte que se alegró cuando recibió tu regalo. En cualquier caso, esta es una discusión para otro momento; debemos priorizar la preparación de tu partida".


Elvira pasó a pedir los nombres de los asistentes que me acompañarían a la Soberanía. Los dividí en tres grupos: los que vendrían conmigo, los que se quedarían definitivamente y los que aún no estaban seguros. Asintió todo el tiempo, luego dejó escapar un pesado suspiro y se volvió hacia Lieseleta.


"Gretia se convirtió hace poco en la ayudante de Rozemyne, ¿correcto? Parece demasiado poco razonable que sea la única asistente que vaya a la Soberanía. Los asistentes sirven a su señor o señora más íntimamente que cualquier otro tipo de sirviente, y a tu señora le costará relajarse incluso en su propia habitación si no tiene allí con ella a alguien en quien confíe y que tenga mucha experiencia. Lieseleta, ¿no hay forma de que vayas?".


"Madre, Lieseleta es la sucesora de su casa, y ya está prometida con Thorsten, el erudito de Wilfried", dije, explicando la situación en nombre de Lieseleta para que no la criticaran. "No puede irse de Ehrenfest".


Elvira parecía abiertamente exasperada, luego sacudió la cabeza. "Por supuesto que diría eso cuando se está restringiendo el flujo de información y no puedes consultar a tus padres ni a su prometido. Preguntaste a todos qué querían hacer pero no expusiste tus propios deseos, supongo".


"No, pero... no podía expresar mis deseos. ¿No los habrían interpretado mis asistentes como una orden?".


Si alguien de rango superior hacía una petición, los de rango inferior no tenían más remedio que obedecer. Por eso pregunté a mis asistentes qué querían en lugar de decir lo que yo quería de cada uno de ellos.


"Respetar los deseos de los demás es importante", dijo Elvira, "pero también lo es dejar claros los tuyos. Es poco probable que los que están a tu servicio se trasladen a la Soberanía a menos que estén completamente seguros de que quieres que se unan a ti. Si me dices ahora que deseas que Lieseleta continúe a tu servicio, y ella expresa su deseo de seguirte, entonces haré los trámites necesarios para que sea factible."


Miré a Lieseleta. La verdad es que quería que viniera conmigo. Había sido mi ayudante desde que entré en la Academia Real y, aunque su trabajo nunca fue destacado, siempre hacía lo que yo necesitaba, como una mano considerada dispuesta a rascar un picor allí donde apareciera. Tenerla conmigo sería un inmenso alivio.


Sin embargo, al oír la respuesta original de Lieseleta, acepté que se quedara sin la menor vacilación. En ese momento lucía su sonrisa habitual, pero no era ni mucho menos tan transparente como su hermana; no podía saber si realmente quería trasladarse a la Soberanía. Si decía que quería que me acompañara, era probable que ambas hermanas cancelaran sus compromisos por mi causa.


"Con el ducado en su posición actual, no podría soportar tomar más gente de la absolutamente necesaria. Mis asistentes son todos lo mejor de lo mejor, y sospecho que son necesarios aquí ahora más que nunca. Lieseleta apoyará a Brunhilde cuando se convierta en la segunda esposa de Sylvester, y lo hará, por el bien de Ehrenfest..."


"Oh, basta de eso", replicó Elvira. "Por muy talentosos que sean tus asistentes, los asuntos cotidianos del castillo no van a venirse abajo por la ausencia de unos pocos elegidos que, para empezar, pasan gran parte de su tiempo en el templo. Una cosa sería si estuvieras reuniendo a un grupo masivo para formar una facción en la Soberanía, pero ¿cuánto daño va a causar realmente la pérdida de tus asistentes personales?".


Así que... tenía que centrarme en las circunstancias personales de cada asistente y no en los problemas a los que se enfrentaba el ducado en su conjunto. Elvira continuó señalando que una princesa que se trasladara a la Soberanía con el menor séquito posible inspiraría a los nobles soberanos a despreciarla, así como a su ducado.


Elvira continuó: "Puedes llevar a quien necesites para garantizar tu seguridad y bienestar emocional. Ahora, expón tus deseos con claridad para que se entiendan bien. Si Lieseleta y tú están de acuerdo, como ya he dicho, me aseguraré de que se cumplan tus deseos. Soy tu madre; lo menos que puedo hacer es concederle a mi hija un único deseo. Ahora, arranca una respuesta positiva a Lieseleta y llévala contigo a la Soberanía".


Entonces me empujó hacia delante hasta que Lieseleta y yo estuvimos cara a cara. Karstedt y Bonifatius me animaban en silencio desde la barrera, Cornelius sonreía para sus adentros y Leonore observaba atentamente como si esperara ver algo realmente conmovedor. La propia Lieseleta esperaba pacientemente a que yo hablara, con una sonrisa tranquila en el rostro, mientras Angélica, a su lado, mostraba su expresión habitual.


¡¿Qué es esto, una confesión pública de amor?! ¡¿De verdad se supone que tengo que pedirle a Lieseleta que venga conmigo cuando todos actuan así?!


Mis mejillas se acaloraron y mis ojos se llenaron de lágrimas mientras todos nos observaban atentamente. Apenas resistía las ganas de salir corriendo. Si le pedía a Lieseleta que se quedara a mi lado y ella se negaba... probablemente caería muerta en el acto.


"Madreee..."


"Es tu deber conseguir su aprobación", dijo Elvira, claramente con una expresión divertida, mientras volvía a su propio asiento. "Estamos esperando".


Necesitaría decir algo para salir de mi aprieto actual, así que...


"Eep. Um... Ah... ¡Lieseleta!"


"¿Sí, Lady Rozemyne?", respondió ella, inequívocamente risueña. Sus ojos verde oscuro se entrecerraron en una sonrisa pícara, pero mientras esperaba mi declaración, sus mejillas también empezaron a enrojecer. Incluso en medio de este borrón de emociones, una cosa me quedó clara: no se sentía turbada ni molesta en lo más mínimo.

Saber que ambas nos sentíamos avergonzadas me puso aún más nerviosa, pero podía intuir que era probable que Lieseleta aceptara mi petición, y eso me dio valor para hablar. Respiré hondo... y luego pronuncié las palabras tan rápido como pude.


"L-Lieseleta, si vinieras conmigo a la Soberanía... eso me alegraría mucho el corazón. Haré todo lo posible para protegerte, para que no te sobrevenga ningún mal, para que no trabajes en exceso y, um... también te subiré el sueldo. Y te permitiré tener un auténtico nido de shumils en tu habitación. Así que, um, así que, así que... ¡por favor, ven conmigo!".


Había dicho absolutamente todo lo que pensaba. No sabía cómo, pero lo conseguí.


Al exhalar, Lieseleta sonrió alegremente y enjugó las lágrimas que se formaban en las comisuras de mis ojos. "Lo haré con mucho gusto, siempre y cuando se puedan poner en orden los asuntos de mi casa".


Sonreí en respuesta, momento en el que Cornelius se acercó y me cogió de la mano. Todavía sonreía mientras miraba mis mejillas sonrojadas y dijo: "Rozemyne, yo también me sentiría mucho mejor por ir a la Soberanía si me lo pidieras así".


"¡Eso no va a pasar!", exclamé. "¡Con hacerlo una vez fue suficiente!". 




Capítulo 5: Madre e hija

Para cuando terminó mi vergonzosa confesión, ya era lo bastante tarde como para que Lieseleta, Leonore y Angelica tuvieran que irse a casa. En otras palabras, nuestra primera discusión había llegado a su fin. Cornelius y Bonifatius las acompañaron, mientras yo permanecía en el vestíbulo.


"Madre", dije, "ahora debo volver a mi habitación".


"Un momento. Permíteme ir contigo. Hay más cosas que tenemos que discutir."


Así que Elvira me acompañó. Mi estancia en esta finca sólo había sido breve, pero mi habitación siempre se mantuvo en orden para que pudiera utilizarla siempre que quisiera. Eso me alegraba mucho el corazón.


"Nunca registraste tu maná en la habitación oculta de aquí, ¿verdad?", preguntó Elvira. "Ven conmigo. Alguien de tu edad nunca suele entrar en una habitación oculta con un padre, pero vamos a experimentarlo al menos una vez antes de que te vayas. Quiero que sepas cómo registrarte a ti misma y a tus propios hijos cuando llegue el momento".


Ferdinand y yo ya registramos nuestro maná en una habitación oculta del templo, pero... me lo voy a guardar para mí. No me extrañaría que Elvira sacara un díptico de la nada y empezara a anotar ideas furiosamente.


Era tan fácil imaginar que a Elvira se le iluminaban los ojos que decidí simplemente darle las gracias y realicé el registro en silencio. Sus ojos se arrugaron en un alarde de nostalgia mientras nos acercábamos a la puerta junto a la cama, colocábamos las manos sobre su piedra fey y vertíamos juntos nuestro maná en ella.


"Siendo tu madre, me hubiera gustado preparar esta habitación oculta cuando llegaste, por si tus emociones se volvían demasiado fuertes para ti... Sin embargo, como lord Ferdinand vino a velar por ti, no hubo ocasiones en que te pusieras ansiosa o deprimida, a pesar de que acababas de llegar a un nuevo hogar y tenías que llamar familia a extraños. Como madre primeriza tuya, determiné que te sentirías más a gusto quedándote con lord Ferdinand que refugiándote en una habitación oculta, así que perdí la oportunidad de hacerla."


La mano de Elvira cubría la mía, y su tacto desprendía una agradable calidez. Observé cómo las líneas de maná recorrían la puerta, y una sensación de cosquilleo se apoderó de mí cuando la habitación oculta empezó a formarse tras ella. Ya no me quedaba ninguna duda; cuando llegué a esta finca, Elvira estaba realmente preparada para acogerme como a su propia hija.


Los asistentes trajeron una mesa y dos sillas a la estéril habitación y nos prepararon unas bebidas. Íbamos a celebrar nuestra propia fiesta del té para dos personas en la habitación oculta.


"Ahora, ¿por dónde empezamos?", reflexionó Elvira en voz alta. "Supongo que podríamos hablar de Philine y Damuel, a quienes decidí no mencionar antes".


"¿Philine y Damuel?", repetí, mirándola inquisitivamente. No se me ocurría ninguna razón para que esperara hasta ahora para hablar de ellos.


Elvira sonrió. "No quería presionarte mientras estábamos en compañía de otros. Un señor o una señora deben tener la libertad de decidir lo que hacen con sus asistentes. Así que expondré mi deseo, y luego aceptaré lo que creas más conveniente". Parecía un poco más despreocupada de lo que yo estaba acostumbrada, y fue en un tono relajado que continuó: "¿Podrías dejar a Philine y Damuel en Ehrenfest? Hay muchas razones para mi petición, pero para centrarme en una que se aplica a ambos: casi no hay laynobles en la Soberanía. Si fueran contigo, sospecho que se sentirían aún más incómodos de lo que se sienten en Ehrenfest".


Me dijo que, si bien los mednobles y los archinobles a veces llevaban a la Soberanía asistentes laynobles, nunca había oído hablar de la presencia de laynobles caballeros o laynobles eruditos. La mera sugerencia de que sirvieran a una princesa era, por tanto, impensable. Ya habíamos acordado que yo estudiaría la Soberanía durante un tiempo antes de decidir si trasladar allí a los Gutenberg. Elvira quería que hiciéramos lo mismo con Philine y Damuel.


"Al mismo tiempo", continuó Elvira, "beneficiaría a Ehrenfest que aquellos que se sienten cómodos con tus métodos y son capaces de comunicarse con la ciudad baja se quedaran aquí. Hay serias preocupaciones de que tu partida haga que los nobles del ducado vuelvan a sus viejas costumbres".


De hecho, aquí en Ehrenfest, Philine y Damuel estaban muy solicitados.


Aunque nuestro plan era terminar el traspaso de la imprenta durante el próximo año, no sería tiempo suficiente para rehacer por completo la cultura noble. Elvira también creía que a Brunhilde le costaría mantenerse en contacto permanente con la ciudad baja tras convertirse en la segunda esposa del ducado.


"Lo mismo ocurre con la entrega del templo", dijo. "Philine y Damuel han pasado una enorme cantidad de tiempo a tu lado, ayudando a Lord Ferdinand con su trabajo. Que se queden supondrá una enorme diferencia. Tal y como están las cosas, Lord Melchior y sus asistentes se verán obligados a soportar una carga aplastante".


Melchior iba a tener las manos ocupadas con los rituales, seguro, pero realmente no esperaba que hubiera problemas con la administración del templo; pensaba dejarle a mis asistentes del templo, y algunos de los sacerdotes azules como Kampfer y Frietack ya estaban haciendo cantidades impresionantes de trabajo. Pero cuando se lo dije a Elvira, me dedicó una media sonrisa y negó con la cabeza.


"Puede que no estés de acuerdo con esto, ya que fuiste criada en el templo, pero los servidores de la familia archiducal no querrán pedir a los sacerdotes azules que los eduquen. Es una cuestión de orgullo. Los  laynobles siguen siendo nobles, por lo que sus compañeros asistentes archiducales no dudarán en aprender de ellos"


Como antigua plebeya, no consideraba que los sacerdotes azules estuvieran tan por debajo de mí como para negarme a pedirles consejo. Sin embargo, una vez más, mi sentido común de noble era erróneo. Elvira me explicó que, para que el traspaso del templo se realizara sin contratiempos, tendría que ser más considerada con los asistentes de Melchior.


"Hartmut fue instruido por Lord Ferdinand, ¿correcto?", preguntó. "Originalmente pretendía que se quedara en Ehrenfest como Sumo Sacerdote y como archinoble que pudiera intimidar a otros nobles, pero te dio su nombre antes de que pudiera siquiera acercarme a él. Supongo que necesitarás un archinoble contigo, así que no hay nada que hacer al respecto".


Pensar que Hartmut iba un paso por delante de madre todo el tiempo ... musité. Sus razones para imponerme su nombre eran evidentemente más complejas de lo que había imaginado.


Elvira continuó: "Si deseas mantener a Philine y Damuel contigo a pesar de las muchas razones para dejarlos aquí, ¿puedo sugerirte que los traslades a la Soberanía con los Gutenberg una vez que alcances la mayoría de edad?".


"¿Perdón?"


"Los Gutenberg no pueden ser trasladados de inmediato, y mientras tanto, ¿no querrás que haya gente aquí que conozca tus circunstancias? Esto resultará crucial si deseas mantener a salvo a tu verdadera familia, ya lo sabes".


Jadeé sorprendida.


Los ojos de Elvira se abrieron de par en par y luego se echó a reír: "Dios mío, ¿a qué viene esa expresión? Sabía que eras plebeya desde el día en que te acogí. No quisieron decirme de quién eras hija, pero bastó con sondear un poco a los plebeyos que tanto aprecias para averiguarlo también".


¡¿Perdón?!


Nadie me había dicho que Elvira conocía mi secreto. Yo intenté hacerme pasar por una auténtica noble siempre que estaba cerca de ella, pero ella supo todo el tiempo que yo era una plebeya... Me costaba creerlo.


"Tienes intención de trasladar a tu familia a la Soberanía junto a los Gutenberg, ¿verdad? Creo que Damuel es el más adecuado para protegerlos hasta que llegue ese día".


"¿Pero por qué esperar a cuando sea mayor de edad?" Era cierto que primero tendría que inspeccionar la Soberanía, pero no alcanzaría la mayoría de edad hasta dentro de tres años. El traspaso duraría un año, pero esperar dos más después me parecía superfluo, sobre todo cuando quería trasladar la imprenta de inmediato.


"¿Por qué? Santo cielo, Rozemyne... Comprendo que tu actual estilo de vida y la flexibilidad de Aub Ehrenfest te hagan propensa a olvidar esto, pero a los menores de edad no se les confían normalmente grandes industrias. Harías bien en comprender que no tendrás la misma libertad con los negocios y similares en la Soberanía que aquí."


Sylvester siempre me había dado libertad para hacer lo que quisiera, desde que inicié la industria en primer lugar, pero se suponía que el ducado era quien mandaba. Normalmente, a los que aún no alcanzaban la mayoría de edad se les quitaba este tipo de trabajo.


"Además, Karstedt me ha dicho que actualmente eres la candidata de Zent que más cerca está de obtener el Grutrissheit. ¿No se deduce, entonces, que tendrás que ocuparte de todo tipo de tareas antes de que puedas siquiera plantearte sumergirte en la industria de la imprenta? Vas a ser educada como un miembro de la realeza y tal, me imagino".


"¡Ah!"


Supuse que podría hacer lo que quisiera después de obtener el Grutrissheit, entregárselo a Sigiswald y salvar a Ferdinand -suponiendo que pudiera obtenerlo en primer lugar-, pero era más probable que me sometieran directamente en una educación real.


"¿Te las arreglarás de verdad como princesa, Rozemyne?", preguntó Elvira, inspeccionándome con ojos dubitativos.


"Ngh...", gemí, y desplomé los hombros. Ni siquiera yo pensaba que lo lograría, pero las cosas se estaban decidiendo y avanzando de todos modos. No había forma de evitarlo.


"También hay otras razones para esperar. Philine alcanzará la mayoría de edad al mismo tiempo que tú, lo que le permitirá trasladarse a la Soberanía sin dar su nombre. No debería ser necesario decirte que no apruebo que se utilice la dedicación del nombre como medio para trasladarse a la Soberanía y, si te digo la verdad, no creo que debas responsabilizarte de más vidas." Al ver a todos los huérfanos y a mis asistentes dedicados, Elvira parecía preocuparse de que estuviera mordiendo más de lo que podía masticar.


"Pero fui yo quien tomó a Philine como asistente y la alejó de los problemas que tenía en casa", repliqué. "No puedo obligarla a volver allí". Devolverla a aquella casa con su padre y su madrastra era impensable.


"Philine es la sucesora de su casa; su padre simplemente se casó con la familia. Por lo tanto, sería fácil devolverle la casa a ella. O, si no, siempre podría cuidar de ella como lo hago con Muriella. Debo señalar, sin embargo, que si se va a la Soberanía, necesitará estar comprometida para asegurar su protección. ¿Qué te parecería emparejarla con Damuel?".


"¡¿QUÉ?!"


Su sugerencia fue tan inesperada que grité a pesar mío.


Elvira me observó un momento, claramente con una expresión divertida. Como los laynobles rara vez eran vistos en la Soberanía, explicó, Philine y Damuel necesitarían apoyarse mutuamente. "Supongo que no faltarán nobles que intenten acercarse a tus asistentes, así que Philine podría tener otras opciones... pero a este paso, a Damuel le costará tomar esposa".


"¿No sería posible que Damuel se casara con una mednoble?", pregunté, con la esperanza de que subir de rango estuviera en las cartas para él. "Me han dicho que tiene la cantidad de maná de un mednoble menor, así que pensé que podría arreglárselas de alguna manera...".


Elvira parpadeó. "Puede que tenga talento y que reciba tus mayores elogios, pero su reputación pública deja mucho que desear. Por lo que a cualquiera respecta, es un laynoble caído en desgracia que podría ser apartado de tu servicio en cualquier momento. Ni siquiera los mednobles más generosos querrían casarse con él. Sí, existió su romance con Brigitte, pero eso se produjo en circunstancias francamente milagrosas: la propia reputación de Brigitte se vió dañada después de que cancelara bruscamente su compromiso y comenzara a visitar el templo, tuvo la oportunidad de acercarse a Damuel a través del trabajo, su hermano Giebe Illgner quería fomentar una buena relación contigo, se estaba haciendo lo bastante mayor como para que ningún otro hombre se le acercara y mostró un ardiente deseo de repoblar su casa."


Tenía razón: no era prudente basar mis expectativas sobre Damuel en su anterior relación con Brigitte. En cambio, intenté imaginármelo con Philine. Sin duda estaban muy unidos y, aunque era posible que a Philine le atrajera más la idea de estar enamorada, me había dado la impresión de que al menos sentía algo por él.


Damuel, sin embargo...


"Damuel dijo una vez que Philine sentía algo por Roderick, así que... esto podría ser difícil. Él claramente la trata como a una niña y no la ve como una esposa potencial en lo más mínimo".


"Ya veo. Pensé que harían una pareja maravillosa: un caballero que cuida gentilmente de una joven solitaria que ha cortado los lazos con su familia y desea seguir a su Lady. Él la habría protegido hasta la edad adulta, mientras sus sentimientos mutuos crecían, pero por desgracia...".


"Madre, ¿es material para tu próxima historia?", pregunté, con las mejillas infladas. "Te inspiras demasiado en mis asistentes".


Elvira sacó un díptico y se puso a escribir, con un brillo inconfundible en sus ojos oscuros. "Desde luego, es importante anotar las ideas a medida que se te ocurren, no sea que las olvides. En cualquier caso, informa a Damuel de mi sugerencia. Lo más que puedo hacer es organizar una posible novia y ofrecer mis mejores deseos para el desarrollo de su relación. No participaré en la decisión final, eso es cosa suya".


Consideré la propuesta de Elvira. Había dicho que podía hacerse cargo de Philine mientras hacíamos los preparativos, pero no dijo nada de ocuparse de Damuel.


"Madre, ¿mi ausencia empujará a Damuel a una posición inestable?", pregunté. "¿Cuidarías de él tanto como de Philine?".


Dirigió la mirada hacia arriba. "Yo podría protegerlo hasta cierto punto, suponiendo que él y Philine estuvieran comprometidos, pero... es mejor dejar a los hombres con los suyos, Rozemyne. ¿Puedo sugerir que se lo confíes a Lord Bonifatius, para que conserve su conexión con la familia archiducal? Tendrá que someterse a mucho entrenamiento antes de poder pasar a la Soberanía. Si sigue entrenándose mientras se desplaza al templo, espero que no reciba palabras duras de la nobleza".


"Muy bien. Le pediré al abuelo que lo cuide si Damuel lo desea".


Me alivió saber que Elvira también pensaba en cómo ayudar a Damuel. Pero mientras admiraba su amabilidad, sus ojos oscuros volvieron a brillar y una sonrisa burlona se dibujó en su rostro, la misma que Cornelius me había dedicado hacía un rato.


"Rozemyne, Lord Bonifatius aceptará en un santiamén si se lo pides tan adorablemente como lo hiciste con Lieseleta".


"¡Madre!", exclamé, clavándole la mirada más firme que pude.


Elvira se rió de mi queja y volvió a su díptico, garabateando una cosa u otra. Luego levantó la vista, suspiró y dio un sorbo a su taza de té con una sonrisa de satisfacción. "No hace tanto, si alguien me hubiera dicho que algún día tendría la libertad de dedicarme a mis aficiones, nunca le habría creído. Te estoy muy agradecida".


"¿Erm...?"


"Los años anteriores a tu llegada fueron los más duros para mí, Rozemyne. ¿Te gustaría oír hablar de ellos?"


Asentí con la cabeza. Aunque ya conocía retazos del pasado de Elvira, nunca escuché la historia completa.


"Mi boda con Karstedt surgió de la desesperación de los Leisegang por protegerse de Lady Verónica. No estábamos especialmente unidos, ni éramos especialmente antagónicos el uno con el otro, así que nuestro matrimonio surgió totalmente por obligación. Sin embargo, Trudeliede, la asistente de Lady Verónica, se convirtió en su segunda esposa, y luego él, independientemente, decidió tomar a Rozemary como tercera, sumiendo nuestra casa en el caos."


Cada vez que la segunda y la tercera esposa se enfrentaban, Karstedt siempre demostró favoritismo hacia Rozemary, por lo que Elvira tuvo que mantener el equilibrio aliándose con Trudeliede, guardando así las apariencias para Veronica.


"Poco después del fallecimiento de Rozemary, Trudeliede dio a luz a un niño. Lady Veronica se alegró de la noticia, declarando que el bebé era el más adecuado para convertirse en el sucesor de Lord Karstedt. Me sentí constantemente desplazada de mi posición y arrinconada".


Lord Adelbert enfermó poco después, y el dominio de Veronica había alcanzado su punto álgido. Mientras tanto, en la finca de Karstedt, la muerte de Rozemary inició una guerra entre Elvira y Trudeliede, en la que la segunda esposa tomaba prestado el poder de su señora, y Karstedt empezó a utilizar el trabajo como excusa para no volver a casa.


Soy consciente de que las luchas de poder son una molestia, pero ¡vamos, Padre! ¡Eso estuvo muy mal!


"Entonces, falleció el anterior archiduque, Lord Adelbert. Lord Ferdinand perdió su escudo y entró en el templo, sucumbiendo a la presión de Lady Veronica, mientras que Eckhart, que había jurado su nombre al joven lord, cayó rápidamente en la desesperación. Fue Heidemarie quien le apoyó durante este momento tan bajo".


Eckhart se había casado con Heidemarie, y la posterior revelación de que estaba embarazada pareció alegrarle considerablemente. Pero entonces ella fue envenenada, y en un abrir y cerrar de ojos, Eckhart perdió tanto a su esposa como a su hijo nonato. La tragedia le pasó una factura más pesada de lo que nadie podía soportar presenciar.


"No lo sabía...", murmuré.


"Eckhart acababa de empezar a recuperarse cuando llegaste, y no era el momento adecuado para que ninguno de nosotros te lo dijera".


Incluso cuando Eckhart aún estaba abatido, Veronica había sondeado a Elvira para que él sirviera a Wilfried como caballero guardián. Elvira se negó, diciendo que su hijo no estaba en condiciones para tal posición, por lo que Veronica hizo la misma petición a Sylvester y Karstedt.


"Ambos se negaron también, por diversas razones", explicó Elvira. "Se convirtió en algo bastante miserable; lady Verónica decía que yo no había educado bien a Eckhart, que jurar lealtad a lord Ferdinand era traición al archiduque, etc. Lamprecht, muy consciente de la situación, se ofreció voluntario para ocupar él mismo el puesto, ya que sería mayor de edad para cuando lord Wilfried fuera bautizado".


En otras palabras, Lamprecht aceptó la carga de poner fin al sufrimiento por el que pasaban su madre y su hermano.


"En seguida, lady Veronica abrumó a Lamprecht con exigencias poco razonables. Debía cortejar a nobles de Ahrensbach y tomar a una como esposa, y saber que los caballeros guardianes debían mostrar completa obediencia a su señor en todo momento. Protesté por lo que estaba pasando nuestro hijo, pero Karstedt no me escuchó con especial atención".


Lamentándose de lo que Lamprecht tenía que soportar, Elvira imploró a su marido que hablara con Sylvester para mejorar la situación. Pero Sylvester apenas la escuchó. Y en cualquier caso, Karstedt sabía del antiguo conflicto de Elvira con Verónica, así que se limitó a tomárselo a risa y a comentar que Wilfried era igual que el joven Sylvester en su tendencia a huir de todo.


Eso es demasiado fácil de imaginar.


"Al crecer, Cornelius vio cómo sus dos hermanos mayores eran arrastrados por sus señores y resolvió no tomar nunca uno él mismo. Dejó de intentarlo con sus estudios, lo que era muy frustrante de ver. Sabía que tenía potencial para llegar lejos, pero se negaba a tomarse nada en serio".


Oh, sí... Al principio, Cornelius no había sido un estudiante de honor ni nada por el estilo.


Volví a pensar en antes del Escuadrón de Subir las Notas de Angélica, cuando dijo que necesitaba notas dignas de un archinoble y nada más.


"La muerte de Lord Adelbert permitió a Lady Verónica ejercer su poder de forma aún más flagrante. Haldenzel, mi provincia natal, se enfrentaba a restricciones cada vez más estrictas, mientras que los Leisegang perdían cada vez más poder. Pasaba cada día en la miseria, incapaz de imaginar un futuro que no acabara con Lady Verónica aplastándonos a mis hijos y a mí."


Ahora que sabía más sobre la sociedad noble, comprendí lo terriblemente incómoda que debió de ser la vida para Elvira. Era la primera esposa del caballero comandante, pero se había llevado mal con la madre del archiduque y le costaba comunicarse tanto con su marido como con el propio aub.


"Fue entonces cuando Lady Verónica fue repentinamente detenida", dijo Elvira. "Lord Sylvester se reveló contra ella, a pesar de que suponíamos que eligió seguir siendo la marioneta de su madre".


Tras anunciar el traslado de nobles de otros ducados, Sylvester desaparecía una y otra vez, a menudo durante días. Pronto, el Barrio de los Nobles se llenó de rumores de que algo le había ocurrido al aub. Luego regresó abruptamente a mitad de la Conferencia de Archiduques, tras lo cual destituyó al Sumo Obispo, a quien su madre siempre protegió, y envió a Verónica a la Torre de Marfil como castigo por sus fechorías.


"Karstedt regresó igualmente de la Conferencia de Archiduques y pasó incontables días ocupándose de los criminales de Ehrenfest. Incluso después de presenciarlo con mis propios ojos, no podía comprender lo que estaba ocurriendo".


Pensándolo desde la perspectiva de un noble, lo que Sylvester hizo fue realmente una locura. Incluso yo estoy sorprendida. Como, ¿él eligió hacer todo eso durante la Conferencia de Archiduques, de todos los tiempos?


"En medio del caos, Karstedt me dijo de repente que la doncella de santuario plebeya responsable de la deposición de Lady Verónica iba a ser bautizada en nuestra familia. Dijo que el aub la adoptaría inmediatamente después, para que no supusiera una carga demasiado pesada para mí".


"¡¿Qué?!", exclamé. "Estabas a punto de convertirte en mi madre; por muy rápido que me hubieran adoptado después, eso no habría reducido la cantidad de trabajo que te obligaron a hacer, tanto antes como después de mi adopción".


"En efecto. Así es el descuido de los hombres..."


A pesar de ese inconveniente, Elvira aceptó el acuerdo por varias razones: yo era la causante de la caída de Verónica; poseía abundancia de maná, lo que había contribuido a que los cálices llenos se enviaran a Haldenzel; y Ferdinand, mi tutor activo, le pidió personalmente que aceptara.


"Aun así", dije, "me sorprende que siguieras adelante. Tomar a una plebeya como hija no debió ser fácil...".


"Lo debatí durante algún tiempo, pero entonces Karstedt aventuró que tu incorporación a la familia archiducal haría mucho más probable que tu tutor, lord Ferdinand, regresara a la sociedad noble cuando llegara el momento. Eckhart se alegró al oírlo. Era la primera vez que le veía sonreír desde hacía tanto tiempo, más del que yo podía recordar. Tu adopción ayudaría tanto a lord Ferdinand como a mi hijo, y esa fue razón suficiente para aceptarte. Nunca imaginé cuánto más harías por mí".


Eckhart cobró nueva vida cuando Ferdinand regresó a la nobleza y, en su euforia, empezó a visitar el templo para servir a su señor. Lamprecht también se salvó cuando ayudé a su señor, Wilfried, a escapar de la desheredación, aunque fuera por los pelos. Mi introducción de nuevas tendencias permitió a la facción de Elvira aplastar a las mujeres de la facción de Verónica, mientras que los esfuerzos de Cornelius por ayudar a Angélica con sus estudios hicieron maravillas para sus propias notas.


Elvira prosiguió: "La industria de la imprenta me permitió dedicar mucho tiempo a mis aficiones, por no hablar de la riqueza que ha aportado a Haldenzel. Tras tu adopción, todo empezó a ir bien en mi vida. Incluso mi matrimonio se convirtió en mucho más que una obligación. Mientras discutíamos cómo criarte, Karstedt y yo llegamos a desarrollar una conexión más genuina."


Desde la primera vez que los vi juntos, supuse que Karstedt y Elvira tenían una buena relación, al menos para haber nacido de un compromiso político, pero al parecer no siempre fue así.


Mi traslado a la finca de Karstedt provocó que Ferdinand me visitara cada pocos días, lo que a su vez impulsó a Karstedt a pasar más tiempo en casa. También necesitó desempeñar un papel más activo en mi educación; como me había aceptado en su casa e hizo la promesa a Ferdinand de que cuidaría de mí, no podía diferir todas mis preguntas a Elvira, como siempre había hecho con sus hijos. Tampoco hubo mucho tiempo antes de mi bautizo, en el que sería adoptada por el archiduque, y mi total falta de sentido común nobiliario exigió que él y Elvira trabajaran realmente juntos.


"Te estaba -y te sigo estando- agradecida, y era toda mi intención apoyarte como madre. Sin embargo, veía que te sentías más a gusto en el templo con Lord Ferdinand, y me parecía innecesario obligarte a pasar tiempo conmigo en su lugar. Sobre todo cuando tenías a tu madre adoptiva, Lady Florencia, esperándote en el castillo".


Al final, Elvira decidió que se limitaría a velar por mí, dispuesta a ser mi red de seguridad si alguna vez surgía la necesidad. No había mucho de qué preocuparse con Ferdinand cuidando de mí... pero entonces un decreto real le envió a Ahrensbach.


"Me preocupé profundamente cuando perdiste a tu pilar de apoyo, pero también me quedé sin saber qué hacer. Dada tu edad, no quería sobrepasar ningún límite. Una cosa habría sido darle una despedida adecuada tras un periodo razonable de preparación, pero su marcha se produjo tan repentinamente y en tan mal momento..."


Tuve que volver a la Academia Real justo después de la partida de Ferdinand, por lo que Elvira decidió volver a vigilarme. Esperaría a ver si me recuperaba durante el curso académico y si Wilfried, mi prometido, me apoyaba ahora que Ferdinand se había ido. A partir de ahí, determinaría si era mejor acercarse a mí como madre.


"Como preparación para la purga", dijo, "Lord Ferdinand me encargó que sentara las bases necesarias para mantener a raya a los Leisegang. Pero cuando comenzó la socialización invernal y apenas empezaba a contactar con ellos, noticias inesperadas de la Academia Real nos obligaron a iniciar la purga antes de tiempo. Aún no se habían sentado las bases adecuadas, por lo que los Leisegang se dejaron llevar mucho más de lo esperado."


Para resolverlo, Brunhilde aceptó convertirse en la segunda esposa de Sylvester y trabajar con Elvira para contener a los Leisegang. La purga había puesto a los  ancianos de un humor excepcional, pero se esperaba que se calmaran con el paso del tiempo.


Sin embargo, antes de que se calmara la situación, Wilfried  manifestó su intención de visitar a los Leisegang durante la Oración de Primavera para ganarse su apoyo.


"Como recordarás, Lamprecht intentó detenerlo, afirmando que no se habían hecho los preparativos necesarios... pero Lord Wilfried siguió adelante con su plan a pesar de todo".


Para sorpresa de nadie, Wilfried sólo consiguió avivar las llamas. Elvira explicó que Giebe Leisegang se puso en contacto con ella después, informándole de que los ancianos estaban incontrolablemente furiosos. La desgarradora noticia había hecho que la sangre se le escurriera de la cara.


Así que fue a ver a Brunhilde, y las dos empezaron a discutir formas de contener a los Leisegang una vez más. Pero entonces llegó la Conferencia de Archiduques, y se decidió mi adopción por el rey.


"La situación sigue cambiando antes de que pueda ponerme en marcha", se lamentó Elvira. "Me impresiona que Lord Ferdinand haya podido seguir el ritmo durante tanto tiempo".


Las cosas no habrían ido tan mal si el ducado estuviera en paz, pero la purga provocó un gran malestar. Para colmo, Ferdinand, la única persona que mantenía todo bajo control, se había ido. Elvira sintió su ausencia con demasiada intensidad.


"Debo admitir", continuó con una triste sonrisa, "que se me ha pasado por la cabeza innumerables veces que podríamos haber mantenido a Lord Ferdinand en Ehrenfest si tan sólo lo hubiéramos hecho tu prometido en lugar de Wilfried. Aunque ahora es demasiado tarde para eso...".


Sorbí mi té y le dediqué una pequeña sonrisa. "No puedo imaginarme comprometida con Ferdinand. Mi atención sólo se ha centrado en la forma de rescatarlo si algo sucediera en Ahrensbach".


"Ya te has asegurado de que no sea castigado junto a Lady Detlinde, ¿verdad? Ese fue un excelente trabajo". Extendió la mano, me acarició la mejilla y dijo: "Realmente lo has hecho bien".


No pude evitar apoyarme en su mano amable y gentil. "Es la primera vez que alguien me elogia por... por esa negociación..." murmuré, bajando los ojos mientras un repentino calor se extendía por mi pecho. Las lágrimas corrieron por mis mejillas sin previo aviso.


"Bueno, fue un acto de compasión por alguien de otro ducado, nadie puede elogiarte abiertamente por eso, ni se les ocurriría hacerlo en privado. Lo más probable es que esta sea la única vez que pueda decir esto, pero... tus acciones han hecho que mi corazón se eleve de alegría. Al rescatar a Lord Ferdinand, no has salvado una vida, sino tres".


Al parecer, mis acciones habían salvado a Eckhart y Justus, además de a Ferdinand. Asentí, añadiendo mentalmente a Lasfam a esa lista.


"Esos tres están a salvo gracias a ti y a lo que has conseguido", concluyó Elvira. "Puedes sentirte orgullosa".


"Madre..."


"Es natural preocuparse por alguien que se ha alejado, especialmente cuando sabes que su vida corre peligro. Por supuesto, tales preocupaciones no deben hacerse públicas, pero... yo también me preocupo por Eckhart y Lord Ferdinand. Rihyarda está definitivamente preocupada por Justus".


Me había dado la impresión de que nadie en Ehrenfest se preocupaba por Ferdinand, Eckhart y Justus ahora que se habían trasladado a Ahrensbach, pero no era cierto: los que se preocupaban eran mejores guardándose sus sentimientos. Saber eso me tranquilizó.


"Me dijeron que no me preocupara por Ferdinand y los demás", dije. "Parecía como si todo el mundo hubiera dejado de preocuparse por ellos por completo... y eso me dolió mucho. Fue entonces cuando empecé a ponerme tan terca, creo. Si nadie más iba a cuidar de ellos, entonces lo haría yo sola".


Elvira bajó la mirada, sus ojos ahora rebosantes de lágrimas. "Mi hija va a ser adoptada por el rey, y uno de mis hijos ha sido elegido para servir como su asistente real. Una vez que salgamos de esta habitación, no se me permitirá mostrar nada más que orgullo por estos logros. Así que... permíteme esta breve oportunidad para llorar por mis dos hijos que se van tan lejos".


"Oh, Madre..."


Ya sabía que los nobles utilizaban sus habitaciones ocultas para expresar sus emociones, pero esta era la primera vez que lo veía realmente. Elvira, a quien siempre había conocido por sus sonrisas tranquilas y sus conspiraciones desde las sombras, ahora fruncía el ceño y sollozaba.


"Me preocupan los que fueron a Ahrensbach, pero también temo que tus pequeños hombros tengan que cargar con todo el futuro de nuestro país...", dijo. Oírla expresar sus sentimientos tan abiertamente -y ver las lágrimas derramarse por su rostro- me golpeó directamente en el pecho.


La familia real estaba centrada en si podrían obtener el Grutrissheit, y en qué harían en caso de conseguirlo. La familia archiducal estaba centrada en cómo dirigir Ehrenfest tras mi marcha. ¿Cuántos de ellos estaban preocupados por lo que pudiera ocurrirme si el Grutrissheit acababa en mis manos?


Una vez más, lo máximo que pude decir fue un "Madre...". Siempre me enseñaron que los nobles nunca eran blandos entre sí, así que pensé que era inútil intentarlo. Pero ahora, por primera vez, le tendí la mano a Elvira como lo hice con mamá hacía tanto tiempo. Ella la estrechó y luego la apretó con fuerza.


Realmente había alguien más que compartía mi tristeza.


"Rozemyne, el peso que estás a punto de cargar no es uno que yo pueda llevar contigo... pero haré lo que sea necesario para asegurarme de que puedas dejar atrás Ehrenfest sin preocupaciones ni remordimientos. Mantente fiel a ti misma, y continúa forjando tu propio camino. Cuando obtengas el Grutrissheit, úsalo no como un instrumento de poder, sino como una herramienta para asegurar tus deseos. Sé que puedes hacerlo. Eres mi hija, después de todo".




Capítulo 6: Herramientas mágicas para niños

Elvira y yo pasamos bastante rato  juntas en la habitación oculta. Le conté cómo pasó Cornelius su estancia en la Academia Real, donde ella no había podido vigilarlo, y lo que solía hacer Eckhart cuando visitaba el templo, entre otras cosas. A cambio, ella me habló de Siegrecht y Aurelia, y de lo mucho que trabajaba Brunhilde.


Nuestra conversación se prolongó tanto que acabé agotada. Aquella noche dormí mejor que nunca. De hecho, dormí de más. Cuando los encargados de la finca me informaron de que era casi la tercera campanada, quise gritar y preguntar por qué no me habían despertado antes.


Resultó que Elvira les ordenó que me dejaran dormir, ya que me mantuvo despierta más tarde de lo habitual. Aun así, era increíblemente vergonzoso haberme quedado dormida después de que mis caballeros guardianes vinieran a buscarme.


"B-buenos días...", dije al entrar en el comedor.


"Te has tomado tu tiempo", respondió Cornelius, burlándose de mí por haberme quedado dormida. "Todos los demás ya están aquí".


Me disculpé con los caballeros guardianes y luego desayuné bastante tarde.


"Es bueno saber que has dormido bien", dijo Elvira, sorbiendo despreocupadamente su té mientras yo comía. "¿Tienes un momento para hablar antes de volver al castillo?".


Nos lanzamos a una discusión sobre el traspaso de la industria gráfica. Muriella estaba de pie detrás de Elvira y hacía lo que parecía ser su trabajo como erudita. Por lo brillante y entusiasta que parecía, pude adivinar que las cosas iban bien entre ellas.


"Si podemos gestionar las reuniones plebeyas sin ti, entonces no espero que nos encontremos con ningún problema por el que merezca la pena preocuparse", dijo Elvira. "Lo que me recuerda, Rozemyne... Dijiste que planeabas dejar a tus asistentes del templo con lord Melchior, pero ¿qué hay de tu artista?".


"Llevaré a Wilma a la Soberanía cuando empecemos a imprimir allí", declaré. "No esperes que te la entregue, madre. Es mía".


"Vaya, es una pena...", suspiró Elvira, sin parecer decepcionada en absoluto. Luego se rió entre dientes. "¿No te preocupa que alguien pueda comprarla después de que abandones el templo? Tendrá aún menos cabida en la Soberanía que tus laynobles, así que tal vez podrías comprarla ahora y luego confiársela a alguien de aquí. Eso debería tranquilizarte hasta que alcances la mayoría de edad, ¿no?".


"Y también te daría tiempo de sobra a ti para solicitar sus servicios", dije, habiéndome dado cuenta.


Elvira volvió a reírse. Estaba claro que le interesaba mucho el talento artístico de Wilma.


Tiene razón, eso me tranquilizaría, pero tendré que ver qué opina ella al respecto.


"Wilma ha estado a cargo del orfanato", expliqué, "así que tendremos que encontrar a alguien que ocupe su lugar. Y ella tendrá que estar de acuerdo, por supuesto".


"Te equivocas, Rozemyne. Una vez que te vayas, la tomaré. Y como doncella gris de santuario que no está al servicio de un noble, no tendrá elección en el asunto. Tenlo en cuenta cuando hagas planes para tus asistentes".


Inmediatamente me acordé del trato que recibieron otras doncellas grises del santuario al perder a sus nobles amos. Había supuesto que el templo seguiría funcionando de la misma forma siempre que diera instrucciones antes de partir hacia la Soberanía... pero al parecer eso fue ingenuo por mi parte.


"Muy bien", dije, "lo consideraré detenidamente".


"Eso sería prudente. Ahora bien... informé a Damuel sobre nuestra conversación de anoche".


Me volví para mirar a Damuel, que seguía con cara de piedra mientras montaba guardia. "Respetaré tus deseos", le dije, "así que, por favor, avísame cuando tomes una decisión".


"Sí, milady"


Mientras nuestra conversación continuaba, llegó un ordonnanz de Sylvester. Doce herramientas mágicas para niños habían llegado de la familia real.


"No sólo es repentino, sino que  enviaron menos de las que acordamos", señalé. "¿Por qué harían esto y se arriesgarían a que nuestro acuerdo fracasara...?".


"No creo que pretendan sabotear tu adopción; más bien, te han enviado ahora una parte del pago para reforzar su legitimidad. Teniendo en cuenta lo desesperadamente que necesitamos nuevos nobles, y los problemas que nos causaría esperar un año más, no veo que Ehrenfest pueda rechazar estas herramientas. Lo mejor sería que volvieras al castillo de inmediato. Pero vuelve cuando tengas tiempo; entonces podremos volver a charlar".


"Sí, madre."


Inmediatamente después de mi regreso al castillo, me convocaron a una reunión de la familia archiducal para discutir qué debíamos hacer con las herramientas mágicas recién recibidas. Decidimos aceptarlas, en gran parte porque necesitábamos aumentar la población noble de Ehrenfest lo antes posible, pero también porque no ganábamos nada con rechazarlas. Para que la familia real nos hubiera enviado un anticipo en primer lugar, debían de estar decididos a asegurar mi adopción, y devolver las herramientas no cambiaría ese hecho. Rechazarlas sólo retrasaría nuestros planes un año entero, y significaría más niños que no podrían ser bautizados.


"Teniendo en cuenta cuántas recibimos, ¿no podríamos enviar algunas al orfanato?", pregunté a Sylvester.


"A menos que puedan obtener niveles mednobles de maná con sus bautismos, sólo sería un desperdicio hacerlo. Y luego está la enorme cantidad de esfuerzo que supondría para sus cuerpos. En lugar de usar las herramientas mágicas ahora y acabar con un montón de laynobles de más, es mejor que las guardemos para cualquier niño rico en maná que pueda nacer en el futuro."


No me sorprendió, esperaba una negativa rotunda, pero entonces enarcó una ceja y continuó.


"Así que si enviamos las herramientas al orfanato, habrá que dárselas a huérfanos que tengan el maná adecuado y no causen problemas. Yo aconsejaría que Hartmut los entrevistara. No podré confiar en tus evaluaciones, ya que tienes tanta debilidad por esos niños".


Que me dijeran que no era de fiar era un poco molesto, pero al mismo tiempo no podía protestar. Más gente de la que podía recordar me había dicho que era demasiado blanda con los que me importaban. Así que se decidió que Hartmut se encargaría de las entrevistas finales, en las que comprobaría si los huérfanos estaban alineados ideológicamente, por así decirlo.


"¿No es una buena noticia, Rozemyne?", preguntó Melchior con una sonrisa. "Las herramientas mágicas no irán sólo a gente de nuestra facción. Me alegro de tener más amigos en el templo".


Asentí con la cabeza y, tras pedirle prestada a Sylvester una herramienta para medir el maná, me dirigí al templo con Melchior y sus ayudantes.


"Bienvenida de nuevo, lady Rozemyne."


"Gracias a todos".


Después de que mis asistentes me saludaran, me dirigí a los aposentos de Suma Obispa y me puse la túnica. Entonces llegó el momento de escuchar los informes de todo el mundo. Los aprendices azules y los huérfanos estaban pasando sus días sin incidentes y, gracias a Kampfer y Frietack, los preparativos para la ceremonia de mayoría de edad de primavera habían concluido.


"Me alivia escuchar que no han habido problemas", dije. "En cuanto a mí... tengo que hacer un grave anuncio".


Mientras todos mis asistentes se ponían en pie, les expliqué que abandonaría Ehrenfest dentro de un año, y que Melchior ocuparía mi lugar como Sumo Obispo. No incluí detalles innecesarios, como adónde iba o el hecho de que sería adoptada por el rey. Los sacerdotes grises y las doncellas de santuario estaban obligados a responder a cualquier pregunta que les hicieran los nobles, así que era mejor darles la menor información posible.


Continué: "Espero que todos sirvan a Melchior en su nuevo cargo y se esfuercen por mantener el estado actual del templo lo mejor posible".


"Ya trabajábamos con la hipótesis de que renunciaría a su puesto al cumplir la mayoría de edad. Esto simplemente nos obligará a acelerar nuestro calendario", dijo Fran, y luego esbozó una sonrisa triste. "En cualquier caso, estoy acostumbrado a que aquellos a quienes sirvo me dejen atrás".


Me dolió el corazón. "Me habría gustado trasladarlos a todos a mi biblioteca, pero ya me dijeron antes que se sienten incómodos en el Barrio de los Nobles, ¿no es así? No sé quién gestionará mi biblioteca una vez que me haya ido, y como no me dirigiré a otro templo, no habrá ningún lugar donde puedan quedarse".


En un mundo ideal, yo obtendría el Grutrissheit, diseccionaría a Ahrensbach, y luego devolvería a Ferdinand a Ehrenfest, tras lo cual él se haría cargo de todos mis asistentes del templo. Pero siendo el futuro tan incierto, lo más seguro era dejarlos con Melchior.


"Efectivamente", dijo Fran, "yo sólo sé vivir en el templo. No importa a dónde se dirija, no me convendría. Me conformo con la idea de servir a lord Melchior; basándome en sus palabras y acciones hasta este momento, no espero encontrarme con ningún problema".


"Si me trasladara a otro templo, sin duda los habría traído a todos conmigo", aseguré a todos.


Fran dejó escapar una risita tranquila. "Y después de visitar el monasterio de Hasse, sin duda la habría acompañado".


"Sin embargo, hay una excepción: Wilma tendrá que tomar una decisión".


"¿Una decisión...?", repitió, con cara de preocupación. Aunque avanzó mucho en la conquista de su miedo a los hombres, aún no había desaparecido del todo.


"A lo largo del próximo año, tendrás que decidir si te conviertes en la artista personal de mi madre o en la mía", le dije, y a continuación le transmití los detalles de mi conversación con Elvira.


"Pero... ¿qué pasará con el orfanato?" Decía mucho que su primera pregunta fuera sobre los niños.


"Para preservar su estado actual, tengo la intención de negociar para que Monika o Lily se conviertan en asistentes de Melchior y se hagan cargo de su gestión". Después de todo, ellas eran las que mejor conocían la filosofía de Wilma.


Al oír mi explicación, Wilma agradeció mi consideración y sonrió, aunque no era una sonrisa sincera de alivio. Un rápido vistazo a la habitación reveló que Monika y Fritz parecían igual de inquietos. Pero cuando me encontré con la mirada de Fritz, su expresión se tornó repentinamente pacífica.


"Lady Rozemyne, no hay necesidad de que se preocupe por nosotros", dijo. "Podemos percibir por su comportamiento que este traslado ha sido repentino para usted también, y que no quiere irse. También entendemos que nos muestra mucha más consideración de la que cualquier otra persona tendría".


Zahm asintió. "No esperamos que el orfanato sea tratado mal bajo lord Melchior. Sin embargo, con lo rápido que cambian de manos los puestos de autoridad, no sabemos cuánto tiempo seguirá siendo el Sumo Obispo. Nuestra preocupación es que llegue al poder alguien menos considerado, y quién sabe cuánto tiempo podría permanecer".


Era imposible saber cuándo un noble como el anterior Sumo Obispo tomaría el control del templo. Igual que yo había borrado la influencia de Bezewanst en un abrir y cerrar de ojos, alguien nuevo no tardaría demasiado en borrar la mía.


"Melchior es un niño", dije, "así que es poco probable que lo saquen de Ehrenfest. Aun así, me dedicaré a este traspaso para que todos puedan estar tranquilos".


"Se lo agradecemos".


El siguiente paso fueron las herramientas mágicas para el orfanato. Se acordó que Wilma informaría a los niños nacidos de nobles de que tenían la oportunidad de recibir una si su cantidad de maná era lo suficientemente alta y eran capaces de superar una entrevista.


"Hay que llenar las herramientas con cierta cantidad de maná para convertirse en noble", dije. "Si no se las damos a los niños cuanto antes, podrían no cumplir este requisito. ¿Cuándo podremos celebrar las entrevistas?".


"Los niños están en estos momentos visitando el bosque, pero cualquier momento a partir de mañana servirá", respondió Wilma. "Podemos asegurarnos de que estén listos siempre que tengamos una fecha".


Dije que decidiría una con Hartmut, y luego dispersé a mis asistentes. Todos se fueron a realizar sus respectivos trabajos.


"Fran", le dije, "deseo hablar con Benno, de la Compañía Plantin, sobre mi traslado. Reunirme con él en el despacho del director del orfanato sería lo ideal".


"Entendido. Me pondré en contacto con ellos y programaré una reunión".


"Zahm, ve a los aposentos del Sumo Sacerdote y acuerda una fecha para entrevistar a los niños".


"Como ordene".


"Fritz, este año necesitaré una gran cantidad de papel. Reúne tantas frutas de tau como puedas".


"Muy bien."


Mientras daba una instrucción tras otra, inspeccionaba varias cartas y documentos que Monika había traído. Las cosas se calmaron pronto, momento en el que Philine se me acercó.


"Lady Rozemyne", susurró, "¿y las pociones reconstituyentes para los huérfanos que recibirán las herramientas mágicas?".


"Tengo intención de prepararlas yo misma. Oh, en realidad... Alguien me dijo que era problemático que sólo confiara el papeleo a mis aprendices de erudito, así que quizá debería dejarles la elaboración de brebajes a ti y a Roderick".


Por razones obvias, no podía dar por sentado que Sylvester se las arreglaría para conseguir un alijo de pociones reconstituyentes para los niños. Como directora del orfanato, tendría que asumir esta carga yo misma.


"No puedo preparar pociones reconstituyentes para Konrad por mí misma", dijo Philine, "así que había renunciado a que se convirtiera en noble tanto si recuperábamos su herramienta mágica como si no. Sin embargo... si vamos a dar pociones reconstituyentes a los niños del orfanato, pediría que le diéramos algunas a Konrad también. Por favor, lady Rozemyne". Nada deseaba más que darle a su hermano la oportunidad de vivir como un noble.


Me volví hacia ella. "Tengo entendido que este proceso supondrá una gran tensión para el cuerpo de cualquier laynoble que lo intente... pero si eso es lo que quiere Konrad, lo permitiré".


"¿De verdad? Se lo agradezco muchísimo". Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Philine; ella sola no habría sido capaz de reunir los ingredientes necesarios y elaborar suficientes pociones reconstituyentes para convertir a Konrad en un noble. Aun así, por muy adorable que fuera, estaba dejando que el amor por su hermano la cegara de la realidad.


"Philine... ¿no dijiste que me darías tu nombre y comprarías a Konrad para poder acompañarme a la Soberanía? ¿Qué pasará después de que Konrad se convierta en noble? No podría traer a un menor conmigo a menos que él también ofreciera su nombre".


"¿Qué...? Oh."


"Cuesta una fortuna criar a un niño como noble. ¿Podrás financiar su educación y pagar para que asista a la Academia Real mientras tú misma sigues siendo estudiante?".


Philine se quedó callada y se miró las manos. El sueldo de un aprendiz de layerudito que se escapó de casa sin nada apenas serviría para costear la educación de dos personas a la vez. Había ido acumulando ahorros haciendo traducciones y vendiendo información, pero era difícil vivir como una noble sin la riqueza establecida de sus antepasados. Ni siquiera podría permitirse un traje para su ceremonia de mayoría de edad a menos que empezara a ahorrar dinero ahora.


"Si pretendes hacer de Konrad un noble, entonces sugeriría volver a casa con él".


"¡¿Lady Rozemyne?!"


"Tu padre se casó con tu familia, ¿no? Y tú eres la verdadera sucesora de la casa. Madre me lo contó todo".


Al regresar a casa y recuperar la propiedad de su padre y su madrastra, Philine adquiriría las herramientas mágicas y los materiales de aprendizaje que sus antepasados, así como trajes que podrían ser modificados para adaptarse a ella. No tendría una vida extravagante de ninguna manera, pero sería mejor que alquilar una habitación en el castillo mientras luchaba por mantener a dos personas solas.


"Ahora que Konrad ha ingresado en el orfanato, soy sin duda la sucesora de mi casa", dijo Philine, "pero tendré que esperar a la mayoría de edad para tomar el relevo. Volver ahora me pondría de nuevo a merced de mi padre y de lady Jonsara y, en cualquier caso, no estoy segura de cuántas de las pertenencias de mi madre están aún en nuestro poder". Resultó que su padre y su madrastra habían vendido muchas para poder mantenerse.


"Konrad podría ser bautizado en el orfanato y vivir en el templo como aprendiz de sacerdote azul", sugerí, "pero eso lo convertiría en un noble huérfano bajo el cuidado del aub. Si deseas que sea tu hermano menor, entonces debes verlo regresar a la sociedad noble antes de su bautismo. Deberías empezar a pensar en una forma de resolver esto, ya sea quedándote en casa y pidiéndole a mi madre que te cuide, o comprometerte con un hombre adulto y hacer que te proteja de tus padres."


Como ya había dicho, bautizar a Konrad en el orfanato rompería los lazos de hermandad entre él y Philine, que ahora parecía realmente desdichada. Era triste verlo, pero yo no tenía la culpa de que los bautizos determinaran los padres de uno, ni de que el aub se convirtiera en el tutor de los niños bautizados en el orfanato. Tampoco estaba en condiciones de cambiar estos hechos.


"Antes de continuar", le dije, "tendrás que tener una conversación muy seria con Konrad. ¿Querrá realmente beber pociones reconstituyentes sin parar y soportar tanto sufrimiento por ser bautizado como noble? Y si es así, ¿preferirá ser bautizado en el templo o volver a casa?".


Philine ya tenía la herramienta mágica que era la reliquia de su madre; y ya que estábamos distribuyendo pociones reconstituyentes en el orfanato, no me importaba darle algunas a Konrad también. Sin embargo, no podía tomar su futuro en mis manos. Yo no era su tutora, y en apenas un año, tampoco sería la directora del orfanato.


Por el rabillo del ojo, noté que Damuel fruncía el ceño. Había estado escuchando toda nuestra conversación.


"Así que hoy se celebra la reunión del orfanato... y mañana tengo la reunión con la compañía Plantin...", dije para recordarme.


Hartmut asintió; llevaba la herramienta de medición de maná mientras ambos nos dirigíamos al orfanato. "Y no falta mucho para la ceremonia de mayoría de edad de primavera o los bautizos de verano. Una vez concluidos, el aub tendrá que ir a Ahrensbach, así que el tiempo es realmente esencial".


También nos acompañaba Philine, que llevaba en la mano la reliquia de su madre, que pensaba regalar a Konrad si decidía que quería convertirse en noble con todos los demás.


Fran y Zahm, que iban a la cabeza de nuestro grupo, nos abrieron la puerta del orfanato. Dentro había cinco niños arrodillados de entre tres y seis años, todos ellos aún por bautizar. Dirk y Konrad estaban entre ellos.


Solo podía suponer que Wilma o Hartmut les habían explicado la situación a los niños, ya que todos se pusieron tensos cuando vieron la herramienta mágica que habíamos traído.


"Ahora comenzará la medición del maná", anunció Hartmut, y se dirigió directamente al mayor de los niños. "Di tu nombre y tu edad".


La capacidad de maná de uno aumentaba naturalmente a medida que crecía, así que teníamos requisitos únicos para cada edad. Hartmut comprobó si los niños reunidos cumplían los criterios de Sylvester y luego los dividió en dos grupos. Dirk y otro niño estaban a la izquierda, mientras que Konrad y dos niños estaban a la derecha.


"Los dos de la izquierda cumplen los requisitos de maná del aub", declaró Hartmut. "Si lo desean se les proporcionará herramientas mágicas".


El niño que estaba junto a Dirk era un pequeñín de tres años que necesitaba el apoyo de Wilma sólo para mantenerse en pie. Era poco probable que entendiera siquiera lo que le decían, así que Hartmut renunció a cuestionar sus intenciones y se volvió hacia Wilma.


"Wilma, ese chico tiene la cantidad de maná de un mednoble, y aún queda tiempo suficiente antes de su bautismo. Lo mejor sería darle una herramienta mágica; aún es demasiado joven para tomar una decisión por sí mismo, así que deberíamos mantener sus opciones abiertas".


Por supuesto, Hartmut estaba más preocupado por asegurar al ducado más nobles que por dar más perspectivas al muchacho. Entonces se centró en Dirk, que permanecía rígido en su sitio.


"Ahora bien, Dirk, tu cantidad de maná supera los criterios del aub. ¿Deseas recibir una herramienta mágica?".


"¡Espere!", gritó uno de los chicos de la derecha. "Dirk no es hijo de un noble. Es sólo un huérfano. ¡No está bien que le den una herramienta mágica!".


Dirk no respondió nada; se limitó a hacer una mueca y bajar los ojos.


Hartmut parpadeó un par de veces y luego ladeó la cabeza en una deliberada muestra de confusión. "¿Qué estás diciendo? Todos aquí son huérfanos. Dirk lo es, igual que tú".


"Se equivoca. Mis padres son nobles, así que..."


"Un niño que no es bautizado como noble no tiene derecho a actuar como tal", dijo Hartmut, socavando fácilmente la protesta del muchacho. "Aquí, eres un huérfano como cualquier otro. Debes saber que el valor de un noble es su maná, y teniendo eso en cuenta, Dirk es más valioso que tú". Luego volvió su atención a Dirk. "Permíteme preguntar de nuevo: ¿deseas recibir una herramienta mágica?".


La ternura con que Hartmut miraba antes a los huérfanos había desaparecido. Ahora, mientras trataba de determinar si Dirk deseaba ser noble, tenía la expresión escrutadora de un entrevistador.


Los ojos de Dirk recorrieron la sala antes de posarse finalmente en una sola persona: Delia. Estaba al fondo del comedor, mordiéndose el labio y juntando las manos, esperando su respuesta con la respiración contenida. Estaba tan pálida como cuando el anterior Sumo Obispo había robado a Dirk, y sus silenciosas súplicas resonaban en mi mente.


"Por favor, no pidas una herramienta mágica. Por favor, no te vayas de mi lado. No quiero perder a mi hermano".


Dirk apartó la mirada de Delia y volvió a mirar a Hartmut. Luego, tras respirar lentamente...


"Sí, quiero".


"¡No!", chilló Delia, con los ojos desorbitados por el terror. Todos se volvieron para mirarla... excepto Dirk. Él solo siguió mirando a Hartmut, encontrándose de frente con su mirada.


"Lord Hartmut, deseo recibir una herramienta mágica."


"¿Con qué propósito?", preguntó Hartmut en voz baja. "Dado que empiezas muy tarde, teñir una piedra fey resultará un proceso largo y arduo. También está tu querida hermana mayor, que no desea que te conviertas en noble. No obstante, ¿Por qué buscas este camino? ¿Qué pretendes hacer al unirte a la nobleza?".


Dirk cerró las manos en puños apretados y luego declaró: "Quiero convertirme en noble porque quiero ser Sumo Obispo, Sumo Sacerdote o director de orfanato".


Hartmut levantó una ceja, ligeramente divertido, pero sus ojos eran tan agudos como siempre.


"El orfanato era un lugar horrible antes de que llegara lady Rozemyne. Ella es la razón por la que tenemos comida y no nos congelamos en invierno".


"Una observación muy acertada y muy cierta", comenta Hartmut con un par de movimientos de cabeza, que suenan como los elogios de un profesor a un buen alumno.


"No sólo eso, sino que lady Rozemyne fue la única noble dispuesta a ayudarnos cuando los sacerdotes grises estuvieron en peligro. Y sólo puede servir como Suma Obispa siendo menor de edad debido a que el Sumo Sacerdote la apoya".


Hartmut estaba completamente satisfecho con esa respuesta. Yo no podía protestar, ya que Dirk estaba hablando a mi favor, pero no podía evitar pensar que su discurso estaba un poco... desviado. ¿Había sido víctima del lavado de cerebro de Hartmut?


"La primavera pasada", continuó Dirk, "los sacerdotes grises y las doncellas del santuario estaban muy preocupados por el nuevo Sumo Sacerdote. No sabían cómo  cambiaría el templo ni el orfanato".


Había conseguido hacer tantos cambios radicales como directora del orfanato porque Ferdinand, el Sumo Sacerdote de la época, me dió su permiso. El hecho de que hubiera necesitado consultarle cada pequeña cosa en primer lugar demostraba cuál de los dos papeles tenía más autoridad. A todos les preocupó que el nuevo Sumo Sacerdote se opusiera a mis sugerencias o incluso que el orfanato volviera a ser como antes. Los sacerdotes grises adultos que podían recordar aquellos tiempos sombríos eran los más preocupados de todos.


"Pero entonces, lady Rozemyne lo eligió a usted para desempeñar el papel, lord Hartmut. Todo el mundo se alegró, pues era un hombre bondadoso que cumplía su voluntad al pie de la letra en todas las cosas. Debo admitir, sin embargo, que por aquel entonces yo ignoraba cómo eran las cosas antes de lady Rozemyne, así que me costó entender por qué los adultos estaban tan exultantes".


Dirk se lanzaba a lo que cada vez sonaba más como un discurso planeado. No había salido del orfanato antes de su bautismo, y mis asistentes eran más o menos los únicos forasteros que lo visitaban, así que nunca tuvo la desgracia de conocer a ningún noble cruel. No era capaz de empatizar con las preocupaciones de los adultos ni con su posterior alivio por ello.


Lo mismo ocurrió cuando Konrad llegó al orfanato; mientras los adultos se habían preocupado por el aspecto de un niño noble, Dirk simplemente se alegró de tener cerca a otro niño de su edad.


"Konrad es igual que el resto de nosotros", continuó Dirk. "Antes de que él llegara, yo era el único que usaba las piedras negras que me traía Fran. Pero entonces ya no estaba solo".


Como persona de origen noble, Konrad necesitaba usar piedras negras de maná para evitar que su maná se desbordara. Esto fue una agradable sorpresa para Dirk, que también tenía que usar piedras negras de maná para hacer frente a su Devorador. Rápidamente había hecho un nuevo amigo, y ni siquiera se le pasó por la cabeza que tuvieran orígenes tan diferentes.


"Pero los niños nobles que vinieron en invierno no se parecían en nada a Konrad. Eran arrogantes y no escuchaban lo que decían los adultos. Exigían saber por qué tenían que hacer las cosas, mientras declaraban que vivir aquí era sólo una vergüenza temporal antes de volver a la sociedad noble".


La actitud de los niños dejó dolorosamente claro que despreciaban a los adultos y a los huérfanos, a pesar de haberse convertido ellos mismos en huérfanos. Aquella fue la primera vez que Dirk —alguien que creció en un entorno que valoraba la igualdad— experimentó la dureza de la discriminación de estatus.


"Konrad me preguntó qué haríamos si un noble similar se convirtiera en director del orfanato o en Sumo Sacerdote", explicó Dirk, "y fue entonces cuando por fin lo entendí".


Durante toda una temporada, los nobles que quedaban en el orfanato se  negaron a cambiar, y eso había hecho que Dirk se diera cuenta de algo: pocos niños nacidos en la nobleza adoptarían alguna vez la perspectiva de los huérfanos.


"Wilma nos dijo que usted y lady Rozemyne dejarán el templo el próximo año. También mencionó que ella será comprada, y que lord Melchior se convertirá en el Sumo Obispo".


De hecho, muchas funciones importantes estaban a punto de cambiar de manos: el Sumo Obispo, el Sumo Sacerdote, el director del orfanato y el encargado del orfanato. Naturalmente, esta noticia había sembrado el pánico. Incluso los adultos conocidos por su compostura se pusieron frenéticos, lo que aterrorizó absolutamente a Dirk.


"Pensé en qué podía hacer para ayudar, pero no se me ocurrió nada. Lo mejor sería que se pusiera al frente a un buen noble que se preocupara por el orfanato, pero no hay muchos de esos para empezar, ¿verdad? No quiero que las cosas vuelvan a ser como antes..." Se volvió hacia su hermana. "Sobre todo porque Delia no puede dejar el orfanato".


El amor de Delia por su hermano era tan fuerte que una vez cometió un crimen por él. Con todo derecho, debería haber sido ejecutada junto al anterior Sumo Obispo, pero mi intervención convenció a Sylvester de que, en lugar de eso, se limitara a recluirla en el orfanato. Su vida cambiaría radicalmente si ocurría algo con la forma en que se estaban gestionando las cosas.


"Para que viva en paz, tanto el Sumo Obispo como el Sumo Sacerdote deben ser buenos nobles", concluyó Dirk.


"No hay ningún requisito para que el Sumo Obispo o el Sumo Sacerdote sean nobles", señaló Hartmut en voz baja. "Ambos cargos solían otorgarse a sacerdotes azules. No hay necesidad de que te conviertas en noble".


Dirk sacudió la cabeza. "Así era antes, pero nuestra actual Suma Obispa es miembro de la familia archiducal, y ahora los nobles visitan el templo con regularidad. Las cosas han cambiado. Sólo los nobles pueden mantener a raya a otros nobles, ¿me equivoco?".


"No, en absoluto. Un sacerdote azul no tendría ninguna posibilidad de resistirse a la voluntad de un noble a menos que él mismo fuera un noble".


Los antiguos asistentes que regresaron al orfanato tras la purga dejaron claro que existía una barrera infranqueable entre los sacerdotes azules y la sociedad noble. Y ahora que había niños nobles viviendo en el templo como aprendices de sacerdotes azules, trasladados allí por los crímenes de sus padres, un sacerdote azul común no tendría ningún medio de defensa.


"Quiero proteger los métodos que lady Rozemyne nos enseñó, y proteger el orfanato para que Delia y todos los demás puedan vivir tranquilos. Por eso necesito convertirme en noble, y luego en Sumo Obispo o Sumo Sacerdote".


No bastaba con querer convertirse en noble; Dirk lo entendía, y por eso  renunció a seguir ese camino. Pero ahora... tenía una oportunidad. Si superaba las pruebas y los retos que se le presentaban, sería bautizado realmente como noble.


"Yo... no puedo perder esta oportunidad." dijo Dirk.


Hartmut asintió. "En efecto, nunca más podremos esperar que tantos niños nobles entren en el orfanato, ni que el aub les proporcione herramientas mágicas para volver a la sociedad noble".


Sólo llegamos a nuestra situación actual gracias a una serie de acontecimientos improbables: la purga, nuestra determinación de salvar a los niños nacidos en la nobleza, la decisión de reponer nuestra dañada población noble lo antes posible y el acuerdo de la familia real de enviarnos herramientas mágicas. Lo más importante de todo es que todo esto había ocurrido ahora, antes del bautismo de Dirk. En muchos sentidos, ésta era realmente su única oportunidad.


"Sin embargo —continuó Hartmut—, parece que tu hermana, a la que tanto aprecias, se opone a que te conviertas en noble —señaló a Delia, que lloraba y sacudía la cabeza en señal de protesta.


Dirk parecía muy preocupado.


"¡Por favor, Dirk!", gimió Delia. "¡Reconsidéralo! Si te bautizan como noble, no podré verte más. ¡No podré llamarte familia! Por el resto de nuestras vidas, el estatus me obligará a tratarte sólo como mi superior. No me importa lo mal que se pongan las cosas aquí. ¡Sobreviviré, así que, por favor, no me dejes!".


Cada palabra que Delia gritaba me rompía un poco más el corazón. Fue como verme a mí misma sollozar por no querer que me separaran de mis seres queridos. Era muy consciente de lo angustioso que era no sólo que te separaran de tu familia, sino también que te prohibieran siquiera llamarlos familia en primer lugar.


Dirk... no lo hagas. Quédate a su lado. Ella realmente te quiere y se preocupa por ti. ¡Tener apoyo emocional es más importante de lo que crees!


En el fondo, yo también se lo pedía a gritos. Pero no podía expresar mis sentimientos; todo el mundo daría por sentado que le ordenaba que se quedara. Por si fuera poco, aunque fuera fácil olvidarlo, Hartmut estaba en plena realización de sus entrevistas. Yo había dicho una y otra vez que respetaría las decisiones de los niños, así que no debía entrometerme.


Tras obtener el permiso de Hartmut, Dirk se acercó a Delia y le acarició tiernamente el pelo carmesí. Ella se aferró a él todo el tiempo, rogándole que no se fuera.


"Delia", dijo Dirk, "tú fuiste quien me enseñó lo que lady Rozemyne nos dio y lo que hizo para cambiar el orfanato, ¿verdad? Me contaste cómo nos protegía de los nobles de alto rango y de los nobles de otros lugares".


Siempre estuve en guardia contra Delia cuando era mi asistente, ya que me había espiado abiertamente para Bezewanst. Nunca estuvimos nada unidas... pero según Dirk, sólo tenía cosas buenas que decir de mí.


Había fuego en los ojos castaño oscuro, casi negros, de Dirk, como si yo fuera su héroe personal. "Lord Hartmut siempre dice lo mismo que tú cuando visita el orfanato", dijo. "Nos cuenta lo increíble que es lady Rozemyne y lo mucho que trabaja por nosotros".


¡¿Perdón?! ¡¿Hartmut?! ¡¿Qué has estado haciendo en el orfanato?!


Giré la cabeza para mirarle. Asentía con una sonrisa de extrema satisfacción.


"Lord Hartmut dijo que lady Rozemyne se convirtió en la hija adoptiva del archiduque para proteger a la gente que le importaba. Quiero ser como ella. Quiero convertirme en noble para poder proteger a todos los que me importan aquí en el orfanato. Por favor, Delia. Necesito que lo entiendas".


Delia rompió a llorar. No quería separarse de su hermano, pero tampoco podía retenerlo por más tiempo. Estaba atrapada entre dos mundos y, mientras intentaba desesperadamente averiguar qué hacer, su agarre de Dirk se aflojó.


Dirk se zafó de los brazos de su hermana y regresó junto a Hartmut, sin mirar atrás ni siquiera cuando Delia le tendió la mano. "No quiero que se deshagan los cambios que lady Rozemyne hizo para el orfanato", dijo, con los ojos inquebrantables. "Por favor, lord Hartmut, conviértame en un noble".


Hartmut le devolvió la mirada. "Intentar aumentar tu maná con pociones reconstituyentes ya va a ser bastante doloroso, pero si eliges ser bautizado en el orfanato, incluso en el futuro, la mayoría de la gente asumirá que eres hijo de criminales. La sociedad noble no te mirará ni te tratará con amabilidad".


Dirk sería bautizado junto a los niños de la antigua facción de Verónica, y Sylvester se convertiría en su tutor. Los nobles los verían a todos como hijos de criminales, y los demás bautizados con él se burlarían casi seguro de él por ser plebeyo.


"Por encima de todo", continuó Hartmut, "lady Rozemyne no estará aquí para protegerte. Una resolución a medias no será suficiente para que te conviertas en un noble".


"Como huérfano, no habría expresado mi deseo sin estar completamente seguro".


Los ojos naranjas y castaños chocaron. Luego, tras una pausa, la expresión de Hartmut se suavizó en una sonrisa. "Muy bien. Consultaré al aub y te conseguiré una herramienta mágica".


Dirk se relajó por fin. Cruzó los brazos y se arrodilló, luego volvió a su hermana. "Eh, Delia...".


Ella levantó la vista y lo miró en completo silencio, con los ojos azules llenos de lágrimas. Dirk se había sentido tan seguro antes, pero la mirada inflexible de ella lo hizo vacilar.


"¿Estás enfadada...?"


"No responderé", dijo. "No a 'Delia'. ¡Llámame 'hermana'!".


"¡¿Quéee?!"


Delia hizo un mohín y se dio la vuelta por despecho, con la barbilla levantada como la viva imagen de la autoridad. "A partir de ahora y hasta que te conviertas en noble, no te responderé a menos que me llames 'hermana'. Este es tu castigo por tomar una decisión tan importante sin consultarme a mí —tu familia— primero. ¡Caramba! ¡Siempre imitas los peores rasgos de lady Rozemyne!".


"¡Son sus rasgos más geniales!"


"¡Hacer algo importante por capricho, sin avisar a nadie! Esa es definitivamente una de las peores. ¡Caramba! ¡Lady Rozemyne siempre ha sido así!"


Espera, ¡¿qué?! ¡¿Cree que es culpa mía?!


Sabía que Delia solo intentaba ocultar su vergüenza, pero no pude evitar sentirme expuesta. Mis caballeros guardianes se reían entre sí mientras ella enumeraba todas las cosas que había hecho en el pasado, mientras Dirk replicaba que mis acciones fueron, en última instancia, para bien. Era la clásica discusión entre hermanos.


"Me doy cuenta de que siempre ha tomado decisiones importantes por capricho, lady Rozemyne".


"Veo que no ha crecido desde antes de su bautismo".


"Oh, no, lo ha hecho", dijo Hartmut, sin intentar siquiera disimular su orgullo. "Su influencia se ha extendido inconmensurablemente y ahora envuelve a todo el país. ¿No es eso crecimiento?".


¡Eso no ayuda en lo más mínimo!


Mientras todos utilizaban la discusión de los hermanos como excusa para avergonzarme, Philine habló en voz baja: "Lady Rozemyne, ¿puedo hablar con Konrad?".


Le di permiso.


Philine se acercó a su hermano, con la reliquia de su madre en la mano. "Konrad, ¿tienes un momento?".


"Sí, hermana."


Philine asintió y luego le tendió la reliquia. "Esta es la herramienta mágica que madre dejó para ti. Lady Rozemyne ha accedido a darte las pociones reconstituyentes que no puedo preparar por mi cuenta. Puedes volver a ser un noble. ¿Quieres ser bautizado como mi hermano pequeño?".


Inclinó la cabeza hacia ella. "Aunque tenga pociones reconstituyentes, ¿cómo voy a ser noble sin dinero? Wilma nos dijo que los niños que reciban las herramientas mágicas del archiduque podrán tenerlo como tutor, pero eso no me incluirá a mí, ¿verdad?".


Los niños bautizados con el archiduque como tutor no tendrían que preocuparse de financiar su propia educación: cualquier dinero o recurso didáctico que necesitaran sería confiscado a los nobles purgados. Sin embargo, Konrad no recibiría este privilegio; no cumplió los requisitos de maná del archiduque.


Konrad continuó: "Siempre has dicho que sería muy caro reunir los materiales necesarios para asistir a la Academia Real. No creo que pudiéramos prepararlo todo. Costaría tanto que tendríamos que vender los cientos de hojas de papel que hacemos". Incluso él comprendía que, siendo menor de edad, Philine tendría dificultades para mantenerlo a la vez que se mantenía a sí misma.


"Konrad, si decides volver a ser noble, volveremos a casa. Es posible que las pertenencias de madre aún estén allí. Podríamos usarlas para mantenerte en la Academia Real".


Philine ya había comprado su propio material didáctico; si encontraba algo más en casa, Konrad podría asistir a la Academia con ella. Incluso sería posible utilizar su condición como mi ayudante para arrancarle dinero a su padre.


"Hermana, padre no se preocupa por mí, y fue porque lady Jonsara me quitó mi herramienta que no pude convertirme en noble en primer lugar. No quiero volver a esa casa".


"Sabes... esta es tu última oportunidad de convertirte en noble. No te darán más herramientas mágicas, ni tendrás aquí a lady Rozemyne para que te proporcione pociones reconstituyentes. Además, la vida como noble es muy diferente a la vida de sacerdote gris, ¿verdad?".


Konrad negó con la cabeza. "Guarda esa herramienta mágica para tu propio hijo".


Philine frunció el ceño, cerró los ojos y dejó escapar un melancólico suspiro. "Si decides no convertirte en noble, no habrá un futuro en el que podamos vivir como hermanos. Para que podamos pasar tiempo juntos, tendría que comprarte".


"¿Comprarme? Pero no te serviré de nada".


"Lo haría como un capricho, simplemente para poder pasar tiempo con mi hermano pequeño", dijo Philine. Luego, con una sonrisa, levantó cuatro dedos. "Tengo cuatro caminos por delante. El primero es dejarte en el orfanato, y darle mi nombre a lady Rozemyne para poder irme con ella. El segundo es quedarme en Ehrenfest hasta mi mayoría de edad, y luego dejarte en el orfanato para servir a lady Rozemyne. El tercero es volver a casa y apoyarte para que te conviertas en noble. Y el último, si decides no convertirte en noble, es quedarme aquí en Ehrenfest para estar contigo. Antes de poder elegir uno, debo conocer tus planes para el futuro".


"Yo...", se interrumpió Konrad, abriendo y cerrando la boca mientras se esforzaba por decidir si debía expresar sus verdaderos sentimientos.


Philine le dedicó una sonrisa preocupada. "Si no me lo dices, seguiré mis propios deseos egoístas".


"Quiero dedicar mi vida al orfanato. No quiero vivir contigo; quiero quedarme aquí con todas las personas que estuvieron a mi lado cuando más me dolía".


"Ya veo...", susurró Philine, bajando los hombros. "Gracias por decírmelo. ¿Y qué harás en el orfanato?".


"Quiero convertirme en un sacerdote azul como el hermano Frietack". 

Resultó que Konrad ya tenía una meta por la que trabajar. Quería ser como cierto Frietack: alguien que pudiera ganar dinero por sí mismo y mantenerse, que gozara de la confianza del Sumo Obispo y del Sumo Sacerdote, y que cuidara del templo en su ausencia. Lo valoraba tanto que incluso luché por recuperarlo cuando se lo llevaron durante la purga.


¿Konrad ve a Frietack como su modelo a seguir? Nunca lo habría imaginado.


Continuó: "Lutz, de la Compañía Plantin, dijo que necesitan más sacerdotes azules que sepan cómo funciona el taller. Eso es en lo que quiero convertirme. Además, hice una promesa con Dirk. Si él puede convertirse en noble, yo trabajaré para convertirme en un sacerdote azul que pueda mantenernos a los dos. Entonces podremos proteger el orfanato juntos". Había un brillo inconfundible en sus ojos verdes, que se parecían tanto a los de su hermana. "Si no te importa que exprese mis deseos egoístas, quiero que te quedes en Ehrenfest hasta que seas mayor de edad. Quiero que me ayudes a convertirme en sacerdote azul después de mi bautismo".


No sería tan caro como convertirse en noble, pero convertirse en aprendiz de sacerdote azul también costaría dinero. Konrad era un laynoble —y uno sin mucho maná, además—, así que no podría aportar mucho después de su bautismo. El ducado ofrecía subsidios en función de la cantidad de maná que aportaran los niños, así que necesitaría ayuda hasta que llegara el momento en que pudiera ganar lo suficiente para mantenerse por sí mismo.


"Mi cantidad de maná es tan baja que hasta mi propio padre me abandonó", dijo Konrad. "Creo que convertirme en sacerdote azul y apoyar a Dirk y a lord Melchior tendría mucho más sentido que intentar convertirme en noble". Había puesto sus miras en una vida en el templo que no implicara convertirse en noble. Quería ser sacerdote azul y mantenerse a sí mismo, no vivir como uno de los grises que podían ser fácilmente comprados y arrebatados.


"Está bien", respondió Philine con una sonrisa radiante, "me quedaré aquí en Ehrenfest hasta mi mayoría de edad, para cuidarte y ayudarte a proteger el orfanato". Era un alivio ver que cada uno eligió un camino que les haría feliz.


Ahora sólo necesitaba ayudar a Philine como su señora. Esto incluiría sentar las bases para que Elvira la apoyara, y solicitar la ayuda de la familia archiducal como máximas autoridades de Ehrenfest para garantizar que los nobles que visitaran el templo no causaran ningún daño.


¿Por dónde debería empezar...?


Mi humor se animó al ver a los dos hermanos. Konrad estaba contento de haber comunicado su deseo y de haber recibido la aprobación de su hermana. Parecía mucho más abierto con ella que antes.


"Hermana, dijiste que ahora los nobles asisten a reuniones con los comerciantes, ¿verdad? Quiero saber qué discuten, y las muchas formas en que lady Rozemyne ha participado".


"Muy bien, pero... ¿deseas asistir tú mismo a esas reuniones?".


No era propio de un sacerdote azul reunirse con comerciantes, pero Konrad parecía tan entusiasmado que no me atreví a decir nada. Por no mencionar que, si acababa convirtiéndose en un sacerdote azul que frecuentaba el taller, existía la posibilidad real de que la compañía Plantin le pidiera que asistiera para poder consultarle sobre diversos asuntos.


"Los comerciantes de la Compañía Plantin que visitan el taller me han estado enseñando sobre negocios, poco a poco", explicó Konrad. Luego, con los puños cerrados, declaró: "¡Quiero ser un negociador despiadado con alma de comerciante como lady Rozemyne!".


Uh, ¿Konrad...? ¿No es un objetivo bastante desordenado para tener?


"Un sacerdote azul capaz de negociar al nivel de lady Rozemyne..." Philine me miró y luego soltó una risita. "Vas a tener un camino largo y muy difícil por delante, Konrad".


"No cabe duda de que estabas serena cuando te enfrentaste a tu hermano", le comenté a Philine. A diferencia de lo confusa y angustiada que parecía al consultarme, se mostró tranquila y serena durante su conversación anterior con Konrad. Sin duda estuvo luchando contra una tormenta de emociones que se agitaban en su corazón, pero no lo había dejado traslucir.


Un rubor enrojeció las mejillas de Philine al responder: "Fue porque Damuel me regañó".


"¿Eh?"


"Ya me estaba costando mucho decidir qué quería hacer el año que viene, así que cuando surgió esta oportunidad de que Konrad volviera a ser noble, yo... me lancé sin pensarlo bien. Antes, Rihyarda y los demás resolvían estas cosas conmigo, pero ella y Brunhilde ya no están, y mi situación con mi hermano no es algo que se pueda discutir con los del castillo."


La mayoría de los nobles declararían simplemente que Konrad ya no era su hermano ahora que se encontraba en el orfanato, y que no había necesidad de que ella le diera más vueltas. Ese tipo de actitud no habría conducido a una discusión fructífera.


"Pensaba que era la única en quien podía confiar", continuó Philine, "pero Damuel me regañó por ello. Dijo que su responsabilidad sobre Konrad terminó en el momento en que entró en el orfanato, y que no debía molestarla con este asunto".


Todo el mundo me regañaba por "involucrarme demasiado con Philine" después de ir a su casa a rescatar a Konrad. Teniendo eso en cuenta, Damuel le explicó que no era razonable esperar aún más de mí.


"Ya está bastante ocupada preparando su mudanza; si elegiría convertir a Konrad en noble o llevármelo conmigo a la Soberanía era algo que tenía que decidir yo. Soy muy consciente de que, como mi señora, siempre será considerada con mis elecciones y mi futuro, y pensará las cosas por mí si la consulto... pero no debo depender tanto de usted. No es la tutora de Konrad como lo es de mí, y no debería pedir aún más ayuda con un huérfano".


Damuel le dijo a Philine las opciones que tenía y el apoyo que podía esperar recibir, pero ante todo, le había dicho que debía preguntarle a Konrad qué quería hacer.


¡Santo cielo! ¡¿Desde cuándo Damuel se volvió tan genial?!


"Me dijo que si mi corazón estaba decidido a hacer de Konrad un noble, me propondría matrimonio y me apoyaría como mi prometido".


"¡¿Qué?! ¡¿Te propuso matrimonio?!"


"Fue más un ofrecimiento para ayudarme que una propuesta formal: una forma de ampliar mis opciones". Sonrió tímidamente y continuó: "Pero pensé que depender de Damuel sería aún más inaceptable que depender de usted. Él siempre me ayuda cuando más lo necesito, pero ha llegado el momento de que deje de ser una chica lastimosa que siempre debe ser protegida. Si voy a caminar a su lado, prefiero hacerlo con la cabeza bien alta. Por eso, elegí el camino que no lo obligará a ofrecer más ayuda de la razonable".


Desde luego, Damuel no aparecía en ninguno de los caminos que Philine le mencionó a Konrad. Sin embargo...


¿No haría eso que Damuel asumiera que ella lo rechazaba?


"Cuando sea una mujer independiente, le propondré matrimonio utilizando el método del que me habló Clarissa", declaró Philine.


Miré a través de la habitación a Damuel, que estaba de espaldas a nosotros. ¿Debería advertirle de lo que está por venir? Realmente espero que te gusten los cuchillos, Damuel. 




Capítulo 7: Preparación de papel fey

Después del desayuno y mientras practicaba el harspiel, llegaron mis ayudantes procedentes del castillo. Mis caballeros guardianes se intercambiaron y empezamos a repasar nuestros planes para el día.


"La conversación de esta tarde con Benno va a ser confidencial, así que tengo intención de celebrar nuestra reunión en mi habitación oculta", le dije. "Damuel, si me haces guardia".


"¿Y su erudito, lady Rozemyne?", preguntó Hartmut con una sonrisa.


No pude evitar dudar. Para proteger mis secretos, tendría que elegir a un ayudante que haya dado su nombre, pero... ¿era Hartmut realmente mi única opción? Él rebosaba entusiasmo, y todos los demás apartaban la mirada, así que eso parecía.


"Ngh... Puedes venir, Hartmut."


"Como desee".


Fran y Monika pasaron la mañana asegurándose de que mi habitación oculta estuviera lista para su uso, mientras yo avanzaba en el traspaso y otros trabajos en los aposentos del Sumo Sacerdote. Melchior y sus ayudantes estaban allí conmigo, así que discutimos el futuro del orfanato. Como una de mis muchas obligaciones era servir como directora del orfanato, dije que Melchior debería elegir a uno de sus ayudantes para que me sustituyera. Él recibió esta noticia con una expresión realmente preocupada.


"El director del orfanato... El Sumo Sacerdote es un papel bastante razonable para ocupar, ya que sus deberes se asemejan al trabajo de erudito, pero el director del orfanato tiene que cuidar a niños plebeyos, ¿verdad? Eso puede estar más cerca del trabajo de asistente, pero sigue siendo tan único que no estoy seguro de que un año sea tiempo suficiente para completar el traspaso. Ah, y mi séquito sigue siendo bastante pequeño... Creo que una chica se adaptaría mejor al puesto".


Los ayudantes de Melchior eran en su mayoría hombres, como era de esperar, y la mayoría consideraba que dirigir una institución de huérfanos quedaba fuera de su ámbito de trabajo. Mirando a su alrededor, parecía que también se oponían a contratar a una asistente mujer para este fin.


Comprendía que las apariencias eran importantes, pero esto era preocupante. Pensé en darle a Melchior una de mis asistentes, pero parecía poco probable que aceptara a Monika o a Niccola.


Tampoco será fácil cambiar su mentalidad... ¿Qué hacer?


"La mayoría de los residentes del orfanato no tienen maná", dije, "pero ahora los niños de la antigua facción de Verónica están entre sus ellos. También hay que tener en cuenta el taller de imprenta, así que, a diferencia de antes, creo que un miembro de la familia archiducal debería asumir el papel".


El director del orfanato tendría que criar a los niños y tratar con quienes quisieran comprar a los grises profundamente implicados en la industria de la imprenta, por lo que el puesto tendría que recaer en un ayudante archiducal o en alguien que pudiera reportar fácilmente al aub.


"Podríamos pedírselo a uno de los ayudantes de Charlotte o de Brunhilde...", empezó Melchior, y luego sacudió la cabeza. "Oh, pero Charlotte va a estar ocupada hasta después de que mamá dé a luz, y Brunhilde aún sólo está prometida... Hermana, ¿vas a dejar algún asistente aparte de Brunhilde?".


Di una palmada y me volví hacia Philine, que estaba trabajando cerca de mí. Como una de mis ayudantes y alguien acostumbrada al papeleo, era la candidata perfecta.


"Philine, ¿serías tú la directora del orfanato?", le pregunté.


"¿Yo?"


"Deseas proteger a Konrad durante los próximos tres años hasta tu mayoría de edad, ¿correcto? El puesto te vendrá bien, entonces. Has visto mi trabajo de cerca y ya tienes las habilidades necesarias. Además, como directora, recibirás una asignación monetaria; supongo que querrás una fuente de ingresos estable una vez que yo me haya ido".


Philine recibía un salario como aprendiz, pero también ganaba dinero trabajando en el templo y vendiéndome sus transcripciones. En otras palabras, mi marcha afectaría enormemente a sus ingresos. Tenía la suerte de que Elvira iba a cubrir su alojamiento y manutención, pero necesitaría más dinero para cubrir todo lo demás.


"Te propongo que seas la directora del orfanato durante tres años, durante los cuales formarás a tu sustituto", le dije. "Hablaré con el aub y los demás sobre esto".


Philine había ido innumerables veces al orfanato y allí podría ver a Konrad. También confiaba en que trataría bien a los niños y elegiría cuidadosamente a su sucesor.


"Pero no he preparado los aposentos ni nada por el estilo...", murmuró.


"Todos los muebles que actualmente se encuentran en los aposentos de la director del orfanato permanecerán allí. También tengo la intención de dejar a Nicola contigo, así como a Fran o a Zahm. Por supuesto, lo harías como un favor hacia mí, así que a cambio cubriré tus gastos durante tres años". En circunstancias normales, no tendría motivos razonables para dar fondos extra a Philine, pero asignarla como directora del orfanato era la excusa perfecta.


"Muy bien", dijo. "Acepto este deber".


"Tener a una de tus ayudantes como directora del orfanato suena bien, hermana", dijo Melchior. "Philine, si también pudieras ayudarme cuando vengas al templo, te lo agradecería mucho. No creo que un año sea tiempo suficiente para completar el traspaso".


Philine sonrió y asintió.


Yo también sonreí. "Por supuesto, Melchior, la ayuda de Philine tendrá un coste. Haré un formulario detallando las tareas que llevará a cabo y la compensación que deberá recibir por su tiempo. También querrás compensar a tus propios ayudantes, ya que les estás pidiendo que hagan más de lo que les corresponde. Yo ya estoy pagando a los míos".


Mientras hinchaba el pecho, satisfecha, los ayudantes de Melchior miraban expectantes a su señor.


Después de comer, me dirigí al despacho de la directora del orfanato con mis tres ayudantes. Era la primera vez que Hartmut visitaba la habitación oculta, así que estaba absolutamente encantado. Damuel nos miraba de reojo, sin duda se dió cuenta del ligero cansancio que tenía. Angélica vigilaba la puerta, como siempre.


Mientras sorbía el té que Fran me sirvió y comía uno de los dulces que Nicola había preparado, Benno y Mark entraron en mis aposentos. Intercambiamos saludos y luego entramos en mi habitación oculta. Era algo bastante habitual... con una excepción muy poco común.


Los ojos de Benno se movieron cautelosamente hacia Hartmut; luego preguntó si todo iba bien. No estaba seguro de poder hablar abiertamente, ya que Fran, Damuel y Gil eran los únicos de mi servicio que normalmente entraban en esta habitación oculta.


"Hartmut me dio su nombre, así que no hay nada de qué preocuparse", le dije. "No puede desobedecerme, así que simplemente le ordenaré que mantenga en secreto todo lo que ocurra aquí".


"Estoy encantado de que por fin haya aceptado mi nombre, lady Rozemyne", intervino Hartmut, rebosante de entusiasmo. "Ha sido mi deseo entrar en esta sala oculta desde que descubrí que usted celebra aquí algunas de sus discusiones más importantes".


Benno nos observaba con una sonrisa inestable. Me di cuenta de que quería marcharse y de que el pensamiento más apremiante en su mente en este momento era probablemente "no puedo creer que aceptaras el nombre de alguien así".


No lo habría hecho, pero él insistió mucho.


"Por favor, lady Rozemyne, no sienta que tiene que guardarse nada porque yo esté aquí", dijo Hartmut. "Ya sé que es una antigua plebeya, que Gunther es su padre y que conoce a Benno desde antes de entrar en el templo".


Lo miré fijamente, completamente desconcertada. La expresión de Benno era igualmente rígida.


Y continuó: "Pude determinarlo simplemente escuchando a los plebeyos en el taller y el orfanato, y eliminando las contradicciones a medida que surgían. Lord Ferdinand acabó por confirmar la exactitud de mis conclusiones. Así que pueden hablar lo que quieran. No me presten atención".


"¡¿Perdón?!", exclamé. "¡¿Cómo puedes decir todo eso y luego esperar que actúe como si nada?! ¡¿Soy la única que no sabía nada de esto?! ¡¿Damuel, tú lo sabías?!".


Parecía igual de sorprendido, y negó frenéticamente con la cabeza en el momento en que nuestras miradas se cruzaron. "No, esto también es nuevo para mí".


Hartmut esbozó una sonrisa despreocupada: "Pensé que revelar mi conocimiento de su pasado antes de dar mi nombre la inquietaría, lady Rozemyne". No quería que me preocupara por cómo mantenerlo en silencio, cuál podría ser el impacto en la ciudad baja y qué haría si la verdad se extendía a otros nobles.


"Hartmut, ¿se lo has dicho a alguien más...?", pregunté.


"Jamás haría tal derroche. Fueron necesarias innumerables visitas al taller y al orfanato para que los que allí trabajaban bajaran la guardia en torno a mí. Luego, dediqué mi tiempo a extraer cuidadosamente partes de información valiosa de sus banales comentarios. Nunca me revelaban nada sin más, así que me vi obligado a ir desmenuzando poco a poco las pequeñas contradicciones que surgían y a sacar mis conclusiones finales a partir de ahí. Como ya he dicho, luego confirmé mis sospechas con lord Ferdinand, aun a riesgo de ser ejecutado en el acto. ¿Por qué iba a revelar una información tan valiosa cuando fui yo quien trabajó tan duro para descubrirla?".


Hartmut me miraba como si le hubiera hecho la pregunta más obvia del mundo, y eso no hizo más que confundirme aún más. Las cosas empeoraron cuando le pregunté por qué se tomó tantas molestias en primer lugar. Según sus palabras, quería averiguar por qué atesoraba a Damuel como uno de mis ayudantes. ¿De verdad trabajó tan duro para enterarse de algo que iba a guardarse enteramente para sí mismo?


"Ngh... Ya estoy agotada."


Gracias a Hartmut, me agoté antes de que pudiéramos empezar a hablar. Dejé caer los hombros, lo que hizo que Benno, que estaba sentado frente a mí, se incorporara.


"Entonces, ¿qué hemos venido a discutir?", preguntó. "Para que nos hayas convocado aquí cuando los comerciantes de otros ducados podrían llegar en cualquier momento, algo drástico e inesperado debe de haber ocurrido. ¿Hubo algún incidente durante la Conferencia de Archiduques?" Sus ojos rojo oscuro se entrecerraron como si quisieran decir: "Date prisa. Estoy ocupado".


Su suposición era correcta; ocurrió algo drástico e inesperado. Yo también enderecé la espalda y dije: "Todo lo que quiero que sepa el maestro del gremio está escrito aquí, en esta carta". Presenté la correspondencia en cuestión. "El asunto que quiero tratar contigo, Benno, debe quedar entre nosotros".


"Eso se daba por hecho desde el momento en que entramos en esta habitación", dijo Benno. Tomó la carta, se la entregó a Mark y luego se volvió hacia mí, esperando mis siguientes palabras.


"Aunque no puedo revelar las circunstancias exactas... dentro de un año tendré que abandonar Ehrenfest".


"¿Un año...? Ya tenemos las reformas de Groschel en otoño, y la apertura de una segunda tienda de la empresa Plantin... ¿y ahora quieres que nos vayamos contigo a otro ducado la próxima primavera?" Hacía todo lo posible por mantener una expresión neutra, pero yo notaba que quería gritar: "¡¿Intentas matarme?!".


Negué frenéticamente con la cabeza. "En absoluto. Sólo tengo tanta influencia sobre la industria en Ehrenfest gracias al permiso del aub. En otros lugares, a los menores de edad no se les pueden confiar estos asuntos, así que los que tienen que ver con la industria gráfica no se moverán hasta dentro de tres años, cuando yo sea mayor de edad. Antes de eso, debo confirmar el estado de mi destino, prepararme para establecer allí tiendas y talleres, y...".


Benno levantó una mano para interrumpir mi explicación, luego se cruzó de brazos y me dedicó una sonrisa exasperada: "En otras palabras, debemos prepararnos para irnos dentro de un año".


"¿Eh? No. Dije tres años porque..."


"Los plazos que nos das siempre se acortan de repente. Si planeamos tenerlo todo hecho en tres años, nunca acabaremos a tiempo".


"¡¿Qué...?! ¡Benno, eso es muy mezquino!" Le fulminé con la mirada. "¡Estoy diciendo que no ocurrirá antes de que sea mayor de edad!".


Se burló. "No tiene nada de mezquino; hablo por experiencia. ¿Te llevarás a todos los Gutenberg? Cuando un miembro de la familia archiducal deja su ducado para vivir en otro lugar, su personal se va con él, ¿no?".


"Estaría bien que vinieran todos conmigo, pero no me gustaría obligar a nadie. Me voy a un lugar lejano, y no serán bien recibidos del todo. Es posible que no pueda trabajar con ustedes directamente como ahora, y llevarme a todo el mundo ralentizará el crecimiento de la industria gráfica de Ehrenfest".


No quería llevarme a todos los Gutenberg cuando acababan de terminar de formar a sus sucesores.


"Sin embargo", continué, "sí quiero un taller de imprenta allí donde voy. Por eso, una vez hechos los preparativos, pediría a los Gutenberg que me visitaran al menos una vez al año, como han estado haciendo. También tengo intención de llevarme a un selecto grupo de personas antes de que pasen los tres años, entre ellos a Tuuli, de la Compañía Gilberta, y a mi Renacentista, del Gremio de Tintoreros. Ah, y por favor, informa a todos de que quienes me acompañen tendrán la oportunidad de traer a sus familias, si así lo desean."


"Entendido."


"En cuanto a mis cocineros, deseo traer a Ella y a Hugo. Sus familias son bienvenidas también, pero ¿podrían hacerse los arreglos sigilosamente? Ella está actualmente de descanso por su embarazo".


Seguí diciendo que los aprendices de cocinero que vinieran de la ciudad baja a formarse utilizarían los aposentos de Philine. Luego continué: "La cocina no debería encontrar ningún problema mientras Niccola esté allí. Voy a financiar los aposentos del director del orfanato durante los tres años que faltan para que Philine alcance la mayoría de edad, así que podemos esperar que las cosas sigan como están".


"Ya veo", respondió Benno. "¿Quién se encargará del taller de Rozemyne? La imprenta es una industria del ducado, así que no podremos comprar el taller nosotros mismos, ¿verdad?".


De hecho, la compañía Plantin no podría poseer y explotar el taller al estar situado en el orfanato del templo como parte de una industria del ducado.


"No debería involucrarme", dije, "pero creo que al asignar a Gil a Philine y luego mantener las cosas como están debería bastar para los próximos tres años".


"¿Y después de eso...?"


"El puesto de director del orfanato debería recaer en un ayudante archiducal o tal vez incluso en mi madre. Sólo podemos esperar que formen a sus eruditos lo suficientemente bien durante los tres años que se les conceden. Parece que Dirk y Konrad aspiran a convertirse en un noble y un sacerdote azul que puedan proteger el orfanato y el taller, así que recomendaría enseñarles mientras tengan la oportunidad". Me aseguré de mencionar que Konrad quería específicamente convertirse en un sacerdote orientado al comercio.


Los labios de Benno se curvaron en una sonrisa divertida. "Dime, si pretendes trasladar a los Gutenberg, ¿qué pasará con Gil y los demás sacerdotes grises?".


"Dentro de tres años, cuando me mude, pienso comprarlos como empleados para un nuevo taller de impresión y pedirles que se unan a mí junto a Philine. También compraré a Niccola en ese momento".


En resumen, todo el mundo encajaba en uno de estos tres grupos: los que se quedaban atrás, los que venían conmigo y los que se unirían a mí después de tres años. Tendría que hablar de cada individuo con Sylvester y asegurarme de que nadie fuera comprado por nadie más. Si explicaba que algunos de ellos se quedaban atrás para que la industria no se hundiera y jugaba bien mis cartas durante las negociaciones con los demás, estaba segura de que podría arreglármelas.


"Hmm." Benno asintió. "Ahora entiendo cómo pretendes movilizar a tu personal y llevar a cabo el traspaso. Una vez que los Gutenberg regresen de Kirnberger, puedes confiar en mí para sentar todas las bases necesarias. Ahora..." Me miró atentamente. "¿Está la compañía Plantin incluida entre el personal que necesitas que vaya contigo?".


Elvira me había dicho que manifestara mis deseos sin rodeos. Y como ni Hartmut ni Damuel podían verme la cara desde donde esperaban detrás de mí, le dediqué a Benno una sonrisa provocativa, como siempre lo hice hacía tanto tiempo.


"Naturalmente, estaría encantada de que la compañía Plantin me acompañara. Su presencia me animaría, y haría que recibir a los Gutenberg dentro de tres años fuera mucho más fácil. Sin embargo, como esperaba, actualmente están ahogados de trabajo. Que puedan venir dependerá de tu habilidad".


"Jojo... ¿Mi habilidad, dices?" Benno sonrió en respuesta, dejando claro que aceptaba mi reto. Primero, sin embargo... necesitaba encargar papel de trombe.


"Como supongo que no será un traslado fácil, cooperaré llevando riqueza a tu tienda. Tengo un pedido considerable para ti: véndeme todo el papel no inflamable  que tengas".


"¿Papel no inflamable? ¿Y... todo?"


"A petición de lord Ferdinand, deseo al menos trescientas hojas."


Ni siquiera el papel de trombe era lo bastante bueno como para calificarlo de "máxima calidad". Tendríamos que investigar más y volver a la elaboración para mejorarlo aún más. A menos que actuáramos rápido, no acabaríamos a tiempo.


"Pretendo que nuestros talleres se centren en fabricarlo", dije, "así que si tienes existencias, me las llevaré todas. Cuanto antes, mejor".


"Todas nuestras existencias...", murmuró Benno. "¿Podrás pagar inmediatamente?".


"Por supuesto. Tengo los fondos que lord Ferdinand dejó". Técnicamente no era mi dinero, pero no veía problema en usarlo por su bien. Además, no era como si no tuviera mis propios ingresos.


"En cuanto volvamos a la tienda, comprobaré nuestras existencias y le pediré a Mark que entregue todo lo que tengamos", dijo Benno. Tenía sentido que confiara un pedido tan grande a su mano derecha.


Me volví hacia Mark, que estaba de pie detrás de Benno, y le di las gracias. Él asintió en respuesta, luciendo su habitual sonrisa tranquila.


Una vez terminada mi discusión con Benno, Hartmut empezó a quejarse de que envidiaba a aquellos en quienes yo confiaba tan fácilmente. Le respondí que él también tenía mi confianza, y que podía reforzarla entrenando a Melchior y a sus ayudantes, e inmediatamente empecé a empujarlo hacia los aposentos del Sumo Sacerdote.


A continuación, al regresar a los aposentos del Sumo Obispo, les dije a todos en términos inequívocos que Philine iba a convertirse en la directora del orfanato una vez que yo me hubiera ido, y que Monika y los demás pasarían a servirla. Mis asistentes del templo se sintieron evidentemente aliviados al oír que mi sustituta sería una noble con la que ya estaban familiarizados.


"Monika será tu asistente", le dije, "y le asignaré a Lily la supervisión del orfanato una vez que Wilma se haya ido. Ahora bien, Philine... Sólo tienes un año para prepararte; medio año, si restamos el tiempo que vamos a pasar en la Academia Real. Empecemos el traspaso cuanto antes".


Le pedí a Monika que reuniera los documentos relacionados con la gestión del orfanato y los apilara delante de nuestra futura directora. Luego continué: "Los documentos que tienes ante ti detallan el flujo de recursos del orfanato durante el año pasado; como su nueva directora, tendrás que entender cuánto dinero requiere cada temporada. Debo señalar que este año se han producido algunas circunstancias inusuales con los niños de la antigua facción de Verónica y los fondos del aub. Monika, tenlo en cuenta cuando guíes a Philine en esto".


"Entendido, lady Rozemyne."


Philine se quedó mirando atónita la montaña de documentos, pero sólo por un momento; rápidamente se recompuso y cogió la pizarra que había encima de la pila. Monika se inclinó para leerla también, y juntas empezaron a examinarla.


"Fran", le dije, "por favor, prepara algo de té para Mark, así como el pago que se le dará a su regreso".


"Entendido."


Cuando abrí mi habitación oculta —donde guardaríamos el papel trombe que Mark trajo—, un ordonnanz entró volando y se posó en mi brazo. "Ha pasado algún tiempo, lady Rozemyne", dijo. "Soy Brigitte de Illgner. Hemos preparado su papel fey y estamos listos para teletransportarlo al castillo cuando lo desee. ¿Qué fecha sería la ideal? También le pediríamos que nos enviara el pago y las piedras fey para cubrir el teletransporte con las cajas que le proporcionaremos".


Prácticamente podía sentir cómo me brillaban los ojos. ¡Su sincronización no podía haber sido mejor!


"Lady Rozemyne", intervino de pronto Roderick, "para esta investigación, sería mejor que utilizáramos el taller del castillo".


"¿Y por qué...?", pregunté, ladeando la cabeza hacia él.


"Clarissa no puede entrar en el del templo, por lo que armaría un enorme alboroto si realizáramos allí nuestro trabajo. También creo que la elaboración de pociones avanzará mucho más rápido con el apoyo de dos archieruditos ricos en maná, y el castillo nos dará acceso a quienes realizaron el año pasado la investigación conjunta con Drewanchel, como lord Ignaz y lady Marianne".


El deber de mis eruditos era elaborar pociones en mi lugar —o al menos apoyarme cuando lo hacía yo—, así que Clarissa se volvería completamente loca si la dejáramos fuera. Roderick expuso unos argumentos excelentes, pero yo no podía estar de acuerdo de inmediato.


"No puedo decir que me entusiasme la idea de preparar pociones en el castillo. ¿No están todos allí inmensamente ocupados en este momento? Supongo que causaría bastante alboroto si la gente se enterara de que estoy elaborando material para Ferdinand".


"Lady Rozemyne, ahora tiene dos talleres, ¿no es así?", señaló Damuel. "Sugeriría elaborar pociones en su biblioteca. Clarissa puede acompañarla allí".


Aplaudí. El taller de mi biblioteca permitiría a Clarissa elaborar brebajes sin someterme a mí también a un sinfín de interjecciones no deseadas. También sería un buen lugar para buscar otros ingredientes.


Envié una respuesta a Brigitte pidiéndole que enviara el papel mañana a la tercera campanada, luego envié un ordonnanz a Lieseleta en el castillo informándole de la situación y pidiéndole que preparara el pago, algunas piedras fey y las personas necesarias para cargar el papel en mi bestia alta. También envié un ordonnanz a Lasfam indicando mis intenciones para la biblioteca en los próximos días.


Era poco antes de la sexta campanada, el final de la jornada laboral, cuando Mark entró en la habitación con una caja en los brazos. La empresa Plantin reunió las existencias de papel trombe que le quedaban. Le pedí a Fran que me confirmara cuántas hojas había y le di a Mark el pago correspondiente: cinco grandes oros. Mis ayudantes estaban aturdidos al verme entregar tanto, pero eso no me importaba.


Hice que Fran y Zahm llevaran el papel a la habitación oculta, y luego les pedí que comprobaran si en el taller había alguno para que yo lo comprara. Necesitaba todo lo que pudiera tener en mis manos ahora mismo.


"Roderick, cuando vuelvas al castillo, pregunta a los ayudantes de Wilfried y Charlotte si queda algún papel fey de nuestra investigación conjunta con Drewanchel. Mañana compraré los que tengan".


Al día siguiente, trasladé el papel fey almacenado en el templo a mi Pandabus, y luego volé al castillo como estaba previsto. Lieseleta ya había recogido el papel de Illgner, que luego añadió a nuestras existencias. Desde allí, fui a mi biblioteca con Clarissa y Hartmut —más mis caballeros guardianes, por supuesto— para apoyar su elaboración.


"Buenos días", le dije a Lasfam.


"Lady Rozemyne. Hace tiempo que esperaba su regreso", respondió con una sonrisa. "Adelante; el té está preparado".


Decidí tomarme un breve descanso mientras los asistentes traían el papel de mi bestia alta. Mientras sorbía mi bebida, Lasfam me entregó un bloqueador de sonido y luego me pidió más información sobre Ferdinand y las condiciones que había negociado para él.


"Lord Ferdinand se lo confió todo a usted, lady Rozemyne, así que ¿por qué de repente se ha puesto al mando el aub?", inquirió. "¿Podría pedirle una explicación?".


Hartmut y Clarissa aún tenían que dejarlo todo listo antes de preparar pociones, así que tuvimos tiempo de sobra para charlar. Le expliqué los rumores sobre mi relación con Ferdinand que se habían extendido entre los nobles, y la opinión general de que era extraño que yo cuidara de sus pertenencias cuando no era su pariente ni estaba aún bajo su tutela. Para remediarlo, el castillo acordó empezar a supervisar su equipaje, aunque yo seguiría en posesión de la finca y su llave. También mencioné que debido al fallecimiento de aub Ahrensbach, la boda de Ferdinand y Detlinde se retrasó un año, y que yo negocié con la familia real para asegurarle a Ferdinand tanto una habitación oculta como la garantía de que no sería castigado por asociación.


Por último, mencioné el motivo de nuestra visita a la finca: iba a utilizar los ingredientes que estaba reuniendo para hacer papel fey de la máxima calidad para Ferdinand, a petición suya, por supuesto.


"Y así", concluí, "estará recibiendo una habitación oculta en Ahrensbach".


"Eso es maravilloso", dijo Lasfam, todavía con una sonrisa mientras me elogiaba. "Después de todo, aquí en esta finca, lord Ferdinand pasaba más tiempo en su taller que en cualquier otro lugar".


"Así es. Por favor, reúne los utensilios e ingredientes que debemos enviarle y mándalos al castillo. El aub los llevará consigo cuando visite Ahrensbach para el funeral de verano".


"¿Cuántos libros de la biblioteca quiere que incluya?".


"Ninguno. Todos los libros de la biblioteca me pertenecen ahora". Lasfam recibió mi negativa inmediata con los ojos muy abiertos, así que continué rápidamente: "Aunque... no me importaría que le enviaras transcripciones hechas por ti. Supongo que Ferdinand necesitará sus documentos de investigación y similares".


Lasfam me miró y sonrió. "Mi intención no era quitarte lo que le pertenece por derecho. Una parte de los libros de la colección de lord Ferdinand se los regaló Heidemarie; simplemente pensé que Eckhart apreciaría la oportunidad de volver a verlos".

"Oh, ya veo. No sé mucho de Heidemarie, por desgracia". Entendía que era la difunta esposa de Eckhart, pero eso era todo; nadie pareció dispuesto a decirme nada más. Según Lasfam, ella estuvo en una situación similar a la de Philine; hubo una segunda esposa apoyada por la facción de Verónica que se apoderó de su casa.


Y continuó: "Cuando esta esposa empezó a vender y empeñar muchas de las pertenencias de la casa, Heidemarie tomó todos los libros que quedaban en su biblioteca y se los llevó a lord Ferdinand. Dejó claro que no entregaría los valiosos conocimientos de su casa a la facción de Verónica, y en su lugar le ofreció los libros a él."


Instintivamente miré hacia la biblioteca. ¿Cuántos de los libros que había allí pertenecieron a Heidemarie? Por encima de todo, sin embargo, agradecí sinceramente que ningún libro valioso hubiera acabado desechado por descuido.


"Eckhart siempre se mantuvo alejado de la biblioteca porque le recordaba a Heidemarie", dijo Lasfam, "pero creo que las heridas de su corazón han cicatrizado desde entonces. El año pasado entró y contempló con cariño sus libros".


"Ya veo..."


Cuando se hizo el silencio, Clarissa entró en la habitación, señal de que estaba lista para elaborar pociones. "Me alegro mucho de tener por fin esta oportunidad de hacer un trabajo erudito para usted, lady Rozemyne", dijo, instándome hambrientamente a levantarme. "Anoche mismo estuve repasando la investigación conjunta con Drewanchel y viendo qué podía mejorar".


Lasfam nos observó con una expresión que parecía nostálgica. "Lady Rozemyne, ¿cuánto tiempo se quedará en el taller?", preguntó.


"Bueno... necesito tener listas muestras del papel fey de 'máxima calidad' antes del funeral, además necesitaré confirmar que Ferdinand está bien, así que... espero quedarme en el taller varios días". Eso pareció preocupar a Lasfam, así que rápidamente añadí: "No temas... a diferencia de Ferdinand, haré pausas de buena gana para comer y esas cosas".


Lasfam esbozó una sonrisa irónica y asintió: "Entendido".




Capítulo 8: Fabricando papel de máxima calidad

Después de echar un vistazo al papel y las herramientas alineadas sobre la mesa del taller, me volví hacia Hartmut y Clarissa y les dije: "¿Empezamos?" Nuestra primera tarea era comprobar los elementos y la calidad de nuestros ingredientes, cosa que empecé a hacer con algunas de las herramientas que Ferdinand había dejado. Mi plan actual era ver cuánto podíamos mejorar el papel effon y nanseb mediante la experimentación antes de trabajar en el papel trombe, más raro.


Para que quede claro, "máxima" no era un calificativo arbitrario que Ferdinand hubiera utilizado para enfatizar. Más bien, los ingredientes se dividían estrictamente en niveles de función en una serie de criterios que podían medirse objetivamente. Para empezar, había calidad máxima, calidad alta, calidad normal y calidad baja, y Ferdinand sólo quería papel de calidad máxima. Cabe señalar que un mismo ingrediente o material podía clasificarse en diferentes niveles en función de los criterios utilizados; un ingrediente de calidad máxima en términos de capacidad de maná no tendría por qué ser de calidad máxima en términos de afinidad elemental. Lo que Ferdinand quería aquí era papel fey de calidad máxima en términos de capacidad de maná.


Clarissa continuó: "Lord Ferdinand no especificó qué materiales debíamos usar para hacer su papel, así que ¿por qué no usar piel de bestia fey, como es costumbre? Eso simplificaría mucho este proceso".


De hecho, el pergamino hecho con piel de bestia fey era muy superior a todo lo que habíamos preparado, incluso al papel trombe. Era del tipo en el cual se dibujaban círculos mágicos para apoyar la elaboración de herramientas y la magia, por lo que su proceso de producción se enseñaba en la Academia Real. Sin embargo, eso no significaba que fuera fácil de hacer; se necesitaban ingredientes de una calidad especialmente alta para utilizar el papel en un hechizo avanzado, y para obtener esos ingredientes, había que conseguir una bestia fey lo bastante fuerte y recolectar su piel.


"La piel de bestia fey sería ideal si nuestro objetivo fuera simplemente mejorar la calidad de nuestro papel, pero Ferdinand pidió al menos trescientas hojas", dije. Había abundancia de materiales en su taller, pero ni siquiera esos serían suficientes. "Si recogiéramos la piel nosotros mismos, ¿cuántas bestias fey peligrosas necesitaríamos capturar? Mientras Ferdinand reciba papel de máxima calidad, no creo que le importe qué materiales usemos".


Hartmut asintió. "Una vez que se mata una bestia fey, su piel desaparece junto con todo lo demás. Reunir una cantidad masiva de material sería cualquier cosa menos sencillo. Incluso si todos los caballeros guardianes de Lady Rozemyne se movilizaran, dudo que pudiéramos conseguir suficiente a tiempo".


"Creo que podría arreglármelas", respondió Clarissa, con sus ojos azules ardiendo de determinación. No me  sorprendió saber que los eruditos de Dunkelfelger también iban de caza.


Tres años habrían bastado para que Clarissa adquiriera poco a poco suficientes materiales, pero no cuando estábamos tan ocupados con el trabajo de entrega. Podía adivinar que Ferdinand me hizo esta petición porque sabía que nuestra única opción era mejorar nosotros mismos la calidad de nuestro papel de árbol fey.


"Aun así, trescientas hojas de máxima calidad...", murmuró Clarissa. "Me pregunto, ¿cómo piensa utilizarlas Lord Ferdinand?".


"Una persona normal probablemente las usaría con extrema moderación", respondí, "pero hablamos de Ferdinand. Espero que las use sin escatimar para facilitar su elaboración".


No podía ni imaginarme por qué Ferdinand necesitaría tanto papel, pero recordé que había utilizado toneladas cuando mezclaba. A estas alturas ya era consciente de que no se podía confiar en que mezclara con sentido común.


"Por ahora", continué, "centrémonos en mejorar la calidad del papel que tenemos con nosotros, utilizando como base nuestra investigación conjunta con Drewanchel".


Empezamos a eliminar las impurezas de maná del papel y a mezclar ingredientes de alta calidad del mismo elemento, con la esperanza de ver alguna mejora. Nos costó más intentos de los que me importaba contar, pero el papel de effon y nanseb acabó pasando de ser de baja calidad a ser normal.


"Pero esto todavía no es lo bastante bueno...", suspiré. Habíamos preparado el papel una y otra y otra vez, pero mejoraba a paso de tortuga lo que comenzó a molestarme. Hasta ahora, sólo utilizaba recetas que Ferdinand perfeccionó a través de una amplia experimentación o que Raimund ya había mejorado en mi lugar; nunca tuve que pasar por la alucinante prueba y error de intentar hacer mis propias mejoras. No podía evitar desesperarme al ver que las cosas no iban tan bien como había previsto.


"¿Cómo es capaz Ferdinand de fabricar nuevas herramientas mágicas y mejorarlas con tanta facilidad?", reflexioné en voz alta. "Mi espíritu ya está a punto de quebrarse".


"No se deprima tanto", me dijo Hartmut, tratando de animarme. "Ya hemos hecho algunos progresos, y sólo es nuestro primer día. El papel fey que produce sonido es ahora mucho más fácil de escuchar, y el papel que puede volverse a unir funciona ahora más rápido que nunca".


Me fijé en los resultados de nuestro trabajo. Antes, el papel effon sólo era capaz de producir una secuencia de ruidos espasmódicos, pero al mejorar su calidad se había suavizado. Los sonidos que emitía ahora eran lo bastante impresionantes como para que probablemente pudiera utilizarse en algún equivalente de una caja de música. En cuanto al papel nanseb, antes sus trozos más pequeños sólo se arrastraban hacia los más grandes, pero ahora se movían a un ritmo mucho más rápido.


"Aún así, esto no está ni cerca de la máxima calidad que Ferdinand quiere..."


"Tenemos un largo camino por delante, pero también será interesante ver cómo cambia el papel a medida que mejora su calidad. Pongamos todo nuestro empeño en ello".


Hartmut y Clarissa bebieron pociones reconstituyentes de maná y sugirieron que tomaramos un descanso para almorzar. Acepté -estaba harta de mezclar- y salimos juntos del taller.


Mientras comíamos, discutimos sobre cómo podríamos mejorar aún más el papel. "Lady Rozemyne, aumentemos sus elementos", sugirió Hartmut. "Buscar materiales con una gran afinidad por el papel podría resultar problemático, pero si tenemos éxito, nuestros esfuerzos mejorarán su calidad. ¿Y si agregamos nuevos ingredientes con la esperanza de convertir nuestro papel en omni-elemental?".


"Espero que esto provoque aún más fracasos, pero... supongo que no tenemos otra opción", concedí.


A partir de esa tarde, seleccioné al azar algunos ingredientes de alta calidad del taller y los añadí gradualmente a nuestro brebaje. Si alguno de ellos inducía un cambio positivo, añadía más y observaba los resultados. Este proceso de ensayo y error consiguió dotar al papel de más elementos, pero su calidad no mejoró lo suficiente como para subir de nivel.


Esto se está volviendo complicado.


Una cosa era mezclar siguiendo una receta, pero no me gustaba nada pasarme el tiempo experimentando como lo estábamos haciendo. Esto no era como la lectura, en la que podía permanecer totalmente inmersa durante horas y horas todos los días: acabábamos de empezar, pero ya notaba la tensión.


Durante el siguiente descanso, mi habitual taza de té fue sustituida por una poción reconstituyente. Según Hartmut y Clarissa, habíamos avanzado muchísimo para ser un solo día de trabajo, pero tuve que fruncir los labios por lo lento que me parecía.


"Pocas personas pueden hacer que su maná dure tanto como el suyo, Lady Rozemyne, por lo que las preparaciones rara vez se repiten tan a menudo en rápida sucesión", explicó Hartmut. "Ha experimentado tanto en un día lo que un archinoble como yo lograría en tres".


"Hmm... Si mi fuerza es mi exceso de maná, entonces quizás deberíamos añadir a continuación polvo de oro a la mezcla. Después de todo, esos son restos de maná puro, ¿no? Podría hacer que la calidad de nuestro papel se disparara de golpe".


"¿Su polvo de oro...?", repitió Hartmut. "Eso sí que podría producir un aumento sustancial de la calidad, y como es su propio maná, también debería añadir algo de familiaridad".


Bebí otra poción reconstituyente y empecé a vaciar las piedras fey de maná para hacerlas más puras. Luego vertí mi propio maná en las piedras fey para convertirlas en polvo de oro, una tras otra. Hartmut y Clarissa contemplaron el espectáculo con los ojos muy abiertos.


Ah, sí... Lady Hannelore se quedó igual de sorprendida cuando hice polvo de oro durante nuestra clase de candidato a archiduque.


Pero mientras a Hannelore le pareció un poco desconcertante, Hartmut y Clarissa se inclinaron hacia delante y me miraron fijamente, con un brillo inconfundible en los ojos, lo que dio lugar a dos formas muy distintas de expresar sorpresa.


"¡Qué embriagadora magnificencia!", exclamó Clarissa.


"No esperaba menos de la maravillosa Lady Rozemyne", añadió Hartmut. "¡Un erudito normal nunca haría esto por miedo a malgastar tanto su maná como sus piedras fey!".


Y así, como estaba previsto, utilizamos el polvo de oro hecho durante nuestro descanso para mejorar aún más el papel. Removí la olla y vertí mi maná mientras espolvoreaba también un poco de polvo de oro. Una vez que terminamos, corté el papel effon y coloqué los trozos en las herramientas para detectar la calidad y los elementos.


"Oh, realmente se convirtió en papel omni-elemental de alta calidad..."


Había necesitado una cantidad estupenda de maná, pero la calidad se disparó. Aunque aún no era máxima.


"No sé qué más podemos hacer para mejorarlo...", dije. "Ojalá Ferdinand estuviera aquí para decírmelo".


Para mi sorpresa, fui la única que perdió la esperanza y se deprimió. Hartmut y Clarissa parecían realmente emocionados mientras inspeccionaban el papel mejorado; luego empezaron a hacer todo tipo de pruebas con él.


"Lady Rozemyne, si utilizamos el nuevo atributo de este papel fey de volver a unirse, ¡podríamos reutilizar la misma hoja una y otra vez!", exclamó Clarissa, con los ojos brillantes.


Resultó que los fragmentos del papel nanseb mejorado podían fusionarse de nuevo en lugar de reunirse en un solo lugar, lo cual era divertido, pero no cambiaba el hecho de que necesitaba papel fey de máxima calidad .


"Lady Rozemyne, este papel produce sonidos tan suaves que casi pensaría que me está cantando", afirmó Hartmut. "Puede que sea capaz de reproducir no sólo partituras, sino también los cánticos de los hechizos, suponiendo que se dibujen sobre él los círculos mágicos correctos. Experimentemos para ver cuánto apoyo pueden proporcionar".


"Hartmut, Clarissa, no me interesa ninguna de esas sugerencias", dije, "pero pueden llevar a cabo tales experimentos ustedes mismos, si lo desean".


Mi tarea consistía en mejorar la calidad del papel, no en encontrar usos para sus atributos mejorados. Habíamos experimentado con polvo de oro, pero ni siquiera eso pudo elevar la calidad por encima del nivel alto. Parecía mejor dejar de fabricar por hoy y empezar a pensar en cómo superar la siguiente barrera de calidad.


"Stylo", dijeron Hartmut y Clarissa al unísono. Los utensilios de escritura normales sólo funcionarían en papel fey de baja calidad, así que iban a usar sus schtappes en su lugar. Las plumas mágicas que usaban mana como tinta también eran una opción.


"Lady Rozemyne... tenemos un problema", dijo Hartmut. "Ni siquiera un stylo puede escribir en este papel".


Frenética, examiné el papel effon. No importaba cuántas veces Hartmut pasara su bolígrafo schtappe por él, no aparecía ninguna marca.


Clarissa experimentaba el mismo problema. "Parece como si su maná fuera tan fuerte que desvía el mío", dijo. " ¿Podría intentar escribir en el papel?".


Transformé mi schtappe y lo intenté. Se formó una fila sin problemas. Hartmut asintió y dijo que era un avance razonable, ya que yo era la que hizo el papel, pero la sangre seguía escurriéndose por mi cara.


Suspiré. "Si sólo yo puedo usar el papel, hemos fracasado. Esto no le servirá de nada a Ferdinand, aunque consigamos que sea de máxima calidad, como nos pidió".


"No es especialmente raro que una herramienta mágica sólo pueda ser utilizada por su creador o por aquellos que tienen más maná que ellos", comentó Hartmut. "Clarissa y yo intentaremos fabricar también papel fey de alta calidad. Si usted es capaz de utilizarlo, Lady Rozemyne, entonces Lord Ferdinand debería ser capaz de utilizar el suyo. Él... Él tiene más maná que usted, ¿verdad?".


Al oír la preocupación en la voz de Hartmut, yo también me preocupé un poco. En la Academia Real me aseguré de esparcir poco mi maná para que no se desbordara, y aunque eso permitió que mi cuerpo creciera, no había hecho mucho por mejorar mi capacidad. Sin embargo, mi schtappe creció y volví a comprimir mi maná tanto como solía hacerlo para las ceremonias religiosas, los entwickeln y anteriores mezclas. Probablemente sería capaz de contener más maná en consonancia con lo mucho que había crecido.


Aun así, no creo que haya superado a Ferdinand. No ocurrió nada extraño cuando usaba la tinta brillante, así que parecía muy poco probable.


"Sí, creo que sí", respondí.


"Me lo pregunto... En mi opinión, sólo será cuestión de tiempo que lo alcance".


"Bueno, no tengo intención de forzar mi cuerpo hasta un grado antinatural como hace él".


No iba a convertirme en una científica loca que comprimía su maná hasta el punto de desarrollar la enfermedad del maná. Pero, a pesar de mi declaración, Hartmut y Clarissa empezaron a comentar con ansias lo mucho que esperaban mi mayoría de edad.


"A Clarissa y a mí nos llevará mucho más tiempo preparar el polvo de oro de lo que le llevó a usted, Lady Rozemyne, así que continuemos con esto mañana. Tendremos todo listo para entonces".


"Desde luego".


Les di pociones reconstituyentes y algunas piedras fey sin impurezas, rezando por su éxito. Sus resultados mañana nos dirían si podíamos esperar que Ferdinand pudiera usar mi papel.


Hartmut y Clarissa regresaron al día siguiente con la cantidad necesaria de polvo de oro -aunque, al parecer, les costó bastante conseguirlo- y empezaron a fabricar papel fey. Mientras esperaba a que terminaran, dibujé círculos mágicos en el papel de alta calidad que fabriqué ayer y realicé los experimentos que les interesaron.


Tal y como Hartmut había predicho, canalizar el maná en un círculo mágico dibujado sobre el papel effon hacía que el canto se ejecutara automáticamente. Requería un poco más de maná de lo habitual, pero podía resultar útil en situaciones en las que uno no podía cantar, o cuando el canto era ridículamente largo.


Aun así, el problema es que ahora mismo soy la única que puede dibujar en él.


Clarissa esperaba que el papel nanseb fuera reutilizable, pero ni siquiera nuestra versión de alta calidad era tan duradera. Estalló en llamas doradas como lo haría cualquier otro papel, dejando tras de sí sólo unos pocos fragmentos ardientes. Tenía que admitir que había algo bastante satisfactorio en que se juntaran por sí solos.


"Lady Rozemyne, hemos terminado", anunciaron finalmente mis dos eruditos. Cada uno había hecho un papel fey de gran calidad, sobre el que intenté dibujar. Pude trazar una línea clara en el de Hartmut, pero nada en el de Clarissa.


"¿Significa esto que Clarissa tiene más maná que yo?", pregunté.


"En absoluto", respondieron los dos a la vez. La rapidez con la que convertí mis piedras fey en polvo de oro dejaba claro que aún iba muy por delante, pero ni siquiera fue una pregunta genuina. Se la había hecho en broma, dando por sentado que la respuesta era obvia.


"¿Entonces, qué está causando esto?" pregunté, ladeando la cabeza hacia ellos.


A Clarissa se le ocurrió inmediatamente una idea: "¡Debe ser por la dedicación del nombre! En cualquier caso, ésa es la única diferencia entre Hartmut y yo".


No quería creer que haberme dado su nombre fuera la única diferencia entre ellos, pero probablemente tenía razón: "Al dedicar el nombre te atas al maná de otro, lo más probable es que eso esté influyendo".


Roderick consiguió convertirse en omni-elemental, al menos hasta cierto punto, gracias a que me dió su nombre. Hartmut estaba igualmente bajo la influencia de mi maná, lo que parecía explicar por qué sólo podía escribir en su papel.


"Si nuestras sospechas son ciertas y el papel sólo puede ser escrito por su creador o por aquellos que le han dado su nombre, entonces es realmente un fracaso", dije.


"El problema es que el papel desvía el maná, ¿verdad?", preguntó Hartmut. "Quizá podríamos intentar añadir ingredientes que absorban el maná".


Le dirigí una mirada inquisitiva. "¿Te refieres a las piedras fey negras?".


"Si podemos usar ingredientes recolectados de criaturas fey de la Oscuridad para añadir propiedades de absorción al papel -sin cambiar sus cualidades fundamentales, por supuesto-, entonces deberíamos poder aplicarle tinta de maná".


¿Criaturas fey de la oscuridad? ¿Se refiere a cosas como ternisbefallens y trombes?


Miré el papel de trombe mientras recordaba las criaturas fey de la Oscuridad que había encontrado en el pasado. "Ya veo. Probemos eso, entonces".


Intenté fundir una hoja de papel trombe con el papel effon de alta calidad que había hecho Hartmut. Luego le di el producto acabado a Clarissa, que cortó una de las esquinas e intentó dibujar sobre él.


"¡Puedo hacerlo, Lady Rozemyne!", exclamó. La idea de Hartmut funcionó, y la calidad del papel aumentó, situándose sólo unos peldaños por debajo de la máxima. Eso se debía probablemente a que el papel trombe absorbió gran parte de mi maná mientras lo preparaba.


A continuación, dibujé unos círculos mágicos que me permitieron ahorrar tiempo y los utilicé para elevar la calidad del papel effon. Cuando terminé, adoptó la incombustibilidad del papel trombe junto con su propio atributo de repetición de cantos.


"Lady Rozemyne, este papel no inflamable aún no llega al nivel de alta calidad, ¿verdad?", preguntó Clarissa, parpadeando sorprendida. El papel ardía allí donde dibujaba.


"Efectivamente. Antes lo usaba tal cual. Aumentar aún más la calidad podría permitir que se mantuviera completamente intacto. No parece que haya mucho conflicto entre los distintos tipos de papel, así que podríamos intentar que todos fueran de alta calidad y elaborarlos juntos."


Y eso fue lo que hicimos. Había sonado razonablemente sencillo, pero era un tipo de mezcla que requería una cantidad demencial de maná. Para empezar, teníamos que crear polvo de oro para elevar cada hoja al nivel de alta calidad, y hacía falta maná adicional para fusionar ingredientes de alta calidad.


Al final, sin embargo, nuestro duro trabajo dio sus frutos: fabricamos un papel fey de la máxima calidad. Hartmut y Clarissa intentaron dibujar sobre un trozo arrancado, y ninguno de los dos tuvo problemas. El fragmento flotó hasta la hoja de la que había salido, y los dos volvieron a fundirse en un trozo de papel completo.


Añadiendo un círculo mágico al papel se obtenía una hoja que podía lanzar hechizos mágicos con sólo ser provista de maná, no se quemaba por completo por sí sola y podía reformarse después. "No sé muy bien cómo debería usarse este papel... pero debería satisfacer a Ferdinand, ¿no?", le pregunté a Hartmut mientras se lo mostraba.


Sonrió y asintió. "Dudo que haya un solo erudito en el mundo capaz de encontrar un fallo en este trabajo. Dicho esto... tampoco espero que nadie más sea capaz de lograrlo".


"Bueno, ciertamente fue un poco inconveniente".


Para llegar a este punto, necesitamos utilizar polvo de oro para aumentar la calidad de nuestro papel de baja a alta. Luego habíamos necesitado fundir tres de nuestras hojas recién mejoradas. El resultado final fue un papel fey ultra caro cuya fabricación costaba una cantidad demencial de tiempo y maná.


Por cierto, al fusionar las tres hojas de papel se creaba una más grande del tamaño de dos hojas más pequeñas juntas. A la mayoría de la gente se le ocurriría dividirla por la mitad, pero las piezas siempre se volvían a juntar solas, lo que resultaba irritantemente inflexible.


"Me llevó toda una noche beber pociones reconstituyentes para hacer suficiente polvo de oro para una hoja de papel de alta calidad", dijo Clarissa, "y luego la propia mezcla me obligó a beber otra. En lo que a mí respecta, esto fue algo más que 'un pequeño inconveniente'". Era su trabajo como erudita mezclar en mi lugar, por lo que su lucha por hacerlo con sentido la estaba haciendo sentir inadecuada. "¡No tengo más remedio que aumentar mi capacidad de maná y rezar a los dioses por más protecciones divinas!".


Mientras Clarissa ardía con renovada determinación para serme lo más útil posible, Hartmut se acercó con curiosidad al papel trombe. "Lady Rozemyne, ¿de qué material está hecho este papel no inflamable?", preguntó. "Usted lo compró a la Compañía Plantin y no a Illgner, así que debe de estar fabricado por el Taller Rozemyne o por algún taller local de fabricación de papel".


Sonreí. "Está hecho con madera de un árbol que crece mucho".


"¿Un árbol que crece mucho?" Hartmut parecía aún más curioso. "Escuché hablar de él a los niños del orfanato, pero no me había dado cuenta de que producía la madera utilizada para fabricarlo. Me pregunto, ¿qué planta fey podría ser...?".


No me importaba decírselo a Hartmut, ya que me dió su nombre, pero no podía decir nada cuando Clarissa también estaba aquí. En lugar de eso, hice avanzar la conversación. "Tenemos una reserva considerable de papel fey de Illgner, pero no habrá suficiente del tipo incombustible para nuestras necesidades. Habrá que hacer mucho más durante el verano".


Empecé a calcular cuántos taues necesitaríamos mientras hacíamos otra hoja de máxima calidad. Ésta iría a Ahrensbach con Sylvester, y si recibía el codiciado "muy bien" de Ferdinand, empezaríamos a producirla en serie.


"Mi intención es que Sylvester se lleve no sólo estas muestras, sino también los utensilios y materiales para mezclar", dije. "Tendremos que prepararnos para ello".


Rebusqué en el taller, buscando cosas que Sylvester pudiera llevarse al funeral de Ahrensbach. Quería enviarle a Ferdinand algunos ingredientes para pociones reconstituyentes y antídotos contra venenos, como mínimo. Hartmut y Clarissa se unieron a mí, aparentemente divirtiéndose.


La ceremonia de la mayoría de edad en primavera estaba a la vuelta de la esquina, y eso significaba que el verano también lo estaba. 




Capítulo 9: Ceremonia de mayoría de edad y la marcha de Sylvester

Tras completar las muestras, volví a la vida normal en el templo. La ceremonia de mayoría de edad de primavera era mañana, pero surgió un debate entre mis ayudantes y yo en los aposentos de la Suma Obispa. Les había pedido que dijeran a Melchior y a los otros aprendices azules que participaran en la ceremonia… sin embargo se negaron.


"¿Pero por qué?", pregunté, haciendo un mohín a Fran. "Puede que esto no sea tan importante para los otros aprendices azules, pero como futuro Sumo Obispo, Melchior tiene que participar absolutamente".


Fran intercambió una mirada con Zahm, que meneó la cabeza con gesto adusto, y luego dijo: "Lord Melchior y los otros aprendices azules son menores de edad. No pueden participar en la ceremonia".


La participación de Melchior facilitaría el traspaso, y mi objetivo era que los demás azules participaran en una ceremonia antes del Festival de la Cosecha, en otoño. Pero los menores no podían participar, y mis asistentes se atenían a esa costumbre.


"¿No he realizado rituales como Suma Obispa a pesar de ser menor de edad?", pregunté.


"Sí, pero como ha dicho, eso fue como Suma Obispa. Antes, cuando sólo era una ap..." Fran se detuvo a mitad de la frase, no quería decir "aprendiz de sacerdote azul" delante de mis asistentes nobles. Estábamos falsificando mi edad además de sanear mi registro familiar, así que era mejor evitar sacar a relucir el pasado tan repentinamente. "Antes de que asumiera su papel actual, habría sido impensable que participara. Lord Melchior también tendrá que esperar a cuando sea nombrado Sumo Obispo".


"Es cierto que no pude participar en las ceremonias de bautismo ni de mayoría de edad", dije, "pero debe haber excepciones. Por aquel entonces, Lord Ferdinand me ordenó participar tanto en la ceremonia de curación tras la caza del trombe como en la Oración de Primavera".


Jugar la carta de Ferdinand acabó siendo una idea tremenda, ya que sus antiguos ayudantes, Fran y Zahm, flaquearon.


"Eso se debió a la escasez de sacerdotes azules en el templo", dijo finalmente Fran. "No habían otras opciones".


"Y ahora tenemos aún menos sacerdotes azules y una situación aún más problemática entre manos", repliqué. "No estaría haciendo esta sugerencia si tuviéramos un número satisfactorio de adultos, pero ahora las cosas son distintas".


Por mucho que mis asistentes protestaran, estaba decidida a que así fuera. El templo sólo contaba con siete sacerdotes azules adultos en ese momento. La escasez era tan extrema que los candidatos a archiduques menores de edad rondaban por el ducado y apenas mantenían vivas las ceremonias. Sólo haría falta que Wilfried o Charlotte decidieran que no querían participar este año -ya fuera por las burlas de los Leisegang del año pasado o por el trabajo extra que suponía el embarazo de Florencia- para que todo se viniera abajo. Supuse que ambos participarían para poder obtener más protecciones divinas, pero teniendo en cuenta la cantidad de trabajo que todos ya tenían entre manos, no quería hacerles cubrir demasiado terreno. En el peor de los casos, el templo tendría que arreglárselas por su cuenta.


"En verdad", dije, "estamos tan desesperadamente necesitados de mano de obra que no tendremos suficiente gente a menos que involucremos a los aprendices azules. Sería mejor que participaran en el Festival de la Cosecha no sólo por nuestro bien, sino también por el suyo propio. A diferencia de la mayoría de los otros sacerdotes azules, los que llegaron durante la primavera no pueden depender de sus familias para su sustento; tendrán que prepararse para el invierno usando sólo los subsidios del ducado y sus ingresos del Festival."


Habíamos tomado dinero de los padres de los sacerdotes de la antigua facción de Verónica, pero no sabíamos cuánto de eso dedicaría Sylvester al orfanato y al templo. Los fondos estaban destinados a cubrir su educación en el orfanato y en la Academia Real más que cualquier otra cosa, así que los sacerdotes tendrían que financiar sus propios preparativos de invierno visitando las provincias y pueblos agrícolas del ducado para la Oración de Primavera y el Festival de la Cosecha.


"Suponiendo que viajen a las ciudades agrícolas en otoño para el Festival", continué, "los sacerdotes tendrán que celebrar bautizos, uniones de las estrellas y ceremonias de mayoría de edad, todo a la vez. ¿No es cierto? No podemos esperar que aprendan eso sobre la marcha. Basándome en mis propias experiencias, preferiría que les diéramos la oportunidad de acostumbrarse antes a estos deberes".


Sabía lo angustioso que era tener que pensar con los pies en la tierra, después de todo, había tenido que celebrar ceremonias inmediatamente después de convertirme en la Suma Obispa. Al menos sabía cómo eran los bautizos plebeyos debido al que tuve cuando era Myne, pero estos niños no habían visto una sola ceremonia plebeya en sus vidas.


"El año que viene, cuando me vaya, ¿cuántos sacerdotes azules necesitará el templo para sustituirme? Todavía no pueden usar sus bestias altas, y apenas tienen maná porque aún no asisten a la Academia Real. Sospecho que todos necesitarán participar, y teniendo eso en cuenta, lo mejor sería darles mucha experiencia ahora, mientras yo estoy aquí para supervisarlos."


Melchior se encontraría en una situación bastante complicada si tuviera que enviar aprendices menores de edad por todo el ducado inmediatamente después de convertirse en Sumo Obispo. Fui yo quien propuso alojar a los niños en el orfanato y el templo en primer lugar, así que era importante que también me asegurara de que sus vidas como aprendices azules fueran tolerables.


Fran asintió. "Tiene razón, Lady Rozemyne. Sin embargo, como mínimo, por favor, espere hasta la ceremonia de mayoría de edad del verano. Necesitaremos tiempo para prepararlo todo, y los sacerdotes azules seguramente tendrán sus propias ideas al respecto. También habrá que preparar las túnicas ceremoniales, aunque los sacerdotes se limiten a mirar".


Asentí con la cabeza, apoyando plenamente la idea. Una estación entera les daría tiempo suficiente para preparar nuevas túnicas ceremoniales y comunicarse con los asistentes asignados a los sacerdotes azules. Observar la ceremonia de mayoría de edad del verano y los bautizos del otoño sería suficiente para que los aprendices comprendieran el flujo de las ceremonias y cómo debían comportarse.


"En ese caso, les encomendaré a todos ustedes los preparativos y la comunicación con los sacerdotes azules", dije. "Díganles que pueden comprar sus propias túnicas ceremoniales, si disponen de dinero. Los que no lo tengan, pueden mandar a hacer arreglos en las túnicas que dejaron los anteriores sacerdotes azules y doncellas del santuario".


En mis tiempos, no tuve más remedio que comprarme mis propias túnicas; el anterior Sumo Obispo había dicho que ninguna de las de repuesto del templo me serviría, antes de ponerme otras excusas, muchas de las cuales tenían que ver con mi condición de plebeya. Sin embargo, debido a la purga, ahora teníamos muchas más túnicas azules. Acabarían deteriorándose si las guardábamos, así que era mejor darles uso si podíamos.


"Entendido", respondió Fran. "Informaremos a los asistentes de los sacerdotes azules que todos van a participar en el Festival de la Cosecha, y les daremos instrucciones para que comiencen los preparativos y la educación necesarios. Después, recabaremos las opiniones de los propios sacerdotes azules, todo ello para que Lord Melchior y los demás aprendices azules puedan observar la ceremonia de mayoría de edad del verano y el bautizo del otoño como preparación para la Festival."


Nuestro debate concluyó con el acuerdo de que mis ayudantes comenzarían ahora los preparativos y sólo anunciarían formalmente nuestros planes una vez concluida la ceremonia de mayoría de edad de primavera.


Y así llegó la ceremonia. Estaba bastante nerviosa, la verdad; Tuuli iba a cumplir la mayoría de edad este verano, lo cual estaba bien, pero se suponía que Ralph, el hermano mayor de Lutz, la cumpliría hoy. De todos los de mi época de Myne que no sabían que ahora era Rozemyne, los hermanos de Lutz eran los que más probabilidades tenían de reconocerme. Conseguí evitar las ceremonias de Zasha y Sieg... pero no hubo nada que pudiera hacer para escapar de esta.


Ralph no me reconocerá, ¿verdad? me pregunté, mirándome al espejo y pellizcando mi atuendo. Había cambiado tanto desde que era una niña vestida con ropas harapientas, y existían muchas posibilidades de que ni siquiera recordara a su enfermiza vecina que murió hacía tantos años; Lutz y Tuuli desde luego no habían dicho nada de Myne desde que los rumores de una pequeña Suma Obispa se extendieron por toda la ciudad.


Dudo que sea capaz de reconocerlo , así que... Sí. Esto va a estar bien.


Después de tranquilizarme, fui a la capilla con Fran y mis caballeros guardianes.


"¡La Suma Obispa entrará ahora!"


La puerta de la capilla crujió al abrirse y todas las miradas se posaron inmediatamente en mí. Fue desconcertante. Subí al escenario con la biblia en la mano, escuchando los susurros entre la multitud.


¿Cuál será Ralph?


Entrecerré un poco los ojos mientras observaba a los nuevos adultos. Ralph estaba seguro de encontrarse en algún lugar entre ellos, pero todos eran tan maduros que resultaba difícil distinguirlos, sobre todo cuando todos vestían de verde, el divino color de la primavera.


Es pelirrojo, ¿verdad? Así que podría ser esa persona, esa, o esa tal vez... Mmm, ese tipo se parece un poco a él. ¿Es Ralph? Realmente no puedo decirlo.


Estaba examinando al doble de Ralph, asegurándome de que mi sonrisa noble no se borrara de mi rostro, cuando me miró con los ojos entrecerrados y ladeó la cabeza. Parecía estar evaluándome a su vez.


Oh no. ¿Se habrá dado cuenta de algo? ¿Lo he hecho sospechar?


Bajé rápidamente la vista hacia la biblia y empecé a celebrar la ceremonia como de costumbre, manteniendo la sonrisa falsa que tan bien conseguí perfeccionar a lo largo de mi vida como noble.


"Oh Flutrane, Diosa del Agua, escucha mis plegarias. Que agracies con tu bendición a aquellos que acaban de alcanzar la mayoría de edad. Que aquellos que ofrecen sus plegarias y gratitud sean bendecidos con tu divina protección".


Esa bendición marcó el final de la ceremonia. Cuando los nuevos adultos salieron de la capilla, Ralph se detuvo y me miró por encima del hombro por última vez antes de marcharse.


E-Eep... Realmente quiero saber si me reconoció, pero tratar de averiguarlo podría empeorar las cosas. ¿Qué debería hacer? Supongo que Tuuli o Benno enviarán un mensaje si algo realmente malo sucediera. Tal vez deba esperar y ver por ahora...


Una vez concluida la ceremonia primaveral, se celebró una reunión en el templo con la asistencia de los aprendices azules. Según Zahm, que se encargó de los preparativos, los sacerdotes azules adultos estaban tan hartos de la falta de mano de obra como todos los demás, por lo que apoyaron plenamente que los aprendices ayudaran. De hecho, la mayoría había dicho que esperaban que los aprendices trabajaran, ya que contaban con el apoyo del archiduque.


Informé a los aprendices azules de que tendrían que participar en el Festival de la Cosecha debido tanto a la falta de mano de obra como a la necesidad de que financiaran sus propios preparativos para el invierno, lo que les exigiría memorizar oraciones, obtener túnicas ceremoniales, organizar carruajes para sus viajes y conseguir cocineros y comida para llevar. Me pareció un poco irrazonable esperar tanto de menores que realizaban la ceremonia por primera vez, así que, como medida excepcional, decidí emparejar a los aprendices con sacerdotes azules adultos.


"Hermana... ¿Me permites un momento de tu tiempo?", preguntó Nikolaus, con cara de preocupación. Probablemente sólo se acercó a mí porque Matthias y Judithe me custodiaban hoy en lugar de Cornelius, que le habría clavado la mirada en cuanto hubiera intentado acercarse.


"Te lo permito. ¿Tienes alguna pregunta?"


"Sí. ¿Padre va a ayudarme con los preparativos para el invierno?"


Algunos de los niños perdieron a sus padres en la purga, mientras que otros, como Nikolaus, sólo perdieron a uno. Estaba claro que tenía la impresión de que padre lo había abandonado, pero eso no era cierto en absoluto: Karstedt ya cubría los gastos de manutención de Nikolaus y seguramente también le ayudaría con los preparativos para el invierno, si se lo pedía.


"¿Puedo sugerirte que le escribas?", le dije.


"Me preocupa que se niegue... Lady Elvira no me tiene en buena estima".


Eso no era ninguna sorpresa, teniendo en cuenta todo lo que había hecho su madre, Trudeliede. Pero al mismo tiempo, Elvira era el tipo de persona que daba prioridad a la equidad incluso cuando su casa estaba fuera de control. Mi madre era increíble.


"Cualquier petición razonable que plantees seguramente será atendida", le aseguré. "Sin embargo, estar preparado para el invierno no te dará motivo para saltarte el Festival de la Cosecha. Reza sinceramente para que puedas obtener la protección divina de los dioses".


"Por supuesto. Hasta ahora he ido lento, pero estoy aprendiendo las oraciones con mis ayudantes. El otro día, cuando el abuelo vino al templo para ayudarnos a entrenar, nos dijo que rezáramos sinceramente y nos aseguráramos más protecciones."


Acabé perdiéndome eso porque estaba mezclando en mi biblioteca, pero Bonifatius visitó el templo para formar a los aprendices. Durante su estancia aquí, al parecer elogió a Nikolaus como "un caballero de calidad y muy prometedor".


"Hermana, ¿podrías enviarle un ordonnanz de agradecimiento? Estaba realmente decepcionado de que no estuvieras aquí".


Espera, ¿Matthias y los demás no me hicieron la misma petición antes?


Matthias también pareció recordarlo -había ocurrido en la época de la investigación de Gerlach- y ahora dirigía a Nikolaus lo que me pareció una mirada de simpatía. Mientras tanto, Judithe murmuraba: "Por eso ayer él..." Había una mirada distante en sus ojos.


¿Pasó algo entre Judithe y el abuelo ayer?


Confundida, volví a mi habitación, donde Matthias me recordó que me pusiera en contacto con Bonifatius.


"De hecho, creo que debería hacerlo ahora", dijo Judithe, tendiéndome una piedra fey amarilla.


Acepté la piedra fey, aunque a esas alturas estaba tan desconcertada que bien podría haber un gigantesco signo de interrogación flotando sobre mi cabeza. Matthias y Judithe discutieron detenidamente cuál debía ser el mensaje, y entonces hablé exactamente lo que me indicaron que dijera.


"Es increíble que recordaras tu promesa conmigo y formaras a los aprendices, aunque no te guste venir al templo. Muchas gracias. ¡Te quiero!".


La respuesta de Bonifatius no se hizo esperar:


"Soy tu abuelo; es natural que cumpla una promesa que te hice".


No había dicho gran cosa, pero Judithe y Matthias aún intercambiaron asentimientos satisfechos y un firme apretón de manos. Philine me informó en voz baja de las circunstancias poco después; cuando Bonifatius estaba de mal humor, se volvía despiadado en su entrenamiento de los caballeros. El propósito de mi ordonnanz era rescatar a Damuel y Cornelius, entre tantos otros.


Se oía a los aprendices azules que debían participar en el Festival de la Cosecha murmurar oraciones para sí mismos mientras recorrían los pasillos del templo. Incluso los sacerdotes azules trabajaban más duro que de costumbre, sintiéndose inspirados ahora que los nobles de pleno derecho se tomaban tan en serio las ceremonias divinas.


Decidí reunirme con los aprendices a la hora del té para hablar de lo que necesitarían llevar en su primer viaje y de lo que tendrían que hacer para prepararse. También aproveché para indicar cómo ordené que mi túnica fuera ajustable en función de mi crecimiento a lo largo de los años.


"Nikolaus es el único que podrá permitirse nuevas túnicas ceremoniales, gracias al apoyo de su padre", murmuró una doncella de santuario, "yo, en cambio, no tengo más remedio que arreglar las túnicas que llevaba una antigua aprendiz". Al parecer, era la primera vez que tenía que ajustarse la ropa que no fue legada por un familiar, y era difícil no notar el dolor en su voz. No podía ocultar la ansiedad que le producía disponer de un dinero muy limitado por primera vez en su vida.


"Aun así, es mejor que perder la vida o pasar los días en la sala de juegos del castillo", respondió otro aprendiz, "así que estoy realmente agradecido a Lady Rozemyne y a Aub Ehrenfest. Aunque al mismo tiempo... hay ocasiones en las que no puedo evitar sentirme triste".


Podía entender por qué. La vida en el templo era dura y solitaria en comparación con una vida despreocupada con la propia familia.


"Siempre me han dicho que cuando la ropa me quede pequeña, sólo tengo que comprarme otra. Nunca se me ocurrió la idea de llevar la misma ropa durante tanto tiempo, aunque supongo que aquí será necesario".


"En el pasado, como los menores no tenían que participar en las ceremonias, los sacerdotes y las doncellas del santuario sólo compraban túnicas cuando se hacían adultos, ya que la mayoría había terminado de crecer y, por lo tanto, no necesitaban comprar túnicas nuevas en años venideros.


Claro que ahora no se puede decir lo mismo de los jóvenes aprendices que tengo delante.


"Lady Rozemyne", dijo uno de los niños, "por favor, díganos cómo ordenar la ropa para que podamos usarla durante varios años".


Ya era hora de que sacara a relucir mis viejos métodos de confección. No había vendido las técnicas a Corinna ni a nadie más, así que podría haberlas difundido fácilmente por mi cuenta, pero me parecía más beneficioso dejar que la Compañía Gilberta cosechara los beneficios; cuanto más les dijera ahora, más cooperativos se mostrarían cuando les pidiera trasladar a Tuuli a la Soberanía.


Escribí una carta a Corinna, ordenándole que vendiera mi diseño para las túnicas ceremoniales a las costureras que trabajaban para los aprendices azules.


La ceremonia de bautismo de verano concluyó, y la partida de Sylvester hacia Ahrensbach estaba cada vez más cerca, así que conseguí que Lasfam enviara al castillo un juego de mezcla y una herramienta mágica repleta de alimentos.


Ya habíamos terminado de hacer muestras de máxima calidad para que Ferdinand las revisara, y yo había escrito una carta para acompañarlas. En apariencia, no contenía más que algunos saludos tradicionales de temporada, unas palabras de condolencia por el funeral, una lista de los ingredientes que Sylvester entregaría, y una breve nota de que haría más papel si las muestras eran lo suficientemente buenas. Pero en el reverso, escrito con tinta invisible, estaba el proceso con el que lo hicimos. En esencia, era una receta paso a paso para crear papel de árboles fey de máxima calidad, incluyendo los subproductos intermedios que creamos en el camino.


Como Ferdinand era un científico loco, seguramente querría experimentar él mismo con el papel, así que me aseguré de incluir varias hojas sin modificar de cada tipo. Suponiendo que ahora recibiera un taller, según nuestro acuerdo con la realeza, sin duda encontraría tiempo para jugar con él por su cuenta y luego me enviaría las mejoras que consiguiera hacer.


Durante la cena del día anterior a su partida, me aseguré de darle a Sylvester algunas instrucciones muy claras: "Asegúrate de confirmar con tus propios ojos que Ferdinand recibió un taller. Fue una promesa entre el rey y un aub, así que no hay razón para que no suceda todavía. Si descubres que Lady Detlinde y Lady Georgine han dado largas y desafiado lo que no es nada menos que un decreto real, encárgate de que sean castigadas como corresponde".


¡No se les permitirá alargar esto!


Sylvester puso los ojos en blanco y me dijo: "Ya veo por qué Wilfried se hartó de esto". Pero eso no iba a detenerme. Este taller era una de las condiciones para mi adopción; que la familia real no cumpliera su parte del trato simplemente no iba a funcionar conmigo.


"Ah, y asegúrate de que la habitación oculta que reciba Ferdinand sea la adecuada, ¡aunque intente impedírtelo!".


"Esa parte podría ser divertida", reflexionó Sylvester. No pude evitar suspirar de alivio cuando su frustración dio paso a un atisbo de entusiasmo.


Florencia sonrió y acarició su creciente barriga mientras escuchaba nuestro ir y venir. "No hay necesidad de preocuparse, Rozemyne; Sylvester hará su trabajo. Después de todo, esta es una de las pocas ocasiones en las que podrá comprobar cómo está Lord Ferdinand".


Eso espero...


"¿Melchior y tú se quedarán en el castillo por ahora?", preguntó.


"Sí. Tengo intención de quedarme aquí unos tres días para poder abastecer la fundación. No puedo quedarme más tiempo, ya que tenemos que prepararnos para la Ceremonia de Unión de las Estrellas". Tendría que cosechar trombes con los huérfanos antes y después, lo que significa que no tendría tiempo para relajarme en el castillo.


"Hemos hecho planes para tomar el té con ella, madre", dijo Charlotte.


"¿Oh? No recuerdo haber recibido una invitación. ¿Esta fiesta del té es sólo entre ustedes, niños?"


"Efectivamente. Estoy organizando una reunión para nosotros solos".


Wilfried hizo un gesto de confirmación con la cabeza. Nuestro plan era despejar la sala de nuestros asistentes y luego intercambiar información.


"Hace tanto tiempo que no tomamos el té juntos", dijo Melchior. "Estoy impaciente. Y eso me recuerda que el otro día asistí a una fiesta del té con los aprendices azules en el templo. También visité el taller donde trabajan los huérfanos. Fue increíble ver cómo se hacían los libros".


A juzgar por las reacciones de los asistentes que nos atendían, el templo iba dejando de ser un tabú.


"Adiós y cuídense", les dije a Sylvester y a Karstedt, que retomaba su posición habitual como caballero guardián del archiduque. Habían tantos adultos reunidos, sin duda porque asistían al funeral de un aub vecino, pero Florencia no iba a acompañarlos; su barriga era ahora lo bastante grande como para que no fuera seguro para ella un viaje tan largo. En su lugar, se quedaría en Ehrenfest y haría todo el trabajo administrativo que pudiera sin ponerse en peligro.


Tras despedirlos, regresé a mis aposentos con todo mi séquito; todos mis asistentes me acompañaron a la despedida de hoy. Verlos en fila me produjo cierta nostalgia.


"Hacía bastante tiempo que no los veía a todos juntos", dije, y luego solté una breve carcajada. "Si no recuerdo mal, la última vez fue cuando anuncié mi próxima adopción y les pregunté a todos si querían acompañarme".


Judithe apretó los dientes, enfadada. "Saben, casi lloro cuando escuché que Lieseleta se iría".


"¿Dices que casi lloras?", rió Ottilie. "Creo recordar que sollozabas y te lamentabas de que era 'cruel y traidora.' Realmente fue demasiado tener que consolarte por ser la única que se queda fuera, ¡cuando Brunhilde y yo también nos quedamos atrás!".


En un instante, el rostro de Judithe enrojeció. Al parecer, se calmó tras oír que Philine se quedaría hasta la mayoría de edad, y que ofrecer su nombre ahora ni siquiera le garantizaría un lugar a mi lado.


"Siento haberte disgustado", le dije, "pero por favor, quiero que sepas esto: si deseas seguirme a la Soberanía después de cumplir la mayoría de edad, te recibiré con los brazos abiertos. Aunque sólo sea durante el breve tiempo que transcurra hasta que tus padres decidan tu compromiso, me alegraría mucho tenerte a mi lado".


Elvira me aconsejó que fuera sincera y franca, así que eso era exactamente lo que estaba haciendo. Judithe sólo respondió con un tímido movimiento de cabeza y una sonrisa avergonzada.


Continué: "Philine va a ser la directora del orfanato hasta que sea mayor de edad. Por favor, ayuda a entrenar a los aprendices azules cuando la visites en el templo".


"Como desee".


El único de mis asistentes que aún no  tomaba una decisión era Damuel. Me volví para mirarle… pero en su lugar me encontré con la radiante sonrisa de Clarissa. Dio un paso al frente, como si fuera a ponerse a cantar en cualquier momento.


"¿Sí, Clarissa...?"


"¡Finalmente preparé mi piedra de nombre! Así que, Lady Rozemyne... ¡Por favor, acepte todo de mí!"


La verdad no quiero hacerlo… Hah.


Era la segunda vez que me obligaban a tomar un nombre. Al menos, cuando realizamos el ritual, Clarissa no gimió de alegría como había hecho Hartmut, sino que hizo una mueca de dolor como una persona normal.


Espera ... Nada de Clarissa es normal. ¡No me dejaré engañar! 




Capítulo 10: Fiesta del té para niños

"Y así es como han progresado mis estudios, Lady Rozemyne", dijo Clarissa, mostrándome algunos de sus trabajos recientes. "¿Qué le parece?" Para la Conferencia de Archiduques, ella apoyó a la pareja archiducal durante sus negociaciones con Dunkelfelger, pero ahora me estaba ayudando a mí.


Aunque no empezaría hasta mi mayoría de edad, ya estaba decidida que iba a crear una nueva imprenta en la Soberanía, lo que podría implicarme en la creación de nuevos talleres, dependiendo del estado del orfanato del templo Soberano y de los sacerdotes grises, y ahí es donde entraba Clarissa. Recopiló todo tipo de documentos de cuando creé mi taller aquí en Ehrenfest, concretamente documentos de la parte de los nobles, todo para que pudiera empezar mi trabajo en la Soberanía de la forma más sencilla posible.


Entre los documentos que investigó había registros de las negociaciones que Ferdinand  entabló con los nobles de la época y de los contratos que firmaron. También había listas de las tiendas involucradas y del número de trabajadores que empleaban. Clarissa utilizaba esta información junto con referencias a diversos intercambios entre Dunkelfelger y la Soberanía para averiguar cómo debíamos proceder para poner en marcha la nueva industria y con qué eruditos de las ramas del gobierno tendríamos que hablar.


"Has hecho bien en investigar tanto en tan poco tiempo, Clarissa. Nunca supe que Ferdinand hacía todo esto mientras yo creaba un taller en el orfanato".


Los documentos ponían de manifiesto hasta qué punto Ferdinand me había apoyado mientras yo seguía adelante con Benno y los demás. También revelaban mi propia inconsciencia. En aquel momento, me parecía molesto que Ferdinand quisiera tantos informes y esperara que las reuniones se organizaran con tanta antelación, pero ahora veía que todo era sumamente necesario.


"No puedo perder ante Philine ahora que va a ser la directora del orfanato y le está siendo de tanta utilidad", dijo Clarissa.


Como todos los días, Philine pasó el día trabajando en el templo con Monika. En el proceso, Hartmut realizó la ceremonia de lealtad para darle sus túnicas azules. Ahora era una verdadera aprendiz de doncella azul del santuario.


En cuanto a Roderick, bajo mis instrucciones, estaba utilizando las peticiones que recibimos de las Compañías Plantin y Gilberta para redactar informes sobre el tamaño de los almacenes que necesitarían en la Soberanía. También estaba haciendo listas de las herramientas que habría que fabricarles y calculando cuántas habitaciones necesitarían para sus trabajadores. Se mantenía ocupado incluso durante las fiestas del té.


Verifiqué con Gretia y Lieseleta que los preparativos para nuestra fiesta del té entre hermanos estuvieran terminados, y luego encomendé a Ottilie que cuidara de mis aposentos mientras yo no estaba. Damuel me informaría una vez que Wilfried y Melchior abandonaran sus habitaciones, así que sólo esperaba noticias suyas.


"Lady Rozemyne, Damuel mandó un aviso", informó Angélica tras abandonar momentáneamente la sala. "Lord Wilfried y Lord Melchior han partido".


Reuní a mis asistentes y caballeros guardianes, y me dirigí igualmente a la fiesta del té de Charlotte.


"Despejen la sala", ordenó Charlotte una vez que intercambiamos saludos, tomado asiento y comprobado que era seguro consumir el té y los dulces.


Wilfried y yo dijimos lo mismo a nuestros asistentes. Muy pronto, los cuatro candidatos a archiduque éramos los únicos que quedábamos.


Charlotte sacó un bloqueador de sonido de área amplia y dijo: "Hoy lo usaremos", pero cuando se dispuso a activarlo, me apresuré a protestar.


"Usar esa herramienta supondría una carga desproporcionadamente grande, ¿no deberíamos usar las individuales?".


"No, hermana; esto es lo ideal. Melchior puede estar demasiado agotado para usar una herramienta mágica personal mientras dure nuestra reunión. He oído que ofrece regularmente su maná en el templo".


¡¿Perdón?!


Resultó que no era aconsejable que los niños que aún no entraban en la Academia Real utilizaran bloqueadores de sonido personales; la carga que les supondría era simplemente demasiado grande. Sin embargo, eso no detuvo a Ferdinand, que me obligó a utilizarlos desde el principio.


¡Ferdinand nunca fue tan considerado conmigo!


Tal y como recordaba, me hizo usar una por primera vez durante nuestra reunión con los padres de Lutz. No había sido una discusión corta, ni mucho menos. Por no mencionar que, en primer lugar, sólo me la dió como forma de mantenerme callada. Supuse que probablemente sabía lo suficiente sobre mi cantidad de maná como para calibrar lo que estaba dentro de mis límites. E incluso si usar la herramienta me hubiera sentado mal, eso probablemente no le habría molestado; a sus ojos, sería la excusa perfecta para excluirme por completo de la reunión.


¡Maldito seas, Ferdinand!


Mientras sacudía con rabia el puño hacia el pasado, me ofrecí a activar la herramienta en su lugar. "No deberías llevar sola esta carga, Charlotte".


Me fulminó con sus ojos añiles. "Dices eso, pero ¿no intentas siempre llevar todas la cargas tú sola?".


Quería ser una hermana mayor confiable al menos en algunas ocasiones, así que me deslicé de la silla y di un rápido golpe a la herramienta mágica, activándola antes de que Charlotte tuviera siquiera la oportunidad. La velocidad me había dado la victoria.


"Actualmente no tengo escasez de maná", dije, retomando mi asiento con el pecho hinchado, "así que por favor permíteme que te asista en momentos como este. Tal y como están las cosas, estás apoyando mi socialización y a tu madre mientras yo no hago nada. Además, para que te hayas preparado tanto, debes querer discutir mi traslado a la Soberanía, ¿verdad?".


Una leve sonrisa adornó los labios de Charlotte mientras respondía: "Hermana, a pesar de lo que puedas creer, siempre me ayudas".


"Eso no parece cierto..."


"Lo es. Cuando se decidió tu compromiso con Wilfried, le pediste a papá que, a cambio, me dejara elegir a mi futura pareja. Incluso ahora, cuando te enfrentas a esta indeseable adopción, haces todo lo que está en tu mano para darme tantas opciones de futuro. ¿Cómo puedo esperar corresponderte?".


Madre mía, ¡cómo empezamos! ¿Estaría bien que le respondiera que sólo quiero que me diga "Hermana, eres increíble, te respeto mucho" con voz tierna? ¿No?


Charlotte parecía tan seria que no supe si dar una respuesta ligera o contemplar seriamente la situación junto a ella.


Y continuó: "Gracias a ti no hemos tenido que vivir como miembros de un ducado de rango inferior. Hablar con los que tienen más de treinta años me ha ayudado a darme cuenta de lo diferente que habría sido ese mundo". Apoyar a Florencia, cumplir con los deberes de primera esposa y ver a los trabajadores nobles en el castillo le demostró que existía una enorme brecha entre los adultos que sólo conocían los métodos de los ducados de rango inferior y la generación más joven que ni siquiera lo había experimentado. "Por lo que sé, el cambio de perspectiva de Ehrenfest empezó con los que asistieron a la Academia Real con el tío".


Cuando Ferdinand se matriculó en la Academia Real, Veronica ya lo había hecho a un lado, por lo que sus excelentes notas y otros logros no contribuyeron mucho a la clasificación general de Ehrenfest. Sin embargo, inspiraron a muchos de sus compañeros. Bajo su espartano liderazgo, nuestros caballeros consiguieron superar a Dunkelfelger en el ditter de robo de tesoros. Y cuando fue el primero de su clase en el curso de eruditos, nuestros otros eruditos empezaron a trabajar aún más duro, creyendo que podrían alcanzarlo con el suficiente esfuerzo.


Ferdinand se graduó entonces, y los contemporáneos de Damuel pasaron a primer plano. Gracias al final de la guerra civil y a la posterior purga, el lugar de Ehrenfest en la clasificación del ducado ascendió por sí solo. Fue un periodo de grandes cambios, con sacerdotes azules que asistieron a la Academia para convertirse en nobles, profesores que fueron sustituidos tras la muerte de tantos, y el plan de estudios que se transformó drásticamente. Esa nueva generación fue la última en vivir los días de Ehrenfest en lo más bajo de la clasificación.


A partir de ahí, llegó la generación de Cornelius. Pasaron sus primeros años en la Academia Real siendo tratados como miembros de un ducado de rango inferior, a pesar del repentino ascenso de Ehrenfest. Luego, de la nada, salieron al mercado biblias de libros ilustrados y otros materiales didácticos, y la sala de juegos de invierno se modificó para la educación. De hecho, habían vivido Ehrenfest en sus mejores y peores momentos.


Entonces, Wilfried y yo nos matriculamos en la Academia Real. Se marcaron tendencias a diestra y siniestra, el Comité de Mejores Calificaciones impulsó un alza masiva en las notas de Ehrenfest, y nuestro rápido desarrollo llamó la atención de los demás ducados. Nuestro dormitorio empezó a servir deliciosas comidas como algo natural; mientras tanto, recibíamos tantas invitaciones a fiestas de té que tuvimos que empezar a filtrarlas. Éramos tan populares durante la temporada de socialización que incluso los ducados de mayor rango comenzaron a contactarnos.


Luego vino la generación de Charlotte, que llegó a la Academia cuando nuestro ascenso en la clasificación ya estaba en pleno apogeo. A esas alturas todo el mundo dejó de tratarnos como un ducado de rango inferior, así que era lógico que no entendieran las dificultades de sus mayores.


"Otros ducados nos acusan por no actuar como debería un ducado de alto rango", dijo Charlotte, "pero una mirada  más detenida demuestra que nuestra mentalidad está cambiando de hecho. Si no fuera por tu nueva adopción, hermana, sólo habrías necesitado criticar a aquellos que se aferran irreflexivamente a los viejos métodos..."


Yo era la persona que desafiaba y reformaba las ideas de sentido común de todo el mundo, así que Charlotte predijo que mi marcha haría que Ehrenfest retrocediera en la clasificación. Probablemente tenía razón; nuestro ducado estaba dominado por adultos que se adherían a la vieja mentalidad, y había muchos entre la familia archiducal y sus asistentes que aún no adoptaban nuestra nueva forma de pensar. Los que se quedaban en Ehrenfest tendrían que hacer algo para impedir que se deshicieran todos nuestros progresos.


Charlotte suspiró: "Debemos proteger lo que nos has dado y, al mismo tiempo, evitar cualquier interferencia de los adultos. Realmente deseo devolverte tu amabilidad, y la única manera que se me ocurre de hacerlo es asegurándome de que no te avergüences de tu hogar después de unirte a la familia real".


En mi ausencia, la familia archiducal seguirá acudiendo al templo con la esperanza de desmantelar su reputación negativa, al tiempo que celebraba ceremonias religiosas para obtener la protección divina. Gracias a los beneficios de la oración, llegaría un momento en que podrían hablar con orgullo de mi educación en el templo.


Charlotte también tenía varios planes propios. Desarrollaría la imprenta y me enviaría libros nuevos, supervisaría cuidadosamente a los cocineros del restaurante italiano como parte de un plan para hacer de Ehrenfest un ducado rebosante de comida deliciosa, se aseguraría de que la sala de juegos siguiera siendo un lugar de educación y mantendría el Comité de Mejores Calificaciones para que las notas de nuestro ducado no bajaran. En resumen, protegería los frutos de mi trabajo mientras seguía cambiando la mentalidad del ducado.


"Eso es lo que puedo hacer", concluyó Charlotte con una sonrisa.


Un agradable calor me recorrió el pecho. Realmente se preocupaba por proteger los resultados de mi duro trabajo, y esa constatación también me hizo sonreír.


"Sin embargo, debo advertirte, hermana: no soy apta para idear nuevas y audaces formas de desarrollar el ducado ni para incorporar cosas de mi propia invención. Mis puntos fuertes residen más en un papel de asistencia. Así pues, haré todo lo posible para coordinar el caos y, al mismo tiempo, proteger y estandarizar el marco que has creado."


La evaluación de Charlotte sonaba muy objetiva por naturaleza. A menudo asistía a los demás entre bastidores, y demostraba un inmenso talento en las áreas que había descrito. Reunir fuerzas opuestas y hacer que trabajen hacia un mismo objetivo no era tarea fácil.


"Como mi objetivo es preservar los sistemas que has puesto en marcha", continuó, "creo que soy la mejor candidata para convertirme en la próxima aub de nuestro ducado por ahora. Con el tiempo, Melchior y nuestro nuevo hermano pequeño podrían ser más adecuados que yo, dependiendo de las habilidades que desarrollen... pero hasta entonces, me mantendré fuerte y les ayudaré en lo que pueda. ¿Me apoyarás en esto, hermana?".


Después de escuchar a Charlotte identificar sus puntos fuertes y débiles, asentí dócilmente. "Los adultos de Ehrenfest son tan vociferantes en su odio al cambio, así que no confiaba mucho en mis reformas. Me alegra oír que deseas mantenerlas. Apoyaré tu elección, Charlotte, pero... ¿te quedarás realmente aquí, a pesar de que serías una primera esposa tan capaz en un ducado de alto rango?".


Servir como aub interina no era nada fácil: sería duramente criticada por los nobles más conservadores, tendría que tener cuidado con la elección de su marido y la montaña de trabajo tedioso que conllevaba el cargo seguramente le daría ganas de dejarlo. Además, ahora que Wilfried ya no tenía garantizado convertirse en el próximo archiduque, había muchas posibilidades de que los Leisegang empezaran a obsesionarse con el hijo de Brunhilde, si es que acababa teniendo uno.


"Como nadie de Ehrenfest puede casarse fuera del ducado durante los próximos cinco años, nuestra población incluirá gradualmente cada vez más gente de otros ducados", dijo Charlotte. "Utilizaré los métodos y perspectivas de estos individuos para luchar contra los Leisegang y demostrar que están equivocados".


Los Leisegang tenían la voz más alta ahora que la antigua facción de Verónica había desaparecido, pero Charlotte quería acallarlos y cambiar gradualmente la perspectiva dominante en Ehrenfest. Su decisión de seguir siendo candidata a archiduque y tomar un yerno de otro ducado aparentemente beneficiaría a todas las generaciones en el futuro.


"Además", continuó, "debido al contrato que firmé para aprender la compresión del maná, no puedo arriesgarme a hacer nada que pueda convertirme en tu enemiga. Por lo tanto, tomar un esposo y quedarme en Ehrenfest es lo ideal. Lejos de oponerme a ti, convertiré el ducado en tu escudo una vez que el rey te haya adoptado. Sí, podría casarme en otro lugar, pero no sé en qué posición me colocaría eso. La guerra civil puede parecernos historia lejana, pero sólo ocurrió hace casi dos décadas".


Un escalofrío me recorrió la espalda. Me sorprendió que Charlotte hubiera sacado a colación el contrato de compresión de maná, y más aún que la vinculara a Ehrenfest. Ésa no había sido mi intención en absoluto.


Mientras apoyaba la cabeza en las manos, maldiciendo mi propia inconsciencia, Charlotte me dedicó una sonrisa preocupada. Había bondad en sus ojos cuando dijo: "Por favor, no pienses que tienes la culpa; decidí firmar ese contrato después de sopesar mis opciones. Que sepas que, sea cual sea tu situación -independientemente del estado de tu adopción, nueva o antigua-, siempre seré tu aliada".


Sus palabras fueron tan conmovedoras que me dieron ganas de llorar.


Wilfried asintió, habiendo estado escuchando en silencio nuestro intercambio. "Has hecho mucho por Ehrenfest, Rozemyne, pero no hay casi nada que podamos hacer por ti a cambio antes de que partas hacia la Soberanía. Somos el escudo más débil que podrías pedir, pero, bueno... al menos puedes estar tranquila sabiendo que tus aliados aquí te apoyarán pase lo que pase".


"¿Tú también vas a apoyarme, Wilfried...?", pregunté, esforzándome por confirmar que lo había entendido.


Se burló. "Teniendo en cuenta cómo tratas al tío incluso ahora que se ha mudado, está claro que no te aprovecharás de repente de tu estatus real. Aunque probablemente nos darás muchos problemas".


"Vaya... ¿No es un poco ofensivo? Sigo preocupándome por Ferdinand aún cuando se mudó a Ahrensbach, pero desde luego no le he echado encima problemas, como tú dices". Me esforzaba tanto por ser útil, ¿y así me lo agradecía? Qué grosero.


Wilfried sacudió la cabeza, exasperado, y luego me señaló con el dedo: "Eres la única que piensa eso. Siento decírtelo, pero te equivocas".


"No, querido hermano, te equivocas. Me esfuerzo por no causar ni un solo problema a Ferdinand".


"Entonces te has equivocado de camino, ¿no crees?".


Charlotte y Melchior se limitaron a soltar una carcajada. Ninguno de los dos salió en mi defensa.


Ngh... E-está bien...


"Hablando de esfuerzos equivocados, ¿vale la pena intentar ocultar que te vas?".


"¿Qué quieres decir?"


"Hay rumores de tu traslado a la Soberanía por todas partes".


"¡¿Qué?!"


Durante la Conferencia de Archiduques, muchos argumentaron que yo debía ser nombrada Suma Obispa Soberana y, para avivar aún más las sospechas, nuestra pareja archiducal recibió una inesperada citación de la familia real. Aún más inusual fue su decisión de celebrar una reunión sin asistentes tras la negativa inicial, la discusión privada que tuvo lugar tras la revisión posterior a la conferencia y la aceleración de la entrega del templo. Era fácil suponer que me ordenaron convertirme en Suma Obispa Soberana.


"No me contaron mucho sobre lo que pasó durante la conferencia, así que imagina mi sorpresa cuando escuché los rumores. Me hizo preguntarme, sin embargo..." Me dirigió una mirada de genuina preocupación. "¿De verdad te van a nombrar Suma Obispa Soberana después de tu adopción...? He oído hablar de los templos de otros ducados durante las fiestas del té, y no se parecen en nada al de Ehrenfest".


Negué con la cabeza. "Puede que recorra el templo Soberano en alguna ocasión, pero dudo que llegue a ser su Suma Obispa. Fui muy clara con el Príncipe Sigiswald en el sentido de que si la familia real intenta encomendarme tales tareas, ellos tendrán que empezar a desempeñarlas también".


Wilfried intercambió una mirada con Charlotte antes de mirarme fijamente, repentinamente invadido por el miedo. "No me digas que... le diste órdenes al príncipe Sigiswald incluso antes de ser adoptada...".


Asentí con la cabeza, e inmediatamente se quejó de que mis payasadas eran la razón por la que no le gustaba tratar conmigo. Mientras tanto, los ojos de Charlotte vagaban por la habitación. Pasó un buen rato intentando encontrar las palabras adecuadas, y al final dijo que se alegraba de que mi adopción llegara tan pronto. Su principal preocupación era que mis arrebatos pudieran ser malinterpretados como traición.


"¿Fui realmente tan irrespetuosa...?", pregunté. "Aquí en Ehrenfest, el aub y el resto de la familia archiducal accedieron a visitar el templo y celebrar ceremonias religiosas, así que me pareció bastante razonable. Sólo dije que deberían conseguir a un miembro sano de la realeza para que sirviera como Sumo Obispo en lugar de imponer tales deberes a alguien tan enfermiza como yo. ¿Fue demasiado incorrecto por mi parte?".


"¡Ningún noble normal diría eso!"


"El príncipe Sigiswald ciertamente se sorprendió. Aunque no me arrepiento de haberlo dicho; de otro modo no habría entendido ninguna de mis intenciones".


Con los hombros caídos, Wilfried pronunció unas palabras de simpatía hacia el príncipe Sigiswald, que acabaría comprometiéndose conmigo. Yo le lancé una mirada severa, sin estar nada segura de cuál era el problema, mientras él se volvía hacia Melchior y recalcaba que yo era un pésimo ejemplo a seguir cuando se trataba de socializar.


"Puedes considerarla un modelo a seguir para el estudio y las ceremonias religiosas, pero nunca la utilices como base para la socialización o el sentido común. Ni siquiera el Tío pudo entenderla, así que no tenemos ninguna posibilidad. En resumen, cada uno tiene sus puntos fuertes y débiles, pero sólo debes esforzarte por imitar los primeros, ¿entendido?".


Melchior asintió, tomándose el consejo muy en serio. "Rozemyne es excepcional, pero veo que también tiene sus debilidades. Eso es un alivio. Empezaba a molestarme no poder hacer todas las cosas que ella hace con tanta facilidad".


"Está bien que dejes que Rozemyne te inspire, pero no te preocupes por intentar seguirle el ritmo. Si empiezas a hacerlo, sólo conseguirás quedarte corto y sentirte desgraciado todo el tiempo".


"Efectivamente", añadió Charlotte. "Una vez perdí mi confianza como candidata a archiduque después de no poder hacer las cosas exactamente como las hacía mi hermana. Es un camino que todos los hermanos debemos recorrer".


Melchior soltó un suspiro de satisfacción, como si acabara de quitarse un gran peso de encima: "Así que no soy el único..." Habían llegado a una especie de entendimiento mutuo entre ellos... lo que en realidad me frustraba un poco.


"Por favor, no me dejen fuera", dije.


"¿Por qué no? No entiendes el dolor y el sufrimiento que conlleva tener un hermano anormal y extraordinario".


"¡Me tocó un mentor anormal y extraordinario! ¡Yo también la he tenido difícil! ¡Inclúyanme!"


Wilfried y Charlotte intercambiaron miradas. Luego...


"Tú y el tío parecen pájaros de un mismo plumaje", comentó Wilfried. "Los dos son bastante raros".


"Así es, hermana", convino Charlotte. "Fuiste capaz de completar sus agotadoras lecciones sin sudar. ¿Por casualidad sucumbiste alguna vez a la presión y suspendiste?".


Entonces Melchior me remató con un muy poco útil: "No estás quedándote fuera hermana, tú y el tío son raros juntos".


Quiero que me incluyan con mis hermanos, ¡no ser el bicho raro de la familia!

Mientras me desesperaba, un ordonnanz entró volando en la habitación. Cada uno extendió un brazo para que no cayera sobre la mesa ni sobre nuestros dulces, y se posó en el mío.


"Soy Hartmut. Los ancianos de Leisegang han llegado al castillo, exigiendo saber si van a enviarle a la Soberanía. Puede que hayan esperado deliberadamente a que el aub se hubiera marchado. Lady Florencia tendrá que enfrentarse a ellos sola, lo que no será bueno para su… estado, ¿no? Como seguro que lo ha deducido, esto es motivo de preocupación".


El pájaro repitió su mensaje dos veces más antes de volver a convertirse en una piedra fey amarilla.


"¿Vinieron a protestar contra Madre ahora que Padre se ha ido?", murmuró Wilfried, mirando fijamente la piedra. La comitiva de Sylvester había pasado por Leisegang para tomar camino a Ahrensbach, por lo que los ancianos actuaban sabiendo de su ausencia.


Saqué mi schtappe, golpeé la piedra fey y pronuncié el cántico para convertirla de nuevo en una ordonnanz. "Hartmut, averigua quién les contó a los Leisegang lo ocurrido durante la Conferencia de Archiduques. Alguien debe estar incitándolos".


Giré mi schtappe, y el pájaro blanco desapareció a través de la pared camino de Hartmut. Wilfried lo vio marchar, y luego se levantó con estrépito.


"Voy a ayudar a mamá".


"Yo también", dije, deslizándome de la silla. "Nos ocuparemos de ellos juntos. Los ancianos de Leisegang no serán una buena influencia para su hijo nonato, eso seguro".


Wilfried asintió, luego se volvió hacia Charlotte y Melchior. "Charlotte, Melchior, lleven a Madre a una habitación separada y manténganla alejada de los Leisegang. Rozemyne y yo nos encargaremos de ellos".


"¿Estás seguro, Hermano...?", preguntó Charlotte con ansiedad. "¿No has tenido ya demasiadas experiencias terribles con ellos? Además, teniendo en cuenta cómo tendremos que manejarlos en el futuro...".


Le dio una palmada en el hombro. "Ya no soy el próximo aub. No necesito su apoyo, lo que significa que no tengo que soportar sus golpes de brazos cruzados. Me mantendré en la línea de fuego mientras tú esperas la oportunidad adecuada para acercarte a Giebe Leisegang y lograr su cooperación. Eso es lo que se te da bien, ¿no?".


"Hermano..."


Apagué el bloqueador de sonido y convocamos a nuestros asistentes. Todos querían saber qué había pasado, así que les contamos la llegada de los ancianos de Leisegang.


"Leonore", dije, "por favor, informa a Madre, al Abuelo y a Giebe Leisegang sobre ésto. Y Angélica... reúne a todos los caballeros guardianes al servicio de los candidatos a archiduque".


"¡Entendido!"


En un instante, nuestros asistentes pasaron de esperar fuera a reunirse afanosamente.


Charlotte y Melchior jadearon ante la repentina intensidad de nuestros caballeros guardianes. Wilfried no se inmutó, sin embargo; les dijo que nos siguieran, luego me ofreció su mano y dijo: "Vamos, Rozemyne. No debemos permitir que hagan lo que quieran mientras Padre no está".


"Así es", respondí, tomándole la mano con una sonrisa. "Puede que la purga haya eliminado a su oposición política, pero se han vuelto demasiado arrogantes, si me lo preguntas. Aprovechemos esta oportunidad para asestarles un golpe definitivo. Por el bien de todos".


"Ya es hora de que aprendan que su 'princesa' es el monstruo más aterrador de todos".


"¡¿Y qué se supone que significa eso?!"




Capítulo 11: Los ancianos Leisegang

A pesar de salir entusiasmada de la habitación de Charlotte, no podía seguir a Wilfried a pie. Me subí a mi bestia alta y juntos nos dirigimos al edificio principal.


"Vamos, Rozemyne", dijo desde delante de mí.


Mientras intentaba igualar su paso, de pronto noté algo extraño: sus asistentes no estaban en sus posiciones habituales. Lamprecht siempre permanecía justo al lado de su señor, pero ahora estaba más cerca de la parte trasera del grupo. Mientras tanto, Barthold estaba bastante cerca de Wilfried. ¿Tanta confianza se había ganado al haberle dado su nombre?


Contemplé la extraña visión mientras nos dirigíamos al salón del castillo; según Hartmut, allí era donde íbamos a encontrar a los Leisegang. A nuestra llegada, vi que uno de los caballeros guardianes de Florencia estaba apostado fuera del salón. Confirmé que los rumores de disturbios eran ciertos y pedí que nos dejaran entrar. El caballero respondió con cara de preocupación —que todos los candidatos a archiduque y sus ayudantes solicitaran acceso a una reunión privada distaba mucho de ser lo ideal—, pero de todos modos entró para comprobarlo.


"¿Qué hacen todos aquí?", preguntó Leberecht al salir a nuestro encuentro. Era el padre de Hartmut y, al parecer, asistía a la reunión como erudito de Florencia.


Wilfried se adelantó sin dudarlo un instante. "Los Leisegang están aquí, ¿no? Déjanos entrar. No podemos permitir que madre negocie sola".


"Por favor, Leberecht", añadí. "Su discusión es sobre mí, ¿no es así?".


Nos miró con reticencia y regresó a la sala de reuniones para obtener el permiso de su señora. Poco después nos permitieron entrar, donde encontramos sentados a Florencia, sus asistentes y a varios ancianos de Leisegang. Los había visto en fiestas y actos similares, pero era la primera vez que los veía en privado.


"¡¿Ooh, lady Rozemyne?!", exclamaron.


"Todos ustedes, ¿por qué están aquí?", pregunté.


"Estamos discutiendo un asunto de la mayor importancia para el futuro de nuestro ducado. Usted es la brillante esperanza de los Leisegang, lady Rozemyne; ¡la sola idea de que pueda ser reducida a servir como Suma Obispa Soberana es absurda! ¡¿Qué está pensando Aub Ehrenfest?!"


Los ancianos estaban siendo tan flagrantemente arrogantes que su decisión de entrar por la fuerza en el castillo ya no me sorprendía.


Florencia suspiró. "Como he dicho, cualquier asunto relativo al futuro de nuestro ducado debe ser tratado con Aub Ehrenfest. Por favor, esperen su regreso para que puedan hablar con él directamente".


En otras palabras: váyanse ya.


Los ancianos negaron con la cabeza. "Debemos asegurarnos de que usted también entiende nuestra posición, lady Florencia. Sólo la primera esposa puede salvar a un aub cuya vista ha sido cegada por Verbergen —¿o es usted también esclava del amor por sus propios hijos?" Suspiraron. "Ese lado suyo se parece demasiado a lady Verónica".


Declaraban rotundamente que Sylvester estaba dejando que su juicio se nublara y que debía que rectificar por el buen camino. Por supuesto, todo era un intento de convertirme en la próxima aub para que no me tomaran como la Suma Obispa Soberana.


"No creo que Verbergen agracie a la familia archiducal con su presencia", dijo Florencia.


Los ancianos asintieron sonrientes. "En ese caso, debe entender que no se puede permitir que lady Rozemyne abandone Ehrenfest. Si un decreto real exige que un candidato a archiduque capaz de realizar ceremonias religiosas sea trasladado al templo Soberano, entonces envíe a otro que pueda ir en su lugar. Sólo debería requerir un poco de... negociación".


Volvieron sus sonrisas hacia Wilfried. Como nieto de una criminal y que además cometió un crimen propio, era más adecuado para ser enviado al templo. También se referían indirectamente por cómo fue a Leisegang vestido con túnicas azules para la Oración de Primavera.


En respuesta, Wilfried se limitó a apretar los labios.


Así debieron burlarse de él entonces.


Al ver este intercambio, comprendí por qué Wilfried se deprimía tanto cuando la gente sacaba continuamente a relucir un error que había cometido de pequeño. También me dieron ganas de suspirar al ver cómo la generación mayor seguía menospreciando el templo.


"Querida madre adoptiva, por favor, sal de la habitación", le dije a Florencia. "No sería bueno para el bebé oír palabras tan hirientes".


"Es verdad, madre. Vámonos", añadió Charlotte, que se dispuso a tomar a Florencia de la mano, pero fue rechazada con una sonrisa apacible.


"No. Me quedaré aquí", declaró Florencia. "Su preocupación me alegra el corazón, pero no puedo dejar a mis hijos solos en un ambiente como éste".


Junto con Wilfried, me coloqué de forma protectora frente a Florencia y me enfrenté a los ancianos. "Me encuentro totalmente confundida, pues no puedo comprender qué los trae por aquí", les dije. "No hay planes para que me envíen al templo soberano. ¿Qué ha inspirado tales rumores?".


"Tenemos nuestra propia red de información, lady Rozemyne, y todos los que asistieron a la Conferencia de Archiduques corroboran nuestro temor".


En primer lugar, sólo un número restringido de nobles podía asistir a la Conferencia de Archiduques, y el hecho de que no se hubiera filtrado mi adopción reducía aún más la lista de posibles culpables. Sin embargo, una cosa en particular me llamó la atención: hablaban como si tuvieran pruebas concretas de que me iban a nombrar Suma Obispa Soberana.


"Con decreto real o sin él", continuaron los ancianos, "nos preocupa mucho dejar el futuro de Ehrenfest en manos de un aub que no entiende lo que su ducado necesita y de alguien como lord Wilfried, que hace promesas que no puede esperar cumplir. Por eso queremos que usted lidere en su lugar, lady Rozemyne".


Aun así, los ancianos presionaban para que Wilfried entrara en el templo soberano en mi lugar. Sin embargo, antes de que pudieran decir nada más, Bonifatius irrumpió en la sala.


"Rozemyne, ¿estás bien?"


"¡Ooh, lord Bonifatius! ¡Excelente momento!"


Los ancianos miraron a Bonifatius con ojos brillantes y le pidieron ayuda para mantenerme en Ehrenfest. Él les respondió frunciendo el ceño. Me di cuenta de que quería cooperar con ellos, y probablemente lo habría hecho si no fuera porque ya sabía lo de mi adopción.


En cualquier caso, parece que no fue el abuelo quien encendió el fuego...


Los ancianos repitieron entonces que no era razonable enviarme al templo Soberano, ya que yo era más apta para convertirme en la próxima aub que cualquier otro candidato a archiduque. Por razones obvias, esto tomó a Bonifatius por sorpresa.


"Nunca  escuché nada de que Rozemyne fuera a trasladarse al templo soberano", dijo. "¿Quién ha dicho lo contrario?".


"Todos los que asistieron a la Conferencia de Archiduques. ¿No estaba usted al tanto?"


"No lo estaba".


Mientras los ancianos intercambiaban miradas preocupadas, Wilfried los miró a todos con exasperación. "No hay planes para que Rozemyne se una al templo soberano. Me parece que alguien intentó engañarlos a todos".


Sus expresiones se ensombrecieron; Wilfried era la última persona de quien querían oír eso. Entonces empezaron a burlarse de él con nobles eufemismos.


Espera... Tal vez esto es lo que pasó durante la Oración de Primavera. Wilfried debió de provocarlos accidentalmente.


Si el comentario hubiera venido de Bonifatius o de mí, los ancianos de Leisegang no se habrían enfurecido tanto, pero de Wilfried... Parecía que era tan malo leyendo el ambiente como yo. Los ancianos continuaron su reprimenda, llegando incluso a enumerar los pecados pasados de Verónica, mientras Wilfried se limitaba a aceptarlo.


Wilfried, creo que eres aún menos apto para socializar que yo...


"Puedo entender su postura", dije a los ancianos, interviniendo. "Nadie puede negar que los Leisegang han soportado muchas penurias, o que Wilfried ha sido descuidado en el pasado".


Los ancianos me miraban con esperanza en los ojos, mientras que Wilfried simplemente parecía herido.


"Sin embargo", continué, "supongo que hicieron comentarios similares a Wilfried cuando visitó Leisegang durante la Oración de Primavera —para enriquecer tanto su tierra como Ehrenfest, debo añadir".


"¿Lady Rozemyne...?"


"Lo acusan de ingenuo, pero creo que ustedes también lo están siendo", dije con una sonrisa, haciendo que Wilfried y los ancianos parpadearan sorprendidos. "Piensan que me envían al templo soberano, ¿verdad? ¿Quién creen que realizará las ceremonias de Ehrenfest una vez que me haya ido?".


Miré a Wilfried, que sonrió en respuesta antes de volverse hacia los ancianos. "Cuando Rozemyne alcance la mayoría de edad, Melchior asumirá el cargo de Sumo Obispo. Pero si se marcha ahora, como dicen que podría ocurrir, mi principal pilar de apoyo desaparecerá... lo que me convierte a mí en el candidato más adecuado para unirme al templo".


"Efectivamente", continué con una sonrisa amenazadora. "Y te trataron de tan mala manera cuando visitaste Leisegang para la Oración de Primavera. Nadie te culparía por suponer que ellos ya no desean participar en ceremonias religiosas. Uno pensaría que, como granero del ducado, reconocerían la importancia de la Oración de Primavera... pero aparentemente no".


"Deben tener en cuenta que Ehrenfest no puede funcionar sin las cosechas de Leisegang", replicaron los ancianos. "Si nuestra cosecha se resiente, también lo hará el ducado".


Los Leisegang sólo podían ser tan arrogantes porque su posición como granero del ducado les garantizaba más o menos un papel permanente como terratenientes. Privarlos de las ceremonias religiosas supondría un duro golpe para esa seguridad.


Mi sonrisa se ensanchó. "Sí, eso fue cierto una vez. Pero harían bien en recordar que las ceremonias religiosas han amplificado enormemente las cosechas de todas las provincias, incluso Haldenzel. Últimamente, Ehrenfest también ha estado comerciando activamente con otros ducados. Que se puedan importar mercancías es ahora mucho más fácil que antes".


En el pasado, Ehrenfest rara vez entablaba relaciones con otros ducados, pero los tiempos estaban cambiando. A partir de ahora, podríamos importar alimentos a cambio de adornos para el cabello y papel. Me aseguré de recalcar que la influencia de los Leisegang podría verse fácilmente mermada como consecuencia de ello, y que tal decisión podría ser tomada de forma independiente por el aub.


Los ancianos palidecieron; sólo conocían Ehrenfest como un ducado atrasado que no recibía atención de nadie. "Lady Rozemyne", gritaron, "¡¿cómo puede decir eso siendo nuestra brillante estrella de la esperanza?! ¡¿Pretende darle la espalda a su mayor base de apoyo?!".


"¿Darles la espalda? Dios mío. Soy la Suma Obispa de Ehrenfest y la hija adoptiva del archiduque; debería ser obvio que no querría el apoyo de aquellos que menosprecian las ceremonias religiosas, desprecien a mi hermano y falten el respeto al aub". Me llevé una mano a la mejilla. "Además, ¿cuántas veces debo recordarles que no deseo convertirme en la próxima aub?".


Los ancianos me miraron incrédulos. Por fin parecían comprender mis intenciones.


Bonifatius miró entre los ancianos y yo: "Rozemyne, ¿no crees que eso es ir demasiado lejos?", preguntó, tratando de suavizar las cosas.


"En absoluto, abuelo. Los Leisegang querían que el aub rebajara el rango de nuestro ducado, ¿no? Estaban dispuestos a hacer a un lado los frutos de mi duro trabajo y el de todos los demás en la Academia Real". Imité la clásica expresión apenada de Angélica y dije: "Sentí como si todos me hubieran traicionado".


Bonifatius gruñó, habiendo asistido a esa reunión como representante de Leisegang. "Aun así, no realizar ninguna ceremonia en Leisegang sería...".


"No tema, lord Bonifatius", intervino Wilfried con una sonrisa, cortando la tensa atmósfera de la sala. Se volvió hacia los ancianos y les dijo: "Simplemente podrían unirse al templo. Realmente merece la pena considerarlo. Al realizar ustedes mismos los rituales, podrían asegurarse de que sus cosechas sigan siendo tan abundantes como están acostumbrados. Su preciada estrella de la esperanza los ha estado realizando por el bien de Ehrenfest, así que consideren esta una oportunidad para apoyarla. Jubilados o no, aún tienen maná, así que ¿por qué no?".


Una vez más, no ha sabido leer el ambiente... Pero no se equivoca.


"Wilfried y Charlotte empezaron a celebrar ceremonias religiosas para cubrir mi ausencia", dije, "y siguen ayudándome incluso ahora. Quizá sea prudente pedir a mi base de apoyo que siga su ejemplo y celebre también ceremonias religiosas".


Los ancianos se habían retirado y dejado de socializar. Si simpatizaban con que yo tuviera que volver de la Academia Real sólo para el Ritual de Dedicación, su ayuda sería muy apreciada. Por supuesto, recibieron la sugerencia con muecas muy claras.


"Su ayuda me sería absolutamente útil cuando yo también empiece a asistir a la Academia Real", exclamó Melchior con regocijo.


"Los de Leisegang hemos causado tantos problemas por simples rumores", dijo Giebe Leisegang, disculpándose nada más llegar. En ese momento, los ancianos se sumieron en una silenciosa tristeza por haberme escuchado exponer mi total desinterés en convertirme en aub y por la cantidad de pena que me habían causado. "Aunque actuaron con descortesía, sus palabras y sus actos proceden de su preocupación por usted, lady Rozemyne. Por favor, perdónelos con magnanimidad".


Giebe Leisegang empezó a describir sin rodeos cómo mejoró la situación de los Leisegang desde la caída de Verónica y mi adopción. Habían visto mejores cosechas, el renacimiento de la ceremonia de invocación de la primavera, la introducción de talleres de imprenta y fabricación de papel, un aumento de las protecciones divinas, mi método de compresión del maná y muchas de cosas más que ni siquiera era consciente.


Y continuó: "Al escuchar que a un miembro de nuestra familia que nos ha bendecido tanto no sólo se le negaba el papel de aub, sino que se le enviaba al templo soberano como a una vulgar plaga, nuestros ancianos, que tanto han sufrido ellos mismos, se sintieron obligados a actuar."


Los ancianos no querían que me enfrentara a la misma crueldad que ellos soportaron, así que se habían puesto en acción en cuanto se enteraron de que me enviaban al templo soberano por decreto real.


"Es capaz de comprender a lord Wilfried", dijo. "Sólo puedo esperar que extienda esa misma comprensión a aquellos que se preocupan de que pueda ser maltratada o forzada a salir de la sociedad noble y entrar en el templo como una vez le ocurrió a lord Ferdinand".


Asentí a giebe Leisegang y dije: "En efecto". Sus métodos extremos no hicieron  más que molestarme, pero lo más probable era que los ancianos actuaran así  debido a su preocupación por mí.


"Rozemyne es una chica amable", dijo Florencia, sonriendo al giebe. "Creo que habría sido mucho más empática con los Leisegang si no se hubieran presentado repentinamente en el castillo. Ella vino aquí sólo preocupada por mí y, de hecho, estaba en una fiesta de té cuando recibió la noticia. Por lo tanto, esto es una discusión y nada más. Ella no planea realmente excluir a los Leisegang de las ceremonias religiosas. ¿No es así, Rozemyne?".


Todavía estaba molesta con los Leisegang por pedir que nos rebajaran el rango y también por menospreciar a Sylvester tras la purga de la antigua facción de Verónica, pero asentí. "En efecto. Mientras empiecen a apoyar al aub que dejó de lado a su propia facción en beneficio del ducado, estoy segura de que mis pensamientos cambiarán". Leisegang apoyaría más a Sylvester a cambio de que se siguieran llevando a cabo las ceremonias religiosas.


"Giebe Leisegang: si acceden a la petición de Rozemyne y apoyan más a mi marido, olvidaré todo este incidente. Tienen suerte de que, como él no está presente, sólo los que estamos en esta sala sabemos que esta visita no estaba anunciada".


"Tiene mi gratitud, lady Florencia."


La verdad es que, después de oír al giebe explicar lo mucho que se preocupaban por mí, me alegró saber que los ancianos no recibirán un castigo severo. Supuse que la conversación había terminado, pero entonces me di cuenta de que giebe Leisegang miró  fijamente a Wilfried.


"Lord Wilfried", dijo en voz baja, "¿alguna vez se ha detenido a pensar qué les hizo lady Verónica a los Leisegang para que estén tan profundamente resentidos con usted?".


Wilfried entrecerró un poco los ojos, sin duda sorprendido de haber recibido una pregunta genuina en lugar de más burlas indirectas.


El giebe continuó: "Me parece que no lo entiende del todo, a pesar de las explicaciones que ha recibido del aub y de sus ayudantes. De niño, disfrutó más que nadie de los beneficios de la facción que lady Verónica construyó. Haría bien en reflexionar sobre sus acciones y sobre cómo lo ven los terceros".


Tras señalar que Wilfried estaba provocando accidentalmente a los Leisegang con su falta de comprensión, giebe Leisegang se marchó con los ancianos a cuestas.


Wilfried se quedó mirándose los pies, sumido en sus pensamientos.


Días después, volví al templo. Hartmut había pedido hablar conmigo en privado, así que me aseguré de llevar bloqueadores de sonido.


"Pude descubrir quién provocó a los ancianos de Leisegang", anunció Hartmut, con aspecto un poco agotado. "Al parecer fueron varios los responsables, y descubrirlos no fue tarea fácil. El primero fue Barthold, que dió su nombre a lord Wilfried".


"¿Perdón?"


"Se ha estado aprovechando de la confianza depositada en él para atisbar a su señor con mentiras, plantearle tareas imposibles que, según él, provenían de los Leisegang, y enfrentar entre sí a sus compañeros de séquito. Por si fuera poco, estuvo haciendo todo lo posible para impedir que usted y los demás candidatos a archiduque se reuniesen para intercambiar información."


Wilfried estaba siendo traicionado por uno de sus jurados.


Hartmut continuó: "Barthold no puede desobedecer órdenes, pero eso no lo hace incapaz de traicionar. La distinción es... complicada". De hecho, dependía de un lord o una lady decidir cómo usaban la dedicación de nombre. "La conclusión principal es que Barthold detesta intensamente a lord Wilfried y al aub, por haber traicionado a su facción a pesar de ser favorecidos por lady Veronica".


"Entonces..."


"Fue lady Florencia la primera que se percató del repentino cambio en el entorno de lord Wilfried y del sospechoso comportamiento de Barthold. Decidió aprovechar la ausencia del aub para acorralar al asistente en cuestión y restar la influencia de los Leisegang".


"Espera, ¡¿Florencia hizo eso?!", exclamé, con los ojos muy abiertos. La idea ni siquiera se me había pasado por la cabeza.


"Instigó a Barthold e insinuó las acciones del templo soberano, entre otras cosas, para alborotar a los ancianos. Su intención era llevarlos al límite durante la reunión, y dependiendo de sus palabras y acciones, haría que la Orden de Caballeros los encarcelara, reduciendo así el poder de los Leisegang".


Incluso programó su encuentro en el momento en que estuviéramos en el edificio norte para nuestra fiesta del té. Realmente había sido un plan bastante calculado... bueno, excepto por Hartmut que se percató de la llegada de los ancianos.


"Según tengo entendido, mi padre fue quien ideó el plan", explicó, y luego suspiró. "Me di cuenta porque los arteros trucos me resultaban extrañamente familiares".


En resumen, tanto el padre como el hijo estaban destinados a engañarse mutuamente. Hartmut acudió a Leberecht con pruebas y testimonios en una dura batalla para arrancarle la verdad.


"Resultaba", continuó, "que tenían la intención de herir a los Leisegang más gravemente de lo que realmente lo hicieron al final. Padre dijo que su intervención hizo que las cosas se arreglaran bastante".


"Eso está bien, pero... todavía me sorprende oír que Florencia estaba maquinando algo así. Verdaderamente sigo sin creerlo". Siempre llevaba una sonrisa tan tranquila y pacífica, así que esta revelación me había pillado completamente por sorpresa.


"Los ancianos son fáciles de manipular ahora que la purga los ha convertido en el mayor poder del ducado. Supongo que lady Florencia quiso frenar su influencia de forma significativa antes de que Brunhilde se convirtiera en la segunda esposa. Después de todo, no puede tomar prestada la fuerza de lady Elvira".


Mi mente se nubló; no me importaban lo más mínimo las tonterías nobles. Salí corriendo de nuestra fiesta del té porque estaba preocupada de que Florencia tuviera que lidiar con los Leisegang estando embarazada... pero ahora me sentía muy estúpida.


"¿Qué va a pasarle a Barthold?", pregunté. Estaba tramando la caída de alguien a quien jurado fidelidad, así que no pude reprimir mi curiosidad.


"Eso lo decidirá lord Wilfried. Lady Florencia tiene la intención de vigilar a Barthold de cerca y dejar pistas de sus fechorías hasta que él se dé cuenta de la verdad por sí mismo. Padre fue bastante estricto al ordenarme que no me involucrase, ya que se trata de un asunto de su educación. Y debo añadir que me regañó severamente por dejar que mi descuido pusiera a mi señora en peligro".


Cada vez que algo parecía extraño, solía deberse a que alguien movía los hilos entre bastidores. Uno se arriesgaba a exponer a su señor o señora al peligro a menos que pudiera deducir exactamente qué estaba pasando.


"Aún me queda mucho por aprender", concluyó Hartmut. Estaba muy abatido porque su ordonnanz hizo que abandonara la fiesta del té y me llevó a enfrentarme a los ancianos de Leisegang. Pero más que eso, odiaba el hecho de que sólo la familia archiducal salió beneficiada, y que yo no había  ganado nada a pesar de mi empeño, y eso lo deprimía.


"Si no fuera por ti", le dije, "nunca habría entendido las circunstancias de este incidente. Lo has hecho bien. Tomemos el té y disfrutemos de unos deliciosos dulces". 




Capítulo 12: El regreso de Sylvester

Pasaba los días trabajando en los traspasos para el templo y la imprenta, mientras repasaba las asignaturas de la Academia Real y observaba los estudios del orfanato. Los niños con herramientas mágicas que tenían edad suficiente para ser bautizados este invierno iban a reunirse con Sylvester en otoño para que determinara si eran dignos de convertirse en nobles bajo su tutela. Como resultado, ahora estaban concentrados en su educación, asegurándose de que no había nada malo con su comportamiento. Melchior y los aprendices de sacerdotes azules abordaban sus tareas con el mismo fervor a medida que se acercaba el Festival de la Cosecha.


Dirk había conseguido una herramienta mágica y bebía desesperadamente las pociones que Roderick y Philine preparaban para intentar acumular más maná. No tendría que matricularse en la Academia Real hasta dentro de tres años, pero quería aumentar su ventaja en la medida de lo posible.


Mientras continuaba mi trabajo, un ordonnanz de Ottilie llegó del castillo. Sylvester y su séquito habían regresado del funeral en Ahrensbach.


"Parece ser que lord Ferdinand envió todo tipo de regalos", continuó. "Les esperan hoy en el castillo para cenar".


Así que regresé al castillo con Melchior y nuestros asistentes. La mención de los regalos me entusiasmó; tal vez entre ellos había una herramienta mágica para detener el tiempo repleta de delicioso pescado.


"Bienvenido a casa", le dijimos a Sylvester cuando se bajó con Karstedt.


Una vez que todos se pusieron en pie, los asistentes comenzaron a descargar el equipaje. Los carruajes de los asistentes llegaron detrás de ellos, junto con muchos otros repletos nada más que de equipaje. Habían partido con muchísimas cosas y regresaron con otro tanto.


De hecho, traían vagones extra, así que deben tener incluso más de los que tenían.


"Sin duda trajiste mucho contigo", le comenté a Sylvester. "Debes tener tanto equipaje como Ferdinand cuando se fue Ahrensbach".


Me miró con una mueca de molestia"¿Y de quién crees que es la culpa? ¿Acaso ambos piensan que soy una especie de transportista?".


Lo máximo que hice fue pedirle que entregara los objetos que Ferdinand solicitó, lo que significaba que sólo había un culpable del que hablar.


"Ah, ya veo. La culpa es de Ferdinand. Debe de ser duro tener un hermano pequeño tan exigente".


Intentaba elogiar a Sylvester, pero entonces me ocultó detrás de sus largas mangas y me golpeó  ligeramente. No pude entender la razón.


"Le enviaste algo ridículo, al parecer. Se puso la cabeza entre las manos y dijo que los ingredientes disponibles no serían suficientes".


"¿Algo ridículo?", repetí. "¿A qué se refería?".


"¿Cómo voy a saberlo? De todas formas, los tres últimos carruajes son para ti. Hablaremos de Ahrensbach durante la cena, así que échales un vistazo y guarda el contenido antes". Sylvester dijo esto mientras agitaba una mano. No pude evitar parpadear sorprendida mientras miraba entre él y los vagones. Había cinco llenos de equipaje... ¿y tres de ellos eran para mí?


"Lady Rozemyne, no queda mucho tiempo antes de la cena", me informó Ottilie. "Debemos darnos prisa".


Convocó a Gretia y Lieseleta antes de dirigirse a los carruajes. Tendría que revisar los tres, pero mi motivación se desvaneció en cuanto vi el primero.


"Hay platos, cuencos y ollas", observé. "Ya los han limpiado con waschen, así que envíenlos al templo. Ah, pero algunos de ellos podrían ser de la comida que madre les envió durante el Torneo Interducados. Me pregunto cuáles serán los suyos...".


Ella nunca cocina para mí, así que no sabría qué utensilios le pertenecían sin preguntar a los cocineros. Que estuvieran todos vacíos al menos significaba que los habían comido, pero clasificarlos iba a ser una tarea aún más ardua de lo esperado.


"¿Puedo sugerir que los envíe a la cocina del templo para que Nicola y Hugo los clasifiquen?", dijo Philine. "Tal vez incluso podría llenarlos con nuevos platillos y dulces cuando se los devuelva a lady Elvira".


"Sí, es una buena sugerencia", respondí, y luego ordené que cargaran las ollas y los platos en un carruaje aparte para enviarlos al templo.


"Y por aquí... ¿Oh? ¿Son telas de Ahrensbach?"


Debía de hacer calor en Ahrensbach, pues había cajas llenas de telas especialmente finas. Gretia extendió una parte y se quedó mirándola extrañada.


"Ciertamente es delgada", reflexionó en voz alta. "Supongo que sólo podríamos usarla aquí durante la parte más calurosa del verano".


"Si la combinamos con otras telas, podremos crear muchos diseños nuevos", dije. "Quizá deberíamos enviarle unas cuantas a Aurelia". Nuestros gustos eran parecidos —al menos, según Brunhilde—, así que quizá utilizaría la tela para confeccionar ropa de verano para su hijo, Siegricht.


Ottilie asintió y luego se dirigió a los sirvientes: "Las telas están destinadas a ser distribuidas entre las damas cercanas, así que llévenlas todas a la habitación de lady Rozemyne. Las telas de otro ducado son particularmente raras y sin duda alegrarán mucho a sus destinatarias. Debemos considerar cuidadosamente a quién se las daremos".


Estaba claro que tenía la tela bajo control, así que pasé a otra caja. Ésta estaba llena de herramientas mágicas para detener el tiempo.


"¿De cuántos dispositivos para detener el tiempo dispone Ferdinand?", me pregunté.


"Bueno, lady Rozemyne", respondió Lieseleta con una risita. "Usted aprovecha cualquier oportunidad para enviar comida a Ahrensbach, ya sea un reencuentro fugaz o una entrega de ropa. Éstas son sus herramientas que él le ha devuelto".


Ya veo... No me di cuenta de que había enviado tantas.


"Deben de haber muchas porque es la primera vez que envía algunas de vuelta", aventuró Lieseleta. "Llenarlas todas debió ser todo un esfuerzo".


Imaginé a Ferdinand luchando por decidir qué comidas enviarme, lo que me hizo sonreír, pero luego me di cuenta de que probablemente había descargado la tarea en Justus.


Apreciamos tu trabajo, Justus.


Mientras pensaba en ello, abrí una de las herramientas y la encontré llena de cosas extrañas que nunca antes había visto organizadas en pequeñas porciones. Hartmut y Clarissa, que también estaban curioseando en el interior, soltaron gritos de alegría.


"¡Oh, cielos! ¡Ingredientes de Ahrensbach!", exclamó Clarissa. "Seguro que son raros. Tal vez éste sea su pago por los ingredientes y utensilios de mezcla que le envió, Lady Rozemyne".


"Y hay notas que explican lo que son", añadió Hartmut. "Llevarlos directamente al taller de la biblioteca parece lo ideal".


Y así fue.


Al abrir la siguiente caja, el olor a mar se apoderó inmediatamente de mis sentidos. Aparté la tapa sin dudarlo un instante y contemplé el grandioso espectáculo que se abría ante mí. Había una pila de spresches diminutos en una esquina, y  regisches. También estaban varios pescados que no reconocí y algunos que ya habían sido troceados, pero no importaba; las notas que los acompañaban explicaban qué eran y cómo prepararlos.


"¡Sí! ¡Pescado!", declaré. "¡Hay tanto!".


"Lady Rozemyne, por favor, cierre la caja antes de que los peces empiecen a moverse", gritó Damuel, que se apresuró a volver a colocar la tapa, ocultando los peces de mi vista, pero el solo hecho de saber que estaban allí me llenó el corazón de alegría.


¡Gracias, Ferdinand! ¡Estoy tan feliz ahora mismo!


Había tantas recetas de pescado dando vueltas en mi mente que mi cabeza empezaba a nadar. Era una pena que no pudiéra cocinarlos con salsa de soja, pero absolutamente haría albóndigas de spresch.


"Lady Rozemyne, ¿a dónde debemos llevar este pescado?"


"Lo dividiré equitativamente entre el castillo y el templo. Deseo compartir esta alegría con todos".


Entre el equipaje también había pequeños accesorios de Ahrensbach, frascos de especias y condimentos que complementarían muy bien los platos de pescado: fue un agradecimiento de Letizia por los dulces que le envié. También había varias cartas.


"Esto puede ordenarse en la biblioteca junto con los ingredientes", dije.


"Sí, milady."


Después de revisar el resto del equipaje, envié los carruajes a mi biblioteca y al templo. Me aseguré de informar a Lasfam por ordonnanz y a Fran por carta mágica de que recibirían una gran cantidad de artículos.


"Aunque estoy segura de que está agotada", dijo Lieseleta, "habrá más cosas que ordenar cuando volvamos a su habitación".


Asentí con la cabeza. Tendríamos que decidir quién recibiría la tela y los accesorios, y en qué orden. Ya estaba cansada de sólo pensar en tanta socialización delicada —para la que realmente no era apta—, así que me dirigí a mi habitación en el edificio norte. Wilfried, Charlotte y Melchior me acompañaron, todos con recuerdos de Sylvester.


"Así que... esos paquetes del tío eran todos para ti, ¿eh?", dijo Wilfried, con cara de exasperación.


Fruncí los labios. "Y ustedes recibieron varias cosas de Sylvester, por lo que veo. A mí no me regaló nada".


"¡¿Tienes todo ese equipaje y aún quieres más?!"


"No son lo mismo los paquetes de Ferdinand que los recuerdos de mi padre adoptivo". Sí, Sylvester se había quejado de tener que preparar recuerdos para sus hijos en el último momento después de ver que nada del equipaje era para ellos, pero eso no era culpa mía.


"Nuestra hermana fue la única que le envió alimentos e ingredientes al tío, ¿recuerdas?", señaló Charlotte. "Es natural que sea la única que reciba paquetes en respuesta".


Tenía toda la razón. Ferdinand me mandó todo aquel equipaje a cambio de las cosas que yo le había enviado, así que no era nada raro. Por otra parte, suponía que al menos les daría algo a mis hermanos por cortesía. Que no les hubiera dado nada en absoluto era bastante duro... pero también un poco admirable. Realmente era el tipo de persona que hacía lo mínimo necesario para no ser maleducado.


Recordé cuando Ferdinand se trasladó por primera vez a Ahrensbach. Preparé regalos tanto para Letizia como para Detlinde, algo que él había dicho que era superfluo, ya que lo más probable era que Detlinde compartiera una parte de los regalos que recibiera con Letizia de todos modos.


"Sabe que tienes hermanos", dijo Wilfried. "¿No podría haber sido un poco más considerado?".


"Me siento un poco excluido...", coincidió Melchior.


Hice una pausa, insegura de si debía decir lo que realmente pensaba... luego decidí responder. "Ferdinand nunca recibió ese tipo de consideración de lady Verónica; todos los recuerdos y cosas por el estilo que recibía eran probablemente regalos de su hermano. Así que, aunque puedas considerarlo de sentido común, es probable que nunca le enseñaran que también hay que enviar regalos a los hermanos de una persona".


Wilfried parpadeó sorprendido, mientras Charlotte asentía con la cabeza. "Sé cómo se siente", dijo. "La abuela nunca me regaló nada, ni una sola vez. Ella sólo tenía ojos para ti, hermano".


"¿En serio?", preguntó.


"De verdad. Te dedicó toda su atención en el edificio este. Y cuando venías al edificio principal después de tu bautismo, madre y padre también te adoraban. Me daba mucha envidia". Sus palabras fueron claramente chocantes para Wilfried, pero se negó a dar más detalles y se limitó a concluir: "Madre me enviaba regalos en ocasiones, pero el tío no tuvo madre propia. No podemos culparlo por no entender estas cosas".


"Efectivamente", dije. "Lo más probable es que Ferdinand supusiera que yo repartiría los regalos con ustedes. Recibirán parte de las telas y del pescado, así que, por favor, considérenlo como si él se los hubiera dado directamente".


"¡Estoy deseando que llegue!", respondió Melchior, sinceramente encantado.


Mientras ordenaba los regalos en mi habitación, la hora de la cena llegó en un abrir y cerrar de ojos. Me dirigí al comedor, deseosa de oír hablar del viaje de Sylvester.


"¿Qué tal Ahrensbach?", pregunté. "¿Ferdinand recibió una habitación oculta? ¿Ha estado comiendo?".


Sylvester asintió. "Está en el edificio oeste, pero sí... la recibió. Lo comprobé con el príncipe Sigiswald y no había error".


Supuse que era una cosa menos de la que preocuparme, pero Sylvester me lanzó una mirada severa.


"Sin embargo, recibí quejas indirectas de los ayudantes de Ferdinand. Ya estaban mortalmente ocupados con el funeral y recibiendo a los emisarios de Lanzenave, así que trasladarse al edificio occidental encima de todo fue una pesadilla".


Pero mientras los asistentes desaprobaron el trabajo extra, teniendo que limpiar e inspeccionar la nueva habitación, Ferdinand se mostró encantado.


"Por no mencionar", prosiguió Sylvester, "que después de entregar los ingredientes que le diste, se metió en su nueva habitación oculta y se negó a salir. Pasó tantas noches en vela durante todo el funeral que acabó hecho un completo desastre. Sospecho que, en cambio, dormía durante el día, ya que siempre tenía mejor aspecto a la hora de cenar que por la mañana."


" ¡¿No es demasiada carga para él?!"


"¿Acaso no anticipaste que esa sería la consecuencia de darle una habitación oculta, ingredientes y pociones reconstituyentes?".


Ferdinand, ¡gran tonto! ¡No negocié esa condición para que vivieras así!


"Bueno, está claro que se estaba divirtiendo, así que no te preocupes demasiado", dijo Sylvester. "Yo estaba más preocupado por Lanzenave y la Orden de Caballeros Soberanos".


"¿Pasó algo?", preguntó Florencia, preocupada.


"Hubo algún tipo de ataque o rebelión... Varios de los caballeros de la Orden Soberana se pusieron violentos de repente".


Según Sylvester, realmente surgió de la nada. El grupo enloqueció a mitad del funeral, por lo que los caballeros de Ahrensbach y el comandante soberano los abatieron rápidamente.


"Cinco se descontrolaron, y dos de ellos fueron asesinados", explicó Sylvester. "Los otros tres fueron atados y enviados de vuelta a la Soberanía de inmediato. Fueron sometidos en un instante, así que nadie resultó herido".


Cuando los confundidos invitados se volvieron para ver el origen de la conmoción, los violentos caballeros ya habían sido apresados. Todo comenzó y concluyó tan repentinamente que algunas personas permanecieron ajenas a los detalles, y el funeral continuó como si nada hubiera ocurrido.


Sin embargo, al día siguiente se corrió la voz de que los caballeros habían atacado al próximo archiduque de Ahrensbach por orden de la familia real. Al parecer, Detlinde se pasó la cena chillando sobre cómo la Orden  Soberana le habían apuntado con sus armas por lo que todos los allí presentes acabaron suponiendo de que se había producido un incidente grave.


"Ni siquiera puedo empezar a imaginar quién lo hizo posible y por qué...", dijo Sylvester. "Pero creo que los invitados salieron del evento con mucha menos confianza en la Orden Soberana".


"¿Qué dijo Ferdinand?", pregunté.


"Él amonestó a lady Detlinde, diciéndole que no era algo por lo que debiera alterarse tanto. En respuesta, ella lo reprendió por no ponerse de su parte y protestar contra la familia real. No mostró ni una pizca de gratitud por el hecho de que él ya se había roto la espalda intentando suavizar las cosas durante la reunión posterior al incidente con la realeza y la Orden Soberana". Se cruzó de brazos y soltó un suspiro frustrado. "Tenía al nieto del rey de Lanzenave preocupándose por ella. Se comportaba más como su prometido que Ferdinand. Me parece que lady Detlinde se ha conseguido un amante antes que su Uni-".


"Sylvester", intervino Florencia. Su sonrisa silenciosa destilaba una presión que decía: "Delante de los niños, no", e inmediatamente él se calló.


Ah, sí... Ahora que lo pienso, ¿Detlinde no mencionó haber tenido un amor que trascendía el estatus en la Academia Real? Pensé que se había separado de él, pero al parecer no.


Además, si ya tenía un amante que la trataba bien, entonces Ferdinand se presentaba como un compañero aún peor con el que tratar. Parecía simpático a primera vista, pero cuanto más te acercabas a él, más crudo era su trato.


"Lanzenave se encuentra a las afueras de Yurgenschmidt, ¿verdad?", preguntó Charlotte, que había leído la sala y decidió cambiar de tema. "¿Hay alguna razón por la que tuviera representantes en el funeral de Aub Ahrensbach?".


Sylvester aprovechó la oportunidad para escapar de la dura mirada de Florencia. "Ahrensbach y Lanzenave se interactúan gracias a la puerta de entrada al país que los conecta. Los representantes de Lanzenave permanecen en Ahrensbach desde finales de primavera hasta finales de otoño, y los barcos mercantes empiezan a ir y venir entre ellos. Era la primera vez que veía barcos salir de la puerta, y realmente fue algo impresionante. Ver la gran puerta sobresaliendo del océano también fue impresionante".


Como Ahrensbach y Lanzenave se relacionaban tan a menudo, los representantes de este último se habían sentido justificados para asistir al funeral. Los trajes que llevaron estaban confeccionados, al parecer, con tela de plata.


"Sólo los vi de lejos, y sólo tenemos un pedazo para compararlos, así que no puedo asegurar nada... pero me llamó la atención la plata de sus ropas. No sería extraño que Lanzenave tuviera un material que no contuviera nada de maná, ¿verdad?".


Bonifatius frunció el ceño, pues había sido él quien descubrió la tela plateada en Gerlach. "Tendremos que ser cautos, pero la tela es inmune al maná, no a los ataques en general. Resultaría tremendamente útil contra un asesinato o durante un rápido vaivén al principio de un combate, pero en una batalla más prolongada, no proporcionaría mucha defensa en absoluto."


La tela no podía ser cortada por una espada hecha con schtappe, pero tampoco proporcionaba mucha protección contra el golpe de un arma contundente. Y, por supuesto, en el caso de un ataque basado en el maná, las partes del cuerpo que no estuvieran totalmente cubiertas seguirían siendo vulnerables. Por eso Bonifatius afirmaba que su uso como armadura estaba muy limitado.


"¿Le explicaste la situación a Ferdinand?", le pregunté.


"Sí, cuando hablamos en su nueva habitación oculta", respondió Sylvester. "Dijo que quería una muestra para experimentar".


Sylvester continuó señalando que la familia real de Lanzenave llevaba sangre Yurgenschmidt, lo que realmente les hacía destacar de sus compatriotas. Los miembros de la realeza eran de piel clara, mientras que ellos eran de piel oscura con rasgos ligeramente diferentes.


"Me sorprendí cuando vi a uno de ellos por primera vez", dijo. "Los nativos constituían aproximadamente la mitad de los huéspedes de Lanzenave, y mencionaron lo extraño que les parecía estar visitando realmente Yurgenschmidt".


"¿Qué clase de lugar es Lanzenave?", preguntó Melchior, con los ojos brillantes. "Creo que me gustaría ir allí algún día. Oh, pero antes quiero visitar otros ducados. También tengo muchas ganas de ir a la Academia Real; mis hermanos me han contado muchas historias sobre sus experiencias allí".


Asentí con entusiasmo y dije: "Opino lo mismo. Quisiera explorar la biblioteca de Lanzenave al menos una vez. Me fascina pensar qué tipo de libros pueden tener allí. Y, por supuesto, me interesan igualmente las bibliotecas de otros ducados. Dada su larga historia, Klassenberg y Dunkelfelger deben tener cosas realmente maravillosas para leer".


Me desmayo sólo de pensarlo.


Mientras imaginaba filas y filas de libros, Charlotte me dirigió una mirada preocupada —y bastante burlona—. "Hermana, no creo que Melchior y tú estén en absoluto de acuerdo... Aunque tu amor por las bibliotecas es muy evidente".


Sonreí en respuesta.


Poco después, la cena llegó a su fin. Intenté pedirle a Sylvester más detalles sobre Ferdinand, pero se negó rápidamente.


"Rozemyne, encontraste algunas cartas entre el equipaje que recibiste, ¿recuerdas?", dijo. "Deberías leerlas. Ah, y una de ellas debería ser de lady Letizia. Escríbele una respuesta tan pronto como puedas".


"Entendido." 




Capítulo 13: Cartas de Ferdinand

"Bueno, supongo que tendría sentido leer y responder a las cartas más pronto que tarde...", musité a mis ayudantes después de cenar. "Pero envié la caja que las contenía a mi biblioteca. Supongo que tendré que esperar hasta mañana".


"¿Qué hay de lo que aún queda por clasificar?", preguntó Ottilie, lanzando una mirada preocupada a las cajas de tela.


"Mis asistentes pueden elegir telas que me queden bien de cada color de la estación. Luego seleccionen algunas para dárselas a Florencia, Charlotte, madre y Aurelia".


"Tendrá que organizar fiestas de té para distribuirlas. ¿Tiene alguna fecha en mente?".


“¿Eh? ¿Fiestas de té...?”


Resultó que este tipo de intercambios se hacían en privado para evitar que los destinatarios compararan sus regalos y desearan haber recibido otra cosa.


Ahh, es tan molesto. ¡No quiero celebrar un montón de fiestas de té sólo para entregar regalos!


"Ottilie, no tengo tiempo para seleccionar la tela y luego organizar fiestas de té para cada una", le dije. "Por favor, piensa en otra forma de repartirla".


Mis asistentes sabían mejor que nadie que estaba demasiado ocupada con los traspasos. Se quedaron pensativas, contemplando una alternativa.


"No quisiera pedirle esto a Florencia estando embarazada", le dije, "pero después de elegir las telas para mí, tal vez podría encargarle que distribuyera el resto".


Ottilie negó con la cabeza. "Eso no sería lo ideal. La gente asumiría que son regalos de lady Florencia. Teniendo en cuenta la política de facciones y el equilibrio de poder, le aconsejaría dejar claro que son de su parte".


En realidad, me parecía bien que la gente supusiera que las telas eran de Florencia: "Yo no estaré aquí dentro de un año, así que tal vez tendría más sentido que ella se llevara el mérito. Su posición es la más inestable de todas, y la tela debería facilitarle el refuerzo de su facción".


A Wilfried le parecía bien que nuestro compromiso llegara a su fin; había deseado escapar de él tan desesperadamente que incluso le dijo a Sylvester que renunciaría a convertirse en el próximo aub. A Charlotte y Melchior también les parecía bien, ya que significaba que tenían más opciones para su futuro. De hecho, según Hartmut, Florencia era la que más problemas tendría. Su poder sólo se había asegurado gracias al compromiso de su hijo conmigo, y al apoyo de los Leisegang que vendría con nuestro matrimonio. La decisión de Sylvester de tomar a Brunhilde como segunda esposa no le habría dado ningún motivo de preocupación si todo hubiera salido según lo planeado.


Brunhilde tenía una edad similar a la mía, por lo que sus hijos nunca habrían tenido prioridad sobre un niño nacido de Wilfried y de mí. Por eso Florencia la acogió como segunda esposa del ducado. Pero la cancelación de mi compromiso lo había puesto todo patas arriba: los Leisegang iban a ponerse totalmente del lado de Brunhilde, y si ella tenía algún hijo, las posibilidades de que los hijos de Florencia se convirtieran en los próximos aub caerían en picado.


"Lady Rozemyne ¿no dará prioridad también a Brunhilde, una Leisegang y una de sus asistentes?", preguntó Ottilie en voz baja. "Si su compromiso con lord Wilfried se cancela junto a su adopción con el archiduque, entonces su única conexión con Ehrenfest va a ser a través de sus parientes consanguíneos. Es decir, los Leisegang".


Mis asistentes esperaban pacientemente mi respuesta, que sin duda tendría una enorme repercusión en los que permanecían en Ehrenfest.


"Deseo fortalecer las posiciones de Florencia y Charlotte", dije claramente mientras miraba a mis asistentes, la mayoría de los cuales eran Leisegang. No quería que Florencia estuviera peor, ni que Charlotte se viera asfixiada cuando se quedaba en Ehrenfest para actuar como mediadora por mí. "Brunhilde buscó ser la segunda esposa para poder unificar a los Leisegang y estabilizar el ducado. No quería amenazar la posición de Florencia. Por lo tanto, seguiré apoyándola como la primera esposa".


En un giro similar de los acontecimientos, a Elvira le preocupó una vez que Trudeliede desestabilizara su posición como primera esposa, así que dudaba que criticara mi decisión.


Tras una breve pausa, Ottilie dijo: "Entendido. Podemos darle la mitad a Lady Florencia, usted puede quedarse con el resto".


"Espera, ¿necesito tanto?", pregunté. Había supuesto que me llevaría sólo una pequeña selección de cada color de temporada.


Sonrió pícaramente: "¿No piensa compartir nada con su séquito?".


La idea ni siquiera se me había ocurrido, pero ella tenía razón: era mejor recompensar a mis asistentes por su duro trabajo antes que a Florencia. Seleccioné mi ración de la tela que quería quedarme y luego les dije a mis asistentes que cada una eligiera una parte también. Una vez que terminaron, envié el resto a Florencia con una carta en la que le decía que se los diera a quien ella quisiera.


Al día siguiente, me dirigí a mi biblioteca con mis eruditos y caballeros guardianes, y con Gretia como única asistente. Necesitaríamos clasificar las especias y condimentos, y también hacer un descanso para comer y cenar, así que Hugo y los  otros cocineros también nos acompañaron. Ya había enviado un ordonnanz a Lasfam informándole de nuestra llegada.


"Bienvenida de nuevo, lady Rozemyne."


"Gracias, Lasfam. He vuelto para ordenar el equipaje que se envió aquí. ¿Se llevaron los ingredientes al taller? Además, según mi ordonnanz, deseo leer algunas cartas en la habitación oculta. Si pudieras disponer una mesa y algunos utensilios de escritura dentro para mí...".


"Todo está preparado. En cuanto a la habitación oculta, empezaremos a prepararlo todo en cuanto abra la puerta".


Después de ver cómo los asistentes guiaban a los cocineros hasta la cocina, seguí a Lasfam al taller. El equipaje ya había sido llevado al interior, según las indicaciones.


"Eruditos, empiecen a clasificar estos materiales", dije. "Asegúrense de seguir las instrucciones de Hartmut. También les pido a mis caballeros varones que les ayuden; puede haber cajas que Philine o Clarissa no puedan levantar solas".


Era habitual que, cuando movilizaba a mis eruditos, incluyera inconscientemente a Damuel entre ellos. No quería llamar la atención de todos sobre ese hecho ahora, así que estaba involucrando a todos mis caballeros varones. Algunos de los contenedores eran pesados, y algunos estantes estaban bastante altos, así que tendrían mucho que hacer.


"Voy a la habitación oculta a leer mis cartas y escribir las respuestas", dije. "Mientras tanto, terminen de clasificar y guardar los ingredientes. Supongo que todos están familiarizados con el sistema que utilizamos".


"Por supuesto", respondieron, "puede contar con nosotros".


Tanto mis talleres en el templo como mi biblioteca fueron montados por Ferdinand, así que estaban organizados de la misma manera. Hartmut y Clarissa declaraban con orgullo que ya sabían de memoria la distribución, así que me pareció bien dejárselo todo a ellos.


Le pedí a Gretia que sacara las cartas de la caja que envió Letizia y luego fui con Lasfam a mi habitación del tercer piso. "Dado que tenemos tan poco tiempo", me dijo, "puede usar esta mesa y estos utensilios. ¿Le parece bien, lady Rozemyne?".


"Por supuesto. No hace falta preparar muebles nuevos".


Abrí la habitación oculta. Dentro había varias sillas y la herramienta mágica que contenía el elogio que me dió Ferdinand. No quería que nadie más la tocara, así que saqué la bolsa en la que estaba guardada de la habitación oculta mientras todo estaba preparado.


Una vez que la mesa estuvo lista para mí, le pedí a Gretia que dejara la tinta y el papel traídos del castillo, así como las cartas. También llevaba conmigo mi tinta invisible.


Perfecto.


"Bueno, voy a leer", dije. "Angélica me bastará como guardia. Los demás pueden ayudar con la clasificación. Les llamaré si los necesito".


Entré sola en la habitación oculta y leí enérgicamente las cartas de Letizia. Empezaba por la suya porque Sylvester me dijo que le respondiera en cuanto pudiera. Definitivamente, no era porque esperara que las de Ferdinand estuvieran llenas de sus sermones.


Al parecer, Letizia estuvo encantada de recibir el bonito shumil que hablaba mensajes de sus padres, y aunque al principio tuvo problemas para utilizar el otro shumil contra Ferdinand, Justus le había enseñado cómo hacerlo.


"'Gracias a Justus, ahora soy bastante hábil usando el shumil'. Hm... Es algo surrealista de imaginar".


Podía imaginármelo gritando "¡ahora!" a mitad de una lección, mientras Ferdinand los observaba con un profundo ceño fruncido. La idea me hizo soltar una carcajada. Probablemente Ferdinand frunciría aún más el ceño cuando oyera mi voz diciendo que debería ser más generoso con sus cumplidos, pero al final haría caso. Por supuesto, yo sólo observaría esto desde lejos; hacer notar mi presencia provocaría que Ferdinand se desquitara conmigo.


"Aun así, lady Letizia debe de tenerlo difícil sin dulces..." musité en voz alta. "Sé más amable con ella, Ferdinand".


La carta decía que su educación se había intensificado tras la conclusión de la Conferencia de Archiduques. No indicaba el motivo, sólo que era absolutamente necesario para Ahrensbach. Y aunque era agotador, decía que los dulces de Ehrenfest y su herramienta mágica shumil estaban desempeñando un papel crucial para ayudarla a superarla.


"Hmm... Puede que necesite nuevos tipos de dulces, entonces".


Había enviado porciones  pequeñas de galletas y trozos de tarta para que Ferdinand no tuviera que pensar en el tamaño cuando premiara a Letizia, pero quizá le apeteciera algo que tuviera que guardarse en la herramienta mágica para detener el tiempo, como un helado o un tiramisú.


En cualquier caso, Letizia me escribió para decirme que estaba muy agradecida y, cuando se enteró de que Ferdinand me enviaría regalos de agradecimiento, decidió añadir algunos suyos. En realidad, no sabía qué regalarme, así que Justus le aconsejó algo que ampliara mis opciones culinarias, como especias o condimentos. Debían de llevarse muy bien.


O tal vez es más accesible que Ferdinand o Eckhart...


"Veamos... 'Como es posible que no sepas utilizar condimentos que no se encuentran en Ehrenfest, he seguido el consejo de Justus e incluido algunas recetas de Ahrensbach adquiridas por mi jefe de cocina'. ¡Vaya! ¡Lady Letizia es tan buena chica!".


No perdí el tiempo y miré las recetas. Todas requerían ingredientes que no había utilizado nunca, así que no podía ni imaginarme a qué sabrían. Tendría que esperar a que Hugo y los demás las hicieran, y no podía esperar.


Quizá debería darle a lady Letizia algo de la comida que haremos con las especias y condimentos que me envió...


Le escribí que le enviaría nuevos tipos de dulces para que sus estudios fueran un poco más agradables, que me alegraba de que apreciara los shumils que le regalé y que le dejaría probar todo lo que hiciéramos con las especias y demás cosas que recibí.


No podía pedirle a Ferdinand que fuera más suave con Letizia; incluso ella entendía que probablemente había una razón por la que estaba siendo más estricto con su educación. Pero, como mínimo, le diría que tenía que rebajar sus exigencias a la hora de repartir cumplidos y elogiar a su alumna con más generosidad.


Puede que incluso necesite una herramienta mágica de grabación de sonido que diga "muy bien".


Tras terminar la carta de Letizia, llegó el momento de leer las de Ferdinand. Había varias, algunas con elogios y otras con reprimendas, supuse.


"¿Por dónde empezar...?"


Mi corazón se aceleró cuando rompí el primer sello... e inmediatamente vi un enorme muro de críticas.


Para empezar, Ferdinand dijo que era completamente anormal negociar con la realeza para que a un simple prometido se le diera una habitación oculta, y que yo debía de estar preocupándome demasiado para haberme sentido obligada a regatear por su seguridad frente a las groserías de Detlinde. Luego me explicó por qué a los prometidos rara vez se les daba una habitación propia: debido a mis acciones, la familia real ordenó a Detlinde que compartiera su dormitorio con Ferdinand —un hombre— antes de su matrimonio, lo que había hecho que Ferdinand se quedara perplejo ya que había estado intentando mantenerse lo más alejado posible de ella.


¡Nooooo! ¡Esa no era mi intención! ¡Ni en lo más mínimo!


Para resolver la cuestión, ambos acordaron que Ferdinand recibiría una habitación en el edificio occidental en lugar de alojarse en el edificio principal, donde normalmente vivía la pareja del aub. Pero aun así, Detlinde se negó a cumplir la orden de inmediato; por su seguridad, había esperado hasta justo antes del funeral, cuando la familia real debía comprobar si su demanda fue atendida, lo que obligó a Ferdinand a mudarse cuando ya estaba más ocupado que nunca.


Al final, la habitación que recibió Ferdinand fue la misma que Georgine utilizó cuando era la tercera esposa de Ahrensbach. Justus y Eckhart habían realizado tantas comprobaciones en busca de veneno antes de permitir entrar a su señor que los demás asistentes se ofendieran un poco.


Pero, bueno, entiendo sus preocupaciones. La seguridad ante todo.


Según la carta, tras confirmar que la habitación estaba libre de veneno, la limpiaron con un enorme waschen y luego iniciaron el traslado. Mientras tanto, Ferdinand convirtió su nueva habitación oculta en un taller.


"'Esta habitación está más lejos de la oficina donde trabajo'", dije leyendo la carta en voz alta. "'También me ha puesto más lejos de la villa de Georgine, lo que hace más difícil que Justus reúna información. Podría haber vivido perfectamente sin una habitación oculta, aunque es cierto que deseaba obtener una cuanto antes, así que pasaré por alto tu...'"


¡Espera, pero acaba de pasarse una página entera regañandome! ¡No está pasando nada por alto!".


Fruncí el ceño y refunfuñé ante la carta. Al parecer, "pasar por alto" era otra palabra que tendría que discutir con Ferdinand.


"'En una nota relacionada, me siento más a gusto durmiendo en mi habitación oculta que en mi cama, así que me gustaría tener un banco o un sofá. Si no recuerdo mal, el que usé durante el Torneo Interducados era excesivamente cómodo'. Ah, ése sofá fue el que me dió, ¿no? El que dijo que me apoyaría en su lugar. ¿Me lo está quitando? ¡¿O está encargando otro?!".


Estaba claro que Ferdinand quería disfrutar al máximo de su habitación oculta, pero podía intuir que estaba a punto de quedarse dentro para siempre. Tendría que consultar a Eckhart y Justus antes de enviar el sofá a Ahrensbach.


Además de la carta sobre la habitación oculta, había todo un informe sobre las facciones de Ahrensbach, centrado en la presencia de Lanzenave. Es de suponer que lo escribió antes del funeral.


Al parecer, tras ser informados del rechazo de la princesa de Lanzenave por el rey, los representantes se habían lanzado a sollozar sobre sus circunstancias. Detlinde simpatizaba con ellos, lo que dio lugar a una situación ciertamente problemática.


Al parecer, Detlinde intentó organizar un foro entre Lanzenave y la familia real durante el funeral. Para empeorar las cosas, empezó a presionar para que prácticamente se eliminara el coste de cualquier piedra fey exportada a Lanzenave durante el punto álgido de nuestra propia crisis de maná, e incluso interfirió en el comercio internacional. Tan peligroso fue su comportamiento que Ferdinand la reprendió, pero en lugar de reflexionar sobre sus acciones, ella le respondió gritando: "¡No me quieres en absoluto!" antes de huir a la finca donde se alojaban los representantes de Lanzenave.


"'Nadie que viera su arrebato era capaz de comprender de dónde había salido. Dado que ambas son excéntricas, ¿acaso tienes alguna idea...?'"


¡¿Eh?! ¡¿Cómo se supone que voy a saberlo?!


Aparte de eso, la carta dejaba clara una cosa: Detlinde hacía estragos por todas partes. Le había tomado tanto cariño al nieto del rey de Lanzenave que permanecía más o menos pegada a su lado. Eso le dio a Ferdinand más tiempo para centrarse en sus obligaciones, lo cual era bueno... pero también provocó que su carga de trabajo aunentara hasta cotas incomparables.


"Lady Detlinde va a ser la próxima aub, ¿no? Esto parece un poco negativo..."


Georgine libraba ahora una valerosa batalla para impedir que su hija pasara todo el tiempo con los enviados de Lanzenave en su villa de invitados. Según la carta, era habitual verla arrastrando a Detlinde de vuelta al castillo.


Fue debido al descarado y vergonzoso comportamiento de Detlinde por lo que la educación de Letizia necesitó intensificarse. Todas las facciones del castillo de Ahrensbach se estaban uniendo para convertir a Letizia en la próxima aub lo antes posible.


Hmm... Supongo que Detlinde está haciendo algo bueno, sin querer.


La tercera —y última— carta de Ferdinand fue escrita después de la llegada de Sylvester a Ahrensbach. En ella sólo hablaba del papel fey que le había enviado. Decía que nuestras muestras fueron de una calidad inesperada, y que había sufrido un fuerte dolor de cabeza al ver la cantidad de maná que requería nuestra "extremadamente ineficiente" receta. Ni siquiera sabía qué darme a cambio de una herramienta mágica tan intensa en maná.


"'Por las razones anteriores, mejoré tu receta sin demora. Usa mi versión para preparar más papel, y luego envíame los resultados'".


Me preguntaba por qué había pasado la noche en vela, ¡pero pensar que era por mi receta! Eres un tonto, Ferdinand. ¡¿Realmente era tan urgente?!


Entendía por qué se esforzaba tanto —pedir trescientas hojas de papel fey de máxima calidad era bastante poco razonable, así que había querido permitirme empezar a fabricarlas lo antes posible—, pero aun así... No era excusa suficiente para que hubiera llevado su cuerpo más allá de sus límites, precisamente antes de un funeral.


"¡Y todas esas cajas que me envió eran sólo ingredientes para esta nueva receta! Eso no puede contar como regalo, ¿verdad? Ugh... Maldito seas, Ferdinand. ¡¿No puedes admitir al menos que agradeces mi loca decisión de pedir a la realeza que te consiguiera una habitación oculta, y que te divertiste tanto mezclando que no podías parar?!".


Su carta contenía tantas divagaciones irrelevantes y minuciosamente detalladas sobre ingredientes aleatorios sin relación con la receta que se notaba lo bien que la estaba pasando. ¿De verdad le costaba tanto admitir su entusiasmo?


En cuanto a la nueva y mejorada receta en papel, fue escrita en el reverso de la carta con tinta invisible. Toqué el texto para que brillara y luego empecé a transcribirla para Hartmut y Clarissa.


"¿Erm...?"


Cuando llegué al final de la página, me di cuenta de que la última frase no formaba parte de la receta. Dejé el bolígrafo y me quedé mirando las palabras.


"'¿Por favor, háblame de tu Geduldh’?"

No entendía a qué se refería. ¿Se suponía que Geduldh significaba lugar de nacimiento, o era algo totalmente distinto? ¿Cómo debería responder? Y en ese sentido, ¿cómo reaccionaría él a mi respuesta? Cuanto más lo pensaba, más me confundía.


Tal vez ya estaba enterado de mi partida de Ehrenfest. O tal vez las acciones de los otros ducados durante la Conferencia de Archiduques hicieron suponer a Ferdinand que me convertiría en la Suma Obispa Soberana. Me devanaba los sesos en busca de algún indicio... y entonces me vino a la mente su rostro. Llevaba una expresión silenciosa, carente de emoción. Sus ojos dorados como la luz se clavaron en los míos y, con voz fría, formuló una única pregunta:


"¿Deseas ser Zent, Rozemyne?"


Cuando me lo preguntó, le respondí que mi único deseo era leer. Pero ahora no estaba tan segura. Mis sentimientos habían cambiado ahora que Ferdinand vivía en Ahrensbach y bajo una amenaza constante.


"Para salvarte, Ferdinand... no me importaría obtener el Grutrissheit y convertirme en reina".


Ya había actuado sin consultarlo. Ahora era candidata a Zent, y mi objetivo era convertirme en princesa y adquirir el Grutrissheit antes de la próxima Conferencia de Archiduques.


Me pregunto qué pensaría de eso...


Sólo imaginar su reacción ya me asustaba bastante, y me impidió responder sobre mi Geduldh. En su lugar, evité la pregunta, y luego salí de mi habitación oculta.


"Necesitamos elaborar trescientas hojas de papel fey según esta nueva receta de Ferdinand", anuncié.


Lo más probable es que la fabricación de este papel sería mi último intercambio con Ferdinand. No podría mezclar para él después de mi adopción, y ni siquiera podríamos intercambiar cartas una vez que me comprometiera con Sigiswald. Mis días libres disminuían cada vez, pero quería ayudar a Ferdinand mientras tuviera la oportunidad.


Voy a aplazar el asunto por ahora. Le daré mi respuesta después de fabricar el papel. 




Capítulo 14: La cacería de trombes y la Ceremonia de Unión de las Estrellas

"Magnífico", declaró Hartmut. "Estoy aprendiendo mucho sólo con ver esta receta. Estos métodos para minimizar tanto el gasto de maná como la necesidad de ingredientes caros no hacen más que reforzar la importancia de la experiencia."


Con métodos e ingredientes que ninguno de los dos había considerado, Ferdinand había conseguido reducir drásticamente tanto el maná necesario como el coste de la elaboración de papel fey de máxima calidad.


"Pero como consecuencia, el papel tarda más en elaborarse y requiere una mayor variedad de ingredientes", señalé en un intento desesperado de promover la rapidez de mi propia receta.


Hartmut esbozó una sonrisa irónica: "Puede ser, pero Clarissa y yo podemos elaborar este papel sin agotar nuestro maná. Usar la nueva receta de lord Ferdinand resultará mucho más rápido en general".


La mía requería la producción masiva de polvo de oro, cuya elaboración llevaba mucho tiempo y requería una gran cantidad de mano de obra. Por eso nadie más utilizaba mi receta: además de todo lo demás, necesitaban preparar más pociones reconstituyentes.


Hartmut continuó: "Apenas pudimos ayudarte con tu receta. Pero con esta, que mejora la calidad del papel mediante una cuidadosa combinación de ingredientes, sí que deberíamos poder ayudarte."


Las modificaciones de mi receta habían hecho que los archieruditos pudieran prepararla ellos mismos, pero sólo por los pelos, lo que demostraba lo ineficaz que había sido mi receta y lo mucho que nos había exigido.


"Según esta receta", dijo Clarissa, mirando el texto, "lord Ferdinand realizará la fase final de la mezcla".


En efecto, Ferdinand quería un papel que estuviese a un paso de estar terminado. En otras palabras, debíamos suministrar trescientas hojas que pudiesen convertirse en papel fey de máxima calidad.


"Debe de haber determinado que sería menos derrochador —tanto en términos de maná como de ingredientes— para él completar el proceso por sí mismo...", reflexionó Hartmut. "Tal vez fue su arduo trabajo para conseguirle un taller lo que lo llevó a este cambio de planes".


Asentí con la cabeza. Ahora que Ferdinand tenía su propio taller, podía hacer él mismo la parte más crucial del proceso de mezcla. Ésa debía ser la razón de sus nuevas instrucciones, y cambiaba la cantidad de papel ignífugo que necesitaríamos.


"El papel ignífugo es escaso y caro, así que sin duda querríamos minimizar su uso", dijo Clarissa. Luego miró la caja que teníamos en el taller; definitivamente no había suficiente dentro para nuestros propósitos. "Lady Rozemyne, usted compró todo el stock de la compañía Plantin, ¿correcto? ¿Cómo vamos a obtener el resto que necesitamos? No podremos comprarlo".


Ladeé la cabeza hacia ella. "Quiero decir... si no podemos comprarlo, tendremos que hacerlo nosotros mismos, ¿no?".


"Aunque los ingredientes parecen escasos", dijo, con cara de sorpresa. "¿Cómo nos las arreglaríamos?".


Sonreí y negué con la cabeza. "Por ahora, quiero mantenerlo en secreto. Centrémonos en limpiar y prepararnos. No podremos mezclar sin nuestros ingredientes".


Junto con Gretia, clasifiqué y probé las especias y condimentos que habíamos recibido de Letizia, al tiempo que echábamos un vistazo a las recetas incluidas. Lo ordenamos todo para que Hartmut y los demás tuvieran más fácil encontrar lo que necesitaban.


"Lady Rozemyne", dijo Gretia, "los ingredientes están todos donde deben estar, ¿qué hacemos ahora?".


"Volveremos al templo", respondí. "Debemos prepararnos para la Ceremonia de Unión de las Estrellas y acelerar el traspaso, así que Melchior y los demás querrán que volvamos enseguida".


Dadas las circunstancias, no podía dejar el templo desatendido por mucho tiempo. Hice que Judithe llevara mis respuestas al castillo, mientras los condimentos y demás se llevaban a la cocina del templo.


"¿Va a inventar nuevas recetas con estos condimentos?", me preguntaron.


"Efectivamente. Desde que los probé, he podido imaginar todo tipo de sabores nuevos".


Algunas de las especias me permitirían preparar una especie de curry, aunque dudaba que realmente me satisficiera. Tendría que pensar en una forma de darle algo de fuerza, lo cual era algo que me hacía ilusión.


Sólo espero tener tiempo suficiente...


Al volver al templo, convoqué a Fritz y le pedí que empezara a recoger taues del bosque. Era poco probable que encontráramos alguno si esperábamos hasta después del Festival de las Estrellas.


"Necesitamos hacer cincuenta folios más", dije. "Consigue más taues de los que crees que puedes necesitar; ah, y no traigas a ninguno de los niños que tienen maná. Lo último que necesitamos es un incidente en el bosque".


Sería un desastre que uno de ellos sufriera una herida y se desangrara en el suelo. Podríamos haber resuelto una situación así en el templo, pero el bosque estaba fuera de nuestra vista, lo que complicaba mucho las cosas.


Fran asintió. "En ese caso, dividiré a los niños en dos grupos: los que me acompañarán al bosque y los que se quedarán haciendo papel".


"Por favor, hazlo. Y ten mucho cuidado de que ninguno de los niños con maná esté cerca cuando coseches los árboles que crecen rápido; deseo mantener en secreto el uso que hacemos de ellos".


"Entendido."


Sólo pediré a mis ayudantes juramentados que me acompañen, creo.


Fritz era especialmente competente, así que los taues que yo quería estuvieron listos en apenas tres días. Me fui directamente a la retaguardia del orfanato —por primera vez en mucho tiempo, debo añadir— junto con mis caballeros juramentados Laurenz y Matthias. Hartmut también estaba con nosotros; como siempre, se las había arreglado para hacerse un hueco en nuestro grupo.


Pasando por la puerta más cercana se entraba en la ciudad baja. Me quedé mirándola un momento antes de dirigirme hacia donde los sacerdotes grises preparaban la caza del trombe. Verlos con sus hachas y sus cestas de fruta taue no me sorprendió, pero no podía decirse lo mismo de mis caballeros.


"Lady Rozemyne... ¿qué está pasando?", preguntó Matthias. "¿Qué pretenden hacer?".


"Esas cestas contienen las semillas para hacer árboles que crecen. Estamos a punto de cazarlos por sus ingredientes, que usamos para hacer papel ignífugo. No deben decir ni una palabra de lo que vean aquí a nadie, ¿de acuerdo? Es una orden".


De repente, los caballeros retrocedieron; mi maná debió de estrecharse en torno a ellos en respuesta a mi orden. Aceptaron solemnemente guardar mi secreto; entonces me acerqué a los sacerdotes.


"Fritz, ¿está todo listo?"


"Sí. Los niños están ocupados trabajando en el orfanato, así que no hay riesgo de que nos vean".


Asentí, luego miré a mis caballeros. "En cuanto lance esta fruta, por favor, agárrenme y retrocedan. Hartmut, quédate donde estás. Permanece en el pavimento blanco como mínimo".


Me paré con Laurenz en el límite entre la tierra desnuda y el pavimento. Lanzar las taues desde aquí garantizaría que aterrizaran en el suelo, a menos que de alguna manera me las arreglara para lanzarlas por encima del hombro o algo así.


Ver a los sacerdotes grises armados con hachas había puesto nervioso a Laurenz, pero no iban a hacernos ningún daño. Miraban fijamente al suelo, esperando a los árboles que estaban a punto de crecer.


Metí la mano en la cesta cercana y cogí taues con ambas manos. Me estaban drenando maná, pero no lo notaba tanto como antes, probablemente porque mi capacidad de maná había aumentado desde entonces. Los frutos, antes blandos, se endurecieron y sus semillas salieron a la superficie. Por lo calientes que estaban, me di cuenta de que estaban a punto de estallar, así que los tiré al suelo.


"¡Árbol que crece, yo te elijo!"


"¡¿Qué?! ¡¿Trombes?!"


La cacería terminó rápidamente y sin problemas, lo que nos permitió reunir todas las ramas que necesitábamos, aunque mis tres ayudantes nobles habían estado aturdidos de principio a fin. Yo había crecido lo suficiente como para que llenar las taues no me hubiera costado mucho de mi maná ni de mi resistencia.


"¿Cómo pueden cazar trombes tan fácilmente...?"


"Pensaba que sólo podían ser asesinados por caballeros con armas negras..."


Matthias y Laurenz se sorprendieron de haber visto a plebeyos superar trombes con facilidad, pero lo único que habían hecho los sacerdotes era cortar las ramas a medida que brotaban de la tierra.


"Los caballeros sólo cazan trombes que han crecido demasiado para que los plebeyos puedan vencerlos por sí mismos", señalé. "Sólo entonces se requieren armas negras, así que lo que acaban de presenciar no ha sido nada especial".


"Aun así, ¿por qué quiere mantenerlo en secreto?", preguntó Laurenz, ladeando la cabeza hacia mí.


Matthias asintió. "¿No debería compartir esta información con la Orden de Caballeros? Podrían destruir a los trombes antes de que se conviertan en una amenaza".


"Hay un festival en la ciudad baja durante el cual los plebeyos reúnen taues y se los lanzan unos a otros", expliqué. "Sencillamente, no estaría bien que los caballeros empezaran a peinar el bosque para destruirlos a todos, acabando de paso con la celebración que tantos esperan".


La ciudad baja tenía una población mayor que la Orden de Caballeros, y el  por los plebeyos de los combatan en oleadas humanas ya era sorprendentemente efectivo. Además, ¿y si eliminábamos la sección de reunión de taue del Festival de la Estrella sólo para que los caballeros empezaran a descuidar sus obligaciones? El bosque acabaría plagado de trombes. El sistema actual funcionaba bien; no había necesidad de agitar las cosas ahora.


Y concluí: "No hay nada malo en dejar las cosas como están. La Orden de Caballeros sólo debe ser convocada para derrotar a los trombes que resulten demasiado para los plebeyos y las demás criaturas del bosque".


Hartmut me miró con cautela. "¿Pero no se produciría un inmenso caos si un individuo con el Devorador de maná participara en el festival...?".


Negué con la cabeza. "Se necesita mucho maná para que brote un taue. Veamos... Un laynoble adulto que hubiera empezado a comprimir su maná en la Academia Real se las arreglaría, pero la mayoría de los niños Devoradores con tanto maná nunca viven lo suficiente como para participar siquiera en el festival. Por si fuera poco, es muy poco probable que los taues arrojados en la ciudad causen problemas; no brotarían en el pavimento blanco".


Los tres nobles bajaron la mirada. Incluso en el Barrio de los Nobles, había niños que no tenían herramientas mágicas para su maná.


"De momento", continué, "hay varios niños nobles viviendo en el orfanato. Existe un riesgo real de que alguno de ellos provoque un trombe, por lo que no tengo intención de que los huérfanos cacen estos árboles tras mi marcha. En su lugar, haré saber a los soldados y a los ciudadanos que la madera joven fresca del bosque debe venderse a la compañía Plantin".


Estaría bien que el orfanato siguiera cazando trombes, ya que la madera que se recogía de ellos era muy valiosa, pero simplemente era demasiado arriesgado. Quería eliminar todos los peligros que pudiera antes de partir hacia la Soberanía. Además, los niños que querían usar herramientas mágicas para convertirse en nobles estaban almacenando tanto maná que tenían que usar pociones reconstituyentes. No era el momento de que empezaran a gastarse en cacerías de trombes.


En cualquier caso, los niños que no aspiran a ser nobles no tendrían suficiente maná para hacer crecer un trombe —lo sabíamos porque Dirk había pasado Ceremonias de Unión de las Estrellas anteriores jugando con los otros niños, y no había ocurrido ningún incidente—. Los huérfanos necesitarían dominar la compresión del maná para hacer brotar uno. De lo contrario, tendrían que esperar a ser adultos... e incluso entonces, sólo podrían hacer brotar uno o dos.


Dirk podría potencialmente cultivar un trombe estudiando en la Academia Real y luego regresando al templo como noble, pero entonces tendría usos más importantes para su maná. No tendría margen para empezar a trastear con taues.


Recordé lo que Benno me había dicho antes, cuando yo había querido utilizar taues como solución provisional para el Devorador. Sin embargo, no había razón para mencionarlo aquí y ahora.


"Fritz", le dije, "hoy ha sido nuestro último día cazando trombes de esta manera. A partir de ahora, debo pedirte que sólo coseches las que te encuentres en el bosque, o que compres su madera a otros que las hayan derrotado. Su valor hace que queramos toda la que podamos conseguir, pero la seguridad siempre es lo primero. Una vez hecho el papel de esta cosecha, haz que lo entreguen en mi habitación. Lo compraré a través de la compañía Plantin".


"Entendido, lady Rozemyne."


Poco después llegaría la Ceremonia de Unión de las Estrellas. Tendría que celebrar la ceremonia matutina en el templo y, por la tarde, desplazarme al castillo para la ceremonia de los nobles. En otras palabras, iba a ser un día ajetreado.


Como Suma Obispa, subí al estrado de la capilla y contemplé a las parejas reunidas. Zack estaba entre ellas, vestido con el traje amarillento de alguien nacido en otoño. La chica que estaba a su lado, vestida con colores primaverales, era presumiblemente su novia. Llevaba una horquilla decorada con dos colores divinos.


Según Lutz y los demás, la chica era amiga de la infancia de Zack y tres años menor que él. Era reservada pero de confianza, alguien que siempre había apoyado a su futuro marido y elogiado su talento para crear cosas nuevas e interesantes.


Durante sus viajes a otras ciudades, que solían durar desde la primavera hasta el otoño, Zack siempre había estado deseando volver con la chica. Al mismo tiempo, ella se había preocupado por él mientras estaba fuera. Al final, los padres de ella habían dado un ultimátum a la pareja: podían casarse o separarse para dedicarse a otras personas. Zack no había querido dejar a la chica, así que su matrimonio se había acordado de inmediato, lo que había dado lugar a su unión en la actualidad.


Que Zack y su novia encuentren la felicidad.


A pesar de todas las advertencias que había recibido para que me controlara, la bendición que di acabó siendo ligeramente mayor de lo habitual. Aun así, probablemente estaba dentro de lo excusable. Miré la luz negra y dorada que estallaba cerca del techo... y un escalofrío me recorrió la espalda.


Tanto para Zack, ¿eh? La ceremonia de mayoría de edad de Tuuli no está lejos... ¿Debería preocuparme?


Por la tarde, me dirigí al Barrio de los Nobles y allí realicé la Ceremonia de Unión de las Estrellas. Luego me dirigí a la fiesta en la que los adultos solteros buscaban pareja. Hartmut y Cornelius ya tenían prometidas, así que ellos y sus parejas estaban ocupados preparando a sus amigos solteros y apoyando irresponsablemente a los que deseaban perseguir a sus enamoradas.


Damuel iba en el asiento del copiloto de Lessy, con la cabeza baja. Era el único de mis ayudantes adultos que no tenía pareja. En el pasado, siempre se había pasado los días previos a la prueba dándose ánimos a sí mismo, diciendo que ésta sería la definitiva. Pero este año no era capaz.


"Lady Rozemyne, creo que debería renunciar a casarme alguna vez..." murmuró Damuel, con la voz espesa por la desesperación. Llevaba varios años sin poder encontrar pareja en Ehrenfest, y había tan pocos nobles laynobles en la Soberanía que sus posibilidades allí serían inexistentes.


"¿Qué tiene de malo ser soltero?", repliqué. "Los libros son todo lo que cualquiera necesita para vivir".


"Eso puede ser suficiente para usted, pero yo quiero una novia. Envidio cómo todos los demás están felizmente casados".


Sus compañeros ayudantes estaban enamoradísimos entre sí y, al parecer, sus amigos también estaban todos casados. Uno de sus amigos adultos incluso tenía un hijo al que le faltaban pocos años para ser bautizado. Lo peor de todo es que, cuando se había quejado de sus problemas a los demás asistentes, uno de ellos había comentado casualmente: "Y probablemente seguirás soltero cuando llegue el momento de bautizar a mi primer hijo".


¡HARTMUUUT!


"Además", continuó Damuel, "no puedo trasladarme a la Soberanía a menos que esté casado".


"Si tanto deseas una esposa, supongo que no tienes más remedio que esperar a que Philine sea mayor de edad".


"Lady Rozemyne, me dijo a la cara que no tiene intención de casarse conmigo. Sería cruel por su parte ordenarlo de todos modos". Su expresión era severa, pero sonaba derrotado. Me pareció que intentaba no pensar en Philine como un interés amoroso simplemente porque el trabajo los había acercado.


"¿Te refieres a cuando sugeriste casarte con ella para que Konrad pudiera convertirse en un noble?"


"Sí..."


Como era de esperar, había interpretado la respuesta de Philine como un rechazo. Cuando me había descrito su conversación, había pintado a Damuel como un héroe por todo lo que hacía por ella entre bastidores. Pero viéndole ahora... no estaba tan segura.


"Damuel, ya he hablado con Philine. Me ha contado su deseo de ser una mujer independiente, no una hermana pequeña o algo así a la que hay que proteger. Por eso quiere hacer las cosas por su cuenta. Luego, cuando llegue el momento... ella se te declarará a ti".


"¡¿Qué?! ¿Philine? ¿Proponerme matrimonio?! Yo... No, no me dejaré engañar. Esta vez no". Una sonrisa radiante había surgido en su rostro, sólo para ser sustituida por una expresión neutra mientras se ponía en guardia. Era algo preocupante. ¿De verdad sus esperanzas se habían visto defraudadas tantas veces como para justificar una reacción así?


"Esto no es un truco, pero debo advertirte: se ha inspirado en la proposición de Clarissa a Hartmut. Al más puro estilo Dunkelfelger, puedes esperar que te barran las piernas y te pongan un cuchillo en la garganta".


"¡Por favor, dígame que está mintiendo!"


"No digo más que la verdad".


"Esto no puede ser...", gimió Damuel, que, aunque acunaba la cabeza entre las manos, parecía más lleno de vida que cuando refunfuñaba por lo sombrío de su futuro.


Se me escapó una risita. "Si tanto temes una propuesta agresiva, te sugeriría que actuaras primero".


"Lady Rozemyne...", dijo, mirándome con recelo. "¿Qué quiere que haga?".


"¿Qué quieres decir? No me importa si te declaras a Philine o ella se te declara a ti".


"No, me refiero para el futuro. Le pediste a Lieseleta que te acompañara a la Soberanía, ¿no? Como laynoble, no sé si te sería útil allí, y lo último que querría es agobiarte. Por eso pregunto: ¿Qué desea que haga?".


Como caballero laynoble guardián al servicio de un miembro de la familia archiducal —adoptada o no—, Damuel había sido objeto de burlas despiadadas entre bastidores. La gente declaraba que sólo lo mantenía a mi lado porque nos conocíamos desde que yo era pequeña. Sin embargo, nuestro acuerdo actual no podía durar eternamente. Cuando me trasladara a la Soberanía, todo el mundo me vería como una chica en edad de casarse. Traer conmigo a un laynoble soltero de mi ciudad natal daría lugar a rumores inoportunos.


Continuó, con los hombros caídos: "Esto no sería un problema si estuviera casado, pero tal y como están las cosas, sólo complicaría las cosas yéndome con usted. No puedo ni imaginar lo que sería capaz de hacer por usted en la Soberanía".


"Eres una gran fuerza unificadora para mis ayudantes. Respeto tu talento para detectar rastros de maná y considero una virtud tener un caballero hábil con el papeleo. Además, como te conozco desde hace más tiempo que a cualquiera de mis otros asistentes, me alegraría tenerte conmigo".


"Ya... ya veo. Es un honor", dijo Damuel, rascándose la mejilla en una muestra de vergüenza. Eso también me avergonzó a mí, pero continué de todos modos.


"Dicho esto, Philine se quedará en Ehrenfest hasta que alcance la mayoría de edad. También me preocupa terriblemente que no tengamos tiempo suficiente para el traspaso del templo, y que los negocios relacionados con la imprenta con los plebeyos puedan empezar a deteriorarse cuando yo me haya ido. Por lo tanto, hay una parte de mí que preferiría que te quedaras aquí".


Damuel había pasado más tiempo entrenando con Ferdinand que cualquiera de mis otros asistentes y podría aportar su granito de arena a la industria mientras ayudaba a Henrik. Quedarse en Ehrenfest le permitiría proteger a Philine del peligro después de que se convirtiera en la directora del orfanato, y a los Gutenberg en la ciudad baja hasta que el Soberanía estuviera preparada para ellos. En resumen, había mucho que ganar dejándole atrás.


"Mi intención es protegerte todo lo que pueda", le dije, "pero el camino que te espera no será fácil elijas la opción que elijas. Por eso dejo la decisión en tus manos. Te apoyaré elijas lo que elijas".


Damuel se quedó pensativo un rato. Luego, cuando por fin nos acercamos al castillo, me miró con determinación en sus ojos grises y dijo: "Lady Rozemyne, elijo quedarme en Ehrenfest".


Estaba decidido, entonces. Si acababa casándose con Philine, la acompañaría a la Soberanía cuando fuera mayor de edad. Si no, y nadie más decidía casarse con él, daría prioridad a mi honor y permanecería en Ehrenfest.


"Me alegro de que te hayas decidido, Damuel. Sin embargo... creo que sería más varonil si le robaras el corazón a Philine en lugar de esperar a que ella te lo propusiera". Había irradiado genialidad mientras comprimía su maná para alcanzar a Brigitte, y aunque al final su amor se había perdido, su determinación le había valido un lugar en una de las historias de Elvira. "Ser más proactivo no sólo atraería a Philine, sino también a mi madre".


"¡Salir en uno de los libros de lady Elvira es más que suficiente para mí!"




Capítulo 15: Ceremonia de mayoría de edad de Tuuli

Tal como me aconsejó Elvira, le di a mi abuelo un bloqueador de sonido después de la Ceremonia de Unión de las Estrellas y, tras hacerle jurar que guardara el secreto, le pedí que se hiciera cargo de Damuel por mí. Aceptó sin la menor vacilación, lo cual fue enormemente útil... y también verdaderamente inesperado, para Damuel. Cuando le di la noticia, se quedó aturdido y sólo pudo expresar su alegría. 


Fue días después cuando regresé al templo y visité sin demora la habitación de Melchior. Damuel estaba conmigo, pues quería recomendarlo como consejero. 


"Melchior: hemos decidido que Damuel entre al servicio del abuelo, pero también apoyará a Philine en el templo. Dado su largo historial de trabajo aquí, creo que sería un excelente consejero para ti". 


"Entonces, ¿por qué no ponerlo a mi servicio en lugar de al de lord Bonifatius?", preguntó Melchior. 


"Porque podrías tomarle cariño, y me dolería que decidieras no devolvérmelo. Charlotte y tú tienen los ojos puestos en mis asistentes debido a su excelencia, ¿no es así?". 


Charlotte me preguntó en privado si podía quedarse con alguno de mis asistentes que quedarían atrás cuando me traslade a la Soberanía. En particular, quería a mis eruditos, ya que habían llegado a ser tan excelentes que incluso los ducados más grandes los elogiaban. Sin embargo, tuve que negarme; aunque todavía no había nada escrito en piedra, no quería que Philine o Damuel fueran absorbidos por su servicio cuando al menos planeaban casarse y unirse a mí en la Soberanía después de que Philine alcanzara la mayoría de edad. 


"Ya veo. Es una lástima", dijo Melchior. "En ese caso, haré que entrenen a mis asistentes mientras los tuyos siguen en el templo". Renunció a incorporar a Damuel a su propio séquito, lo que supuso un alivio. 


Regresé a mis aposentos e informé a mis asistentes de que se estaba librando una peculiar batalla en secreto, sobre quién se quedaría con ellos tras mi marcha de Ehrenfest. 


Leonore asintió con la cabeza, sin sorprenderse. "Muchos se dieron cuenta de nuestras habilidades desde que empezamos a ayudar a la pareja archiducal con su trabajo. Tiene mucho sentido que quieran que  permanezcamos dentro de la familia archiducal". 


Sylvester había hecho que todos juraran guardar el secreto, por lo que las negociaciones se estaban llevando a cabo a puerta cerrada... pero esperaba que estallara una guerra por reclutarlos tras mi marcha. 


"Por eso", prosiguió Leonore, "sería prudente mostrar a todo el mundo que Philine y los demás seguirán a su servicio incluso después de que usted se marche, y que tienen intención de unirse a usted cuando alcancen la mayoría de edad". 


"¿Leonore?" 


"Un accesorio de piedra fey marcado con su escudo demostraría qué usted sigue siendo su señora. De lo contrario, a los laynobles les será difícil rechazar las repetidas invitaciones de la familia archiducal. No hay forma de predecir quién podría hacer un movimiento o qué ofertas irrechazables podrían hacer, pero su escudo debería dejar sus intenciones perfectamente claras". 


De hecho, rechazar tales invitaciones de sus superiores haría que mis asistenteslaynobles parecieran presuntuosos. El mismo peligro se aplicaba al personal  exclusivo que eventualmente me acompañaría, razón por la cual Leonore sugirió que les diera accesorios marcados con mi escudo, además de los amuletos que ya había distribuido. Tales accesorios seguirían siendo útiles incluso en la Soberanía, ya que harían obvia la conexión de sus portadores conmigo. 


Leonore continuó: "Como su adopción con el aub va a ser anulada, tendrá que usar un escudo personal en lugar del escudo de nuestro ducado". 


"Ya tengo uno", respondí. Había ideado el escudo del Taller Rozemyne -que incluía un libro y una pluma, un tintero, ramas de la madera utilizada para hacer papel vegetal y las flores que decoraban mis horquillas- junto con Benno y Fran, y seguiría siendo mío incluso después de que se deshiciera mi adopción. "¿Pero en qué tipo de accesorio debería ponerlo?". 


"Algo que puedan llevar siempre. Un anillo o un collar podrían ser ideales, ya que no se los robarán fácilmente". 


¿Robarlos? Bueno, supongo que cualquier cosa que les dé será valiosa... 


"Las piedras fey me resultan más fáciles de trabajar", dije. "¿Podría ponerles mi escudo como haría con un círculo mágico al hacer un amuleto?". 


"Sí, pero por favor, asegúrese de tener en cuenta el tamaño de las piedras fey que distribuye. Tiene la intención de dar piedras fey idénticas a sus asistentes y a su personal, ¿correcto? Eso no servirá. Debe haber una clara distinción entre los nobles y plebeyos, y su personal y su familia. De lo contrario, recibirán duras miradas en la Soberanía". 


Asentí a Leonore. Este tipo de cosas eran molestas y no era algo con lo que quisiera lidiar, pero eran de suma importancia para los nobles. 


"Lady Rozemyne", dijo Judithe, haciendo notar su presencia, "si va a dar estos accesorios a sus asistentes que se quedan atrás, por favor, no se olvide de mí". 


"Dado que sólo voy a grabar mi escudo en las piedras fey, el proceso no me llevará nada de tiempo. Fran, ponte en contacto con la Compañía Gilberta. Quiero pedir horquillas y ropa para el otoño". 


Se los daré a Tuuli antes de su mayoría de edad. 


Entré en mi habitación oculta, tarareando una melodía, y elegí piedras fey para mis asistentes, el personal y su familia. De mis asistentes, supuse que Philine, Damuel y Judithe eran los únicos que las necesitarían; ni Brunhilde ni Ottilie tenían intención de trasladarse a la Soberanía, así que dudaba que quisieran accesorios que indicasen su lealtad. En cuanto a los plebeyos, elegí piedras fey para Tuuli, mamá, Rosina, Wilma, Ella y Hugo, y luego para papá, Kamil y la madre de Ella, que la acompañará como familia. Aún no sabía si los Gutenberg vendrían conmigo, así que me pareció prudente posponer las suyas. 


La familia de Hugo iba a quedarse en Ehrenfest, pero la madre de Ella se trasladaría a la Soberanía: aceptó empezar a cuidar de su nuevo nieto en cuanto naciera para que Ella pudiera volver a trabajar sin demora. Me habían dicho que era camarera y que quería dejar su trabajo de todas formas, así que esta oportunidad le venía como anillo al dedo. 


Creo que son suficientes piedras fey, y los tamaños parecen correctos. 


Saqué mi díptico y me quedé mirando mi escudo, algo complejo y florido, luego convertí mi schtappe en un bolígrafo y copié el diseño en un papel hecho con piel de bestia fey. Una vez terminada la primera hoja, contemplé las diversas piedras fey que había reunido y suspiré. Dibujar lo mismo una y otra vez sería agotador. Los círculos mágicos tenían texto y sigilos, y funcionarían, aunque no fueran perfectos, pero mi escudo era una obra de arte; cualquier distorsión destacaría de verdad. 


"Si pudiera copiar este escudo...", murmuré. "Quizá podría seleccionarlo con los dedos, como haría al usar una tableta". 


Más que nada por capricho, aproveché la memoria muscular de Urano y utilicé los dedos para "seleccionar" el escudo. Mi maná terminó esparciéndose por la zona que quería duplicar. 


"¡Whoa! ¡¿Funcionó?!" 


Una película amarilla de maná cubría ahora el papel. De algún modo, ¡estaba en camino de duplicar mi escudo! Temblando de emoción, me quedé mirando la sección que había marcado. 


"¿De verdad puedo hacer esto? ¿Va a funcionar? Muy bien. Allá vamos. (COPY AND PLACE)". 


Tras unas palabras de aliento, moví los dedos mientras miraba fijamente el espacio marcado. Al instante, el escudo se convirtió en dos: uno se quedó en su sitio y otro que siguió a mis dedos. Lo desplacé hasta un espacio de la página en blanco y di un golpecito, colocándola en la página. 


"¡Wow! ¡Santo cielo! ¿No es ésto súper conveniente?" 


Entusiasmada, dupliqué el escudo tantas veces como necesité. Luego los tallé en las piedras fey con maná, y eso fue todo. Seguí adelante y vertí maná en las piedras fey para poder darles nueva forma, luego añadí algunos agujeros por los que se podía pasar un hilo. Ahora incluso los plebeyos podrían llevarlos fácilmente. 


"Esto no me ha llevado mucho tiempo en absoluto", musité en voz alta, mirando el montón de piedras fey marcadas con escudos que tenía delante. Utilizar este método de duplicación facilitaría mucho la transcripción, y si todo el mundo lo adoptara, ¡el número de libros en el mundo se dispararía! Ya no temía casarme con un inútil sin libros como el príncipe Sigiswald; con este poder, sería capaz de llenar la sala de libros de mi villa en una semana. 


"Operación: Transcripción Masiva... ¡comienza! ¡Soy una genio! ¡Eheheh!" 


Salí de mi habitación oculta, rebosante de emoción, y anuncié mi revolucionario invento a todo el mundo. Pero resultó que el método no funcionaba en papel normal; sólo podía duplicar la tinta de maná dibujada en papel fey. 


¡NOOO! ¡No sirve para el trabajo de transcripción! ¡Mi plan maestro se ha desmoronado en cuestión de minutos! 


Por cierto, mientras intentaba enseñar a todos mi nuevo hechizo, me di cuenta de que me  equivoqué al hablar la primera vez que lo lance, registrándose de manera permanente con la frase incorrecta. Aquí en Yurgenschmidt, "copy and paste" sería conocido para siempre como "copy and place". 


¡Gaaah! ¡Soy una tonta! ¡Sabía el nombre desde antes! ¡Copy and paste! ¡Copiar y pegar! 


Philine, Damuel y Judithe estaban presentes, así que les di a cada uno una de las piedras fey que fabriqué. 


"Este es mi escudo", dije. "Me han dicho que esto dejará en claro a quién pertenece su lealtad incluso después de que me haya ido". 


"Es un honor", contestó Damuel, "aunque creo que también debería darles algo a Hartmut y Clarissa. Soy consciente de que están destinados a los que nos quedaremos y a su personal plebeyo, pero aun así... por favor, considerelo". 


Prometí hacerlo, pero sólo si me traían sus propias piedras fey para hacerlos. 


Pasaron tres días cuando llegaron Corinna y sus costureras de la Compañía Gilberta. 


"Estoy entregando piedras marcadas con mi escudo a aquellos que eventualmente me seguirán fuera del ducado y a cualquiera de sus familiares que se les una", expliqué. "Se supone que deben evitar que sus portadores sean tomados por otros nobles. Luego, después de la mudanza, mostrarán quién está a mi servicio". 


Saqué cuatro piedras fey y continué: "Estas dos son para Tuuli y Effa, como mis exclusivas, mientras que estas dos son para Gunther y Kamil, que planean acompañarlas". 


"Lady Rozemyne, esto es..." 


Tuuli estaba a punto de decir que el gesto era un favoritismo evidente, pero sonreí a Corinna y le dije: "Corinna, por favor, avísame cuando sepas qué otras costureras van a acompañarme. Haré amuletos para ellas también. Mis cocineros, su familia y mi música ya han recibido los suyos". 


"Entendido", respondió ella con un movimiento de cabeza y una sonrisa. 


Tuuli suspiró aliviada, consciente ahora de que ella y el resto de mi familia de la ciudad baja no eran las únicas que recibían amuletos. Aproveché para contemplar su trenza, grabando a fuego su imagen en mi mente mientras aún podía. Al final del verano, alcanzaría la mayoría de edad y empezaría a llevar el cabello recogido como una adulta. 


Huh. Tuuli tiene un pecho bastante grande ahora. Mientras tanto, yo sigo siendo plana como una tabla. 


Estaba comprimiendo a fondo mi maná para la elaboración de papel y el entwickeln en otoño, lo que significaba que mi cuerpo había dejado de crecer de nuevo. Una vez que terminara el trabajo volvería a descomprimirlo. 


Y si está llegando a la mayoría de edad, supongo que está a punto de comprometerse. Tuuli...casarse... Casarse... ¡No sé con quién lo hará, pero no me gusta nada! ¡Mi Tuuli no puede casarse! 


Solo pensarlo me frustraba, y mi corazón ardía con un sentimiento paternal de querer vengarse de quienquiera que intentara robar a mi Tuuli. En mi cabeza, le di a su futuro marido un puñetazo despiadado en la cara. 


"Lady Rozemyne, ¿pasa algo?" 


"N-No pasa nada. Simplemente estaba pensando algunas cosas. Le confiaré el diseño de la horquilla a Tuuli, como siempre, así que por favor usa el hilo de mayor calidad disponible. Quiero que mi nueva horquilla dure el mayor tiempo posible". 


Quería que hiciera algo de calidad suficiente para que yo pudiera usarlo incluso después de ser adoptada por el rey. Se me rompería el corazón si mi nuevo estatus me obligara a desecharlo. 


Me volví hacia Tuuli. "Tu ceremonia de mayoría de edad es pronto, según tengo entendido. ¿Has preparado tu traje y tu horquilla?". 


"Sí. Mi madre me ayudó con la confección durante el invierno, pero yo hice la horquilla por mi cuenta. Debido al atuendo que pienso llevar, voy a salir de la Compañía Gilberta el día de mi ceremonia y no de mi casa". 


Iba a reunirse con nuestros padres delante del templo, lo que significaba que vería a mamá y a papá junto a la puerta por primera vez en mucho tiempo. 


¡Esto empieza a emocionarme! 


"Tuuli, te concederé la bendición más espléndida." 


"De los favoritismos no puede salir nada bueno, así que yo pediría la misma bendición que los demás. Ya corren rumores de que la Suma Obispa concedió una bendición extragrande durante el reciente Festival de las Estrellas porque uno de sus Gutenberg se iba a casar". 


Ngh... ¡Pensé que era lo suficientemente sutil como para que nadie se diera cuenta! 


En cualquier caso, Tuuli dejó muy claro que no quería una bendición especial. No podría evitarlo si mi corazón tomaba el timón, lo que significaba que tendría que formar una secuencia poco irónica de contramedidas para salir airosa de la ceremonia. 


Volví al taller de mi biblioteca para elaborar el papel que quería Ferdinand. Nuestro progreso fue lento pero constante. Durante uno de nuestros descansos, decidí consultar a mis asistentes sobre mi situación con Tuuli. 


"¿Por qué querría limitar la cantidad de maná en su bendición?", me preguntó Hartmut, perplejo. "Simplemente vaya por todas, como debería hacer un santa asombrosa". 


Clarissa asentía de todo corazón. 


Decidí ignorarlos. La ciudad baja no veía con buenos ojos que la Suma Obispa diera mayores bendiciones a la gente que conocía, y dejarse llevar sólo haría más difícil que Melchior me sucediera. Por no mencionar que Tuuli me había dicho específicamente que no me excediera. No le haría mucha gracia que fuera en contra de sus deseos. 


"Me cuesta mucho mantener mis bendiciones bajo control cuando mis emociones se involucran", dije. "Pero como los aprendices de sacerdotes azules van a estar observándome, deseo dar una bendición de tamaño normal que puedan usar como ejemplo". 


Cornelius se quedó pensativo y luego levantó la vista: "¿Qué tal si utiliza piedras fey para la bendición? Si mal no recuerdo, Lord Ferdinand proporcionó algunas que para usarlas en la Ceremonia de Unión de las Estrellas en la puerta fronteriza de Ahrensbach". 


Tenía razón, en su momento utilicé piedras fey para no darle a Lamprecht una bendición exagerada. El mismo método seguramente funcionaría de nuevo. 


Leonore, que también estaba aquí como caballera guardián, sonrió y asintió. "Es una buena sugerencia. Lord Melchior seguramente podrá reproducir la bendición cuando vea que se pueden usar piedras fey. Cumpliríamos dos objetivos distintos a la vez". 


Mis ojos empezaron a brillar. La idea de Cornelius tranquilizaría a Tuuli, resolvería el problema de Melchior de no poder realizar bendiciones como la mía, y serviría de buen ejemplo a seguir para los aprendices de sacerdotes azules, ya que no tendría que preocuparme de que mis emociones causaran estragos. Era perfecto. 


"¡Brillante!", exclamé. "¡Usemos piedras fey, entonces!". 


Así llegó el día de la ceremonia de la mayoría de edad. Después de un poco de ensayo y error, conseguí averiguar exactamente cuánto maná necesitaría. Luego vertí esa cantidad precisa en algunas piedras fey. Mis problemas con la bendición estaban casi resueltos. 


Le di las piedras fey a Hartmut y le dije: "Entregamelas cuando tenga que dar la bendición". Luego, tras comprobar que todo estaba en orden, lo insté a entrar en la capilla delante de mí. 


Melchior observó cómo los sacerdotes azules entraban también. "Me pone un poco nervioso participar en un ritual", murmuró. "Es mi primera vez". 


"Oh cielos. Pero sólo  estarás como espectador. No hay nada de qué preocuparse". 


Hoy también era el día en que los aprendices azules asistirían a su primera ceremonia. Todos llevaban túnicas ceremoniales, pero sólo estaban aquí para observar, lo que significaba que simplemente debían permanecer cerca de la pared y no causar alboroto. 


"Cierto, pero me recuerda que tendré que actuar en el Festival de la Cosecha, y sólo de pensarlo se me acelera el corazón". 


Los otros aprendices asintieron con la cabeza, pero parecían muy tensos. Ya estaban recibiendo miradas frías por ser hijos de criminales, así que no querían empeorar más las cosas con alguna equivocación. 


"La tensión puede ser difícil", les dije a todos, "pero si no son capaces de controlarla antes de que empiece la ceremonia, sus cuerpos no aguantarán. Hoy no tendrán ningún problema, siempre que no hagan ruido, así que relájense". 


Desgraciadamente, no fue tan sencillo. Los aprendices intentaron poner sonrisas naturales al entrar en la capilla, pero incluso sus mejores intentos resultaron notablemente rígidos. 


Un momento después, la puerta volvió a abrirse y se oyó la llamada habitual para que entrara la Suma Obispa. Entré con la biblia en la mano. 


Al llegar al escenario, a la primera persona que busqué fue a Tuuli. No fue muy difícil; en realidad, ni siquiera me fijé en nadie más. Después de que nuestras miradas se cruzaran, ella sonrió y giró la cabeza hacia un lado. 


¡Es una belleza! 


Estaba tan acostumbrada a ver su pelo verde en una larga trenza que se balanceaba de un lado a otro, pero ahora estaba recogido detrás de la cabeza. Eso, unido al carmesí de sus labios, le daba el aspecto de una auténtica adulta. 


Tal vez porque se había peinado sobre todo hacia un lado y ahora sostenía la cabeza para enseñármela, no pude evitar la sensación de que su peinado era mejor que el de los demás. Y para adornarlo estaban las horquillas que había hecho. Realmente era una artesana con talento, así que las suyas parecían mucho más bonitas que las que llevaban las otras futuras adultas. Tenía una a cada lado de la cabeza, lo que la hacía destacar, pero las horquillas en sí eran todo menos extravagantes. Sólo ostentaban un modesto número de pequeñas flores y desprendían un aire de pureza. 


Las flores eran idénticas en color a las de la horquilla que le regalé a Tuuli para su bautizo, la primera horquilla que le había hecho. Ni la forma ni la calidad del hilo eran iguales, y la tremenda habilidad con la que fueron elaboradas las hacía totalmente únicas, pero el diseño y el color seguían siendo profundamente nostálgicos. El hecho de que también llevara trenzas a ambos lados de la cabeza me indicó que realmente estaba intentando reproducir el look de su bautizo. 


Eso me recordó cómo había empezado todo; el primer peldaño de todo esto fue hacer esa primera horquilla junto con toda mi familia. 


Tuuli llevaba un vestido sencillo, uno que no destacaría en la ciudad baja y que podría llevar fácilmente en el futuro. Sin embargo, en lugar de ceñirse a un solo color como todos los demás conjuntos, utilizaba el mismo estampado degradado que mi propia ropa, lo que indicaba que mamá lo había teñido. Aunque no llevábamos los mismos colores, era agradable saber que hacíamos juego de algún modo. 


Tuuli se puso una mano en el pecho, donde descansaba la piedra fey que le había regalado. Era azul, a juego con su estación de nacimiento, lo que dificultaba su visión sobre sus ropas azules. 


Estoy tan feliz que podría llorar. 


Miré alrededor de la sala en un intento de mantener a raya las lágrimas y divisé una cabeza rosada entre la multitud. Probablemente era Freida. Según recordaba, también fue bautizada al mismo tiempo que Tuuli. En cualquier caso, no podía permitir que mis emociones se filtraran... no delante de los aprendices azules, que estaban alineados en una esquina cercana. 


En un intento deliberado de alejar mis pensamientos de Tuuli, empecé a realizar la ceremonia de la mayoría de edad. Acepté las piedras fey de Hartmut y luego concedí la bendición. 


"Oh Leidenschaft, Dios del Fuego, escucha mis plegarias. Que agracies con tu bendición a los que acaban de alcanzar la mayoría de edad. Que los que ofrecen sus plegarias y su gratitud sean bendecidos con tu protección divina". 


Una luz azul salió disparada de las piedras fey como una bendición -no más grande de lo normal, como había pedido Tuuli- que luego llovió sobre los nuevos adultos. Mi querida hermana la contempló, aliviada, y luego me dedicó una sonrisa que decía claramente: "Bien hecho". 


Lo hice. Salvé el día. 


Concluyó la ceremonia y se abrieron las puertas de la capilla. Mamá y papá estaban al otro lado, como era de esperar. Me decepcionó un poco que Kamil no estuviera con ellos -aún no se había bautizado, así que seguía en casa-, pero entonces sonrieron y me enseñaron las piedras fey de mi escudo que les había regalado, que llevaban en cordones de cuero alrededor del cuello. Papá parecía tan decidido que bien podría haber gritado: "¡Puedes contar conmigo para acompañarte!". 


Era egoísta por mi parte traer a mi familia a la Soberanía -lo comprendía perfectamente-, pero algunos de los presentes en Ehrenfest eran conscientes de su relación conmigo. Hartmut se las arregló para averiguarlo por su cuenta, así que tal vez alguien más podría  hacerlo. No sabía cómo podrían explotar a mis seres queridos si se quedaban atrás, ni cuán grande sería mi furia si les ocurriera algo, así que opté por mantenerlos cerca. Era egoísta sin duda, pero lo aceptaron con una sonrisa. 


Mi corazón rebosaba de amor y alegría... lo que hizo que mi maná empezara a hincharse. Cuando me di cuenta de mi error, ya era demasiado tarde; otra bendición azul se elevó en el aire y explotó, incomparablemente mayor que la que acababa de dar. 


"¡¿Qu-qué...?!" 


Los nuevos adultos que salían de la capilla se detuvieron y se quedaron mirando, mientras los sacerdotes que estaban ocupados limpiando gritaban y tropezaban. Los aprendices azules alineados junto a la pared se quedaron boquiabiertos ante la bendición sorpresa. 


En un instante, Tuuli se dio la vuelta y me fulminó con la mirada. Me di cuenta de que quería gritar: "¡Myne! ¿Qué haces?". 


¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! ¡No era mi intención!

Presa del pánico, traté desesperadamente de inventar una excusa, pero mi mente estaba en blanco. "E-Era una bendición extra. Er, no, quiero decir... Para los aprendices espectadores, quería dar un ejemplo de una bendición que no se da a través de piedras fey. Ohoho..." 


"¡Y qué espléndido ejemplo les ha dado Lady Rozemyne!", gritó Hartmut, emocionado. Intentaba cubrirme, pero no creo que sirviera de nada; mamá y papá pasaron de parecer sorprendidos a contener a duras penas la risa, mientras Tuuli seguía clavándome una mirada aterradora. 


Así, la ceremonia de la mayoría de edad concluyó con una metedura de pata de proporciones épicas. 

 



Capítulo 16: Entrevista con el Aub

La ceremonia de bautismo de otoño terminó sin incidentes, luego visité el castillo varias veces para dar maná para el entwickeln que se avecinaba. No tenía ninguna deliciosa poción de blenrus para reponerme, así que me pasé los días confiando en pociones de bondad en su lugar. 


Habíamos llegado a la época del año en que todos en el templo se preparaban para el Festival de la Cosecha. Los aprendices azules se afanaban solicitando carruajes, reuniendo equipaje, seleccionando a los asistentes que llevarían con ellos, repasando las ceremonias, etc. Este iba a ser su primer festival, así que lo trataban con sumo cuidado. 


Debido a la recaudación de impuestos, habrían eruditos acompañando a los aprendices en el Festival de la Cosecha. Sólo podía esperar que no se enemistaran con los niños de la antigua facción Verónica. Por supuesto, tenía la intención de dejar muy claro a los eruditos no debían mostrar el más mínimo atisbo de prejuicio, pero una vez fuera de mi vista, poco podía hacer. 


Se estaba celebrando una reunión para emparejar a los aprendices con sacerdotes adultos y decidir adónde irían. 


"Ahora que Philine es aprendiz de doncella de santuario, ¿también participará?", preguntó Melchior. 


"No", respondí. "Recibirá tanto mis aposentos como mis ayudantes cuando me sustituya como directora del orfanato, pero por ahora los compartiremos. En otras palabras, no tendrá ayudantes ni cocineros que llevarse con ella. Además, a diferencia de los otros aprendices, no necesitará reunir fondos para sobrevivir al invierno". 


Hacía que los aprendices menores de edad participaran en el Festival de la Cosecha en parte porque nos faltaba mano de obra, pero sobre todo porque carecían de los fondos que necesitarían para sus preparativos de invierno. De no haber sido así, habría decidido no enviar a menores a celebrar ceremonias religiosas. 


Dicho esto, Melchior era candidato a archiduque, por lo que necesitaría rodear el Distrito Central pasara lo que pasara. 


Continué: "Para asegurarme de que el templo no quede desatendido, voy a hacer que se quede aquí. Le confiaré cosas en mi ausencia". 


Mientras nuestra conversación continuaba, un ordonnanz entró volando en la sala de reuniones. Aterrizó frente a mí y me transmitió un mensaje con la voz de Sylvester. 


"Vendré dentro de tres días para realizar mis entrevistas. Envíame un informe sobre los niños que desean ser bautizados como nobles este invierno". 


Los aprendices azules se quedaron mirando el ordonnanz mientras se repetía dos veces más. Algunos de ellos tenían hermanos en el orfanato, así que probablemente sentían curiosidad por saber cómo serían tratados al volverse nobles. 


"Hay dos niños que serán bautizados como nobles este invierno", respondí a través del pájaro. "Haré que Roderick te entregue un informe a su regreso". 


Dirk y Bertram eran los dos en cuestión. No fueron los únicos candidatos a ser bautizados este invierno, pero uno había vuelto con sus padres, y el otro acabó suspendiendo la entrevista de Hartmut, lo que significaba que no recibieron herramientas mágicas. 


Una vez concluida nuestra reunión sobre el Festival de la Cosecha, regresé a los aposentos de la Suma Obispa. Envié a Monika a informar a Wilma de que teníamos fecha para las entrevistas y a buscar informes sobre los dos niños que debían ser bautizados, y luego envié un ordonnanz a Laurenz, que se encontraba en ese momento entrenando. Su hermano menor pronto se vería cara a cara con el archiduque; esperaba que quisiera darle al noble aspirante algún consejo fraternal. 


Estaba leyendo los informes de Wilma cuando Laurenz entró en la habitación. "Lady Rozemyne", dijo, "recibí su ordonnanz de que se ha decidido la fecha de las entrevistas". 


"Así es. Por favor, ve al orfanato y habla con Bertram. Como es un niño sin padres, va a ser bautizado con el aub como tutor, lo que significa que no será reconocido públicamente como tu hermano. Aún así, espero que sigas cuidando de él en la medida de lo posible". 


Según las normas de la nobleza, Bertram era un niño sin padres. Se consideraba totalmente razonable decir que había dejado de ser hermano de Laurenz desde el momento en que entró en el orfanato. 


"Para ser bautizado como noble", dije, "hay que tener notas altas, una disposición inquebrantable a servir a Aub Ehrenfest y cero intenciones de promulgar venganzas ni nada por el estilo. Según los informes de Wilma, no hay nada malo en las notas de Bertram ni en su modo de vida en el orfanato". 


"Ya veo", respondió Laurenz, aliviado. 


"Sin embargo", continué, "no sé cuál será su actitud. Se esfuerza por ser obediente en el orfanato, pero ¿mostrará la misma lealtad a Aub Ehrenfest? Me parece que no querrá servir sin reservas al hombre que provocó la muerte de sus padres y lo dejó huérfano. Sin embargo, para que pueda vivir con normalidad en el futuro... Por favor, ten una conversación seria con Bertram para asegurarte de que lo entiende". 


Laurenz me dio su nombre tras la ejecución de sus padres, así que pensé que sería bueno que le explicara cómo había cambiado su vida, qué sentía por la familia archiducal y qué estaba haciendo para gestionar sus emociones. Bertram había dicho que quería reincorporarse a la sociedad noble, pero probablemente estaba imaginando un regreso a los días anteriores a la purga. Mi esperanza era que Laurenz tendiera un puente entre las expectativas y la realidad. 


"Agradezco su preocupación por los niños prebautizados", dijo Laurenz. "No hubiera sido extraño que los abandonaran en cualquier momento". 


Me habría gustado ayudarles más, pero mi influencia no llegaba tan lejos. Además, siempre me decían que no fuera más allá de mis posibilidades. 


"Lady Rozemyne", intervino Philine, "¿no deberíamos hablar también con Dirk?". 


"Necesita practicar un poco más el harspiel, pero por lo demás, lo está haciendo bien". 


Dirk sólo empezó a tomarse en serio sus estudios de harspiel después de recibir una herramienta mágica, pero aun así, Rosina visitaba el orfanato de vez en cuando, y le había informado de que aprobaría su debut sin problemas. 


Continué: "Dirk tuvo el valor de hablar con franqueza a Hartmut, y parece obvio que tenía un objetivo por el que trabajar. Su entrevista con el aub debería ir bien. También comprende que vive en el orfanato sólo por la gracia de la familia archiducal -algo de lo que los niños nobles aún no entienden-, así que no veo razón para dudar de su lealtad. Sin embargo, tengo una preocupación: parece carecer de la actitud y el sentido común de un noble. Por favor, haz todo lo posible por transmitírselo. Como candidata a archiduque, no puedo servirle de ejemplo". 


Dirk tendría que vivir como un noble mientras los demás asumieran que era hijo de la antigua facción Verónica. Un laynoble le serviría como mejor punto de referencia que un candidato a archiduque. 


Philine asintió y dijo que haría todo lo posible. 


"Damuel, yo también te pediría que lo guiaras", le dije. "Y a propósito, Roderick, entrega los informes de Wilma al aub". 


"Como ordene". 


Era el día de las entrevistas, y Sylvester llegó con dos caballeros guardianes, seguido de asistentes y eruditos. Fui a saludarlo, pero me recibió con expresión grave. 


"Mi única preocupación es si los huérfanos pueden serme útiles", dijo, "así que cállate y respeta cualquier decisión que tome. Salvarles la vida ya fue bastante generoso; no pienso cargar con ningún peso muerto". 


Comprendí que aquí, en Yurgenschmidt, mi deseo de salvar a los huérfanos por simpatía era culturalmente anormal. Ya era bastante impresionante que consiguiera librarlos del castigo por asociación -eso lo tenía claro después de mis negociaciones para salvar a Ferdinand-, así que eso tendría que bastarme. 


"Entiendo que reintegrar a los niños de la antigua facción Verónica es importante", respondí, "tanto para ti como para el resto de la familia archiducal. Como ya les has salvado la vida, no me opondré a lo que decidas hacer con ellos". 


Me miró un momento, luego se relajó un poco y dijo: "Muy bien. Eso es todo lo que necesitaba oír". Era hora de empezar las entrevistas. 


Como responsable del orfanato, Wilma nos trajo a Dirk y Bertram, y luego nos dio sus informes sobre ellos. Sylvester ya los había recibido de Roderick, pero asintió con la cabeza. Por el brillo serio de sus ojos, me di cuenta de que estaba examinando de cerca a los dos huérfanos. 


"Hmm. Veo que los dos han estado trabajando todo lo que pueden", dijo. "Tienen unas notas excelentes, para empezar. Dirk, me han dicho que necesitas practicar un poco más el harspiel, pero tú, Bertram, no tienes nada que mejorar". 


Sylvester hizo una pausa y luego continuó: "Dirk, si sigues adelante con esto, todos en la sociedad noble asumirán que eres hijo de criminales de la antigua facción Verónica. Tu nueva vida será cualquier cosa menos amable contigo, y lo digo con toda seriedad. ¿Todavía deseas convertirte en noble?". 


"Así es", respondió Dirk con un firme asentimiento, sus ojos oscuros brillando. "Al igual que Lady Rozemyne nos protegió, yo deseo proteger el orfanato... pero no puedo hacerlo mientras sea huérfano. Quiero ser noble sin importar cuánto sufrimiento pueda causarme". 


Dirk expresaba su objetivo final tan abiertamente como cuando habló con Hartmut, al tiempo que agradecía que le hubieran dado una herramienta mágica. Cada una de sus palabras era sincera. Sus padres no habían sido ejecutados ni nada parecido, así que no guardaba rencor al archiduque. 


"Incluso con las pociones reconstituyentes de Lady Rozemyne", continuó, "no he conseguido almacenar ni la mitad de maná que Bertram. Pero conseguiré llenar mi herramienta a tiempo para la Academia Real". 


La expresión de Sylvester se suavizó en respuesta a esta directa declaración. "Ambos van a ser considerados hijos de la antigua facción Verónica. Como resultado, cuando alcancen la mayoría de edad, cada uno tendrá que dar su nombre a alguien de la familia archiducal. Dirk, ¿qué piensas de eso?". 


Los niños de la antigua facción Verónica dieron sus nombres para evitar ser considerados culpables por asociación, y los aprendices azules y los del orfanato serían inevitablemente agrupados con ellos. Dirk no tenía en realidad padres de la antigua facción Verónica, pero como abandonaba el orfanato para convertirse en noble, recibiría el mismo trato negativo que todos los demás. 


Al oír esta explicación, Dirk miró inquisitivamente a Sylvester. "¿Puedo elegir a quién dar mi nombre? En ese caso, deseo servir a alguien que proteja el orfanato. Como huérfano, nunca sabes quién podría comprarte o tomarte como asistente, ni cómo podrían tratarte. Me contaron que, en el pasado, no era raro que los sacerdotes grises fueran asesinados por caprichos de su señor o señora. Comparado con esos días oscuros, tener la opción de elegir a quién sirvo es una bendición". 


La forma de pensar de Dirk no se parecía en nada a la de un noble normal. Sylvester esbozó una sonrisa amarga, asintió y dijo: "Ya veo. Lo consideras una bendición... Está bien, te aceptaré como noble de Ehrenfest". 


"Me siento honrado", respondió Dirk, y luego murmuró en voz baja "¡Sí!" para celebrarlo. 


Sylvester se volvió hacia Bertram y le miró con fijeza. "Parece que tienes algo que decir".

Bertram permaneció en silencio, así que Sylvester le instó a hablar con un algo enérgico: "Adelante". 


"¿Un huérfano como Dirk realmente se convertirá en un noble?" 


"Tú también eres huérfano, recuérdalo. Los dos están en la misma situación". 


Al instante, los ojos de Bertram se abrieron de par en par, furiosos. "No soy igual que Dirk. Soy hijo de Giebe Wiltord, y...". 


"El hombre que conociste como Giebe Wiltord ya no existe; otra persona ostenta ahora su título. Y debo recordarte que ahora vives en el orfanato. Eso te convierte en huérfano. Aunque llegues a ser noble, la sociedad te considerará huérfano de padre, ya que nuestra cultura sólo determina la paternidad durante el bautismo. Yo seré tu tutor en su lugar, igual que haré con Dirk". 


"Lo sé", murmuró Bertram, bajando los ojos y apretando los labios. Fue una respuesta que me hizo suspirar. A juzgar por su actitud, técnicamente lo entendía, pero seguía sin querer aceptar la verdad. 


"Según el informe que recibí", continuó Sylvester, "has estado trabajando duro como resultado de tu deseo de dejar el orfanato y volver a tu antigua posición en la sociedad noble. ¿Es eso correcto? Bueno, aunque te bauticen como noble, los días que anhelas nunca volverán". 


Los puños cerrados de Bertram empezaron a temblar. Un vórtice caótico de emociones surgía en su interior, pero su única opción era reprimirlas. 


"Tu bautismo no traerá de vuelta a tus padres, y seguirás viviendo en el templo. Como un aprendiz azul, debo añadir igual que tus mayores. Sabiendo eso, ¿todavía tienes la determinación de ser bautizado bajo mi tutela? ¿Servirás a la familia archiducal como Dirk pretende? No trataré a un hijo desleal de criminales como a un noble de Ehrenfest". 


Sylvester miraba ahora con dureza a Bertram. El joven cerró los ojos en respuesta. 


"¿Puedes servir a los que ejecutaron a tu familia o no?", presionó Sylvester. "Eso es lo que más importa aquí. Los niños mayores reconocen la severidad del castigo por asociación, así que su gratitud es sincera, y son capaces de servir a su señor o señora incluso estando expuestos a la malicia y la burla en el castillo y la Academia Real. Pero tú sólo sabes que perdiste a tu familia de la noche a la mañana y acabaste en el orfanato. ¿Cómo puedo esperar que te sientas agradecido con Rozemyne?". 


Bertram guardó silencio un rato y luego dijo: "Estoy agradecido. Mi hermano me dijo que nuestros padres cometieron un crimen, que fueron culpables, que es un milagro que estemos vivos. No lo entiendo, pero le creo. Lo único que impidió nuestra ejecución fue la compasión de la familia archiducal". 


"Ya veo. Así que tu hermano mayor habló contigo, ¿eh?" 


"Sí. Él le dio su nombre a Lady Rozemyne... pero yo deseo darle el mío a Lord Melchior". Al parecer, esto se debía a que Melchior visitaba a menudo el templo, ayudaba a Bertram con sus estudios y jugaba a las cartas y al karuta con él y con los aprendices azules. 


"Eso es suficiente", dijo Sylvester. "Si has considerado cuidadosamente el juramento de nombre y has tomado tu decisión, eso bastará. Yo actuaré como tu tutor". 


En un instante, la tensión desapareció de los hombros de Bertram. 


Y con ello, se habían confirmado dos nobles bautismos. La conversación pronto derivó hacia qué ropa llevarían los huérfanos y a quién traerían con ellos a la ceremonia de bautismo de invierno. Tras pensarlo, se decidió que llevarían ropa usada y que yo haría que mis asistentes los acompañaran. Al fin y al cabo, yo era la Suma Obispa. 


Una vez terminada esa parte de nuestra discusión, Dirk y Bertram se despidieron, mientras Sylvester y yo empezamos a repasar el entwickeln de Groschel. 


"El plan es realizarlo después de que Florencia dé a luz", explicó Sylvester. 


"¿Poco después?" 


"Sí. Ha dicho que beberá pociones reconstituyentes para recuperarse y participar. No dejará que nadie la convenza de lo contrario". Él personalmente no quería que participara, pero como primera esposa de Ehrenfest, se negaba a ceder. 


"Eso suena preocupante. Aún así, ¿está todo listo para el entwickeln?" 


"Los comerciantes nos enviaron los planos de las tiendas que quieren, mientras que los eruditos y Giebe Groschel tienen los planos de la ciudad. También tenemos un suministro decente de maná gracias a tu método de compresión y a mis nuevas protecciones divinas. Para ser sincero, has hecho más por ayudar de lo que puedo decir". 


"Me alegro de oírlo". 


Resultó que las nuevas protecciones divinas de Sylvester hicieron que almacenar maná fuera mucho más fácil de lo esperado inicialmente. Estaba trabajando duro para comprimir mi propio maná, así que probablemente todo iría bien. 


"Hablando de eso", dije, "¿cómo vamos a hacer el waschen a gran escala? No tendremos a Ferdinand esta vez, ni podré viajar a Groschel inmediatamente después del entwickeln". 


No bastaría con reemplazar los edificios por un entwickeln; también habría que limpiar toda la ciudad. Los plebeyos nunca podrían deshacerse de toda la suciedad acumulada mientras se preparaban para aceptar a comerciantes de otros ducados, por lo que era crucial una waschen a gran escala. 


"Sobre eso... ¿Podrías prestarme a Clarissa?" preguntó Sylvester. 


"¿Clarissa?", repetí, con los labios fruncidos. Era la prometida de Hartmut, y oficialmente seguía siendo ciudadana de Dunkelfelger. No había nada de malo en que trabajara para mí, ya que me había dado su nombre, pero no estaba segura de involucrarla en asuntos del ducado. 


"Sé que esto no es apropiado, pero escuché de Brunhilde que ella tiene un círculo mágico extremadamente efectivo para hechizos de área amplia. Según tengo entendido, lo usó durante un waschen a gran escala en la Academia Real. Si podemos conseguir su apoyo, entonces Brunhilde, Giebe Groschel y los nobles de la provincia deberían ser capaces de manejar el resto. ¿Podrías ordenarle que viaje a Groschel el día del entwickeln?". 


Los miembros de la familia archiducal íbamos a estar encerrados en la sala de Reposición de Maná, lo que significaba que alguien más tendría que realizar el waschen. Brunhilde no tenía ni de lejos tanto maná como Ferdinand y yo, así que su solución fue conseguir más ayuda y aprovechar al máximo los círculos mágicos de apoyo. 


"Quería que Brunhilde te lo pidiera como una de tus asistentes", explicó Sylvester, "pero ella se negó, diciendo que en su lugar debía pedírtelo como aub". 


"Bueno, creo que tiene razón. Este asunto del ducado se está llevando a cabo bajo nuestras instrucciones, después de todo. No me importaría pedirle a Clarissa que te ayude, pero tengo una condición: envía a todos los asistentes archinobles de la familia archiducal a Groschel". 


"¿A todos ellos?" 


"Sí. No toleraré que este trabajo recaiga enteramente sobre uno de mis asistentes. Movilizándolos a todos, Groschel recibirá la ayuda no sólo de una persona que aún pertenece técnicamente a otro ducado, sino de cada uno de los miembros del séquito de la familia archiducal. Este es un asunto del ducado dirigido por el aub, además tanto los entwickeln como los waschen a gran escala se beneficiarán de contar con más participantes. Supongo que los nobles de la provincia no bastarían por sí solos, y ayudar proactivamente a Groschel debería facilitar a la familia archiducal ganarse a los nobles de Leisegang." 


Sylvester hizo una pausa, luego asintió y dijo: "De acuerdo. Enviaré un mensaje para que los asistentes archinobles de la familia archiducal viajen a Groschel". 


Así que envié un ordonnanz a Clarissa, dándole instrucciones para que hablara con Brunhilde sobre la realización de un waschen a gran escala. Brunhilde me envió otro ordonnanz de gratitud no mucho después. 


"Es un honor, Lady Rozemyne. Clarissa mandó decir que va a participar. No esperaba que los asistentes de la familia archiducal prestaran también su ayuda, así que parece que la limpieza de la ciudad va a ser mucho más fácil de lo previsto". Su voz era tan excepcionalmente brillante que pude darme cuenta de que iba a hacer todo lo posible por el entwickeln. 


"No dudaré en prestarte el apoyo necesario para que tenga éxito", respondí, y volví a despachar al pájaro. 


Un momento después, apareció otro ordonnanz. Había supuesto que era de Brunhilde, pero éste voló hacia Sylvester. 


"Aquí Leberecht. Aub Ehrenfest, parece que Lady Florencia ha recibido la visita de Entrinduge". 


Entrinduge era la Diosa del Parto, lo que sólo podía significar una cosa: Florencia se había puesto de parto. 


Sylvester se levantó con estrépito. "Contacta a Melchior. Vuelvo al castillo inmediatamente". 


Sus asistentes entraron en acción. 


"Yo..." 


"No eres su hija de sangre", dijo Sylvester, cortándome de golpe, "así que no podrás entrar en la sala de estar archiducal del edificio principal aunque vuelvas al castillo. Como mucho, te pediría que rezaras a Entrinduge". 


Al parecer, era posible dar maná a alguien mientras daba a luz, pero sería agresivamente rechazado a menos que procediera de familiares directos, como su marido o sus hijos. No podría ayudar en absoluto. 


Tras ver a Sylvester y Melchior marcharse a toda prisa, regresé a mis aposentos de Suma Obispa, me acerqué al pequeño santuario de mi habitación y recé a Entrinduge, la Diosa del Parto. 


Días después, Melchior volvió al templo. El bebé era una niña. 


Una semana más tarde, me citaron en el castillo. Era la hora del entwickeln. Según lo acordado, la familia archiducal enviaría a sus archinobles a Groschel. Para mí, eso significaba que Clarissa, Hartmut, Cornelius, Leonore y Ottilie participarían en el waschen. 


Y así, Groschel renació en una ciudad de un blanco puro, totalmente libre de suciedad y mugre. 

 



Capítulo 17: El Festival de la Cosecha y las decisiones de los Gutenberg

El entwickeln terminó sin incidentes. Me pasé todo el tiempo encerrada en la sala de Reposición de Maná del castillo, ofreciendo mi maná, así que mis asistentes me estaban dando un informe exhaustivo de lo que me había perdido. 


"Todos juntos realizamos el waschen", empezó Cornelius, "y Groschel se volvió hermoso en un abrir y cerrar de ojos. Fue un espectáculo digno de contemplar. Un torrente de lluvia brotó de incontables círculos mágicos en el cielo". 


Leonore continuó: "Giebe Groschel ordenó a los soldados y a los comerciantes que trajeran el equipaje para sus segundas tiendas para asegurarse que la ciudad permaneciera limpia. Brunhilde también nos informó de que la primera caravana de mercancías de los talleres de carpintería ha partido de Ehrenfest". 


"El giebe estaba encantado de que tantos archinobles al servicio de la familia archiducal se hubieran reunido para prestar su ayuda", informó Ottilie. "Me pareció que veía con buenos ojos que el aub diera tales órdenes". 


"Fui a Groschel", dijo Hartmut. "Los comerciantes visitantes que se  detuvieron allí después de terminar sus negocios expresaron su sorpresa por su dramático cambio y su entusiasmo ante la idea de hacer negocios el próximo año. Estoy seguro de que después de que regresen a casa y den sus informes, Groschel se convertirá en un tema de gran interés en la Academia Real." 


Al parecer, Hartmut y Clarissa dieron una vuelta por la ciudad después de limpiarla. Les pareció divertido ver las tiendas sin puertas ni ventanas. 


"Clarissa, te lo agradezco muchísimo", dije. "Los círculos mágicos de apoyo son tremendamente útiles cuando se intenta limpiar una ciudad entera. Fue impropio de mí solicitar tu ayuda ya que aún eres de Dunkelfelger, pero realmente fue inestimable". 


"Me alegra haber sido de utilidad, mi señora. Fue agradable ser tratada como una de sus asistentes". 


Todavía no podíamos casar a Clarrisa con Ehrenfest, ya que su futuro marido, Hartmut, seguía ejerciendo de Sumo Sacerdote. Por esa razón, normalmente no le daba trabajos que tuvieran que ver mucho con el ducado. Ella me ayudaba, pero nunca me acompañaba al templo. Evidentemente, la situación había hecho que se preocupara por no serme útil desde la Conferencia de Archiduques. 


"Tu ayuda en la elaboración de nuestro papel fey ha sido más que suficiente, en mi opinión...", dije. Aún así, no sirvió de mucho para que los demás reconocieran a Clarissa como mi asistente. Era bueno saber que esta excursión había sido significativa para ella a nivel personal. 


Los comerciantes visitantes regresaron a sus ducados a medida que se acercaba el Festival de la Cosecha. Este año, Charlotte se dirigía a las provincias de los giebes que visitó para la Oración de Primavera, mientras que Wilfried, Melchior y yo nos repartimos el Distrito Central. Los sacerdotes azules se encargarían del resto de los giebes. 


"Hartmut", le dije, "te confiaré a los Leisegang giebes que Wilfried visitó la primavera pasada". 


"Por supuesto. Lo que sea para que no abarque demasiado, Lady Rozemyne. Tengo entendido que, además de ayudar con el Distrito Central, supervisará el traspaso del monasterio y que irá a Kirnberger". 


Necesitaba transferir la magia protectora del monasterio de Hasse y mi habitación oculta a Melchior, y luego recuperar los Gutenberg de Kirnberger. 


Como siempre, Damuel y Angélica iban a custodiarme durante el Festival de la Cosecha. Eso dejaba sólo a mis asistentes del templo y al resto del personal. Los observé prepararse con el rabillo del ojo -sus movimientos deliberados hablaban de mucha experiencia- mientras distribuía el trabajo entre mis asistentes que se quedaban. Algunos iban a descansar para poder ocupar el lugar de Damuel y Angélica cuando volviéramos, mientras que otros, como Philine, planeaban cuidar del templo en nuestra ausencia. En cuanto a los asistentes menores de edad, les aconsejé que estudiaran para la Academia Real. No había mejor oportunidad que cuando su señor o señora estaban ausentes. 


Hice mis preparativos habituales en cuanto a carruajes y guardias, di instrucciones a los niños del orfanato para que trabajaran en los preparativos de invierno y compré más papel no inflamable fabricado en el taller a través de la Compañía Plantin antes de trasladarlo a mi biblioteca, y la visitaba con regularidad, dedicando todo el tiempo que pude a fabricar el papel que Ferdinand quería. 


Lo ideal sería llevarlo conmigo a la Academia Real. De ese modo, si Ferdinand vuelve a quedarse en el salón de té de Ehrenfest, podré dárselo en persona. 


Por fin llegó el día de la partida. Los primeros en irse fueron los sacerdotes azules que iban a las provincias de los giebes, y los aprendices que los acompañaban. Los sacerdotes adultos parecían muy inquietos mientras hacían los últimos preparativos; nunca antes se había hecho participar a aprendices tan jóvenes. 


"Kampfer, Frietack", les dije, "por favor, cuiden de los jóvenes aprendices. No será fácil ni mucho menos, pero confío en que lo tendrán todo bajo control. Y aprendices, aunque se crean superiores, ya que fueron bautizados como nobles, el estatus no significa nada entre los sacerdotes azules del templo. Harían bien en escuchar a sus mayores más experimentados". 


Tuve especial cuidado en recalcar que no teníamos paciencia para la ignorancia y que no debían causar problemas. Lo último que necesitábamos era que los aprendices intentaran hacer alarde de su noble autoridad cuando no había nadie cerca para detenerlos. 


Continué: "Se ha dicho a los eruditos asignados a la recaudación de impuestos que no actúen con dureza con ustedes, pero tal y como están las cosas, la mayoría de ellos son nobles de Leisegang; podrían provocarlos o hablar maliciosamente de la antigua facción Verónica. En cualquier caso, controlen sus emociones e infórmenos a Melchior y a mí de lo que se haya dicho". 


Florencia ya había conseguido manipular a los ancianos de Leisegang. Y después de nuestra última conversación, sospechaba que se dieron cuenta de que no les apoyaría por el mero hecho de ser parientes. No esperaba que trataran demasiado mal a los sacerdotes si hacían hincapié en que contaban con el apoyo de la familia archiducal. 


Los aprendices respondieron con tensas inclinaciones de cabeza. Luego subieron a sus carruajes, que partieron lentamente tras los que contenían su equipaje. 


Después de despedirme, les tocó el turno a Hartmut y Charlotte, que iban a viajar en sus bestias, por lo que su equipaje y ayudantes partieron antes que ellos. Charlotte aprovechó para hablarme de nuestra hermana recién nacida y despidió a los sacerdotes grises y sus carruajes. Aunque había venido al templo, no partiría con sus asistentes hasta mañana. 


Los últimos en salir fueron los candidatos a archiduque que debían rodear el Distrito Central. Wilfried fue el primero, seguido poco después por el equipaje de Melchior. Él viajaría encima de la bestia de su caballero guardián. 


Intercambié unas palabras con los sacerdotes grises sustitutos que iban a ser enviados a Hasse, y luego saludé a los soldados que los acompañarían en su viaje. Papá estaba entre ellos, naturalmente, y el cordón que llevaba al cuello me indicó que portaba su piedra fey crestada. 


"Estaremos a su cuidado una vez más", dije. 


"Puede contar con nosotros". 


Incluso ese breve intercambio fue suficiente para mí. 


Tras despedir a los vagones que partían hacia Hasse, saqué mi Pandabus e hice que mis ayudantes comenzaran a llenarlo de equipaje. 


"Tu bestia alta es tan conveniente, hermana", dijo Melchior. "Quiero tener una propia". 


"Según Charlotte, uno necesita bastante maná para cambiar el tamaño de su bestia alta. Tendrás que trabajar duro para comprimir tu maná después de entrar en la Academia Real". 


Frunció los labios, claramente disgustado. "Padre dijo que tu traslado a la Soberanía significa que no podré aprender tu método de compresión de maná". 


"Yo... supongo que es cierto. No hemos podido cumplir los requisitos necesarios desde que Ferdinand se mudó, así que no pudimos impartirlo este año. Y ahora que yo también me voy, probablemente deberíamos poner fin a ese contrato". 


Se suponía que la compresión de maná era algo personal; los nobles se esforzaban por idear sus propios métodos y luego se ceñían a ellos. Matthias me informó de que Georgine utilizaba un método propio de compresión en varios pasos. En cualquier caso, una vez que fuera miembro de la realeza, tenía la intención de dar a conocer el archivo del sótano. Los estudiantes que quisieran experimentar con la compresión de maná sólo tendrían que ir allí. 


"Presta mucha atención a los métodos que usan los demás y luego decide qué te funcionará mejor a ti", le dije. "Ah, y estudia la lengua antigua. Ése es el mejor consejo que puedo darte". 


"Ya estoy estudiando para poder leer la biblia", respondió Melchior. Luego suspiró y hundió los hombros. "Aunque parece que aún me queda mucho camino por recorrer". 


Subí a Lessy y viajé hasta Hasse, rodeada por los asistentes de Melchior, y luego abrí la sala oculta del monasterio. Hice que Monika empezara a limpiar el interior y que mis cocineros comenzaran su trabajo. Luego, tras dar algunas instrucciones más e intercambiar algunas palabras con Melchior, me dirigí a la mansión de invierno de Hasse con Fran y mis caballeros guardianes. 


"Richt, el año que viene habrá un nuevo Sumo Obispo", le dije. "Lo he traído hoy aquí para presentarlo". 


A partir de ahí, celebramos la ceremonia y asistimos a una acalorada partida de warf. A la mañana siguiente, repasé los impuestos con los eruditos antes de dirigirme al monasterio con Melchior. Era hora de comenzar el traspaso. 


"Melchior, esta es la piedra fey protectora del monasterio", le dije. "Necesitarás suministrarle maná dos veces al año, durante la Oración de Primavera y el Festival de la Cosecha. Por ahora, vierte maná en ella hasta que cambie de color. En el futuro, si te preocupa no tener suficiente para suministrar, puedes preparar piedras fey para usarlas. Sería buena idea que Wilfried y Charlotte te ayudaran con eso". 


"Y pensar que lo hiciste todo tú sola...", murmuró Melchior. Parecía disgustado, pero no era razonable compararnos; yo me me pasé todos los días de niña comprimiendo desesperadamente mi maná. Mi vida dependía de ello. Además, una compresión tan intensa desde pequeña atrofiaba el crecimiento. 


"Melchior, nadie espera que de repente lo hagas todo tú solo". 


Una vez que hubo registrado su maná en la piedra fey protectora, dirigí mi atención a los asistentes y a los sacerdotes grises del monasterio, que estaban sacando todos y cada uno de los muebles de mi habitación oculta. "Melchior, ¿qué muebles vas a utilizar? Tengo pensado dejar la mayor parte de los míos, así que será mejor que te los quedes. De lo contrario, tendrás que gastar dinero en una habitación que sólo visitarás dos veces al año. Es mejor que utilices esos fondos en otra parte". 


Melchior parecía un poco sorprendido -los miembros de la familia archiducal rara vez recibían regalos-, pero el asistente encargado de sus finanzas parecía completamente aliviado. Una parte del presupuesto del futuro Sumo Sacerdote ya estaba dedicado al templo, pero dudaba que hubieran reservado dinero para el monasterio. Tener que preparar y amueblar otra habitación más habría sido una sorpresa muy desagradable. 


"Necesitará ropa de cama nueva", dijo el asistente, "pero agradeceríamos las mesas y otros muebles de madera. Como sabe, Lady Rozemyne, no tenemos tiempo de encargarlos de nuevo durante esta ajetreada entrega". 


Melchior asintió y accedió a utilizar mis viejos muebles. 


"Thore, Rick, por favor lleven todo lo que Melchior no vaya a usar a un carruaje. Lo llevaremos al templo de Ehrenfest". 


"Entendido." 


Una vez que la habitación oculta quedó completamente vacía, deshice mi registro. Melchior tomó entonces posesión en su lugar, y los muebles volvieron a ser trasladados al interior. 


"El traslado de habitaciones como noble parece tan tedioso...", murmuró uno de los soldados que observaban a través de la puerta abierta de par en par de la capilla. Los plebeyos sólo necesitaban entregar una llave y ya está, por lo que este interminable proceso les resultaba muy divertido. 


"El registro de maná es para la seguridad y ofrece una protección impresionante, pero sin duda es tedioso cambiar de persona". 


"Si dejas esta habitación, es que realmente te mudas. Gunther se va con su familia, y su marcha también me sorprendió..." 


Parecía que papá estaba haciendo su propia entrega en la puerta. 


"Vaya...", dije, y luego le lancé una mirada firme. "Mi marcha sigue siendo un secreto. Por favor, que siga siéndolo". 


Comprobé el equipaje, que seguían cargando, y luego me acerqué a Marthe y Nora. Ahora ellas se ocupaban del monasterio, así que quise asegurarles que sus necesidades seguirían cubiertas. 


"No hace falta que te muestres tan preocupada, Marthe. Los intercambios entre Hasse y el templo continuarán incluso después de mi partida, y el monasterio seguirá como hasta ahora". 


"Sí, mi señora." 


"Además, los soldados que presten su ayuda seguirán siendo recompensados. Por favor, colaboren estrechamente con ellos". 


"¡Entendido!" 


Había aconsejado a Melchior que siguiera contratando a los soldados; eran una gran fuente de información valiosa, que podía vender a Sylvester para aumentar sus fondos. Mi sabiduría de comerciantes había tomado por sorpresa a sus asistentes al principio, pero no tardaron en aceptar la idea cuando la comparé con la venta de información obtenida en la Academia Real. A juzgar por la seriedad de sus miradas, iban a sacarle todo el dinero que pudieran al archiduque. 


Una vez completado el traspaso, Melchior se dirigió hacia el sur, mientras que yo me dirigí hacia el este. Completé mi sección del Festival de la Cosecha del Distrito Central, visitando las fincas de verano de los giebes Huber, Blon, Glaz y Hirsch, antes de dirigirme a Kirnberger, donde seguí la rutina habitual: saludé al giebe, hice la ceremonia y me encargué de los impuestos a la mañana siguiente. Una vez terminadas las comprobaciones, llegó el momento de recoger a los Gutenberg y partir. 


"Todos se han esforzado y durante mucho tiempo", dije. "Varios de ustedes participaban por primera vez, ¿verdad? ¿Qué tal Kirnberger?". 


Según Lutz y Gil, Judithe hizo un esfuerzo excepcional para asegurarse de que todo el mundo estuviera bien atendido. Los que no estuvieron antes en un viaje de negocios habían tenido dificultades para adaptarse a la nueva cultura y acabaron añorando su hogar, pero los que tenían más experiencia se encontraron en un ambiente de trabajo extremadamente cómodo y agradable. 


Sería prudente pedir consejo a Judithe y a los demás de Kirnberger para cuidar de los Gutenberg en la Soberanía. 


Les insté a entrar en mi Pandabus y luego volé de vuelta al templo de Ehrenfest mientras les escuchaba hablar de su estancia en Kirnberger. Después de nuestro regreso, les entregué a todos unas invitaciones de madera que Zahm había preparado, para que las entregaran en sus respectivos talleres. 


"Tengo que hacer un anuncio importante", dije, explicando el contenido de las pizarras para quienes no supieran leerlas, "estoy  invitando a los capataces, a los Gutenberg y a sus discípulos al templo para una reunión. Por favor, vuelvan dentro de cinco días, a la tercera campanada". 


El sólo hecho de recibir la invitación de un noble provocó que los discípulos empezaran a temblar de miedo. Mientras tanto, Lutz y Johann me lanzaron miradas que parecían decir: "¿Qué pasa esta vez?". 


"Um, Lady Rozemyne...", comenzó tímidamente Horace, del Gremio de la Tinta. "¿Espera que Heidi participe?". 


Recordé que ella y Fran no congeniaban muy bien, y que Josef siempre luchaba por mantenerla bajo control, luego sonreí. "Como ella y su marido son ambos Gutenberg, sólo uno de ellos tendrá que asistir. Por favor, informe a Heidi de que si se queda en casa, le daré a Josef algunos ingredientes que podrá utilizar para la investigación de la tinta como recuerdo." 


Pasé a enumerar varios ingredientes de Ahrensbach que mantendrían a Heidi absolutamente alejada de la reunión. Al instante, los ojos de Horace empezaron a brillar. 


"¡Gracias, Lady Rozemyne! ¡Realmente es usted una santa!" 


Espera, ¿qué? ¿Conseguir que Heidi se quede en casa es algo tan impresionante? 


Era el día de nuestra reunión, el mismo día en que los sacerdotes azules regresaron del Festival de la Cosecha. Como yo recibía a los artesanos de la ciudad baja, decidí reunirlos a todos en el despacho de la directora del orfanato, donde supuse que se sentirían más cómodos. Nicola estaba fuera preparando té y dulces, y en el vestíbulo había más sillas de lo habitual para acomodar a todos los invitados. 


Como los más experimentados de nuestros visitantes, Benno, Mark y Lutz entraron primero. El resto de los Gutenberg y sus discípulos entraron detrás de ellos, con un aspecto notablemente tenso. Yo sabía lo duro que era ser un plebeyo que entraba en el mundo de los nobles, así que pasé por alto los errores en sus saludos y las maneras desgarbadas con que caminaban. 


Antes de soltar la noticia, hice notar que no me importaría un poco de lenguaje grosero por parte de aquellos que no tenían experiencia en reunirse con nobles, y que ciertamente no los castigaría por ello. Eso era en parte para que se sintieran más seguros, pero sobre todo para que mis asistentes supieran a qué atenerse. No quería que los miraran mal ni que los interrumpieran continuamente durante nuestra reunión. 


"Ahora, sobre la razón por la que los he hecho venir. Hay algo que debemos discutir, pero no puede hacerse público bajo ninguna circunstancia. Por favor, guarden para ustedes todo lo que diga hasta el final de la próxima primavera". 


Por fin, anuncié que iba a dejar Ehrenfest el año que viene. También les dije a todos que pensaba empezar a imprimir en mi nuevo hogar al cumplir la mayoría de edad, y que requeriría sus servicios para hacerlo realidad. 


"Gutenbergs, estaría muy agradecida si ustedes o sus discípulos pudieran venir conmigo. Un noble ordinario no les daría opción en este asunto, pero haré todo lo posible por respetar sus deseos. Aquellos que estén comprometidos o tengan otros lazos con Ehrenfest no tendrán que trasladarse, pero si se quedan, exigiré que continúen con los viajes de negocios de larga duración para transmitir sus habilidades." 


Todos los capataces se sintieron aliviados al saber que no obligaría a nadie a mudarse conmigo; probablemente les preocupaba que de repente les arrebataran a los sucesores que habían formado y educado con esmero durante años. Benno bebía té despreocupadamente, pues la noticia no le sorprendió, pero no podía decir lo mismo de Lutz; sus ojos verde jade estaban abiertos como platos. 


"¿Está decidido su traslado?", preguntó. 


"Sí, creo que sí. Parece poco probable que se cancele". 


"¿Y tendremos realmente tres años para prepararnos?" 


¡Era la misma pregunta que me hizo Benno! ¡Deja de mirarme con tanto recelo! 


Continué: "Debido a su implicación en la confección de mi ropa, la Compañía Gilberta y mi Renacentista deberán marcharse conmigo al final de la primavera. Benno ha dicho que la Compañía Plantin se trasladará al mismo tiempo para preparar talleres, una tienda y un Gremio de la Imprenta". 


Benno asintió. "Yo iré primero a sentar las bases para los Gutenberg. Mark me acompañará. Tengo intención de que Lutz venga también, pero aún es menor de edad, así que necesitaremos el permiso de sus padres antes de poder decir nada con seguridad. Voy a hablar con ellos". 


"Bueno, no puedo dejar que Tuuli me gane", dijo Lutz con una sonrisa invencible. "Cueste lo que cueste , convenceré a mi madre y a mi padre". 


"La idea de tener conmigo a algunos de mis antiguos socios me alegra el corazón", confesé. "Sin embargo, después de mi partida de Ehrenfest, no podré moverme libremente hasta mi mayoría de edad. Por eso quiero que los Gutenberg esperen tres años antes de unirse a mí. La libertad con la que actúo podría no ser extraña aquí en Ehrenfest, pero somos una excepción, por desgracia." 


Hubo algunos murmullos poco convencidos entre el grupo. 


"Tener menores como clientes no es normal ni siquiera en el Ehrenfest", dijo Johann. 


"Ehrenfest es extraño por permitirlo, pero usted es aún más extraña, Lady Rozemyne". 


Todos los Gutenberg asintieron con la cabeza. Incluso pude ver a Damuel asintiendo desde donde custodiaba la puerta. ¿Cómo pueden decir eso? Hartmut dijo: "¡Ella no es extraña, sino extraordinaria!" en un intento de corregirlos, pero no importó. 


"Los que decidan trasladarse pueden traer a sus familiares", dije. "Ya me han informado de que la artesana de horquillas de la Compañía Gilberta va a hacer que su familia la acompañe, y de que una de mis cocineras va a traer a su madre". 


"Agradezco su consideración, pero tengo intención de quedarme aquí", dijo Ingo con voz grave. "He trabajado sin descanso durante mucho tiempo para tener mi propio taller". 


Ingo había tenido que romperse la espalda para conseguir trabajo como joven capataz, pero ahora que era uno de los Gutenberg, su taller era uno de los más populares de toda la ciudad. También tenía más leherls, y cada día más reclutas potenciales que pedían unirse. Además, no podría dejar a sus otros clientes. No era ni mucho menos la única que le daba trabajo. A estas alturas tenía tantos contactos que marcharse simplemente no era una opción. 


Tuve la suerte de poder llevarme a mi familia conmigo, pero aún quedaban varias personas -y mi increíble biblioteca- que no quería dejar atrás. 


"Eso es perfectamente comprensible, Ingo. Por favor, quédate atrás, entonces." 


"Gracias", respondió, y luego miró a su discípulo. "¿Qué hay de ti, Dimo? Puedo cancelar tu contrato de leherl si quieres irte. Visitar otra ciudad fue divertido, ¿no?". 


Dimo me miró. "Lady Rozemyne... Si voy yo en lugar del capataz, ¿me darán un taller?". 


"Por supuesto. Necesitarás un lugar donde trabajar, ¿verdad? No podré darte tus cualificaciones de capataz, pero con tus conocimientos únicos de la industria gráfica, debería resultarte bastante fácil obtenerlas por tu cuenta". 


A Dimo se le iluminaron los ojos. Había participado en la creación de nuestras imprentas desde el primer día, así que me pareció más que bien que ocupara el lugar de Ingo a mi lado. Sin dudarlo ni un instante más, expresó su decisión de acompañarme, momento en el que Zack empezó a inquietarse en su silla. 


"Lady Rozemyne", dijo, "¿nos ordenaría que nos uniéramos a usted si dijéramos que queremos hacerlo? Los Leherls no podemos hacer mucho por nuestra cuenta. Nuestros capataces sólo nos dirían que no pidiéramos ir con usted". 


"¡Oye!", ladró el capataz del taller de Zack, pero el joven herrero estaba decidido: sus ojos grises ardían de impaciencia por acompañarme. No había cambiado nada desde la primera vez que se esforzó por convertirse en un Gutenberg. 


"Cada vez que voy a un sitio nuevo, me inspiro mucho en nuevas ideas", dijo Zack. "También quiero  tener la oportunidad de poner mi nombre en algo de otra ciudad". 


Tanto mi nombre como el de Zack ya se podían encontrar por todo Ehrenfest, en las bombas de la ciudad y en sus carruajes modificados. Ahora quería dejar su huella en otro lugar. No podía dejar de admirar su ambición, y si acompañarme era lo que quería hacer, se lo ordenaría de buena gana. Su creatividad y su talento para hacer esquemas no tenían comparación. 


"Muy bien", le contesté. "Si quieres venir conmigo pero tu capataz se niega a dejarte, te daré una orden oficial. Sin embargo, deberías consultarlo antes con tu nueva esposa". 


"No se preocupe por ella. Siempre me dice lo mucho que le gustaría poder viajar con nosotros, los Gutenberg". 


"Aún así, Zack consúltala. No debes tomar una decisión por otra persona cuando ella ni siquiera conoce las circunstancias. Yo daré mi orden después". 


Sí, los Gutenberg hacían largos viajes de negocios, pero lo hacían sabiendo que acabarían volviendo a Ehrenfest. Trasladarse a otra región era incomparable. Zack y su mujer tendrían que hablar muy seriamente para que su matrimonio no terminara en divorcio. 


"Supongo que Heidi querrá ir", dijo Josef a su capataz, Bierce. "¿Qué te parecería?". 


"Olvídate de ella, Josef. Eres mi sucesor debido a tu certificación beruf, ¿recuerdas?" 


Los dos se pusieron la cabeza entre las manos, agonizando por la situación en la que se encontraban. Bierce estaba dando prioridad a Josef sobre su propia hija. 


"Hmm...", Josef se rascó la cabeza. "Horace, ¿crees que podrías conseguir un certificado beruf?". 


"¡¿YO?!", exclamó Horace. 


Estas certificaciones las otorgaba el maestro del gremio, y sólo en reconocimiento de un logro que hubiera impresionado a los berufs existentes. Obtener una era obligatorio para cualquiera que quisiera convertirse en capataz. Por supuesto, yo no tenía una certificación de beruf, así que aunque ya había creado mi propio taller, todavía no se me consideraba una capataz "como Dios manda". 


Por cierto, eran muy pocos los talleres en los gremios de la imprenta y del papel vegetal, y los que ya existían no había berufs. Para compensar eso, los gremios iban a conceder certificaciones a cualquiera que recibiera la aprobación de Benno. Había que tener una década de experiencia para convertirse oficialmente en beruf, y sospechaba que los artesanos que trabajaban para desarrollar nuevos tipos de papel en Illgner empezarían a recibir sus certificaciones en cuanto cumplieran esos requisitos. 


"Horace, obtener una certificación será mucho más fácil que intentar mantener a Heidi bajo control", dijo Josef, sonando derrotado. "Y si te casas con Tanna, el taller debería ir bien". 


No sabía nada de esa tal Tanna, pero probablemente estaba emparentada con el capataz. 


Bierce asintió, con aspecto igualmente derrotado. "Sí, eso es más práctico que contener a Heidi. Además, tú ya sabes cómo hacer la tinta. Es mejor dejar a esa idiota adicta a la investigación y derrochadora de dinero con su mecenas". No pareció que sus razones fueran suficientes para dejar que su hija y sucesora abandonara Ehrenfest. 


Horace seguía aturdido -acababan de nombrarlo sucesor del taller de la nada-, pero aun así le deseé suerte. 


"No sé si pueda mudarme...", dijo Johann, sacudiendo la cabeza con pesar. "Estoy comprometido con la nieta de mi capataz, así que...". 


El capataz en cuestión también parecía bastante solemne: "Necesitaré algo de tiempo para decidir a cuál de mis trabajadores voy a enviar", me dijo. 


"Pueden ponerse en contacto con Benno cuando hayan tomado una decisión", le contesté. "El asunto no es urgente, al menos por ahora". 


"Gracias. 


Al día siguiente recibimos una noticia de Benno: la nieta del capataz quería casarse con Danilo, no con Johann. Según sus palabras, el primero era accesible y buen conversador, mientras que Johann era callado y siempre estaba concentrado en su trabajo. En cuanto a la postura del capataz al respecto, Danilo tenía muchos patrones, mientras que Johann sólo me tenía a mí. Estaba bastante claro a cuál de los dos quería mantener en Ehrenfest. 


"El capataz me dijo que le dijera: 'Cuide bien de Johann'", informó Gil. "Johann se alegra de poder seguir con usted, pero aún parece bastante deprimido". 


Simpatizaba con Johann, pero... era obvio que Danilo sería más popular entre las chicas. 


Además, la nieta del capataz es joven. Y Johann es un gusto adquirido. 


Mientras yo suspiraba, Gil pareció de repente angustiado. "Lady Rozemyne, tengo que decirle algo...", empezó, sonando más crudo de lo habitual -quizás porque acababa de regresar de Kirnberger, donde había pasado mucho tiempo con los comerciantes de la ciudad baja-. Me recordó a los viejos tiempos, cuando le preocupaba que le echaran de mis asistentes. 


Sintiéndome nostálgica, saqué de mi cajón una piedra fey crestada y se la tendí. "Gil, dentro de tres años te pediría que te unieras a mí. Por eso quiero que tengas esto. Es algo que le estoy dando a todos los que quiero que me acompañen más adelante". 


Gil sonrió y aceptó encantado la piedra fey. 


Ya que estaba, también debería darles piedras fey a Wilma y Nicola... 


Nicola iba a mudarse con Philine cuando fuera mayor de edad, mientras que Wilma se quedaría con Elvira hasta que yo fuera mayor de edad y mandara a buscarla. 


Los llamé a los aposentos de la Suma Obispa y les entregué una piedra fey a cada una. Nicola la aceptó de inmediato y dijo: "Vaya donde vaya, me esforzaré al máximo por usted". Miraba tan fijamente la piedra que me preocupaba que pudiera agujerearla. 


"Wilma, ¿te convertirás en mi artista personal?", le pregunté. "¿O prefieres servir a mi madre?". 


"Prefiero servirle, Lady Rozemyne", respondió, y aceptó la piedra fey. "Lady Elvira es una excelente clienta, pero usted es mi señora". 


Nos sonreímos hasta que sonó la campanada que anunciaba la llegada de Hartmut. 


"Lady Rozemyne", dijo, "Lady Charlotte está de regreso". De todos los que participaron en el Festival de la Cosecha, ella fue la última en regresar. 


"Vaya. Esto es antes de lo previsto. Prepara té y dulces mientras la recibo en el vestíbulo". 


Mientras nos dirigíamos a la entrada, Hartmut se volvió hacia mí y me dijo: "¿Así que les dio piedras fey con su escudo a Wilma y Nicola?". 


No pude evitar fijarme en la piedra que brillaba en su pecho. Su función original era para proteger a mis asistentes y al personal que tenía que retrasar su traslado, así que no le servía para nada, pero él y Clarissa insistieron demasiado en recibir una. A Damuel le preocupaba que la pareja empezara a arremeter contra sus colegas portadores de piedra fey si no satisfacía su demanda, así que había tenido las manos más o menos atadas. Hartmut estaba contento, al menos. 


"Hola, hermana", dijo Charlotte, anunciando su regreso. 


"Bienvenida, Charlotte. Debes estar cansada del viaje. ¿Quieres un poco de té?" 


"Sí, gracias". 


Invité a Charlotte a mis aposentos de Suma Obispa y escuché sus relatos sobre el  Festival de la Cosecha. El rendimiento de las cosechas aumentó espectacularmente en las provincias septentrionales como resultado del ritual de invocación de la primavera, y al parecer los plebeyos llevaban una vida mucho más cómoda. 


"Groschel completó su entwickeln", dijo, "así que mencioné que el año que viene, si acumulamos suficiente maná, podríamos ser capaces de rehacer sus plataformas ceremoniales. Si perseveramos, deberíamos convencer a los nobles del norte para que apoyen a la familia archiducal". 


Charlotte es muy hábil cuando se trata de socializar noblemente. 


Nicola no tardó en acercarse con té y otros bocadillos. La piedra fey que le dí ya adornaba su cuello, lo que indicaba que se había hecho un collar enseguida. Charlotte también lo vio y se quedó mirando sorprendida; era raro ver a una doncellas gris con algún accesorio, y menos con una piedra fey. 


"Vaya. ¿Es el escudo del Taller Rozemyne?", preguntó. "Vi que Hartmut llevaba uno antes, pero ¿qué significan?". 


Le expliqué que se suponía que los escudos dejaban claras las lealtades de sus portadores y evitaban que los compraran antes de mi mayoría de edad, y que Hartmut y Clarissa sólo los tenían porque me habían importunado mucho. 


Charlotte se tomó un momento para procesar mi respuesta y luego dijo: "Hermana, yo también quiero pedirte lo mismo". 


"¿Hm? Pero las piedras fey son para los que pienso llevar conmigo..." Desde luego no había esperado que ella hiciera el mismo llamamiento. 


"Sí, lo entiendo. Tengo intención de quedarme en Ehrenfest para siempre, lo que significa que nunca me reuniré contigo en tu nuevo hogar. Aun así, las crestas son una marca de tu protección, ¿no? Las que has repartido indican la lealtad de los portadores hacia ti incluso después de tu partida, pero te pido algo que demuestre que seguimos siendo hermanas incluso una vez que nos hayamos separado". 


Su muestra de afecto fraternal me tocó la fibra sensible. Nada exigía más mi atención que eso. 


Porque es una petición personal de mi adorable hermanita. Quiere algo que demuestre nuestro vínculo incluso después de que me haya ido. Como su hermana mayor, ¿cómo podría haber algo más importante para mí en este momento? 


"Dime exactamente lo que quieres, Charlotte. ¡No importa lo que pidas, haré todo lo posible para concedértelo!" 


"¡Oh, cielos! Nunca podría imponerte algo así, hermana, no cuando ya estás tan ocupada. Un simple adorno de metal hecho por uno de los herreros de la ciudad baja debería bastar". 


"¿Un herrero...?" 


"En efecto. No hace falta que me des una piedra fey, ya que sólo se confundiría con las que indican tus sirvientes y asistentes. Sólo quiero algo que demuestre al mundo que seguimos siendo hermanas". 


Charlotte explicó que lo único que quería era un medallón del tamaño de una moneda con el escudo del Taller Rozemyne. Al hacerlo de metal en lugar de piedra fey, dijo, estaríamos mostrando al mundo que los lazos entre hermanas no se parecían en nada a los lazos entre un vasallo y su cargo. 


Juntas decidimos qué materiales utilizar y elaboramos algunos diseños. Una vez que terminamos, llamé a Gil y le pedí que hiciera el pedido a Johann, que sin duda lo tendría listo para finales del invierno. 


"Johann tiene mucho talento", le dije, "así que espero que el trabajo quede realmente maravilloso". 


"Estoy deseando recibirlo, querida hermana". 

 



Epílogo

Lutz se estiró, tras regresar a la Compañía Plantin después de la reunión con Rozemyne en el templo. Siempre era tenso cuando sus asistentes asistían a tales reuniones. Tenía que preguntarse cómo los otros Gutenberg eran capaces de soportarlo cuando tenían incluso menos experiencia que él tratando con nobles. 


"Hablando de agotamiento...", refunfuñó Benno. 


"Tuvimos suerte de que ninguno de los artesanos se ganara la ira de los nobles", añadió Mark. 


Ambos se estiraron también y luego regresaron a sus habitaciones para cambiarse; la ropa formal que tenían que llevar cuando trataban con nobles siempre les hacía doler los hombros. Lutz sólo necesitaba vestirse con su uniforme habitual de aprendiz, así que preparó té mientras esperaba a que regresaran al despacho. 


"Hablando de eso... maestro Benno, ¿le han contado algo más sobre el traslado de Lady Rozemyne?", preguntó Lutz. Fueron muy pocos los detalles que se compartieron durante la reunión en el templo, pero Benno se había entrevistado con ella antes de hoy. Tal vez estaba enterado de todo entonces. 


Benno rechazó la pregunta y respondió: "Lo más que sé es que se irá a la Soberanía"; también le habían dicho que no difundiera esa noticia, sobre todo entre los laynobles con los que trabajaban en la imprenta. 


"Entonces está metida en algo serio...", comentó Lutz. 


"Aun así, no se lo digas a nadie, ni aquí ni en el templo. Quién sabe cómo podría extenderse". 


Lutz asintió; estaba acostumbrado a guardar secretos relacionados con ella. 


"Además", continuó Benno, "los planes que implican a Rozemyne siempre acaban acelerándose o ampliándose. A partir de hoy, asegúrate de estar preparado para marcharte. La llamada podría llegar en cualquier momento". Lo decía por experiencia. 


Lutz asintió de nuevo, compartiendo las mismas preocupaciones; en muchas ocasiones, se habían encontrado de repente con mucho menos tiempo del previsto. Cualquiera que estuviera acostumbrado a ser personal de Rozemyne debía saber que tenía que ir siempre dos pasos por delante. 


"Cuando nos vayamos, pienso confiar el negocio del taller del templo a Damian y Milo", explicó Benno. "Ellos se han encargado de tu trabajo siempre que has estado fuera por negocios, así que el traspaso debería ser pan comido. Aunque necesitaré que inspecciones el lugar a fondo. Asegúrate de que la persona adecuada sigue al mando y de que todos seguirán trabajando bien juntos. Nunca se sabe cuándo un noble podría colarse dentro". 


En comparación con los talleres de la ciudad baja, el taller del templo era especial, ya que a veces recibía visitas de nobles. Hartmut era el ejemplo más destacado, pero Justus también había frecuentado el lugar en alguna ocasión. Incluso el archiduque consiguió colarse dentro, aunque pocos lo sabían realmente. Un solo error podía conducir fácilmente al desastre. 


"Si Mark y usted se trasladan a la Soberanía, ¿quién se hará cargo de la Compañía Plantin?", preguntó Lutz. 


"Mi hermana pequeña Milda. Volvió a Ehrenfest en verano" -señaló por encima de ellos las habitaciones donde se alojaba a menudo la familia de los empleados- "y ya he empezado a traspasar el trabajo". 


Benno tenía dos hermanas menores: Milda y Corinna. La primera se casó fuera de la ciudad para no comprometerse con uno de los hijos de Gustav, pero Benno recurrió a ella justo antes del bautizo de Lutz, para establecer un taller de fabricación de papel en otra ciudad. Desde entonces, había colaborado en el amueblamiento del monasterio de Hasse y en la acogida de comerciantes de otros ducados, al tiempo que le ofrecía una mano amiga. Benno decidió finalmente que se podía confiar en ella y en su marido para la Compañía Plantin. 


Lutz ya había visto a Milda varias veces. Su aspecto era similar al de Corinna y parecía muy dulce, pero una sonrisa como la de Benno siempre aparecía en su rostro cuando percibía el aroma del beneficio. 


"Concéntrate en tu propia mudanza" dijo Benno. "Rozemyne mencionó que su personal puede traer a su familia con ellos. Habla con los tuyos y averigua qué piensan hacer. Una vez que nos hayamos ido, quién sabe cuándo tendremos la oportunidad de volver a Ehrenfest". 


Lutz se tomó un momento para asimilar esas palabras. Realmente dejaría su ducado natal para ir a un lugar completamente nuevo. Poder explorar las ciudades de Ehrenfest como Gutenberg ya era un sueño hecho realidad, pero la idea de aventurarse más allá de las fronteras del ducado era suficiente para revivir sus aspiraciones de niño y le hacía temblar de emoción. El camino que tenía por delante era más amplio que nunca. 


"Pase lo que pase, convenceré a mi familia y acompañaré a Lady Rozemyne", declaró Lutz, con los puños apretados en una muestra de determinación. "Sobre todo si van Tuuli y su familia. ¡No perderé contra ellos!". 


Benno le dio un golpecito en la frente a su entusiasta leherl mientras Mark los observaba con una sonrisa irónica. "Entiendo tu resolución y tu empeño en ir a por todas, pero ten una conversación de verdad con tus padres, ¿de acuerdo? No quiero que vuelva a suceder otro altercado que haga que nos citen de nuevo en el templo". 


"¡Oh vamos, eso es tiempo pasado! ¿Cuánto tiempo ha transcurrido? Uno, dos... ¡Siete años! ¡Todo eso fue hace siete años!" A Lutz le parecía inmensamente embarazoso que se siguiera mencionando su berrinche después de ser bautizado, sobre todo cuando iba a cumplir la mayoría de edad el próximo verano. 


Benno parpadeó un par de veces, ajeno a la frustración de Lutz o simplemente ignorándola. "Siete años enteros, ¿eh? Parece como si hubiera ocurrido el otro día...". 


"Porque hemos estado muy ocupados desde entonces, supongo", aventuró Mark. "Los meses empiezan a mezclarse cuando pasas todo el tiempo trabajando. Dicho esto, un simple vistazo debería decirte lo mucho que ha crecido Lutz. Era mucho más pequeño cuando ocurrió aquel incidente". 


A partir de ahí, Benno y Mark empezaron a rememorar los días anteriores y posteriores al bautismo de Lutz. Por aquel entonces, Myne era aprendiz de doncella azul en lugar de la noble conocida como Rozemyne, y el Sumo Sacerdote del ducado era Ferdinand, no Hartmut. Echando un vistazo, la estatura de Lutz no era ni mucho menos lo único que había cambiado. 


Lutz quería taparse los oídos durante toda la conversación; ahora que era comerciante, comprendía lo descabelladas que les parecieron a Benno y a los demás sus travesuras con Myne. Ni siquiera podía protestar por el incidente con sus padres, ya que su rabieta los había involucrado en primer lugar. El ambiente era tan incómodo como si estuviera bajo el escrutinio de todos. 


"Por favor, dejenlo así...", gimió Lutz. "Realmente he crecido mucho desde entonces. Mi madre y mi padre realmente respetan lo que hago ahora". 


"No lo dudo", respondió Benno con una sonrisa burlona. "Quiero decir, ¿por qué si no habrían dejado que un enano como tú se comprometiera antes de la mayoría de edad?". 


Lutz lo fulminó con la mirada. En la ciudad baja, sobre todo en los barrios más pobres, no era raro que las chicas se comprometieran antes o justo después de cumplir la mayoría de edad. Los chicos, en cambio, normalmente tenían que esperar hasta que sus ingresos fueran estables. Lutz sólo consiguió romper la tendencia y comprometerse con Tuuli tan pronto debido a sus circunstancias personales y al hecho de que ya tenía un buen sueldo. 


"Te voy a dar un tiempo libre en el trabajo", dijo Benno, "así que ten una conversación en condiciones con tus padres, ¿entendido? Ah, y antes de irte a casa, pasa a ver a Tuuli, ¿quieres? Creo que no se han visto ni una vez desde su compromiso". 


Benno y Mark lo sabían todo sobre las circunstancias familiares de la pareja, tanto porque estaban al corriente de la situación de Myne-Rozemyne como porque les prestaban todo tipo de apoyo cuando lo necesitaban. 


"¿Le has preparado esos regalos?", preguntó Benno. 


"Sí. Todo el mundo no paraba de fastidiarme con ellos". 


Por diversas razones, el compromiso se había concertado con prisas -no se sabía cuándo tendrían que abandonar Ehrenfest-, pero eso no lo hacía menos legítimo. Todos le decían una y otra vez que preparara regalos para su prometida. 


"Asegúrate de tenerla contenta", bromeó Benno. 


Lutz se apresuró a salir de la habitación para escapar de su tormento. Su reciente viaje de negocios con los otros Gutenbergs significaba que ahora tenía algo de tiempo libre, pero ese no era el caso de Tuuli: probablemente estaba trabajando duro para hacer nuevas horquillas y ropa a tiempo para el regreso de Rozemyne a la Academia Real. O tal vez ya se estaba preparando para su traslado a la Soberanía. En cualquier caso, ella estaba obligada a estar en su taller, así que ese era su destino. 


"Oh, Lutz. Has vuelto", dijo la recepcionista en cuanto entró. "¿Vienes a ver a tu linda noviecita?". 


"¿Puedes traerla por mí? Necesito darle algunas cosas." 


"¡Dios mío! ¿Regalos? Es realmente adorable lo unidos que son. ¡Estoy tan celosa!" 


Incluso aquí, se burlaban de Lutz. En el pasado, habría argumentado que en realidad no estaban juntos, pero eso ya no era una opción. Después de todo, realmente estaban comprometidos. 


Seguramente también debía ser duro para Tuuli. Tiene que soportar esto sin parar. 


Lutz no recibía muchas burlas desde su compromiso, debido a su estancia en Kirnberger, pero la pobre Tuuli probablemente era atormentada a diario. Estaba contemplando sus tribulaciones cuando unas pisadas le sacaron de sus pensamientos. 


"Bienvenido de nuevo, Lutz", dijo Tuuli, saludando con la mano mientras se acercaba. 


Respiró hondo. Tuuli podía sonar igual que como la recordaba, pero estaba casi irreconocible. Llevaba el pelo recogido en lugar de una trenza y vestía una falda más larga. Eran cambios sencillos, pero la hacían parecer drásticamente más adulta. 


"Lutz", susurró, evidentemente consciente de la sonriente recepcionista, "estoy en mi descanso, ¿por qué no salimos? Ir a la plaza parece una buena idea". 


Lutz estaba acostumbrado a que Tuuli se inclinara cerca de él y le susurrara, pero en esta ocasión en particular, la experiencia hizo que su corazón se acelerara. Tal vez todavía estaba perdido después de verla como adulta por primera vez. Incapaz de recordar lo que ella le había dicho, la mejor respuesta que pudo dar fue "Sí. Claro". 


Tuuli no esperó ni un momento más antes de tomar a Lutz del brazo y arrastrarlo fuera del taller. Mientras avanzaban, no pudo evitar fijarse en la pálida nuca de ella, que ya no estaba oculta por su pelo. 


¿Eh? Algo en esto se siente... extraño. 


Tuuli crecía muy deprisa de niña -y era un año mayor que él-, por lo que Lutz siempre la miraba hacia arriba. Ahora, sin embargo, habría jurado que su distancia se había acortado. ¿Ella dejó de crecer? ¿O el crecimiento de él estaba en auge? 


¿Somos de la misma altura ahora? ¿O tal vez ahora soy un poco más alto? 


Mientras seguía mirándola fijamente, esperaba que fuera lo segundo. 


"Lutz, ¿tienes la cabeza en las nubes o algo así?” Tuuli preguntó de repente, examinando su rostro. “¿Hay algún problema? ¿No te estás quedando dormido, verdad?". 


Lutz retrocedió al volver en sí de repente. En algún momento llegaron a la plaza, pero estaba tan absorto en sus pensamientos que ni siquiera se había dado cuenta. Sólo ahora se percató del mar de ruido. 


"Yo... estoy bien", respondió, rascándose la mejilla. "Me sorprendí un poco, eso es todo. Es la primera vez que te veo... con el pelo así". 


"¿Eh? Oh, supongo que tienes razón. Ha pasado una temporada entera desde que alcancé la mayoría de edad, así que esto me parece normal ahora". 


Al parecer, todos los que la habían visto después de la ceremonia dijeron que se "transformó en una adulta de la noche a la mañana" y que ahora estaba "claramente en edad de casarse". 


Tuuli soltó una risita, con las mejillas sonrojadas, se levantó la falda larga y preguntó con timidez: "¿De verdad luzco como una mujer adulta?". 


"Así es. Por un momento, ni siquiera te reconocí".

Tuuli jadeó, sin haber esperado una respuesta tan honesta, y rápidamente desvió la mirada. Tomó asiento en el borde de la fuente, palmeó el espacio a su lado y dijo: "Supongo que habrás oído hablar de la Soberanía". 


Lutz se sentó a su lado. "Prometí ir con ella, por mucho que me costara convencer a mi madre y a mi padre. De hecho, voy a hablar con ellos en cuanto llegue a casa". Estaba bastante seguro de que darían su permiso, pero la mención del pasado por parte de Benno lo había hecho sentirse menos seguro. 


"No tienes de qué preocuparte", dijo Tuuli con una sonrisa. "Papá les ha estado diciendo a la tía Karla y al tío Deed que cuidaremos de ti, ya que va toda nuestra familia". 


"Tendré que darle las gracias a tu padre", respondió Lutz. El apoyo de Gunther le facilitaría mucho las cosas. Ya estaba haciendo maravillas para levantarle el ánimo. 


"Dijo que como ya estamos comprometidos, eres casi de la familia". 


"¿Familia...?" 


"Ajá. Kamil estaba deseando que volvieras, y mamá piensa recibirte con los brazos abiertos". 


Un calor inesperado recorrió el pecho de Lutz. Tuvo que ir a Kirnberger justo después de su compromiso, así que aún no le parecía real... pero eso no impidió que todo el mundo les tratara como si ya estuvieran casados. 


Realmente necesito mejorar y cambiar mi mentalidad. 


Mientras tanto, Tuuli le puso al día sobre su familia. Kamil empezaría a trabajar como aprendiz para la Compañía Plantin después de su bautismo y que iba a convertirse en el primer aprendiz de leherl de su nueva tienda en la Soberanía. 


"Dijo que se alegraba de haber elegido trabajar para la Compañía Plantin. Si no lo hubiera hecho, ahora tendría que buscar otro oficio o volverse aprendiz de otra cosa, así que..." 


"Ah, claro. Eso habría sido una pesadilla. No puedes cambiar de actividad en una o dos temporadas". 


"Entre tú y yo... estaba bastante enfadado porque Lady Rozemyne casi lo mete en un buen lío". 


Lutz estalló en carcajadas. A Rozemyne se le habría escurrido la sangre de la cara si hubiera estado con ellos. Aunque tuvo que dejar a Kamil cuando sólo era un bebé, seguía viéndolo como su hermano pequeño. Su amor por él era tan fuerte que incluso ahora seguía enviándole juguetes y libros ilustrados. Si se enteraba de que había conseguido enfadarlo, probablemente acabaría deprimida. 


"Cuéntame sobre ti, Lutz. ¿Qué tal Kirnberger?" 


"Estuvo bien". 


La ciudad parecía vacía -el cierre de la puerta fronteriza había provocado un descenso sustancial de su población-, pero el giebe llevaba las riendas con firmeza y se ocupaba de que estuvieran a gusto. Mejor aún, toda la gente fue muy amable. Ayudaron a Horace en sus intentos de reunir ingredientes raros para Heidi, y cuidaron a cualquiera de los novatos que cayera enfermo. Al final, no se produjo ni una sola riña entre los artesanos. 


"¿Cómo fue tu ceremonia de mayoría de edad?", preguntó Lutz. "¿Se volvió loca ya-sabes-quién?". 


Durante la reunión de los Gutenberg en el templo, todos se reían de que en el Festival de las Estrellas Zack recibió más bendiciones que ningún otro. Y si algo así había sucedido por Zack, entonces Rozemyne debía de haber hecho algo verdaderamente demencial por su querida hermana. 


Como era de esperar, Tuuli parecía indignada. "¡Claro que se volvió loca! ¡Fue un dolor de cabeza!". 


"Ojalá pudiera decir que me ha sorprendido". 


"Todo fue bien al principio. Yo le pedí una bendición normal, y eso fue lo que me dio. Tiene un control sorprendente cuando lo intenta de verdad. Pero en el momento en que se abrieron las puertas de la capilla y todos comenzamos a salir, una bendición enorme mucho mayor que la de la ceremonia empezó a llover sobre nosotros..." 


Lutz pudo adivinar por la explicación que Rozemyne vió a sus padres cuando se abrieron las puertas. Tuuli no lo mencionó en voz alta por razones obvias; estaban sentados en una plaza llena de gente. 


"Sabes, incluso los sacerdotes se sorprendieron. Fue tan evidente que fue un accidente, pero ella comenzó a tratar de justificarlo como una bendición extra. ¿Puedes creerlo? No sé a quién pensó que estaba engañando". 


Lutz se rió entre dientes y dijo: "Sí, eso es exactamente lo que esperaba". Podía imaginarse fácilmente a Rozemyne luchando por inventar algún tipo de excusa. 


"No pude evitar pensar: '¡¿Qué estás haciendo?!' Mamá y papá estaban conteniendo la risa, pero me aseguré de lanzarle una mirada que recordará toda su vida". 


"Buena decisión. Eso probablemente cumplió su cometido. Te ves realmente aterradora cuando estás enojada". 


"¡No seas malo, Lutz!" 


Lutz se disculpó con Tuuli, que estaba haciendo pucheros, y luego sacó uno de los regalos que había traído en un intento de ganársela. "¿Esto te animaría? Es un bordado hecho en el estilo tradicional de Kirnberger. También tengo esta pintura de algunas flores que son raras aquí en Ehrenfest pero están floreciendo en Kirnberger en este momento. Dimo tuvo la amabilidad de dejármela". 


El taller de carpintería de Ingo tenía el negocio exclusivo de Rozemyne, lo que significaba que se encargaban de crear cualquier estantería, caja de libros o cualquier otra cosa que ella encargara y de decorarlas de forma acorde con la hija adoptiva de un archiduque. Habían necesitado apresurar las puertas y ventanas para las nuevas posadas de Groschel, así que Dimo empezó a buscar hierbas y cosas similares que pudiera usar en sus diseños, esperando que pudieran adornar el mobiliario. 


"Siempre dices que quieres ver flores raras con tus propios ojos, ¿verdad?", preguntó Lutz. "Sobre todo ahora que las ves incorporadas a tantos de los pedidos que recibes de otros ducados. Puede que no haya podido traer las flores en sí de Kirnberger, pero pensé que estos regalos podrían servir al menos de inspiración". 


"¡Sí! ¡Son increíbles! ¡Gracias, Lutz! Siempre me cuesta decidir qué flores usar". 


En un giro previsible de los acontecimientos, lo que más le entusiasmó fueron los regalos que podría incorporar a su obra. Sus ojos azul verdoso brillaron mientras examinaba detenidamente el cuadro. 


Lutz esbozó una sonrisa irónica, contento de saber que su lucha por convencer a Dimo no había sido en vano. "Además, ¿podrías leer esto?" Le tendió una pila de papeles: eran historias de los ciudadanos de Kirnberger que había recopilado. 


Tuuli empezó a hojearlas. No se parecían en nada a las historias de Groschel. Algunas eran francamente absurdas, quizá porque provenían de extranjeros antes de que se cerrara la puerta del país. 


"Me han gustado mucho las historias recopiladas de Groschel", dijo, "pero veo que Kirnberger tiene fuertes contendientes". 


"Sí. Quería reescribirlas en un libro durante el invierno, pero con todo lo que ha pasado desde entonces, dudo que eso vaya a ser posible". 


Benno había dicho que Lutz debía prepararse para abandonar Ehrenfest antes que cualquier otra cosa, ya que no se sabía cuándo se les podría imponer la partida. Aun así, no estaría listo hasta la primavera como muy pronto, y ahora que regresó de Kirnberger, tenía mucho trabajo con el que ponerse al día. No podía arriesgarse a no estar preparado y quedarse atrás cuando los planes de Rozemyne se adelantarán inevitablemente. 


Tuuli sonrió en respuesta a la queja de Lutz. "¿Por qué no lo conviertes en tu primer trabajo una vez que te traslades a la Soberanía?". 


Lutz miró la pila de papeles: "Supongo que el taller de allí necesitará libros nuevos..." Guardar las historias de Kirnberger por el momento sería probablemente mejor que utilizarlas ahora y llegar a la Soberanía sin nada que imprimir. 


"Pero lo primero es lo primero: tienes que convencer a tus padres". 


Lutz se estiró y se levantó, con la ayuda de un rápido empujón de Tuuli. Vio cómo ella se marchaba con sus nuevos regalos, y luego emprendió el camino de vuelta a casa. 


Pero antes de ello quería comer algo 


Compró varios buchlettes para cenar más tarde, y luego preparó una bolsa con algo de carne, miel, setas secas y cosas por el estilo para los preparativos de invierno de su familia. 


Lutz no tardó en llegar a la plaza que había frente a su casa, donde su madre y otras mujeres del barrio charlaban junto al pozo. Era una visión nostálgica, pero no esperaba con impaciencia el aluvión de preguntas que seguramente vendría a continuación. 


"Mamá, he vuelto." 


"¡Lutz!", exclamó Karla, frunciendo el ceño en cuanto le vio. "Siempre vienes a casa tan bruscamente. ¿No te he dicho que nos avises con tiempo? ¡No tendré cena suficiente para ti!". 


Su hermano mayor, Zasha, que estaba casado y ya no vivía en casa, a veces se dejaba caer por allí durante el trabajo, y cuando lo hacía siempre enviaba un mensaje o al menos avisaba a su padre. Pero para Lutz no era tan sencillo; nunca sabía cuándo iba a estar en casa, así que lo más que podía hacer era ponerse en contacto con ellos una vez que ya estaba de vuelta. 


"Está bien", respondió Lutz, y levantó la bolsa que llevaba. "Traje comida para mí". 


Las mujeres que acompañaban a Karla no tardaron en expresar sus opiniones. 


"Karla quiere darte una comida deliciosa, ¡no esa basura que has comprado! Quiere que comas bien en las raras ocasiones en que vuelvas a casa, así que al menos podrías avisar". 


"Ah, pero mira esa bolsa. Es demasiado gorda para ser la cena." 


"Debe ser para los preparativos invernales. ¡Qué buen hijo!" 


Karla le quitó la bolsa a Lutz para poder mirar en su interior y, de paso, le puso un cubo de agua en los brazos, que pesaba un montón. 


"¡Oye! ¡Mamá!" 


"Casi nunca vienes a casa, Lutz. Al menos sé un buen hijo cuando lo hagas". 


Lutz sólo pudo suspirar y hacer lo que le decían; por mucho tiempo que pasara separado de su madre, nada cambiaba. Hacía bastante tiempo que no tenía que subir un pesado cubo de agua por seis tramos de escaleras. Desde su época en la Compañía Plantin y en Kirnberger, se acostumbró a vivir en el segundo piso. 


Las voces de los vecinos se fueron acallando a medida que Lutz subía por las chirriantes escaleras. Cuando abrió la puerta de su casa y entró, su madre había dejado de ser la charlatana que era junto al pozo. Ahora miraba a su hijo con una expresión inusualmente solemne. 


"Bienvenido a casa, Lutz. Tienes algo importante que discutir con nosotros, ¿verdad? Gunther nos habló un poco de ello". 


Lutz tragó saliva. En la Compañía Plantin, podrían haberse sentado a discutir como es debido mientras los asistentes preparaban la comida, pero eso no era una opción aquí. Tendrían que hablar y hacer la cena al mismo tiempo. Así que, mientras ayudaba a su madre, Lutz le explicó que Rozemyne iba a marcharse de Ehrenfest, y que quería permiso para ir con ella. 


"No voy a decir que no, ya que sé que eres leherl", dijo Karla, "pero todavía seguirás siendo menor de edad al final de la primavera. Me sentiría más cómoda si esperaras hasta después de tu mayoría de edad en el verano, por lo menos." 


"Mamá, yo..." 


"Pero ya te has decidido, ¿no? Ya estás fuera la mitad del año visitando una ciudad u otra, y puedo contar con las manos cuántas veces vuelves a casa cada año desde que cumpliste diez y te mudaste a tu tienda. Lo que intento decir es que... dejar el ducado no cambiará nada. Por lo que a mí respecta, te fuiste hace mucho tiempo". 


Una sonrisa irónica se dibujó en el rostro de Lutz. A su madre nunca se le daba bien expresar con palabras el amor y la preocupación que sentía por sus hijos. Aunque su respuesta sonaba más a regaño que a otra cosa, le estaba dando permiso para marcharse. 


"La familia de Tuuli decidió acompañarla. Si así lo quieren, papá y tú pueden...". 


"Ni hablar. A estas alturas, no veo por qué querríamos mudarnos. Tenemos otros hijos aquí, por no hablar de algunos nietos". 


"De acuerdo", dijo Lutz, asintiendo. Ya había asumido que no se irían de Ehrenfest a menos que ocurriera algo drástico. Además, en realidad, le alegraba saber que no lo acompañarían; sus viajes de negocios le demostraron cuántos problemas surgían del choque de culturas y perspectivas. Su discusión de hacía siete años era un buen ejemplo; Lutz hizo a un lado el trabajo que sus padres le sugirieron para poder perseguir su propio sueño. 


"¿Crees que papá también estará de acuerdo?", preguntó. 


"Después de escuchar la situación de Gunther, lo más que tenía que decir era que llorar no te sacará de ésta". 


"En otras palabras, "¿mantente fuerte y sigue trabajando duro?". 


"Suena bien". 


Curiosamente, al visitar otras regiones y hablar con nobles que dominaban los eufemismos, a Lutz le resultaba más fácil entender lo que su padre quería decir. En este caso, interpretó la respuesta a su partida como un elogio, y si resultaba ser incorrecta, simplemente culparía a su padre por no haber sido lo suficientemente claro. Cuando recordaba sus días de niño, malinterpretando las cosas y saliendo herido como resultado, no podía dejar de admirar lo mucho que había madurado. 


"¿Qué tiene tanta gracia?", preguntó Karla. 


"Nada. Me alegro de que ambos estén de acuerdo. El maestro Benno dijo que no quería que otra rabieta volviera a convocar a todo el mundo al templo". 


"Ya somos dos", dijo Karla frunciendo el ceño. 


Lutz se rió. El incidente de hacía tantos años terminó positivamente para todos, pero había sido tan intenso que ninguno de ellos quería volver a vivirlo. 


"Al menos esta vez no tendremos que enviarte solo", dijo Karla. "Me tranquiliza saber que la familia de Gunther estará contigo. Llevamos mucho tiempo siendo vecinos y además somos familia". 


Como era tan común casarse dentro de la propia comunidad local, la mayoría de la gente estaba emparentada de un modo u otro. Gunther se separó de sus padres tras decidir ser soldado en lugar de carpintero, pero su padre y la madre de Deed eran primos. En otras palabras, Karla tenía razón: realmente eran una gran familia. 


"Por no mencionar", continuó, "que ahora estás comprometido con Tuuli. Tienes pareja, y un sueldo lo suficientemente bueno como para casarte con ella cuando estés preparado. Estás mucho más allá del punto de necesitar que me preocupe por ti. Mi trabajo como madre está más o menos hecho". 


En la ciudad baja se decía que el trabajo de un padre sólo terminaba cuando su hijo se casaba. Lutz aún no había llegado tan lejos, pero estaba lo suficientemente cerca como para que sus padres no pudieran quejarse. Cuando Lutz miró a su madre, pudo sentir que ella intentaba calmar su propio dolor más que cualquier otra cosa. Tener que separarse de un hijo nunca es fácil. 


"Tú elegiste este camino", dijo Karla. "Síguelo hasta el final". 


Aceptando los sentimientos de su madre, Lutz asintió con firmeza. 




Extra 1: Los enviados de Lanzenave

"Estos documentos requerirán su autorización, Lady Detlinde." 


Hice un gesto de desagrado con los ojos al erudito, que acababa de entrar con aún más papeleo que añadir a la siempre creciente pila. La vida había sido dolorosamente aburrida desde mi regreso de la Conferencia de Archiduques. Hice lo que se me pedía y seguí firmando un documento tras otro con mi pluma de maná, pero la situación no tenía sentido para mí. Yo no era una simple futura aub; era la próxima Zent del país. 


Cómo se atreven a hacerme perder el tiempo con estas nimiedades. 


No podía culparme por mi impaciencia. Una vez que obtuviera el Grutrissheit, por fin me libraría de este ajetreo. 


Mi huida habría llegado antes de no ser por esos miembros entrometidos de la realeza. 


Debido a mi estatus actual, visitar la Soberanía no era tarea fácil. La Conferencia de Archiduques había llegado como una brillante oportunidad, pero la familia real se interpuso en mi camino a cada paso. Era realmente exasperante. 


Habría aprendido mucho si me hubieran dejado investigar ese archivo del sótano. 


La increíblemente grosera tercera esposa del rey se burló de mí y me sugirió que primero estudiara la lengua antigua. Sólo recordar nuestro intercambio me llenaba de disgusto, que creció aún más cuando recordé la insólita orden de Trauerqual. Quería que le diera a lord Ferdinand una habitación oculta, ¡de todas las cosas! 


Y tiene que estar hecho para el funeral, ya que planeaba comprobar si se siguió el decreto real. ¡Qué descaro! Ese rey incompetente debe haber perdido la cabeza. ¿No sabe que darle a un hombre soltero su propia habitación oculta es el colmo de la incorrección? A menos que obtenga el Grutrissheit y reclame mi derecho al trono pronto, Trauerqual seguramente llevará a Yurgenschmidt a la ruina. 


Era increíble. El futuro de nuestro país realmente descansaba sobre mis hombros. 


Recordé las súplicas de los sacerdotes Soberanos para que me convirtiera en una Zent como Dios manda, luego suspiré y dije: "Qué problemático...". 


La verdad es que no me preocupaba lo más mínimo. Tenían razón al depositar su fe en mí. 


Ahhhh… 


Me encontré con la mirada del erudito, que esperaba a que terminara de firmar los papeles. Su contemplación me hizo detener la mano. Si el Grutrissheit ya fuera mío... Un simple erudito nunca se atrevería a presionar a su Zent. 


Pero, por desgracia, aún no tenía el Grutrissheit, así que reanudé la firma. 


"¿Hmm...?" 


De repente, los brazos se me pusieron de piel de gallina y un escalofrío me recorrió la espalda. Era la misma sensación que la de un resfriado, pero yo gozaba de perfecta salud y no había ni una pizca de frío en este cálido día de verano. 


Dos palabras pasaron por mi mente: puerta fronteriza. Alguien intentaba entrar en el ducado sin el permiso del aub. Era una sensación exclusiva de los miembros de la familia archiducal que dedicaban su maná a la fundación. 


La muerte de mi padre nos dejó sin aub, por lo que no podíamos cerrar ninguna puerta fronteriza de nuestro lado. Sólo había una puerta en Ahrensbach en la que una intrusión de ese tipo no alertaría a nuestros guardias: la que conectaba con la puerta del país en el mar. 


"Volveré a mis aposentos", dije, dejando mi pluma de maná y poniéndome en pie. "Martina, prepara mi ropa de montar y mi velo, y reúne a mis asistentes. Debo comprobar la puerta fronteriza". 


El erudito se asombró de que abandonara mi trabajo de firmar, así que le lancé una mirada mordaz: "Estás estorbando ¿No me oíste decir que debo comprobar la puerta fronteriza? Nuestros invitados deben de ser enviados de Lanzenave". 


Sólo entonces comprendió el erudito la importancia de mi marcha. Clasificó rápidamente los documentos, separando los firmados de los no firmados, y se apresuró a salir de la habitación con ellos para informar a lord Ferdinand, sin duda. 


Los eruditos discuten todo con lord Ferdinand y le confían tanto trabajo administrativo. Por eso nadie pudo rechazar el extraño decreto de la familia real. Qué patético. 


Pasé todo el viaje de regreso a mis aposentos reprendiendo mentalmente a los incompetentes eruditos, que dependían demasiado de mi prometido. Luego me puse la ropa de montar que mis asistentes se apresuraron a traerme y un velo para protegerme del sol. 


Suspiré. "Qué envidia me da que los hombres puedan montar sus bestias sin necesidad de cambiarse". 


Gracias a esa frustrante disparidad y a la necesidad de los eruditos de compartir cada pequeño detalle con lord Ferdinand, él llegaría a la puerta antes que yo. Salí a toda velocidad al balcón y levanté el vuelo, con la esperanza de llegar antes de perder todo el control de la situación. 


El resplandeciente océano azul se extendía ante mí. A lo lejos, apenas podía ver un diminuto punto negro que intentaba entrar por la puerta. Me dirigí hacia allí de inmediato y, por supuesto, lord Ferdinand y la Orden de Caballeros ya estaban allí cuando llegué. 


"Lady Detlinde, ¿ese barco es definitivamente de Lanzenave?", preguntó lord Ferdinand. "No reconozco su estilo". 


Como era de Ehrenfest, nunca había visto un barco de Lanzenave. Saber que él -un hombre que había recabado más apoyo de los eruditos que yo y que se atrevía a actuar como si fuera el próximo aub de nuestro ducado- necesitaba mi ayuda me hizo sentir algo superior. 


"Efectivamente", dije. "Lanzenave lleva usando ese diseño desde el año pasado. Me han dicho que se mueve bastante rápido". 


La nueva nave de Lanzenave era negra y alargada. En cierto sentido, era como un enorme pez. 


Continué: "Durante la fiesta de bienvenida del año pasado, un enviado me dijo que las naves están diseñadas para transportar todo el equipaje posible sin dejar de ser lo bastante delgadas para pasar por la puerta fronteriza. Ah, observa. Cambiará a una forma aún más inusual después de pasar". 


Señalé, y la nave que acababa de atravesar la puerta se detuvo en su camino hacia el puerto. Las baldosas de su superficie empezaron a girar, cambiando de negro a plateado. 


"¿Y para qué sirve eso?", preguntó lord Ferdinand. 


"No lo sé, pero los enviados de Lanzenave lo consideran necesario antes de quedarse aquí. Personalmente, preferiría que sus naves siguieran siendo negras; ese plateado es terriblemente brillante". 


El comercio con Lanzenave era esencial para la economía de Ahrensbach, sobre todo porque teníamos la última puerta del país abierta en Yurgenschmidt. Confiar el asunto a lord Ferdinand, que no sabía nada de nuestra cultura pondría en peligro todo nuestro ducado. Por eso pretendía tomar el control total. 


"El barco llegará al puerto", dije, "entonces los enviados vendrán al castillo a pedir audiencia. Se la concederemos y les prepararemos un banquete de bienvenida mientras esperamos a que llegue el barco. Como hemos confirmado que los intrusos son invitados de Lanzenave, podemos regresar al castillo". 


"Puedes adelantarte. No sabía que esa puerta estaba sin vigilancia. Podría considerarse una invitación para que Lanzenave invada, así que ordenaré a la Orden de Caballeros que ponga guardias allí a partir de ahora". 


¿Qué está diciendo? Eso no tiene ningún sentido. 


"Esa puerta sólo la usan los enviados de Lanzenave", dije. "Sólo está rodeada por el océano, y nuestros invitados ya han llegado. No veo por qué deberíamos tratarlos con recelo". 


Sería un verdadero derroche destinar caballeros a la puerta fronteriza. ¿Acaso lord Ferdinand no entendía algo tan simple? 


"¿Desean seguir enviando naves comerciales? Entonces tendremos que mantenerlos vigilados", dijo. "Comandante, asigne guardias a la puerta fronteriza de inmediato". 


"Sí, milord", respondió el comandante. "¿Cuántos debemos desplegar?". 


Lord Ferdinand ignoró por completo mis consejos, ¡a pesar de que me desviví por educarlo! Y el comandante, en lugar de pedir mi opinión, ya estaba discutiendo los detalles de su misión. Era increíble que ambos me ignoraran. 


"¡Bien!", exclamé, reclamando su atención. "¡Volveré al castillo, entonces!". 


Lord Ferdinand ni siquiera se dio la vuelta cuando dijo: "Lady Detlinde, ya que parece saber cuándo tendrá lugar la fiesta de bienvenida, le ruego que supervise los preparativos necesarios" Luego, sin mediar otra palabra, voló hacia la puerta fronteriza con sus asistentes y el caballero comandante. 


No puedo creerlo. ¡Tienen una opinión despectivamente baja de mis habilidades! 


Enfurecida porque mi propio prometido me tratara tan mal, regresé a mis aposentos con mis asistentes. En cuanto volvimos, comenzaron a preparar el banquete de bienvenida. 


"¡Deténganse!", dije. "¿De quién reciben órdenes? Me sirven a mí, ¿no?". 


Mis asistentes me miraron sorprendidos, luego intercambiaron miradas preocupadas. Pasó un largo momento antes de que Martina diera un paso al frente. 


"No lo hacemos por lord Ferdinand, milady. Si no damos a los enviados una bienvenida adecuada, Lanzenave podría asumir que no es apta para convertirse en nuestra próxima aub". 


"En efecto, Martina tiene razón", dijo otro de mis asistentes. "Son enviados. Habríamos empezado a prepararnos para la fiesta sin importar lo que lord Ferdinand ordenara". 


"No querríamos manchar su buen nombre dejando las cosas así. Por favor, permítanos proceder". 


Tenían razón, y sus revelaciones me animaron. "Muy bien", les dije, haciéndoles un gesto con la mano para que se marcharan. "Dejen aquí lo mínimo y vayan a hacer su trabajo". 


Mis asistentes reanudaron sus tareas. Mientras tanto, Martina vino a mí con una carta. "Lady Detlinde, parece que Lady Georgine desea hablar con usted". 


"¿Mi madre? Debe ser por eso otra vez... Por favor, discúlpenme". 


Aunque se me reconocía como la próxima aub -o la próxima Zent, para los verdaderamente perspicaces-, aún no me había asentado en ninguna de las dos posiciones, lo que significaba que no podía ignorar a mi madre ni rechazar sus invitaciones, por mucho que me disgustaran. 


No tuve más remedio y accedí a reunirme con ella. Los preparativos ya estaban listos, así que llegó a mi habitación en un santiamén. Nos saludamos y me entregó una herramienta mágica para bloquear el sonido. Sus siguientes palabras no me sorprendieron. 


"Detlinde, ¿ya le diste a lord Ferdinand una habitación oculta? Si no está todo listo a tiempo para el funeral, tanto tú como todo Ahrensbach recibirán una reprimenda de la familia real". 


"Lo comprendo, pero conceder a alguien una habitación oculta antes de casarse... Es impensable, madre. Cruel, incluso. Los prometidos no suelen permitirse ese lujo". 


Como no se podían hacer habitaciones ocultas en los alojamientos de huéspedes, tendríamos que invitar a lord Ferdinand a los aposentos adecuados para llevar a cabo esta petición irrazonable. Un hombre que aún no se había convertido en mi marido podría de repente entrar en mi cama cuando le diera la gana. ¡Era impensable! 


Una vez que obtuviera el Grutrissheit y ocupara el lugar que me correspondía como Zent, anularía mi compromiso en un santiamén. No quería casarme con él y, para colmo, una vez lo habían enviado al templo. No podía confiar en él. 


Peor aún, si ocurriera aquí lo que pasaba tan a menudo en el templo, la opinión pública me culparía por haber dado a lord Ferdinand sus propios aposentos en primer lugar. Aunque la realeza lo hubiera ordenado. 


"Puede que sea así, pero si a lord Ferdinand no se le da una habitación oculta, tendrá que volver a Ehrenfest hasta su boda. No podemos permitir que eso ocurra, no con Ahrensbach en su estado actual". 


Los ojos verde oscuro de mi madre no mostraban ni un rastro de emoción, a pesar de que su propia hija estaba a punto de ver arruinada su vida por orden de un decreto real. Había pensado que al menos mostraría cierta preocupación por mi castidad, o que expresaría su indignación con la realeza por sus exigencias irrazonables, pero aquel destello de esperanza se apagó rápidamente, como siempre que esperaba algo de ella. Me sentía tan avergonzada que ni siquiera podía mirarla a los ojos. 


Pero cuando sea la Zent... 


Quizá entonces Madre me prestaría la atención que necesitaba. Al enterarse de que era candidata a Zent, me preguntó si deseaba aspirar al trono, y luego me dijo que hiciera todo lo posible por asegurar mi sueño. Era la primera vez que me animaba. 


"Encárgate de ello", dijo. "Los enviados de Lanzenave están aquí, y no queda mucho tiempo antes del funeral". 


"Si al menos el rey Trauerqual hubiera ordenado a los Ehrenfest de bajo rango que se callaran en lugar de exigirnos cosas tan poco razonables..." Me costaba entender por qué Ahrensbach, que ocupaba un lugar tan alto en la clasificación, tenía que satisfacer las necesidades de un ducado inferior. 


"Ehrenfest debió haber hecho una jugada poderosa", aventuró mi madre. "Aun así, por poco razonable que parezca este decreto real, debemos cumplirlo. Cualquier otra cosa incitará a los aubs de otros ducados a regañarnos". 


Fruncí los labios. Una simple regañina sonaba mucho mejor que darle una habitación a lord Ferdinand. Al menos, no amenazaría mi castidad. 


Madre me lanzó una mirada de exasperación, como si me hubiera leído el pensamiento. "Detlinde, el decreto real dice que sólo debemos darle una habitación oculta. No estipularon su ubicación. Simplemente trasládalo al edificio occidental". 


En el edificio occidental se encontraban las habitaciones de las segundas y terceras esposas del ducado. Nunca se me había ocurrido que podía ponerlo allí, ya que venía a Ahrensbach para casarse con una aub, pero realmente era una idea genial. Demostraríamos que seguía siendo sólo mi prometido, al tiempo que cumplíamos el decreto real y evitábamos que ocurriera algo lascivo. 


La alegría se extendió por mi corazón. Madre estaba pensando en mí después de todo. 


"Si tenías una idea tan brillante bajo la manga, podías habérmelo dicho antes...", dije con un mohín. "No habría esperado tanto para darle una habitación". 


Los labios rojos de madre se curvaron en una sonrisa: "Simplemente es lo que más me conviene". La mirada de sus ojos demostró que no pensó en absoluto en mis necesidades. 


Como siempre. Pero esta vez no me hice ilusiones. 


A partir de ahí, mi madre declaró que no teníamos nada más que hablar y se marchó. Al verla irse, no pude evitar lanzar un suspiro de derrota. 


Durante la cena, informé a lord Ferdinand de que se le concedería una habitación en el edificio occidental. La noticia tomó por sorpresa a sus asistentes, que me interrogaron con miradas de preocupación. 


"Pero Lady Detlinde, estamos ocupados con los preparativos del funeral y nuestra reunión con los enviados de Lanzenave. No tenemos tiempo para trasladarnos del edificio principal". 


No me importaban sus circunstancias. 


"La culpa no es mía", le dije. "Ehrenfest solicitó esta habitación oculta, y el Zent nos ordenó que se la proporcionáramos. Si no están de acuerdo, dirijan sus protestas al rey Trauerqual". 


Mi único papel en todo este calvario era darle a lord Ferdinand una habitación oculta a tiempo para el funeral. Todo lo demás era su problema. 


"Me mudaré antes del funeral de verano", anunció lord Ferdinand, y luego me dedicó la amable sonrisa que estaba tan acostumbrada a ver. "Tienes mi inmensa gratitud por esta muestra de generosidad". 


Ah, es realmente atractivo. Si tan sólo su nacimiento y su tiempo en el templo no lo hubieran arruinado. Qué desafortunado. 


Los enviados de Lanzenave se habían instalado en su alojamiento temporal, las peticiones de reuniones volaban de un lado a otro y la fiesta de bienvenida se vislumbraba en el horizonte. En otras palabras, el castillo estaba aún más concurrido que de costumbre. 


El día de la fiesta, empecé a prepararme a primera hora de la tarde. Comí algo ligero, tomé un baño y me cambié, lo que me llevó bastante tiempo. 


Hoy llevaba un fino traje blanco con cuello alto que me cubría todo excepto la cara, y una capa azul adornada con opulentos bordados. El traje estaba cubierto de círculos mágicos que me aliviaban del calor al menos en cierta medida; de lo contrario, no habría podido ponerme la capa. 


"Su pelo rubio es tan hermoso", canturreó una de mis asistentes mientras me lo ataba. "Casi desearía que nunca hubiera llegado a la mayoría de edad". 


Me cubrió la cara con un fino velo de encaje. El material no importaba y a menudo se elegía en función de las preferencias personales, pero llevarlo era absolutamente necesario para cualquier mujer decente de Ahrensbach en un ambiente formal. 


Una vez preparada, me dirigí a la sala con mis asistentes, sintiendo una combinación de tensión y euforia. El año pasado todavía era menor de edad, por lo que mi participación en la fiesta  terminó con un intercambio de saludos. Ésta sería la primera vez que asistiría a todo el acto. 


El banquete de bienvenida se celebraba anualmente y a pequeña escala. Luego se celebraba un segundo banquete, de mayor envergadura, cuando los giebes del ducado se reunían para la emocionante Ceremonia de Unión de las Estrellas de verano, lo que les daba la oportunidad de socializar con los enviados de Lanzenave. 


"Lady Detlinde ha llegado", dijo uno de los caballeros cuando entré en la sala. Lord Ferdinand ya estaba presente con sus asistentes, al igual que los demás miembros de la cúpula de Ahrensbach con los suyos. 


Junto a él esperaban la joven Letizia y sus asistentes. El año pasado asistimos juntas, pero ahora ella tendría que marcharse sola. Naturalmente, me sentí superior al contemplarla. 


Todas las mujeres asistentes llevaban velos, mientras que los hombres iban envueltos en finas y grandes capas de tela sobre sus trajes blancos de cuello alto. Todos vestían colores veraniegos al estilo Ahrensbach... excepto lord Ferdinand, que llevaba los colores representativos de Ehrenfest. Se suponía que era para indicar que aún no se había casado en nuestro ducado, pero le daba todo el aspecto de ser el soberano del lugar. 


"Oh Dios..." dije. "Veo que no lleva los colores del verano, lord Ferdinand". 


"Lo consideré, pero elegí llevar los colores de Ehrenfest en su lugar", respondió con una sonrisa pacífica. "Quiero dejar claro que, aunque pueda dar mi opinión, no tengo autoridad para tomar decisiones aquí". 


Asentí con comprensión. Lo normal es que uno desee vestirse con los colores superiores de Ahrensbach, así que su decisión no era sino humilde. No había dos formas de verlo, sin duda... 


"Lanzenave, ha llegado", dijo el encargado de la entrada. 


Las puertas se abrieron de par en par, y entraron los enviados acercándose en filas. Al igual que el resto de nosotros, vestían ropas del estilo Ahrensbach; se decía que el clima de su país de origen no se parecía en nada al nuestro, por lo que no podían llevar su atuendo habitual durante sus visitas. Sin embargo, tampoco vestían colores veraniegos, sino que iban ataviados con ropas plateadas que no reconocí, tal vez para indicar su condición de enviados de Lanzenave. 


Doce enviados en total entraron en la sala. Seis tenían el mismo aspecto que nosotros, mientras que los demás presentaban rasgos más definidos y una piel que no era del mismo color que la nuestra. Estaba acostumbrada a verlos cada año, pero aún así me chocaba que unos cambios de aspecto tan ligeros pudieran hacer que uno destacara tanto. 


Uno de los enviados se adelantó a sus compañeros, un hombre quizá dos o tres años mayor que yo. Al cruzarse de brazos y arrodillarse, me llamó la atención su aspecto joven y francamente hermoso. No lo reconocí, lo que significaba que no estuvo aquí el año pasado. 


El pelo del hombre, de un color entre dorado y castaño, estaba sujeto detrás de la cabeza con una horquilla de un estilo que había sido popular aquí en Ahrensbach hasta la generación de mi abuela. Incluso ahora se podía encontrar a hombres mayores que lo llevaban. 


"Pueblo de Ahrensbach, es un placer conocerlos a todos", dijo. "Soy Leonzio, nieto del rey de Lanzenave. Antes de que se presenten los demás, ¿puedo pedir una bendición en agradecimiento por este encuentro fortuito, ordenado por los ríos puros que fluyen de Flutrane, la diosa del agua?". 


"Puede hacerlo...", respondí, parpadeando sorprendido. Desde luego, no esperaba que un enviado de Lanzenave me saludara de forma noble. 


Leonzio también llevaba un anillo de piedra fey en el dedo corazón de la mano izquierda, como hacíamos los nobles de Yurgenschmidt. Miró hacia arriba y de su piedra omnielemental brotó una bendición que reflejaba su condición de miembro de la realeza. 


Oh... 


Por un momento, tras ver la cara de lord Ferdinand por primera vez, lord Leonzio quedó en estado de shock. Rápidamente ocultó la expresión tras una sonrisa, pero no podía negarlo: por alguna razón, estaba completamente incrédulo. Eché un vistazo a lord Ferdinand para ver su reacción, pero no vi nada. 


A continuación, Lord Leonzio comenzó a presentar a sus compañeros de viaje, actuando como si no se hubiera escandalizado ni por un momento. La mayoría de ellos vinieron el año pasado, las únicas excepciones eran él y sus asistentes. 


Una vez que terminaron, le tocó el turno a nuestra familia archiducal. Se anunció la muerte de mi difunto padre, el anterior aub, y luego me presentaron como su sucesora, con Ferdinand como mi prometido. También se presentaron Madre y Letizia. 


Las formalidades pronto dieron paso a una conversación más informal. Letizia partió con sus asistentes, dejando sólo a los adultos en la sala. Los eruditos encargados del comercio y los que buscaban inteligencia política se acercaron a los enviados con copas llenas de vino, lanzándose a un tema tras otro. Era la batalla preliminar antes de las próximas reuniones. 


"Lord Ferdinand, ¿no desea unirse a ellos?", pregunté. 


Respondió con una amable sonrisa: "Debido a mis obligaciones, pocas veces puedo estar contigo. Te agradecería esta oportunidad de que pasemos tiempo juntos". 


Asentí, complacida. Era cierto que últimamente nos habíamos visto poco. Supuse que lord Ferdinand me evitaba bruscamente, pero simplemente estaba ocupado. 


Claro que esa era la razón. Un hombre de un ducado de rango inferior nunca me despreciaría. 


Sorbí una copa que me dio Martina, de mucho mejor humor. 


"Lady Detlinde: como usted es la próxima aub, hay algo que debemos discutir", comenzó lord Leonzio. Luego me preguntó cuándo se aceptaría a la próxima princesa de Lanzenave. "Normalmente esperaría hasta las reuniones pertinentes, pero deseo informar a mi país lo antes posible". 


Enviaban correspondencia a través de los barcos comerciales que pasaban entre nuestros territorios. 


Mirándole a los ojos ámbar, sonreí y le dije: "No podemos aceptar a una princesa de Lanzenave. Por favor, avise a Lanzenave en cuanto pueda. No sería bueno que se prepararan para nada". 


"¿Qué? E-Espere un momento. ¿Por qué razón nuestra princesa no sería aceptada...?" 


"El rey Trauerqual lo decretó. No sé qué más decirle..." 


Conté todo lo que pude recordar de la reciente Conferencia de Archiduques, mientras lord Ferdinand complementaba mi explicación desde mi lado. Aquello pareció hacer comprender a lord Leonzio que nuestra negativa no era ni una broma ni un engaño. Permaneció un momento aturdido, y de pronto me tendió una mano. 


Lord Ferdinand la apartó de un manotazo. "Contrólese", dijo, con voz tranquila pero intensa. "Si se emociona demasiado, tendré que llamar a los guardias". 


Lord Leonzio se tragó lo que quería decir y se volvió hacia lord Ferdinand con una leve y pacífica sonrisa: "¿Pretende el rey de Yurgenschmidt llevar a Lanzenave a la ruina? Si no es así, pido que se acepte a nuestra princesa". 


Ladeé la cabeza. ¿Cómo iba a llevar a Lanzenave a la ruina nuestro rechazo a la princesa? quise preguntar, pero lord Ferdinand puso fin al tema con una fría sonrisa. 


"Por desgracia, no podemos decir ni hacer nada sobre una decisión tomada por el Zent". 


Fue tan cortante que empecé a sentir lástima por lord Leonzio. "Lord Ferdinand, no hay necesidad de ser tan frío... Deberíamos pedir más información sobre las circunstancias de Lanzenave y transmitirla al Zent. Quizás cambie de opinión". 


Lord Leonzio pareció relajarse un poco, pero a lord Ferdinand no le hizo ninguna gracia. Le dirigió a nuestro invitado una mirada poco acogedora y le dijo: "No espero que el Zent se retracte de su decreto. Tal vez debería esperar a que se corone a un nuevo Zent y preguntarle su opinión". 


Su negativa a mostrar siquiera una pizca de cordialidad me enfadó bastante. Ahrensbach tenía la última puerta del país abierta en Yurgenschmidt, y nuestro comercio con Lanzenave era crucial para la economía de nuestro país. Los necesitábamos tanto como ellos a nosotros, así que ¿por qué el Zent no iba a ser más considerado con sus circunstancias? 


Por eso son tan molestos los campesinos que no saben nada de Ahrensbach o Lanzenave. 


Aparté la cabeza de lord Ferdinand con un gesto de enfado y luego dirigí una sonrisa amable a lord Leonzio. Era cierto que Ahrensbach tenía muy pocas posibilidades de hacer cambiar de opinión al Zent, pero si escuchábamos la difícil situación de Lanzenave y le hacíamos una petición sincera, tal vez tendríamos éxito. Él había aceptado una petición anormal de Ehrenfest, así que ¿por qué no una nuestra? 


"Por suerte, lord Leonzio, la familia real visitará Ahrensbach este verano para el funeral del difunto aub. Quizás pueda preguntarle entonces al Zent". 


"Lady Detlinde, ¿qué está diciendo?", preguntó lord Ferdinand, con cara de asombro. "Por razones de seguridad, no puedo permitir que nadie de Lanzenave se acerque a la familia real". 


Su sorpresa no tenía sentido para mí. "No se requiere de tu permiso. Es la familia real quien decidirá si autoriza la reunión. Ahrensbach no puede permitir la destrucción de un socio comercial tan valioso, así que deseo escuchar lo que Lord Leonzio tiene que decir". 


"No hay necesidad de eso". 


Empezaba a perder los nervios. Una vez más, lord Ferdinand despreciaba mi opinión sin hacer el menor intento de comprenderla. Tendría que ponerlo en su sitio. 


"Estoy de acuerdo en escucharlo. No interfieras. Mis asistentes permanecerán a mi lado, así que no hay motivo de preocupación. Puedes pensar en mí como tu Geduldh, lord Ferdinand, pero los celos de Ewigeliebe son desagradables". 


Lord Ferdinand hizo una pausa, sus ojos dorados se abrieron de par en par por la sorpresa. Después de todo, mi acusación era cierta. 


Pensar que permitiría que tal emoción sacara lo mejor de él... Qué hombre tan problemático. 


Como castigo, declaré que no necesitaba la compañía de Ewigeliebe y que llevaría a lord Leonzio y a mi séquito a una sala aparte para nuestra discusión. Uno de los asistentes de lord Ferdinand pidió acompañarnos, para asegurarse de que no hubiera malentendidos, y sólo por magnanimidad, lo permití. 


Guié a nuestro grupo de unas quince personas a una sala de reuniones junto al vestíbulo. Luego, tras ofrecer asiento a lord Leonzio, le dije: "¿A qué se refería cuando dijo que Lanzenave podría arruinarse?". 


Hizo una pausa pensativa y luego contestó: "Lady Detlinde, ¿cuánto sabe sobre las circunstancias de Lanzenave?". 


"Sé que es un socio comercial importante para Ahrensbach, pero no nos enseñan nada de su historia, ni siquiera en la Academia Real".  Conocía los productos que importábamos de Lanzenave, y eso era todo; no me interesaba por su pasado. Mis asistentes se esforzaban por disimular sus muecas, pero era la verdad. 


"La historia no se comparte en Yurgenschmidt, entonces..." 


Lord Leonzio continuó relatando el pasado de Lanzenave. Su historia comenzaba hace casi cuatrocientos años, durante el reinado de nuestro rey Ausbaur. El nombre aparecía en las clases de historia, pero yo no recordaba casi nada. Aun así, asentí educadamente como si lo entendiera. 


"Cuando el rey Ausbaur envejeció y llegó el momento de elegir al próximo Zent, había tres candidatos que obtuvieron el Grutrissheit". 


"Vaya. ¿Tres con Grutrissheit?", pregunté, tratando de tragarme mi sorpresa. Siempre había supuesto que sólo existía uno en Yurgenschmidt, y que quien lo obtuviera se convertiría automáticamente en el Zent. 


"El Grutrissheit se puede duplicar con el propio schtappe. No hay nada raro en que haya varios". 


Habló como si fuera lo más obvio del mundo, así que respondí con un rápido "Ah, cierto". No podía dejar que nadie supiera que un extranjero sabía más que yo sobre Yurgenschmidt. 


"Cómo sabe, el Rey Ausbaur eligió al Rey Heiland como su sucesor." 


Ese nombre también me suena. ¿De qué era...? 


Seguí sonriendo y asintiendo mientras me devanaba los sesos, pero no se me ocurría nada. Apenas hablamos del rey Heiland en clase, ya que había conseguido muy pocas cosas dignas de mención. 


Lord Leonzio continuó: "Uno de los tres candidatos, Tollkuehnheit, no pudo aceptar que le pasaran por alto. Abandonó Yurgenschmidt con sus herramientas mágicas y sus piedras fey en busca de una nueva tierra". 


Tollkuehnheit atravesó la puerta del país con su esposa y sus asistentes, y fue a parar a Lanzenave, una nación de gente incapaz de usar la magia. La tierra estaba empobrecida, pero era capaz de sustentar la vida, lo que había sido suficientemente bueno para sus propósitos. Utilizó su Grutrissheit para crear una fundación de ducado, y luego realizó un entwickeln para hacer su propia ciudad de marfil. 


"La gente estaba admirada de Tollkuehnheit, que llegó de repente por mar y hubiera creado una ciudad entera en un instante. Empezaron a adorarle como a alguien del país de los dioses, y así fue como se convirtió en rey de Lanzenave". 


Incluso en Yurgenschmidt se adoraba como a dioses a quienes obtenían un Grutrissheit. Yo recibiría el mismo respeto en cuanto consiguiera el mío. Por un momento imaginé las miradas de admiración de todos y me deleité en el placer. Era esencial que obtuviera el Grutrissheit cuanto antes. 


"Sin embargo, a pesar de ser venerado como un dios, Tollkuehnheit se enfrentaba a un grave problema: ni él ni su séquito podían tener hijos con el pueblo de Lanzenave, que no disponía de maná. Para colmo, su Grutrissheit no era más que una copia hecha con su schtappe; naturalmente, se perdería a su muerte". 


Oh cielos. ¿Es así como Yurgenschmidt perdió el Grutrissheit...? 


Con esta nueva información, podía adivinar por qué comenzó la guerra civil; el Grutrissheit desapareció tras el asesinato del segundo príncipe que debía convertirse en el Zent. El primer y el tercer príncipe que lucharon por conseguirlo no debían de saber que no era más que un duplicado, y ahora, incluso se desconocía la ubicación del original. 


Me pregunto dónde se hacen las copias... 


Suponiendo que Lord Leonzio tuviera razón, necesitaría encontrar el Grutrissheit antes de poder fabricar uno propio. Seguramente eso era factible para alguien que había activado el círculo mágico de selección de Zent. 


"La ciudad al menos podía ser mantenida por aquellos registrados con la magia fundacional", continuó lord Leonzio, "pero eso requería un schtappe. A menos que se tomaran medidas, todo se derrumbaría un día. Como futura aub, lo entiendes, ¿verdad?". 


"Sí, por supuesto". 


En la Academia Real se enseñaba que se necesitaba un schtappe para obtener magia fundacional. La mayoría de mi clase lo consideraba una lección innecesaria, ya que por aquel entonces todos los estudiantes obtenían el schtappe en su primer año, pero era un asunto de suma importancia para aquellos que habían construido ciudades mágicas fuera del país. Todos los edificios se derrumbarían sin individuos con schtappe que pudieran heredar su fundación. 


"Sólo los miembros de la realeza y sus asistentes fueron a Lanzenave, así que los hijos que engendraron tenían mucho maná. También recibieron la misma educación que sus padres habían recibido en la Academia Real, ya que las lecciones les fueron transmitidas. Sin embargo, no podían obtener schtappes en ningún otro lugar que no fuera Yurgenschmidt. Tollkuehnheit solicitó al Zent que le diera uno a su hijo, ya que no existía otra forma de que el niño heredara la magia fundacional". 


Sin embargo, su petición fue denegada. El Zent de la época no estaba siendo terco o malicioso; aquellos que no estaban registrados como nobles Yurgenschmidt eran físicamente incapaces de adquirir un schtappe. 


"Así, nació la tradición de enviar princesas de Lanzenave a Yurgenschmidt. Sus hijos serían registrados como nobles, obtendrían sus schtappes y luego regresarían a Lanzenave para convertirse en su nuevo rey. Sin embargo, al Zent reinante le preocupaba que Lanzenave pudiera crecer demasiado, por lo que hizo un contrato que establecía que, en cada generación, sólo regresaría un único individuo, ya fuera hombre o mujer." 


Tollkuehnheit se lo había pensado mucho. Por un lado, quería preservar la abundancia de maná de la familia real de Lanzenave, y el maná de un bebé dependía sobre todo de su madre, así que era mejor que volviera una niña de Yurgenschmidt. Por otro, el embarazo incapacitaría a su reina del schtappe para usar la magia, lo que paralizaría el país. 


Lanzenave tenía un montón de mujeres ricas en maná -entre los asistentes, sus familias y sus hijas- y pedir que se enviara a un varón facilitaría la producción de más hijos. Así que, para cada generación, eso fue lo que Tollkuehnheit decidió hacer. 


"Así, se hizo una promesa entre nuestros países: Yurgenschmidt aceptaría a una princesa, daría a su hijo un schtappe cuando llegara a la mayoría de edad, y luego lo devolvería a Lanzenave convertido en rey". La expresión de lord Leonzio se contorsionó. "¿Y ahora Yurgenschmidt se niega a cumplir nuestro acuerdo?". 


No se le podía culpar por estar molesto; Lanzenave sólo nos enviaba a sus princesas para evitar su colapso, pero ahora las rechazábamos. Incluso mi corazón empezó a dolerme. Al mismo tiempo, me enfurecía que el rey Trauerqual desechara una promesa tan antigua. Su racha de decisiones crueles y disparatadas me hacía querer arrastrarlo de su trono tan rápido como pudiera. 


"Las relaciones ajenas al comercio con Yurgenschmidt cayeron en picado hace diez años tras un envío de piedras fey, y ahora rechazan a nuestra princesa... ¿Qué vamos a hacer?" Apretó las manos en puños apretados, y fue entonces cuando tomé una decisión. 


"No temas: explicaré tus circunstancias a lord Ferdinand y solicitaré al rey Trauerqual en tu lugar. Soy un candidato Zent, ya lo sabes". 


Lord Leonzio me miró fijamente, con sus ojos ámbar llenos no sólo de asombro, sino también de esperanza y admiración. "¿Un candidato a Zent...?" Fue una reacción satisfactoria, como poco, y le dediqué la sonrisa más amable que pude reunir. 


Al día siguiente, convoqué a lord Ferdinand a una reunión. Nos sentamos frente a frente en una mesa y le expliqué el asunto que nos ocupaba: Lanzenave enviaba a sus princesas a Yurgenschmidt como parte de una antigua promesa que había hecho para evitar su colapso. También me aseguré de expresarle lo cruel que estaba siendo el Zent por dar la espalda a un acuerdo tan antiguo. 


"Debo pedirte que expliques esto al rey Trauerqual y hagas que reconsidere su postura", anuncié con una sonrisa. "Por favor, ten un plan listo a tiempo para el funeral". 


Era su trabajo enfrentarse y negociar con la familia real. 


Pensé que lord Ferdinand simpatizaría con Lanzenave en cuanto conociera sus circunstancias, pero no se inmutó lo más mínimo. Apoyando el codo en la mesa y la cabeza en la mano, me observó atentamente y dijo: "¿Eso es todo?". 


"¿Qué quieres decir con eso?" 


"Precisamente lo que he dicho. Te has centrado sólo en lo más conveniente para Lanzenave, y no has introducido ninguna información nueva de valor. No detecto nada que pueda hacer cambiar de opinión al Zent". 


"¡¿Disculpa?! ¡Lanzenave está en peligro derrumbarse! ¡¿No entiendes la gravedad de no tener un Zent o un aub que herede la fundación?!". 


No podía creer lo que oía. ¿Acaso no escuchó ni una palabra de lo que le dije? Tal vez simplemente era demasiado obtuso para entenderlo. Le lancé una mirada furiosa, pero aun así, esbozó una tranquila sonrisa y siguió oponiéndose a mí. 


"Las afirmaciones de que Lanzenave se derrumbará son muy exageradas; sus gentes vivían vidas perfectamente aceptables antes de que apareciera Tollkuehnheit. Si hay algún lugar en riesgo de destrucción total, ése es Yurgenschmidt. Todo nuestro país se hizo con maná, lo que significa que bien podríamos quedar reducidos a un desierto de arena blanca. Lo único en riesgo de derrumbarse en Lanzenave es la ciudad que construyó Tollkuehnheit". 


Continuó: "Puede que Lanzenave se encuentre en una situación desesperada sin un varón con schtappe, pero eso no tiene nada que ver con Yurgenschmidt. No ganamos casi nada aceptando más princesas. Incluso si todo su país se derrumbara como dicen, simplemente el Zent cerraría la puerta del país y la abriría en otro lugar. No necesitamos comerciar con Lanzenave en particular". 


Miré aún más intensamente. "Pero ahora mismo no contamos con el Grutrissheit". 


"Cierto, pero sospecho que no pasará mucho tiempo antes de que eso cambie". 


"En efecto. No me detengo ante nada en mi búsqueda, pero puede que pase algún tiempo antes de que tenga éxito". 


Era la oportunidad perfecta para que lord Ferdinand jurara apoyarme, pero se limitó a parpadear y decir: "Tal vez". Siempre reaccionaba con tanta lentitud en ocasiones como ésta. Yo creía sinceramente que no sabía nada del corazón de las mujeres. 


"Dices que Yurgenschmidt no tiene nada que ganar", protesté, "pero siendo nuestra familia real tan pequeña, ¿no nos beneficiaría mucho una princesa Lanzenave?". 


Estaba muy orgullosa de mi argumento, pero lord Ferdinand negó con la cabeza. "Durante nuestra crisis actual, no podemos arriesgarnos a que un extranjero obtenga el Grutrissheit. Tienes razón en que una princesa rica en maná beneficiaría a la familia real en algunos aspectos, pero también invitaría al caos en lo que respecta a la línea de sucesión. Por eso se ha rechazado a la princesa, supongo. Como mínimo, Yurgenschmidt no puede aceptarla hasta que un verdadero Zent ocupe el trono". 


En resumen, la realeza temía que Lanzenave se hiciera con el control de nuestro país en su estado de debilidad. La forma en que Lord Ferdinand propugnaba tales teorías y se negaba incluso a cuestionar al Zent me revolvía el estómago. 


"Tu argumento es convincente, lord Ferdinand, pero ¿no será que en realidad tienes miedo de enfrentar al  Zent?". 


"Nuestros visitantes de Lanzenave simplemente temen perder el poder que ha hecho que la gente los adore como dioses. No veo razón alguna por la que el Zent deban poner en peligro Yurgenschmidt por su bien. Además, ¿qué clase de impacto tendrá en Ahrensbach nuestra decisión de oponernos al Zent y aliarnos con los extranjeros? La familia real de Lanzenave puede perder su punto de apoyo, pero el país en su conjunto no se derrumbará. La pérdida de su capital causará sin duda algunos retrocesos culturales, pero a juzgar por esa nave de forma inusual en la que llegaron, han realizado avances tecnológicos como no se han visto en Yurgenschmidt." 


Lord Ferdinand siguió diciendo de todo menos lo que yo quería oír. Afirmó que era una buena oportunidad para debilitar Lanzenave mientras Yurgenschmidt estaba inestable, que necesitábamos teñir nuestra fundación de inmediato para poder cerrar la puerta fronteriza, etc. 


No puedo creer que actúe con tanta frialdad incluso ahora, cuando estoy siendo tan abierta sobre mi conversación con lord Leonzio. Que solo se digne a ver cómo Lanzenave se arruina simplemente porque le prohibí unirse a nosotros es simplemente... ¿Hay algún hombre más parecido a Ewigeliebe que él? 


"Lord Ferdinand", dije con firmeza. "No quiero que lord Leonzio o su familia sufran. Debes entenderlo". 


"¿No quieres que sufran, pero quieres que aceptemos a una princesa de Lanzenave? Dudo que los enviados dijeran mucho sobre lo que les pasa a esas mujeres, pero las que entran en la villa son-". 


"Sea lo que sea lo que les ocurra, está claro que Lanzenave no tiene nada que objetar. Si su rey lo desea y las princesas vienen conociendo su destino, ¿quiénes somos nosotros para interferir?". 


"¿Quieres decir que las princesas que acuden a Yurgenschmidt merecen su destino y deben aceptar lo que les ocurra?", preguntó él. Me miró fijamente, sus ojos dorados delataban una intensidad dolorosa que me decía que estaba luchando contra una tormenta de emociones. ¿De verdad le resultaba tan atroz que yo apoyara a otro hombre antes que a las princesas? 


En cualquier caso, me negué a echarme atrás. Asentí con firmeza y dije: "Sí. Cualquiera que esté en desacuerdo con el trato que recibe debe decírselo a su familia y negociar con el Zent para que las cosas mejoren. Sus frustraciones no son nada cuando todo su país está en juego". 


Lord Ferdinand no respondió, pero su sonrisa me hizo comprender que por fin lo había entendido. 


"Aclara todo esto a la familia real cuando lleguen para el funeral". 


"El supuesto colapso de Lanzenave no es nada comparado con el caos que la aceptación de su princesa provocará en Yurgenschmidt. Me pongo del lado del Zent". 


Mi petición fue rechazada. Por un momento, mi mente se quedó en blanco... luego mi ira creció tan ferozmente que ya no pude contenerla. 


"¡¿Qué significa esto?!" 


"Vine a Ahrensbach por decreto real y no estoy en posición de apoyar a Lanzenave frente al rey. Si deseas un cambio, tendremos que esperar hasta que surja el próximo Zent". 


Por mucho que gritara, su expresión no cambiaba; no diría una palabra contra la familia real mientras el actual Zent ocupara el trono. 


"¡No me interesa seguir hablando con alguien tan frío e ignorante como tú!", grité al fin. "Pensar que debo estar comprometida con un insensible... Vete de inmediato. No deseo ver tu cara". 


"Como desees", respondió lord Ferdinand con una fina sonrisa, luego se levantó e hizo exactamente lo que se le había ordenado. Mi indignación era claramente evidente, y sin embargo él no mostró el menor atisbo de remordimiento. 


¡¿Ese es el hombre con el que se espera que me case?! 


Pasé el resto del día quejándome sin parar del insensible lord Ferdinand. ¿Cómo iba a darle la noticia a lord Leonzio? No podía soportar la idea de decepcionar a alguien que confiaba en mí, pero envié un mensaje al edificio donde se alojaban los enviados de Lanzenave. 


"Lord Ferdinand no tiene corazón. Nunca esperé que fuera tan cruel", declaré al visitar lo que se conocía como la finca de Lanzenave. Me disculpé por no haber conseguido convencerle, y luego prometí hacer todo lo posible para concederles un encuentro con la familia real. 


"Veo que Lady Detlinde no sólo es hermosa, sino también amable", dijo lord Leonzio, con sus ojos ámbar clavados en los míos. "Ojalá nos hubiéramos conocido antes". 


Se me sonrojaron las mejillas. Yurgenschmidt tendía a favorecer los eufemismos delicados, así que no estaba acostumbrada a que me hicieran cumplidos tan directos. Desde luego, no ayudaba que lord Leonzio fuera tan tentadoramente apuesto. El corazón me latía con fuerza en el pecho, que empecé a sentir la presencia de Bluanfah... 


Entonces me incorporé con un sobresalto. 


No puede bailar frente a mí ahora 


Yo era una candidata Zent, destinada a ocupar el trono o al menos a convertirme en la próxima Aub Ahrensbach; no podía enamorarme de lord Leonzio cuando ya estaba comprometida. 


"Aunque aprecio sus sentimientos, lord Leonzio... como candidata Zent, no puedo corresponderlos". 


"¿Usted ya tiene el Grutrissheit?" 


Bajé la mirada y negué con la cabeza. "Sigo buscándolo. Y, si quieres que esto quede entre nosotros...". 


Hice una pausa para darle a lord Leonzio una herramienta mágica para bloquear el sonido. Ya era bastante malo discutir abiertamente sobre el Grutrissheit, y mucho menos criticar a la familia real. Si íbamos a continuar esta conversación, tendría que ser en privado. 


"En realidad", dije, "el Zent actual de Yurgenschmidt no tiene el Grutrissheit, y la familia real está restringiendo la información para que nadie más pueda buscarlo. Podría obtenerlo si dejaran de obstaculizarme". 


"No puedo creer lo que estoy oyendo... Esto es imperdonable", dijo lord Leonzio. Se estaba enfadando por mí, preocupado por mi futuro como candidata a Zent. Su pasión se apoderó de mí, calmando las heridas dejadas por mi prometido y agraciándome con visiones de Efflorelume, la Diosa de las Flores. 


"Oh, lord Leonzio...", solté una risita. "Qué amable eres, enfadándote por mi causa. Lord Ferdinand no me muestra tal consideración. Sólo hierve de celos". 


Lord Leonzio hizo una pausa, aparentemente debatiendo consigo mismo. Luego formuló una sencilla pregunta: "¿Ama a su actual prometido, lady Detlinde?". 


"Fue un decreto real el que me unió a lord Ferdinand. No pude negarme. Él está claramente enamorado de mí, pero después de verlo actuar tan fríamente, yo..." 


Dudaba que alguna vez pudiera corresponderle. Sólo ahora me quedaba claro por qué Geduldh trataba de huir de los incesantes celos de Ewigeliebe. 


"Es alguien de quien no puedo escapar", concluí. "Lord Leonzio, debo pedirle que mantenga esto en secreto". 


"Y si pudiera escapar de él, ¿Aceptaría mi mano en su lugar?" 


"¿Qué está diciendo...?" 


"No tengo el schtappe de un candidato a Zent, así que no puedo ocupar el trono. Pero conozco la ubicación del Grutrissheit. Podría apoyarla en su deseo de convertirse en reina". 


"¿Cómo...?", dije, tragando saliva. Ante mí había alguien que sabía dónde encontrar lo que buscaba y quería ayudarme a obtenerlo. ¿Qué era esto sino la guía de Dregarnuhr? 


"Si me acepta como su compañero", dijo, "le diré dónde buscar". 


Se me aceleró el corazón al pensar en casarme con aquel hombre irresistiblemente dulce. Era más cercano a mi edad y, mejor aún, no estaba manchado por la reputación del templo. El hecho de que se hubiera educado en otro país crearía dificultades, pero parecía haber recibido prácticamente la misma educación que nuestros nobles. Además, al ser nieto del rey de Lanzenave, seguro que era rico en la sangre real de Yurgenschmidt. Desde donde estábamos sentados, incluso podía percibir débilmente su maná. Había una ligera diferencia entre nosotros, pero no la suficiente como para plantear problemas. 


"Pero mi compromiso es el resultado de un decreto real...", murmuré. 


"Si se convierte en el Zent, los decretos de un falso rey dejarán de tener validez". 


Un dulce aroma revoloteó desde lord Leonzio hasta mí. Me incliné sutilmente más cerca de él, deseando olerlo más profundamente. 


"Su prometido no ha hecho nada por ayudarla; al contrario, ha despreciado activamente sus intentos de explicar nuestras circunstancias". Una suave sonrisa surgió en sus labios. "Debe de ser un desalmado para haber rechazado la sentida petición de una mujer tan encantadora". 


Lord Leonzio se limitaba a repetir mis críticas anteriores, pero al oírlas de él, no pude evitar la sensación de que el mundo estaba de acuerdo conmigo. Lord Ferdinand era realmente un prometido sin corazón. 


"No hay necesidad de que esté atrapada con alguien tan cruel", continuó. Sus amables palabras me recordaron que ya tenía intención de cancelar mi compromiso actual al ocupar el trono. "Lord Ferdinand se parece mucho a mi tío. Debe correr sangre Lanzenave por sus venas, y si ya está comprometida con un hombre así, ¿qué problema puede haber en que yo ocupe su lugar?". 


"Tienes... razón". 


"Puedo esperar hasta que ascienda al trono, pero... cásese conmigo". Sus ojos ambarinos, tan seguros y dulces, me hicieron querer derretirme. "Tome mi mano, lady Detlinde. Deseo convertirla en la próxima Zent". 


Mis asistentes no podían saber de qué estábamos hablando debido a la herramienta mágica que bloqueaba el sonido, pero sus expresiones cambiaron cuando Lord Leonzio me tendió una mano. "¡No, lady Detlinde!", exclamó Martina. 


"No interfieras", dije, desechando su intento de detenerme mientras me levantaba y me acercaba al encantador hombre sentado frente a mí. Mi mente estaba confusa, casi como si estuviera en un sueño, pero estaba plenamente convencida. Dejar escapar esta oportunidad haría mucho más difícil mi búsqueda del Grutrissheit. 


Esta es la guía de Dregarnuhr. Lord Leonzio es mi verdadera alma gemela, a quien Liebeskhilfe desea unirse. 


Así que, con el corazón rebosante de confianza, puse mi mano en la suya. 




EXTRA 2: Mis Esperanzas y Sus Problemas

El ordonnanz que cambiaría mi vida llegó después de la Conferencia de Archiduques, en mi día libre del trabajo.

"Lieseleta, soy Elvira. Disculpa que te envíe esto cuando no estás de servicio, pero hay algo que debemos discutir. ¿Podrías visitar mi finca a la quinta campanada?"

Tras repetir su mensaje dos veces más, el pájaro desapareció. Recogí la piedra fey amarilla que ahora ocupaba su lugar, parpadeando lentamente ante la brusquedad de la invitación, y luego me volví hacia mi prometido, Lord Thorsten. Habíamos planeado pasar el día juntos.

"Pero, ¿y nuestra promesa?" le pregunté.

"Sólo tienes una opción, ¿no? Podemos vernos en cualquier momento, pero esta invitación es de Lady Elvira. Por favor, dale prioridad a ella sobre mí. Esperaré buenas noticias." Acto seguido comenzó a prepararse para volver a casa, con cara de satisfacción.

En respuesta, le dediqué una vaga sonrisa y nada más. En apariencia, era un prometido amable que priorizaba mis circunstancias sobre las suyas, pero las “buenas noticias” de las que hablaba me amargaron el ánimo.

Sospecho que querrá que Lady Elvira organice una reunión con Lord Bonifatius como compensación por esta abrupta citación...

Mi reunión con Lady Elvira versaría casi con toda seguridad sobre la marcha de Lady Rozemyne; no se me ocurrían otros motivos para su invitación. ¿Habría tiempo siquiera para solicitar una reunión con Lord Bonifatius? Ya sabía lo que Lord Thorsten buscaba: indulgencia excesiva para su familia capturada durante la purga.

"Sólo soy un mednoble..." Dije en voz baja. "Pedirle a Lord Bonifatius que se salte las normas por un hombre que ni siquiera es mi marido es una carga demasiado grande..."

Mi hermana se reunía a menudo con Lord Bonifatius para entrenarse, pero yo rara vez interactuaba con él. No estaba en posición de hacer una petición tan personal, y pedir la reducción de los castigos de la purga era terriblemente desvergonzado. Aunque la familia de Lord Thorsten sólo había actuado bajo las órdenes de Lady Veronica, aun así habían cometido sus crímenes. No pude evitar sentir que debían pagar el precio.

Si nuestro matrimonio va a ser así, no veo con buenos ojos el futuro.

Había quedado demasiado claro que Lord Thorsten, un archinoble, sólo se casaba con mi familia de mednobles para poder relacionarse con Lord Bonifatius a través de mi hermana mayor. Era agotador que me presionara tanto antes incluso de casarnos.

"Mis disculpas de nuevo por la brusca citación", dijo Lady Elvira. “Cornelius me informó que tú no trabajabas hoy.” Parecía ansiosa por tener esta conversación sin la presencia de Lady Rozemyne.

Mantuvimos una conversación inocua sobre la estancia de Lady Rozemyne en la Conferencia del Archiduque mientras esperábamos a que nos prepararan el té. Luego se despejó la sala y Lady Elvira me entregó un bloqueador de sonido como si fuera lo más natural del mundo. La verdadera razón de mi presencia estaba a punto de aclararse.

"Lady Florencia va a dar a luz en breve, lo que significa que me encargaré de preparar el traslado de mi hija. También tengo la intención de coordinar qué asistentes la acompañarán."

Por la mirada de sus ojos oscuros, me di cuenta de que quería que me quedara con mi lady. Me alegré, pero también resentí a mi hermana mayor, que había conseguido un lugar al lado de Lady Rozemyne simplemente deseándolo.

"Como pasa tan poco tiempo en el castillo, Rozemyne se ha conformado con menos asistentes de lo habitual, ¿no?" Preguntó Lady Elvira. "Como resultado, su única asistente después de la mudanza va a ser una mednoble menor de edad que empezó a servirla no hace ni medio año. Qué terriblemente preocupante..."

Los asistentes se encargaban de mantener el estilo de vida de su Lord o Lady. A menudo estaban más cerca de su cargo que cualquier otro tipo de asistente, razón por la cual cualquiera que dejara su ducado natal por matrimonio o por cualquier otra razón se iría con sus asistentes de mayor confianza. Sin embargo, Lady Rozemyne era menos afortunada; el único asistente que debía acompañarla a la Soberanía era Gretia. Era poco ortodoxo y, como había dicho Lady Elvira, preocupante.

Pero no puede evitarse si se tiene en cuenta a quién tiene Lady Rozemyne como archi-asistentes...

Rihyarda era la que más tiempo llevaba a su servicio, pero ante todo era la asistente de Aub Ehrenfest. Incluso había vuelto a su servicio después de la purga, para ayudar a compensar las nuevas lagunas en su séquito. En cuanto a los asistentes, ella era un caso único, ya que servía a quien el aub dijera que lo hiciera. Incluso sin la purga, probablemente nunca habría salido de Ehrenfest.

En cuanto a Brunhilde, se había comprometido con el aub durante la fiesta de celebración de la primavera. Trasladarse a la Soberanía no era una opción cuando debía convertirse en la segunda esposa del ducado. Tenía mucha experiencia haciendo negocios con la familia real y los ducados de alto rango, además de sus ya fuertes habilidades para socializar, así que Lady Rozemyne realmente iba a echarla de menos.

En cuanto a Ottilie, su marido, Lord Leberecht, servía como asistente de Lady Florencia. Ella no podría trasladarse a la Soberanía a menos que se divorciaran o que él comenzara a servir también a Lady Rozemyne. Lo primero era poco realista, y lo segundo era improbable cuando la familia archiducal ya tenía tan pocos criados.

"Parece que no tienes intención de acompañar a mi hija, Lieseleta. ¿Te ha fallado como Lady?"

"En absoluto. Elegí servir a Lady Rozemyne, y mis sentimientos no han cambiado. Sin embargo..."

Cerré la boca, indecisa de revelar las circunstancias de mi familia. No deseaba agobiar a Lady Elvira con mis preocupaciones; atender las peticiones de Lord Thorsten y su familia seguramente sería suficiente problema.

"Sé sincera conmigo, Lieseleta."

"Soy la sucesora de mi casa. Y como no puedo consultar a mis padres, tengo las manos atadas." No podía dejar mi posición sin discutirlo con Padre, pero como el movimiento de Lady Rozemyne seguía siendo privado, no podía hacer tales ajustes. "Además, ya estoy comprometida con Lord Thorsten, uno de los asistentes de Lord Wilfried. Ninguna de nuestras familias permitiría que se cancelara nuestra unión."

"¿Priorizar el amor? Puedo hacer que tu unión de las estrellas se adelante a este verano para que él pueda ir contigo como tu esposo."

Imaginé ese futuro y luego negué con la cabeza. Incluso en la Soberanía, Lord Thorsten nunca encajaría con los asistentes de Lady Rozemyne. En el fondo era un noble de la facción Verónica, por lo que su presencia sólo supondría una carga para mi lady.

"No le quiero", dije, y luego suspiré. "Probablemente lo mejor para mi casa sería que nuestro compromiso se cancelara, pero mi familia son mednobles; nunca podríamos hacer algo así contra los archinobles."

Elvira se llevó una mano a la mejilla y me miró con preocupación. "Estoy de acuerdo en que Lord Thorsten, miembro de la antigua facción Verónica, no se llevaría bien con su casa, que ha servido lealmente a Lady Florencia desde el principio. Espero que te haya hecho una petición poco razonable para que las lleves a cabo durante esta reunión."

Lord Thorsten ya me estaba utilizando para acercarse a Lord Bonifatius, pero eso no era todo. Cada vez que yo intentaba intercambiar información que pudiera acortar distancias entre nuestro Lord y nuestra Lady, él sonreía y declaraba: “Es natural que una hija adoptiva consienta al hijo del archiduque. Por favor, asegúrate de que Lady Rozemyne lo sepa.” Se aferraba obstinadamente a sus opiniones y no mostraba el menor interés en transigir conmigo.

¡Y esa descarada petición que hizo! “Asegúrese de que Lord Bonifatius resuelva los problemas de mi familia por mí.” ¡Qué descaro!

"Quería cooperar con lord Thorsten para apoyar a la futura pareja archiducal", le dije, “pero las cosas no están saliendo como preveía.” Nuestras perspectivas rara vez coincidían, y nuestro compromiso sólo había servido para exacerbar la división entre nuestros cargos.

"Así que, si me disculpan mi brusquedad: ¿Acompañarías a Rozemyne si pudieras, Lieseleta?"

"Sí, pero soy una mednoble; no tengo la experiencia socializadora necesaria para ser la asistente de una princesa."

Brunhilde había hecho negocios con la familia real y los ducados de alto rango casi por su cuenta, y Ottilie había servido como asistente principal durante la Conferencia de Archiduques. No tenía nada que hacer más que supervisar los aposentos de Lady Rozemyne — y sus actividades cotidianas, e incluso esas tareas recaerían finalmente en Gretia el año que viene.

"Si Lady Rozemyne me lo pidiera, no dudaría en seguir a su servicio. Pero nunca podría actuar sólo por mis deseos; necesitaría una orden de ella o de alguien de estatus suficientemente alto."

"Tu perspectiva es acertada. Rozemyne siempre se esfuerza por respetar los deseos de los demás, pero hay que enseñarle cuándo expresar también los suyos."

¿Quería decir que hablaría con Lady Rozemyne por mí? Ante la idea de que mi deseo se hiciera realidad, empecé a sospechar que no era más que un sueño conveniente.

"Lady Elvira, ¿por qué haría tanto por mí?" pregunté.

Se rió entre dientes. "No lo hago por ti, sino por Rozemyne. No se puede aprender de la noche a la mañana a administrarle la medicina o a cuidarla cuando se derrumba. ¿De verdad crees que podría confiársela a un simple asistente novato y a unos nobles de la soberanía que nunca han pasado tiempo con ella? Es mi deber, como persona que supervisa la partida de mi hija, asegurarme de que permanezcas a su lado."

En lugar de sentirme herida, me invadió el alivio. Si realmente actuaba por su hija, podía confiar en que no cambiaría de opinión en el último momento.

"Además", continuó, "has dedicado tu vida a Rozemyne, ¿no es así? Por ella, aumentaste tu maná hasta el punto de no encontrar a nadie en tu casa con quien casarte. Por ella, te esforzaste en convertirte en una médica cualificada. Parece un desperdicio renunciar a una asistente tan leal."

Tragué saliva. Como ella había dicho, tras comprobar el verdadero estado de salud de mi lady, decidí seguir los cursos necesarios para convertirme en médico. Desgraciadamente, debido a mi tardío ingreso en el séquito de Lady Rozemyne, no había tenido tiempo de completar los suficientes.

"Para empezar, dudaba de que realmente obtuviera la titulación. Mi objetivo era simplemente ampliar mis conocimientos médicos todo lo que pudiera. Por eso no informé a nadie de mi decisión — ni siquiera a mi familia o a mis compañeros. ¿Cómo se enteró, Lady Elvira?"

"Cornelius siempre presta mucha atención a sus compañeros. Pero parece que fue Hartmut el primero en darse cuenta."

Mi elección de cursos y las pociones que preparaba habían dado a Hartmut suficiente información para deducir mis intenciones. Realmente había intentado mantenerlas ocultas, pero resultó que ni siquiera mis mejores esfuerzos fueron suficientes.

"No sólo fui incapaz de convertirme en un médico cualificado, sino que todavía no puedo preparar las pociones que Lady Rozemyne bebe a diario", dije, mirando a Lady Elvira a sus oscuros ojos. "Además, como mednoble, no seré de ninguna utilidad a la hora de socializar. ¿Acaso valgo la pena?"

Ella me devolvió la mirada y dijo: "Hartmut y Clarissa pueden encargarse de la elaboración de pociones. Y en cuanto a las tareas de socialización, pueden encomendárselas a los eruditos — o a los nobles soberanos, que seguro que están especializados en ese trabajo. Pero tú eres la única que puede proteger la vida cotidiana de Rozemyne."

"¿Su vida cotidiana...?"

"En efecto. Ese es el deber más importante de un asistente. Rozemyne necesita a alguien que pueda proporcionarle normalidad después de la adopción."

Oír que no sólo me querían, sino que me valoraban tanto hizo que un sentimiento cálido se extendiera por mi pecho. “Dedicaré mi vida a servir a Lady Rozemyne”, dije, reafirmando mi dedicación.

Lady Elvira no perdió ni un momento — consiguió que Lady Rozemyne le revelara que quería que la acompañara, y luego concertó rápidamente una cita con mi padre. En cuanto recibió la invitación, acudió conmigo a la finca de Lady Elvira, donde se despejó la sala y se nos entregaron herramientas mágicas para bloquear el sonido. Eso bastó para que mi padre se diera cuenta de la gravedad de nuestra discusión, e inmediatamente su rostro se puso rígido.

“Nos hemos reunido hoy para discutir algo muy importante para mí” dijo Lady Elvira, “así que empecemos en serio. Haz que alguien sustituya a Lieseleta como sucesora de tu casa para que pueda seguir sirviendo como asistente de Rozemyne.”

Mi padre se sorprendió. "Esa sugerencia es—"

"Harías bien en guardarte esto para ti, pero Rozemyne se traslada a la Soberanía a petición del rey."

El padre aspiró bruscamente antes de que Elvira le explicara secamente las circunstancias: dentro de un año, el compromiso de Lady Rozemyne se cancelaría y ella se trasladaría a la Soberanía. Como no la acompañaría ningún archinoble, tendría que depender por completo de un miembro de la antigua facción verónica que le había dado su nombre en invierno.

"Le propuse a Lieseleta que la acompañara", continuó, "pero tuvo que rechazar la idea, ya que se espera que suceda a su casa y está prometida a uno de los asistente archinobles de Lord Wilfried. Usted es el jefe de una familia de asistentes, ¿verdad? Supongo que sabes lo importantes que son para alguien que abandona su ducado natal. Considero esencial que Lieseleta permanezca al lado de mi hija y haré todo lo que esté en mi mano para que así sea."

En términos inequívocos, había ordenado a mi padre que me dejara marchar, al tiempo que se ofrecía a ayudar con cualquier problema que mi partida pudiera causar. Bajó los ojos pensativos, luego me miró y dijo: "¿Lieseleta, quieres ir?"

"Sí", respondí, recordando cómo Lady Elvira había amonestado a mi lady por no dejar claros sus sentimientos. "Lady Rozemyne me pidió personalmente que la acompañara, y si nuestros asuntos familiares pueden resolverse, eso es lo que deseo hacer."

"Entiendo... Bueno, con Lady Elvira ofreciendo su ayuda, no deberíamos luchar para reemplazarte. Ve, si estás decidida."

"¿De verdad?"

"Uderick tomará tu lugar."

Uderick era un hombre de nuestra casa con quien estuve comprometida anteriormente. Por desgracia, nuestra unión se había desmoronado cuando intentamos mezclar colores y nos dimos cuenta de que mi cantidad de maná había crecido tanto que ya no coincidíamos. Aun así, nuestra casa estaría satisfecha con él.

"Uderick fue criado para liderar la casa como esposo de Lieseleta, así que no debería haber ningún problema con que se convierta en el nuevo sucesor", dijo mi padre, empezando a relajarse. "Para ser franco, pensé que Lieseleta tendría dificultades en el cargo, así que agradezco que haya surgido esta oportunidad."

"Padre..." Me miré los pies. "Siento que mis defectos justifiquen tanta preocupación."

"¿Tus defectos?" Padre suspiró. "No, todo lo contrario. Has progresado mucho. Estamos orgullosos de tenerte como hija, pero en términos de maná, el jefe de una casa no debería estar tan por delante de su familia. A eso me refería."

Se esperaba que el jefe de una casa mediara en las bodas y consultara con los miembros de la familia, por lo que una disparidad de maná sólo complicaría las cosas. Echando la vista atrás, a mi padre le había costado encontrarme pareja después de que mi maná llegara a cierto punto.

"Por supuesto, si el método de compresión de maná de Lady Rozemyne hubiera seguido extendiéndose, las cosas habrían ido bien", dijo mi padre. "Habríamos aprovechado al máximo los lazos de Angélica y los tuyos con Lady Rozemyne y Lord Bonifatius, y habríamos pasado las generaciones futuras convirtiéndonos en una casa archinoble."

Lady Elvira asintió. "La partida de Lady Rozemyne pone fin rápidamente a ese plan, por desgracia."

"Ciertamente. Cuando ella se vaya, también lo hará nuestra conexión con la familia archiducal. La cancelación de su compromiso también afectará a Lord Wilfried, y ¿quién sabe cuál será la posición de Lord Thorsten en el futuro? Convertir a Uderick en cabeza de nuestra casa será sin duda... importante."

"¿También quieres que se cancele el compromiso de Lieseleta?" preguntó Lady Elvira. "Mi conocimiento de su situación proviene sólo de rumores, así que agradecería un relato del jefe de la casa."

Padre frunció el ceño, luego asintió. "Nos han pedido favores de Lord Bonifatius, lo cual ha sido preocupante durante algún tiempo y sigue siéndolo."

La familia de Lord Thorsten había buscado conexiones con la familia archiducal a través de mi compromiso. Yo servía a Lady Rozemyne, la cabeza espiritual de los Leisegang, pero me utilizaban sobre todo para acercarse a mi hermana mayor, que era la favorita de Lord Bonifatius y necesitaba una pareja.

Pero a medida que la purga castigaba uno tras otro a los miembros de la antigua facción Verónica, algunos miembros de la familia de Lord Thorsten también habían sido blanco de sus ataques. “También son tu familia”, le habían dicho posteriormente a mi padre, a pesar de que mi matrimonio aún no se había producido. "Encárgate de que se haga con Lord Bonifatius."

"Pasé mucho tiempo con la pareja archiducal mientras sus corazones sufrían por las palabras y los actos de Lady Verónica", señaló mi padre, frotándose la frente como si intentara aliviar un dolor de cabeza. "Me preocupa sobremanera que su facción quiera ahora mi ayuda para escapar al castigo, especialmente cuando la familia archiducal está trabajando tan duro para corregir viejos errores."

"Rechazarlos durante tanto tiempo no debe haber sido fácil..." dijo Lady Elvira, impresionada. La purga había tenido lugar a principios del invierno, y ahora estábamos a finales de la primavera — casi medio año entero soportando su presión.

"Lieseleta estuvo en la Academia Real durante el invierno, y todos estaban ocupados aquí en Ehrenfest, así que hubo muy poca interacción entre nuestras casas. Pude rechazarlos en el período previo a la Conferencia de Archiduques diciendo que la pareja archiducal carecía de asistentes y estaba abrumada con sus preparativos, por lo que solicitar una reunión con Lord Bonifatius sólo serviría para enfadarle. Pero ahora... por fin nos hemos quedado sin excusas."

"Por eso Lord Thorsten se ha vuelto más directo con sus peticiones", añadí. Entonces revelé su exigencia de que utilizara la abrupta citación de Lady Elvira como palanca, lo que hizo que tanto ella como mi padre hicieran una mueca.

"Aunque se casen", dijo padre, "nuestra casa va a perder su conexión con la familia archiducal cuando Angelica y tú se marchen con lady Rozemyne. La familia de Lord Thorsten sin duda lamentará que su compromiso no haya servido para nada."

Las conexiones que habían obtenido a costa de reducir a Lord Thorsten a un mednoble se deteriorarían, lo que sin duda disgustaría a su familia. Aún así, nuestra casa mednoble no tenía más remedio que aguantar. Nuestro destino estaba más claro que el agua.

"Entendido", dijo Lady Elvira. "En ese caso, me aseguraré de que cancelen el compromiso. A cambio, Lieseleta, conviértete en la asistente principal de Rozemyne."

"¿S-Su asistente principal? Pero yo sólo soy un mednoble."

"Tienes suficiente mana. Simplemente elige un archinoble para casarte y tu estatus aumentará. Muchos nobles de la soberanía buscarán relacionarse con la asistente de una princesa adoptiva, y tú vas a estar más cerca de Rozemyne que nadie."

Hasta ahora me había centrado en casarme con alguien que mantuviera mi casa junto a mí, pero ahora... Podría usar el matrimonio para convertirme en un archinoble en su lugar.

"¿Una mednoble de nuestra casa convirtiéndose en la asistente principal de un miembro de la familia archiducal...?" dijo el padre, tan sorprendido que parecía perturbado.

Lady Elvira se limitó a lanzarle una mirada antes de continuar: "Lieseleta, no me importa si necesitas tiempo para aclimatarte al tipo de vida social que se espera de ti, pero, por favor, esfuérzate en aprender todo lo que puedas de Brunhilde y Ottilie. Acompañarás a Rozemyne como su asistente adulta el próximo curso. Recibe toda la orientación que puedas antes de eso."

"Entendido", respondí. "Lady Elvira, estoy a su cuidado."

"En conclusión, Lady Elvira apoya la cancelación de mi compromiso, y un hombre de mi casa me sustituirá como sucesor. Voy a acompañar a Lady Rozemyne."

En nuestra sala de trabajo en el castillo, mi anuncio recibió diversas reacciones de mis compañeros de servidumbre. Algunos me miraron atónitos, mientras que los que habían estado en la finca de Lord Karstedt asintieron con complicidad.

"Me alegra saber que todo ha salido bien", dijo Cornelius, y luego una sonrisa burlona se dibujó en sus labios. "Rozemyne estará encantada, sobre todo después de que te pidiera que la acompañaras."

"Lady Rozemyne estaba realmente adorable cuando hizo esa petición", convino Leonore, riéndose al recordarlo.

Recordé cómo Rozemyne se había armado de valor para pedírmelo a pesar de su evidente vergüenza. "Estoy de acuerdo desde el fondo de mi corazón, Leonore — Lady Rozemyne era tan, tan adorable. Dedicaré mi vida a servirla."

Hartmut y Clarissa retrocedieron, sus expresiones parecían gritar: "¡¿Lady Rozemyne te pidió que la acompañaras?!"

Y así fue. De hecho, Lady Elvira también.

"Cornelius..." Dijo Hartmut, agarrando a su compañero por los hombros. "No fui invitado a esta discusión. Tampoco me dijeron nada de que Lady Elvira respondiera por Lieseleta."

"Era una discusión sobre el futuro de Angélica y Lieseleta", replicó Cornelius, apartando las manos de Hartmut. "No veo por qué debería informarte de nada sobre sus circunstancias o las acciones de mi madre. ¿Y realmente necesitas preguntar por qué no te hemos invitado? Ya has aceptado acompañar a Rozemyne."

Sin prestar atención a su disputa, me volví hacia Ottilie y le dije: "Por favor, instrúyeme para que pueda convertirme en la asistente principal de Lady Rozemyne."

"Por supuesto. Para ser sincera, me alivia saber qué piensas acompañarla."

Ottilie me estaba haciendo un resumen de mi educación centrada en la socialización cuando alguien me agarró del brazo de la nada y se negó a soltarme.

"¡No! ¡Eres tan mala, Lieseleta! ¡Bravucona! ¡Traidora! ¡Dijiste que te quedarías conmigo! ¡¿Voy a quedarme fuera otra vez?!"

Me giré para ver a Judithe, con los ojos violetas llenos de lágrimas. Se me había olvidado por completo, pero tenía razón — estaba faltando a la promesa que habíamos hecho juntas.

Oh, querida... ¿Cómo voy a consolarla esta vez?




Extra 3: Investigación Sobre el Alboroto

"Aub Ehrenfest, estamos en Ahrensbach", dijo Karstedt, mirándome. "Por favor, compórtate de una manera más apropiada para un archiduque."

"Hace demasiado calor aquí", me quejé, despatarrado sobre el sofá. "Al menos déjame relajarme en mi propia habitación."

Karstedt quería que hablara más como un archiduque — lo notaba por el tono educado que había empleado — pero me negué en silencio. La conmoción durante el funeral del difunto Aub Ahrensbach significaba que me confinaban en mi habitación. Estaba en otro ducado y el funeral había terminado, pero ni siquiera podía explorar.

Refunfuñé y señalé una silla cercana, instando a Karstedt a sentarse. Él suspiró y sacudió la cabeza, exasperado, y luego se volvió hacia mis otros asistentes. Los caballeros esbozaron sonrisas irónicas y dijeron: “Cuidaremos del aub en tu lugar”, antes de colocarse detrás del sofá, sin dejarle más opción que obedecer.

"No puedes estar tan incómodo", replicó Karstedt, hablando más despreocupadamente ahora que lo había metido en una conversación. Luego se señaló el cuello. "Tienes el círculo mágico que te dio Ferdinand, ¿verdad?"

Los veranos en Ahrensbach eran insoportablemente calurosos comparados con los de Ehrenfest, así que Ferdinand nos había dado un círculo mágico para bordar en nuestra ropa interior antes del funeral. Era tan sumamente sencillo que uno podía reproducirlo sin problemas, e incluso un laynoble podía cargarlo.

"Fui una idiota por suponer que se estaba convirtiendo en una persona más considerada", gemí. "El círculo debió de ser una broma cruel de algún tipo. Me pasé todo el funeral intentando regular la cantidad de maná que fluía en él."

De hecho, el círculo mágico era demasiado sencillo. Permitir que mi concentración se perdiera, aunque fuera por un momento me hizo sentir tanto frío que pensé que podría congelarme.

"Hah. Supongo que fue a propósito para que no te durmieras durante el funeral. Al menos, me ahorró la molestia habitual de tener que jugar con un bloqueador de sonido."

Era cierto que, durante los funerales y otros acontecimientos dolorosamente lentos, a veces conseguía que Karstedt utilizara un bloqueador de sonido para poder iniciar una conversación o despertarme cuando me adormecía. Por supuesto, esta vez no había sido posible. Si me hubiera dormido por descuido y hubiera perdido el control de mi maná, podría haberme convertido en la primera persona en la historia de Ahrensbach en morir congelada en pleno verano.

“Además”, continuó Karstedt, “¿no te alegras de haberte despertado? En realidad, tendrás algo de lo que informar durante esta investigación.”

"No puedo decir que sea algo digno de informar. Intenté ver qué pasaba, pero te interpusiste."

Realmente había sido brusco. En mitad del funeral, varios de las capas negras que iban delante se habían levantado y echado a correr. No es que hubieran llegado a ninguna parte; sus compañeros los habían inmovilizado en un instante. Yo había intentado levantarme para ver mejor, pero Karstedt me había empujado de nuevo a mi asiento y murmurado: “Un aub no debe quedarse embobado como si esto fuera una obra de teatro.” La ceremonia continuó como si no hubiera pasado nada, así que, para ser sincero, no tenía ni idea.

"Entonces, ¿a qué venía tanto alboroto?" Pregunté. "Lo habrás visto."

"Me lo has preguntado mil veces y mi respuesta no cambiará: Yo tampoco estoy muy seguro. Vi a algunos caballeros levantarse y cargar, pero fueron atrapados inmediatamente. Me pareció que la Orden de Caballeros de la Soberanía lo tenía todo bajo control."

Karstedt y los demás caballeros que custodiaban a Aubs habían pasado el resto del funeral con sus schtappes en la mano, pero no acabó ocurriendo nada más digno de mención.

"No voy a tener nada que decirles cuando lleguen", dije. "Probablemente pasarán la mayor parte del tiempo explicándome las cosas."

E incluso entonces, ¿quién sabía si me contarían toda la verdad? Si había algo turbio entre bastidores, me lo explicarían con una excusa u otra.

"La insoportable espera seguro que no ayuda. Tengo una palabra para describir esto: aburrido."

Después de tres días, incluso la vista del océano desde mi ventana se había vuelto aburrida. El agua se movía incluso cuando no había viento, lo cual era divertido de ver, pero saber que no podía acercarme más me había hecho perder el interés. Había tan poco que hacer aquí que incluso había terminado el papeleo traído de Ehrenfest.

"Acabamos de recibir la señal", dijo el guardia que estaba junto a la puerta.

Por fin había llegado mi hora. Me levanté de inmediato mientras mis ayudantes se apresuraban a arreglarme el pelo y alisarme la ropa. Karstedt se levantó también y empezó a dirigir a los que nos acompañarían y a los que no.

"Ahrensbach desea entrar."

Hice que mis asistentes retiraran la fruta y los platos que había sobre la mesa, y luego dije: “Que pasen.” No tardé en encontrarme cara a cara con un mensajero, al que saludé como a un aub modelo.

Je. Perfecto.

"Aub Ehrenfest. Nuestras más sinceras disculpas, pero debemos pedirle que coopere con nuestra investigación."

"Inmediatamente", respondí con expresión gravemente seria. "Hubo un incidente durante el funeral de un aub; una investigación es natural."

Así que, con mis caballeros a cuestas, me fui con el mensajero.

"Sólo tenemos unas pocas preguntas."

El mensajero nos había conducido a una sala de reuniones bastante grande, en la que esperaban el príncipe Sigiswald y sus asistentes. Que hubiera aquí un representante de la familia real no me sorprendió. A su derecha estaban Ferdinand, Eckhart y Justus, así como algunos eruditos de Ahrensbach. Si mis ojos no me engañaban, Ferdinand parecía más fresco que cuando lo había visto por la mañana.

Déjame adivinar... Durmió durante el funeral.

Justus había predicho que Ferdinand pasaría toda la noche en su nueva habitación oculta — resultado de un decreto real — jugando con los instrumentos de elaboración de pociones y los ingredientes que Rozemyne me había pedido que le entregara. Su palidez anterior había sido sin duda consecuencia de una noche entera.

Exasperado, dirigí mi atención a los que estaban sentados al otro lado del príncipe. Por alguna razón, Georgine estaba allí, junto a sus asistente.

Espera. ¿No es ahí donde debería estar Lady Detlinde, como próxima aub?

Ella había asistido a la Conferencia de Archiduques como adulta, por lo que su ausencia era muy notable. Excluirla de una reunión pública en presencia de la familia real era tanto como declarar que Ahrensbach no la consideraba la próxima aub.

Puedo entender que no quieran que esté aquí, teniendo en cuenta lo mucho que ha metido la pata, pero esto es simplemente...

Tal declaración pública de que no confiaban en el próximo aub pondría a Ferdinand, su prometido, en una posición mucho más débil. Ya era bastante malo que su boda hubiera tenido que ser pospuesta, así que este nuevo desarrollo me hizo querer apretar los dientes.

Supongo que la culpa es de mi hermana.

No había nada que le impidiera disciplinar severamente a su hija, pero me parecía que estaba optando por no hacerlo. De hecho... ¿había predicho e incluso empezado a utilizar la insensatez de Lady Detlinde en su beneficio? Tras el fino velo que cubría su rostro, sus labios rojos se curvaron en una sonrisa.

"Aub Ehrenfest", dijo el príncipe Sigiswald, "debemos pedirle que nos cuente lo que sabe del incidente."

"Mis guardias me dijeron que varios de los Caballeros de la Soberanía se pusieron violentos antes de ser abatidos por sus compañeros. Pero desde mi asiento, sólo vi levantarse a los Caballeros de la Soberanía que estaban cerca del frente."

El Príncipe Sigiswald intercambió una mirada con el comandante de los Caballeros de la Soberanía. “¿Eso es todo?”, me preguntó. "¿No tienes nada más que decir?"

"Los caballeros que se volvieron violentos eran todos de Ehrenfest", añadió el comandante. "¿Le importaría comentarlo?".

Mi ceño se frunció mientras murmuraba: "Así que algunos de los emigrantes se fueron a la Orden de los Caballeros de la Soberanía...".

A los mejores de nuestro ducado no les gustaban los métodos de mi madre y se habían trasladado a la Soberanía para escapar de ella — eso ya era viejo — pero como ninguno de ellos había regresado ni se había puesto en contacto con nosotros desde entonces, no teníamos ni idea de cuántos vivían allí. Tampoco sabíamos si eran caballeros, asistentes o eruditos.

"¿Perdón?", preguntó el comandante.

"Ah, mis disculpas. Desde que fui decretado aub, los únicos ciudadanos de Ehrenfest que se han trasladado a la Soberanía han sido eruditos. No sabía que hubiera caballeros de Ehrenfest entre la Orden de los Caballeros de la Soberanía."

Es de suponer que habían emigrado antes de que yo me convirtiera en aub. Madre me había contado una vez que los caballeros que se habían negado a servirme cuando a mi hermana mayor se le negó el puesto de archiduquesa se habían trasladado a la Soberanía. También había dicho que nuestro ducado no necesitaba a quienes no se dedicaran a mí. Pero ahora, después de lo que había vivido durante la purga, veía las cosas de otra manera. No podía evitar pensar que los caballeros — los que se habían puesto violentos durante el funeral — habían dado sus nombres a mi hermana.

Debía de haber algo más entre aquellos caballeros de lo que sabíamos...

Tal vez estaba siendo demasiado suspicaz, pero había más nobles que habían dado su nombre a mi hermana de lo que esperábamos. No habría sido nada extraño que algo así ocurriera sin que yo lo supiera.

Me volví hacia mi hermana. Aunque su velo me impedía distinguir su expresión, estaba segura de que estaba tramando algo.

"Dios mío... Eres una aub, ¿y aún así no sabes cuál de tus nobles se ha mudado?" preguntó Georgine. "Qué inconveniente para ellos. ¿No has estado en contacto con la Soberanía?"

Enarqué una ceja. Su tono sonaba como si me estuviera reprendiendo por consideración a mi hermana mayor, pero nunca habíamos estado muy unidas; la purga invernal me había hecho darme cuenta de ello con más agudeza que nunca.

"Ehrenfest no ha tenido ningún problema por ello", respondí, haciendo caso omiso de su advertencia. Ya estaba ocupada con mi nuevo hijo, la renovación de Groschel y los preparativos para la partida de Rozemyne; investigar a los nobles de la soberanía que regresarían en invierno podía esperar.

¿Hmm?

De repente, tuve la sensación de que alguien me miraba fijamente. Miré al otro lado de los reunidos y vi a Ferdinand, con una mirada severa en los ojos que parecía gritar: “¡No estás guardando las apariencias!” o tal vez “¡Esa explicación no ha sido suficientemente buena!”

"Como la familia real sabe", recalqué, “nuestros nobles de la Soberanía no regresan cada invierno, por lo que no hemos tenido ningún contacto con ellos.” Esto no había sido un problema para nosotros, pero según recordaba, la Soberanía había deseado desesperadamente más información sobre Rozemyne y Ehrenfest en su conjunto. "Desde que me convertí en archiduque, sólo he enviado a la Soberanía a los eruditos que recibieron la recomendación de Hirschur. Que enviáramos caballeros en el pasado es nuevo para mí."

Había que ser un caballero excepcionalmente talentoso para pasar a la Soberanía. Lo más probable era que todos se hubieran entrenado con Bonifatius cuando era comandante de los caballeros. Me aseguré de enfatizar que no tenía nada que ver con ellos; de ninguna manera iba a cargar con la culpa de unos caballeros que no conocía.

"¿Aub Ehrenfest, qué opina de que gente de su ducado provoque un incidente tan grave?" Preguntó el príncipe Sigiswald.

"Como aub, no tengo nada que decir. Ehrenfest no tiene nada que ver con este asunto." No iba a dedicar ni un solo pensamiento a estos caballeros desconocidos que ni siquiera eran mis ciudadanos.

"Pero eran de tu ducado. ¿De verdad puedes afirmar que no tienes relación alguna con ellos?"

El príncipe lucía una sonrisa que me decía que pretendía arrastrar a Ehrenfest a este embrollo. Me estaba instando en silencio a aceptar la culpa, pero fingí no darme cuenta. Era mejor que me consideraran denso o tonto a que me responsabilizaran erróneamente.

"Esperaría que mi hermana mayor supiera más que yo sobre esos caballeros. Salieron de mi ducado hace tanto tiempo que ni siquiera los recuerdo, así que debían de ser de su generación o mayores." Le lancé una sonrisa, decidida a no dejar que fingiera ignorancia. Parecía muy probable que los caballeros le hubieran dado sus nombres. "¿Los conociste antes de casarte fuera de Ehrenfest? O tal vez los conociste en la Soberanía mientras cumplías con tus deberes como primera esposa de un ducado mayor."

"Vaya. Qué atrevimiento lanzar acusaciones tan infundadas", replicó ella. "¿En primer lugar, cuántos años hace que abandoné Ehrenfest?"

"Tienes una afición por mantener relaciones con nobles de otros ducados; no sería nada extraño que te hubieras mantenido en contacto con ellos de alguna manera. No puedo más que envidiar tu popularidad."

En lugar de echarme atrás, presioné aún más, esta vez insinuando la purga de invierno. Incluso ahora, años después de su traslado a Ahrensbach, tenía mucho poder sobre Ehrenfest — más del que yo habría podido conseguir en su puesto. Estaba realmente impresionado por su habilidad y la profundidad de su tenacidad.

"¿Oh? ¿Sigue teniendo tanta influencia?" preguntó el príncipe Sigiswald.

"Tiene mucho más que ver con la política que con mi supuesta popularidad. Es obvio que los nobles de la soberanía prefieren estar relacionados con el gran ducado de Ahrensbach que con Ehrenfest", respondió Georgine, sin intentar negar su asociación con los caballeros. "O al menos, eso solía ser así. Lady Rozemyne ha llevado a su ducado a un rango superior y ahora goza de las buenas gracias de la familia real. Mientras tanto, Ahrensbach ha perdido a su aub y no tiene a nadie que lo reemplace. Príncipe Sigiswald, como próximo Zent, ¿no tiene claro qué ducado preferirían los nobles de la soberanía?"

"En efecto, mucho ha cambiado en los últimos años", respondió con un movimiento de cabeza. "Nadie podría haber predicho que Ehrenfest llegaría a ser tan valorado."

Si no hubiera sido una forma segura de que me ejecutaran en el acto, habría agarrado al príncipe Sigiswald y le habría gritado a pleno pulmón: “El príncipe Anastasius les dijo que tuvieras cuidado con Ahrensbach, ¿no? ¡Te lo advertimos!”

Quiero decir, dejamos bastante claro que el trug podría venir de Ahrensbach, ¡¿no?!

Por supuesto, mi única opción era permanecer en silencio; incluso con el testimonio de Matthias y una evaluación de los eruditos, no teníamos pruebas concretas de que se estuviera utilizando trug. Al parecer, la familia real estaba investigando el asunto, pero yo no sabía si habían hecho algún descubrimiento. Buscar pelea con Georgine y Ahrensbach era cualquier cosa menos un movimiento inteligente y seguramente arrojaría sospechas sobre Ehrenfest más que sobre nadie.

Hmm... El príncipe Sigiswald podría estar haciéndose el tonto para evitar que Ahrensbach descubra que la familia real está tras ellos. Sí, debe ser eso.

No habrían pasado por alto nuestra clara advertencia. Repetí eso en mi cabeza unas cuantas veces, luego empecé a tratar a la Soberanía con cautela también.

"Pedimos que se ordenara a los nobles de la soberanía de Ehrenfest que regresaran a casa", dije. "Sin embargo, teniendo en cuenta lo que ha sucedido, tal vez sea mejor rechazar su entrada. Parece que corren el riesgo de provocar otro incidente."

"¿Aub Ehrenfest, se refiere a rechazar un decreto real?" preguntó el príncipe Sigiswald.

"La orden de su regreso fue dada a los nobles de la soberanía, no a mí. La responsabilidad es enteramente de la Soberanía." Era mi forma indirecta de decir que si realmente querían enviar a los nobles de vuelta a Ehrenfest como estaba previsto, tendrían que haber cerrado el incidente de hoy.

A continuación, me dirigí al comandante de los Caballeros de la Soberanía. "Según tengo entendido, no es la primera vez que los Caballeros de la Soberanía se vuelven violentos. También hubo un caso durante el invierno, y esos caballeros no eran de Ehrenfest. Está claro, entonces, que la Orden de los Caballeros de la Soberanía es la culpable, no mi ducado. ¿No deberíamos cuestionar su liderazgo para evitar que esto ocurra por tercera vez?"

"Tienes razón. Tras el primer incidente, relevamos a los caballeros de sus funciones y los devolvimos a sus ducados de origen — pero evidentemente fue un castigo demasiado leve. Esta vez, los culpables han sido ejecutados."

"¿Ya?" preguntó Ferdinand. Había estado transcribiendo en silencio la investigación desde mi llegada, pero ahora se le frunció el ceño. "¿A pesar de que sus testimonios habrían sido de suma importancia?"

"Interrogarlos habría sido un esfuerzo inútil. La última vez, los caballeros se limitaron a repetirse como si no les importara lo que dijéramos. Además, este incidente fue mucho más grave — atacaron durante el funeral de un aub, al que asistían representantes de la familia real."

"Precisamente por eso deberían haber sido interrogados — para que pudiéramos averiguar la causa y evitar otro de estos desastres."

Me crucé de brazos. Entre Ferdinand y el comandante de caballeros saltaban chispas. Ferdinand, en particular, se mostraba inusualmente duro, tanto por su expresión como por los comentarios que hacía. Me pareció que estos dos se conocían de algo.

"Me hubiera gustado hacerlo, por supuesto", dijo el comandante, "pero el siguiente Aub Ahrensbach nos ordenó ejecutar sin demora a cualquier caballero que atacara a la familia archiducal."

Todas las miradas se posaron en él. Al parecer, Lady Detlinde había declarado que no toleraría la supervivencia de nadie que amenazara su vida. Nadie podía protestar por su decisión; las familias archiducales eran cruciales para el funcionamiento de los ducados del país, por lo que atacar a una de ellas era un delito grave.

Sin embargo, ejecutar a sus prisioneros sin siquiera interrogarlos no era nada normal.

"En verdad", continuó el comandante, "empecé a sospechar que tú, su futuro marido, le dijiste que diera la orden. Tal vez para evitar que se descubriera la verdad de este incidente."

"Ah, eso sí que sería retorcido..." Añadió el príncipe Sigiswald.

Ahora ambos estaban escudriñando a Ferdinand — la tercera persona de Ehrenfest de la que se sospechaba hasta el momento, junto a mi hermana y a mí. La situación me hizo hacer una mueca. Desconfiaba sinceramente de Georgine, pero desde una perspectiva ajena, seguía estando asociada a nuestro ducado.

Ser presionado así no es bueno.

Estábamos en una mala situación. Pero mientras intentaba encontrar una salida, uno de los eruditos de Ahrensbach levantó la mano y pidió permiso para hablar.

"Lord Ferdinand nunca haría algo así. Más bien es Lady Detlinde quien piensa y actúa de forma descuidada. Precisamente por eso hemos optado por excluirla de esta investigación."

El príncipe Sigiswald asintió y dijo: “Entiendo. Hmm...” Fue una respuesta poco entusiasta en el mejor de los casos y no pareció hacer nada para que dejara de sospechar de Ferdinand. No pude reprimir más mi irritación.

"Ferdinand, Rozemyne, y todo mi ducado se han doblegado para responder a las necesidades de la familia real. ¿Aún cuestionas nuestra lealtad y nos miras con recelo?" Le dirigí la mirada más fría que pude reunir — y debió de surtir efecto, porque sus ojos se abrieron de par en par en respuesta.

"Simplemente estoy escuchando el testimonio que se me proporciona", dijo. "Ehrenfest no está bajo más escrutinio que cualquier otro ducado."

"Eso es un alivio. Si se cuestionara nuestra lealtad, tendríamos que responder." Quizás eso significara que redoblaríamos nuestro apoyo, o quizás se nos acabaría la paciencia y empezaríamos a mantener las distancias. No iba a ser más específico. Cualquiera de los dos resultados afectaría a la relación de Ehrenfest con la familia real.

Personalmente, me gustaría rechazar el regreso de los nobles de la soberanía a Ehrenfest, pero tal vez ni siquiera fuera una opción.

Mi ceño se frunció mientras trataba de determinar el mejor medio de defensa. Era poco probable que los demás ducados se alzaran en armas por el incidente; desde lejos, ni siquiera había quedado claro qué había sucedido. Los caballeros infractores habían sido ejecutados rápidamente, y todos y cada uno de ellos eran de Ehrenfest — aunque lo más probable era que estuvieran más cerca de mi hermana que de mí.

Golpeado por una comprensión aleccionadora, cambié mi atención a Georgine. “¿Podría ser que este incidente fuera un intento de evitar que me reuniera con los caballeros de la Soberanía?” Era difícil saberlo cuando llevaba puesto el velo, pero pude percibir que nos mirábamos a los ojos.

"¿Qué quieres decir?" Preguntó el príncipe Sigiswald.

Continué, con los ojos aún clavados en mi hermana: "Justo este invierno, a los nobles de la soberanía de Ehrenfest se les ordenó regresar a casa. Simplemente me pregunto si alguien deseaba impedir que eso sucediera."

"¿Tienes alguna prueba de esta afirmación?"

"No exactamente... Es sólo una corazonada."

La junta no se mostró divertida, como si acabara de soltar un chiste, pero no me importó. Algo dentro de mí gritaba que tenía razón. Ferdinand me dirigió una mirada que prácticamente decía: “Déjate de tonterías”, pero yo sabía que reuniría pruebas para apoyar mi corazonada.

Sí. Es sólo una corazonada.

Pero yo confiaba en mis instintos, y cualquiera que me conociera de verdad entendía por qué. Nunca me habían fallado cuando más importaba. A veces, incluso parecía como si alguien de arriba me estuviera indicando el camino correcto.

Nuestras idas y venidas continuaron hasta que el príncipe se dio por satisfecho. “Así concluye nuestra discusión con Ehrenfest”, declaró.

Cuando me levanté para marcharme, me di cuenta de que Georgine seguía sonriendo.

Ah. No tardaremos mucho en arreglar las cosas.

Eso también era sólo un presentimiento. Pero me di cuenta de que el momento se acercaba rápidamente.




Palabras del Autor

Hola de nuevo, soy Miya Kazuki. Muchas gracias por leer Ascenderé de Ratona de Biblioteca: Parte 5 Volumen 6.

El prólogo de este volumen fue escrito desde la perspectiva de Florencia. Se centra en los informes dados por los de Ehrenfest entre el final de la Conferencia de Archiduques y su regreso a casa, así como en la discusión de la pareja archiducal sobre lo sucedido. ¿Qué opinión le merecía al rey la adopción de Rozemyne? ¿Qué influencia esperaba que tuviera?

La historia principal comenzó con la familia archiducal escuchando las decisiones de la Conferencia de Archiduques. Bonifatius se enfureció al enterarse de que su preciada nieta estaba siendo robada por la familia real, Melchior estaba ansioso por la entrega del templo y Charlotte estaba exultante por poder aspirar de nuevo al sillón archiducal. En cuanto a Wilfried, estallaba de emoción. Todos tenían reacciones muy diferentes ante la misma noticia.

Después de recibir el encargo de preparar la mudanza de Rozemyne, Elvira empezó a hacer todos los preparativos necesarios. Me aseguré de describir cuidadosamente cómo se sentía ante la situación y todo lo que la llevó a ella, ya que se supone que es la “verdadera madre” de Rozemyne y todo eso. Quería incluir un poco más de información sobre su pasado, pero al final me pareció que estaba fuera de lugar, así que lo trasladé a la historia corta del sexto CD de doblaje. Disfrútala junto a la apasionada actuación de Inoue Kikuko como Elvira.

Después vino el traspaso y aún más preparativos para la mudanza. A lo largo de unos días que parecieron muy relajados, Rozemyne decidió quién la acompañaría y quién se quedaría. No hay elecciones buenas, malas, correctas o incorrectas; lo único importante es que cada uno siga su corazón.

Al final de la segunda parte, Dirk era un bebé que ni siquiera podía sentarse solo. Ahora está a punto de bautizarse y declara su decisión de convertirse en noble a Hartmut y al archiduque. Debo admitir que, mientras escribía esas secciones, empecé a tener esa sensación maternal de "¡Caramba, cuánto has crecido desde la última vez que te vi!"

Este epílogo fue escrito desde la perspectiva de Lutz. Parece que ha pasado bastante tiempo desde que vimos el mundo a través de los ojos de la ciudad baja. Fue divertido escribir sobre su primer encuentro con Tuuli tras su mayoría de edad. Insistí mucho para que hubiera una ilustración que acompañara el momento. Lutz volvió a casa para hablar con su madre. Hice varios añadidos a este volumen para reforzar el tema de las madres y sus hijos, así que disfruten de la versión en ciudad baja.

La primera historia corta original es desde la perspectiva de Lieseleta. Contiene todo lo que lleva a Rozemyne a pedirle que vaya a la Soberanía — e incluso incluye la orden indirecta a su padre de que lo permita. También incluyo las reacciones de los demás asistentes ante su decisión.

La segunda historia corta está escrita desde la perspectiva de Sylvester. Se centraba en la investigación que tuvo lugar tras el funeral del difunto Aub Ahrensbach. La historia principal mostraba el análisis público, mientras que esta historia corta mostraba lo que realmente se presenció. Como verás, Sylvester está más preocupado por Georgine que por la familia real. Espera ver el impacto de su “corazonada”.

Los nuevos personajes de este volumen son Lasfam y Leonzio. El primero es un asistente laynoble que dio su nombre a Ferdinand. (Este se hizo esperar.) El segundo es el nieto del rey de Lanzenave. Salió incluso más atractivo de lo que esperaba, hasta el punto de que empecé a entender por qué Detlinde acabó siendo cortejada... (Jaja.)

La portada de este volumen muestra una visualización de la discusión con Elvira. Ella y Rozemyne están al frente, con los asistentes que deben trasladarse a la Soberanía a su alrededor. En la parte superior hay una de las piedras feys marcadas con el escudo de Rozemyne, que ella entrega a todos los que la acompañan. Algunas personas acabaron ocultas tras el bloque del título, pero se pueden ver en la versión sin él.

La ilustración en color muestra el proceso de fabricación del papel fey de máxima calidad. Hartmut y Clarissa tienen muy pocas ilustraciones en blanco y negro a pesar de su papel extremadamente activo en este volumen, así que me aseguré de que aparecieran en color junto a Ferdinand y las cartas. Gracias, Shiina-sama.

Y, por último, mi más sincero agradecimiento a todos los que han leído este libro. Que nos volvamos a ver en la Parte 5 Volumen 7.

Junio de 2021, Miya Kazuki